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Espigar

Espigar

  
El aire baldea los tallos
del polvo que desprende la tierra,
doradas las espigas
cabecean con la danza del olvido
el verdor de la primavera.
  
Ya no vendrán los segadores
que arañaban la rugosidad de la era
con el sudor del sol a sus espaldas
y la hambruna semanal de desasosiego,
reposa envejecido el sombrero de paja.
     
Paso por las ensambladuras mi mano
de prietos granos, siento el cosquilleo
duro de la naturaleza atesorado
con el transitar imperceptible de los años
y el rilar de las nubes sobre el horizonte.
  
¡Qué bello el campo áureo de Castilla!
¡Qué silencio el del viento mecedor
de los páramos soleados del domingo!
¡Qué bella la tarde que se extiende
por la ermita de ancestrales cielos!
  
©  José Luis

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