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La niebla que nos envuelve

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La espesura de las cumbres ha bajado hasta los cálices
donde los inmortales beben la sangre de los inmolados
en la tierra de las cáusticas promesas y los juicios
que pesan sobre las cabezas como yugos pertinaces.
  
He luchado contra mil dragones en lugares sin confines
y he dejado correr la sangre escarlata por mis brazos
porque en cada contienda en mis manos se iban dibujando
las líneas inexorables que de mi vida van formando parte.
  
El río bañaba mis venas prodigado como un amante
que en cada caricia deja una parte de sus manos
y en cada roce, los labios que marcan su destino
con las voces de las alboradas jubilosas y penetrantes.
  
Mis ojos, ahora cegados por las tinieblas y el ocaso,
recuerdan el galope de tus sienes al contacto con mi cuerpo
mientras de mí bebías el ardor del que era prisionero
como a uno de aquellos dragones a los que rumiaras las entrañas.
  
©  José Luis

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