El búho y la paloma
Flotan la nubes, pareciera que suspendidas en la inmensidad azulada del horizonte. Consigue el sol sus glaucas pinceladas sobre la tierra, a la que, en ocasiones, acompaña su inseparable hierba. Noto el aire entre mis dedos, resbalando dulces pensamientos mientras los pasos, imparables, se quejan de la pesada marcha entre tórridos rayos.
A lo lejos me lleva la mirada, tan lejos que hace pequeñas las montañas. Qué arduo es saberse tan lejano y, a la vez, mantener presente los recuerdos de tantas piedras pisadas, de tanta sombra entre bosques o de tanta lluvia en la capa. No importa la distancia cuando allí me lleva la alegría.
Por senderos de Portugal se va extendiendo mi camino entre campos, ciudades amables, corrientes serpenteantes y aguerridos valles. Quizá alguna ojeada me reconozca tras sus vidrios... ese caminante, que de vez en cuando, le trae inexcusable su infancia.
Dejaré estar mi mente concentrada en el paisaje, la grabaré tal cual aparece en la imagen, para cuando me acuerde, vuelva a ella y sienta la quietud de aquel instante.
© José Luis
Corriente de aire que vuelas
que llevas en tus brazos
la luz del día y el silencio de la noche,
que entretejes entre ocaso y alba
los encuentros inesperados
con la sutileza de unas alas irisadas,
a ti hoy entrego mis pensamientos.
Abril, mes primaveral, vienes ventoso
con un ímpetu frenético y descontrolado,
pero aun así prosperan las flores y atavían
la visión insondable de los campos,
playas y montañas resueltamente abstraído…
Distingo con sus antenas inquietas un insecto
que se fija con sus viscosas y tiznadas patas
en los azulinos pétalos de papel crepé
hurgando en la blanquecina copa
en búsqueda líquida y suculenta…
No se percata de que es observado.
No es el único inquilino de las flores,
a su derecha una diminuta araña
escala lentamente la cerúlea colina
con sus ocho patas minúsculas y articuladas…
No me había percatado de su presencia
hasta agrandar la imagen en el ordenador,
tecnología en auxilio de mi falta de indagación.
© José Luis
En la vida vamos pasando por estadios.
Estos frutos del madroño lo ejemplifican:
- Verde, al inicio cuando se emprende.
- Amarillo, sazón en vías, precaución en ciernes, ojo.
- Rojo, en sazón, madurez, es el momento adecuado, carpe diem.
El gato que me mira...
Acercarse en la naturaleza
a la condición de la vida,
dejando correr sus aguas
en la frescura del instinto
y olvidando en el idealismo
la posesión de la inmensidad
perpetuamente esquiva
a la inmanencia del hombre.
Hayedo de otoño
delicadeza en tus colores,
rocío hechicero y perfumado,
esplendor entre raíces y cielo,
néctar para los ojos
y dulzura para la meditación.
© José Luis
Dejaré que mis dedos
pulsen
en el manantial del limbo
la búsqueda del sentido…
de cualquier cosa
que me revele
viviente… de este mundo.
Me entretienen las notas
cadenciosas
de voces que el computador guarda
y me dejo llevar por letras
que en este desfilar del otoño
me consuelan…
Agotado ya octubre
la bienvenida doy a noviembre
anhelando de sus colores la viveza…
efecto inquebrantable de renovación.
Los momentos se suceden y avanzan
indefinibles…
cruel cordial adversario
devora lo que es más valioso…
no hay pausa en la verdad,
la eventualidad de una nueva madrugada
es mi petición diaria.
Contiguo a la ventana mi mirar
en las mortecinas luces se esconde
habiendo visto el ardiente atardecer,
la sutileza verdeazulada del cielo
y el más inextricable negro.
La expectación del domingo
en su cercanía por la naturaleza
motiva y alegra mi esperanza
de encontrar en la razón humana
la salvaguarda de la eternidad.
© José Luis
Blanca
en la mañana de primavera
una flor
jugaba entre las sombras
prestada su pureza
en piel aterciopelada.
A su alrededor
verdes hojas la arropaban
mientras la luz era escasa,
así cedía su áureo ojo
el tañer violáceo
a los ligeros brotes.
Pliegues entreverados
despliegan su corola,
claridad contra tiniebla,
se espejan
en simple lisonja,
una flor
soporta en la intimidad
su belleza.
© José Luis
Todo por decir
todo es callar
y en el tiempo pasar
sin nada que rendir.
Quisiera no tener inconvenientes
pero de eso se trata
de que este ser
es imperfecto
decía, hacía, sentía,
dudaba, miraba, soñaba...
Siempre las imágenes ayudan
a entonar cualquier momento
en ellas me apoyo
me someto
y me divierto.
© José Luis
Flanquea el firmamento la superficie
que a la tierra nos ata,
entre los límites nos atrapa
nos inquieta
y no hacemos más que ir hacia ella.
Unas veces cielo la llamo,
otras entre las manos la embrollo
y, aunque se me escape,
sueño que la tengo.
En los vuelos, algunas veces, me silencia
cuando surco y me bambolea
y no sé bien dónde me lleva,
por eso algunas veces
la invado con mis inventos.
Es la extendida conquista
que a los pájaros cedemos,
a las águilas y los mirlos les encanta
que proyecte mis ojos en sus alas...
me saludan en su planeo alegres,
mientras yo... arrojo mis limitaciones
al viento.
© José Luis
Una inmensidad en la nada
una gota de agua
un desenvuelto microorganismo
una torrentera estruendosa
un mar poblado
una escapada a la tierra
repto
gateo
salto
camino
evolución de las apariencias
mirada al cielo
quiero volar
alcanzar lo que veo
sueño
persigo
acoso
pienso
y en el pensamiento crezco
aprendiendo a volar
no fue solo un intento
realidad en la ficción
capacidad
y esfuerzo
aprendiendo a volar fui
Juan Salvador
Donald Shimoda
Leonardo DaVinci
aprendiz
lector
caminante
de muchos vuelos...
© José Luis
Partes en simetría esclava
los colores desenvuelven
el perfume
trae vivencias
intensas al cerebro adscritas
donde huye la permanencia
y los rincones en cada vuelta
recolocan el laberinto.
Acércate al aroma
del paladar
salen las voces tiernas
y los desnudados desencuentros
vuelven como ríos en riadas
vuelven
chocando siempre los bordes
olvidados
en la redondez toronja
que el cielo al invierno presta.
Fiesta
es la vida
una fiesta
misma es la vida
una replicante fiesta
en la misma vida de siempre.
La vida
alargándose en la memoria
diluye la muerte.
© José Luis
Aunque sé
que tengo "cosas" por decir
hoy
voy a guardar
silencio.
El que era
ya no soy,
sin embargo,
sigo siendo
el que soy.
© José Luis
Me encantan los atardeceres de otoño...
... rojos sobre naranjas,
amarillos ardientes,
juegos de cenicientos violáceos,
grises intensos...
El atardecer, cuando la luz deja de ser y nace la sombra,
nos invita a la contemplación...
... y a refugiarnos en casa.
© José Luis
Desde la ventana observo la luna
el horizonte pleno de intenso bruñido
de un punto anacrónico y rotundo,
la mente despierta al día purpúreo
los pájaros dejaron abandonado el árbol
la oscuridad no atenúa la soledad sufrida
es la noche provocación hipnotizada.
Agranda el día los espacios
los colores rejuvenecen e inundan
la palidez grana de los tejados,
el frío toma las calles y reivindica
la calidez interna del invierno
en la lumbre de unos troncos
rojizos, los túmulos se expanden.
¿Acaso no te he visto intrusa
leyendo las tinieblas de mis sueños?
¿No eras tú esa implacable sombra
en la arboleda toronja de mis fuegos?
¿No traes en tu vuelo, noche negra,
la inmortal leyenda de la ausencia?
© José Luis