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Los dos árboles

Los dos árboles

Frente a la desnudez del tiempo y los años,
impúdico un árbol hace del esplendor malabares
donde ahora la vida es verticalidad inerte
de la mañana en un desprovisto desamparo,
allí rezan los árboles en la hondura de la providencia.
  
Desde el verdor que respeta el invierno
el campo los heleros resuda de la noche
en el sitial devastado de apariencia y periódicos
donde resbalan las letras de las confidencias
por los ramales de lejanía y lasitud,
allí las palabras se convulsionan en la tierra.
  
Del aire la soledad se enreda entre los dedos
e inscribe con tornasol y sangre de suspiros
el porvenir entre las compactas curvas de mi piel,
que desoye los latidos bramantes de las sombras,
y cruza el desconocido surco del Estigia,
allí solamente se expatrían las almas prodigiosas.
  
Se aturden ensortijados los sonidos en los ecos
tras las desabrigadas ramas equinocciales,
los cantos llegan desde el mar con el rubor
afable y acallado de la lluvia, de las nubes
esculpidas en la corteza trasmutada del árbol,
allí quedó grabada la deflagración del averno.

© José Luis

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