Si alguien trae escarola...
... yo aporto la granada.
... yo aporto la granada.
Deseando que llegue
el esplendor
del otoño
Me encantan
las mañanas fresquitas
con su rosada matinal
formando pequeños cosmos
en las plantas,
en una delicada composición
de esféricas lágrimas
o resbaladizas chispas.
Sentado en la cima
posando para un futuro
me veo sonriendo
con la recompensa del esfuerzo
a mi alrededor quietud y tranquilidad
la vista llega muy lejos
tan lejos como diez años
me separan de mí mismo
saudade...
Parece un juego de colores.
Y ciertamente lo es.
Simplemente es la visión de la playa por la mañana.
Intenso azul del cielo.
Verdemar el agua del Mediterráneo.
Me resulta relajante.
Primavera tras la lluvia
resplandecen abiertas las flores
con los pétalos alborotados
lucen sin la tersura almidonada
mostrando impúdicamente
su corazón vital.
Me acerco con la cámara
suavemente se inmuta
impulsada por el soplo de aire
espero, el movimiento recogido
sería en imagen vacilante en segundos,
y cuando noto su sonrisa, la atrapo.
A veces la belleza fracasa en una imagen
y no basta con el frágil recuerdo,
aunque puede que la esencia sea el olvido,
al final me llevo el premio.
¿Cuánto viviría esa flor?
Conmigo lleva once años.
José Luis
La fortaleza del árbol en su madurez contrasta con su incipiente inicio oculto bajo tierra.
Sorprende su magnitud en la sombra, en el mecer del viento ululando gratos sonidos, en el abrazo cálido y reconfortante.
Al igual que las personas, en su madurez, soporta las inclemencias que le son innatas y, a veces, toma extrañas formas en su dignidad.
Podemos dejar a la imaginación lo que su contemplación nos produce (y hasta sentirlo como propio).
José Luis
La naturaleza
en su esencia
me permite admirar
el valor y belleza
de las cosas pequeñas.
Siempre admiro los murales urbanos en la inmensidad de un edificio.
Me atrae la perspectiva, la grandiosidad en su concisión y medida, el contraste de colores, la firmeza del trazo...
Es impresionante reflejar la dureza de un oficio en los rostros, los elementos que lo mantienen y le dan su importancia.
Pasear la vista entre sus líneas, sus aspectos cromáticos, la realidad que representa junto con el significado que adquiere con nuestra interpretación... todo un lujo a nuestro alcance.
Sí, no, sí, no...
me susurran tus violáceos pétalos
mientras en el suelo fijo la mirada
temeroso de mis dubitativos pasos.
La belleza en todas partes
me recuerdan el positivo valor de la vida
y la necesidad de felicidad
que recorren con el transitar de los días.
La primavera es tiempo de alegría
y exuberancia de olores y colores
que la naturaleza nos regala,
qué bello es vivir...
© José Luis
Tranquila
en su prado
pasa la mañana
la vaca.
Me mira
porque a su lado paso
un pequeño extraño
que no es su amo.
Me fijo en su pelaje
hirsuto
brillante y como recién peinado.
La oigo decir muuuumaummmmummm
que el traductor me dijo...
voy cada semana a la peluquería.
Los verdes prados,
las montañas nevadas,
el canto de los pájaros,
el murmullo del agua…
todos esos caminos que nos allí nos llevan
me dejan un poso de serenidad,
de merecido esfuerzo,
de lograda meta...
recordarlos de vez en cuando
es como bálsamo anhelado.
© José Luis
Circulando con el coche
en un semáforo
coincidiendo con un autobús
una joven atrapó mi visión,
enganchada a sus auriculares
yo quise figurarme
en qué pensaría ella…
¿su cuerpo al compás de la música
inmóvil en el asiento
se sacudiría en el ritmo
de unas notas trepidantes?
¿estarían en su pensamiento
los preparativos de una fiesta,
el revoltoso paseo con las amigas,
el beso ardientemente deseado...?
Hay que ponerse en marcha,
el acelerador baja y suben las revoluciones
es mi mente
la que ahora eclosiona
en sus propios pensamientos.
Me gusta regresar a esos momentos
que han me aportado sentir la vida...
Las huellas en el barro reverdecido,
el ajustado estar del gato en la baranda,
la humedad de los olores en las plantas,
el inquebrantable cielo azul de Salamanca,
la lejana y profunda panorámica del horizonte,
el brindis entre compañeros al final de ruta...
Pero si algo me levanta siempre el ánimo
es esa explosión de ruido y colores
de las fiestas en la transformación
de la pólvora con el juego nocturno
de luces floreadas.
© José Luis
Hoy me ha venido a la memoria
un mural en la calle de un pueblo cacereño
en el que se resalta
el valor de la mujer.
Cada domingo la naturaleza lanza su llamada
subo al coche y dejo que me lleve la carretera
lejos de casa, huyendo de la monotonía semanal,
con alegría y la mochila de ilusión cargada.
Las fotografías recogen parte de lo que el ojo ve
y me sirven de memoria de ese tiempo ganado
al inevitable e ineludible transcurrir de los años
y se me suceden las imágenes con vivos colores.
Ahora es invierno, pero aun así mi visión es irisada
de diferentes ocres con fulgurantes amarillos,
de alargados negros con radiantes verdes…
el bosque, para mí, de fiesta se ha engalanado.
Sabia la naturaleza gusta de dar al hombre
la insospechada y lúcida respuesta que no espera,
la gran contradicción entre nuestra índole creadora
y la eventualidad destructiva de un momento loco.
Por eso salir al campo es mi agradecido tributo
a la Tierra que nos acoge y a la eternidad del espíritu.
© José Luis
La piedra de Villamayor da mucho juego,
tanto para arquitectura como escultura.
En este caso un bajorrelieve de motivo amoroso...
curvas, rugosidades, ondulaciones, tonalidades...
se entrelazan en apasionado encuentro.
Extendida la vista desde el Teso de las Zorreras,
el nublado horizonte nos siluetea los prominentes Arapiles
tras un continuo enmarcado verde.
El reflejo de las catedrales de Salamanca
en el río Tormes es siempre un ESPECTÁCULO.
Tomada en marzo del 2025