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El leve soplo de la vida.

La tarde transfería el recuerdo de los olores inmarcesibles: el jazmín en flor, la hierba recién segada, húmeda la tierra recalentada por los estivales rayos, la rosa recostada en su pelo...
Mil y una vez volvían estas evocaciones a la memoria, fatigada ya por el inabarcable desgaste de las miradas, el continuo ladeo pretendiendo reencontrar el impúber equilibrio de su coraje.
Era la hora en la que las reminiscencias resurgían de sus arquillas para, libremente, revolotear entre la sonrisa y la recóndita lágrima.
Sentía que no hacía mucho que su amante impregnara con el olor de sus roces el latido de sus sienes, ahora ligeramente revueltas por ese deslumbrante mechón de las tardes de camino entre los bancos de la fluvial ribera, enlazadas las trémulas manos gozosas por las cedidas caricias junto a la primorosa lluvia.
En la caída del sol, justo en el instante en el que el dorado aura se refugia en el verdemar de la lejanía, un leve soplo añil anunció el sosiego de un alma largamente esperada...
Y puede que en otra parte el primer sollozo de un rorro la trajera de nuevo al mundo.
La vida, aun en su enigmática esencia, revela simientes eternas.

FreeWolf
11/08/2004 01:05. #. Noctívagos

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