Llamadme Tierra
Esta es la historia de un muro de piedra que hace muchos muchos años construyeron unos desconocidos. Amontonaron unas sobre otras con la esperanza de crear un lugar de defensa donde instalarse para vivir.
Fue al principio de los tiempos cuando el mundo se fraguó redondo gracias a los ingentes rayos rojos contenidos en una fascinante estrella amarilla. Así fueron surgiendo inmensas masas de tierra regadas por las imponentes lágrimas de los observadores ocultos.
Pasado un tiempo, y una vez poblado ese orbe, alguien que había vivido muchos años, necesitado de compañía, acogió a un extraño ser, de largos bigotes, inquietantes ojos y una creativa cola. Ambos se hacían compañía y el mundo para ellos cambió con rapidez.
Su hogar se transformó en un extenso manto verde atravesado por un riachuelo sonoro y de limpias aguas que parecía reír siempre. De la profundidad de la tierra emergían unos encantadores troncos, con ondulantes brazos hacia el cielo, coronados por verdes lunas. En la lejanía contrastaban unos voluminosos pliegues picudos, a modo de recortados dientes de donde provenía un gratificante viento.
A pesar de sentir plenitud de vida, reconocieron que poder compartir ese hogar con cualquier forastero que pudiera perderse por aquel favorable paraje sería motivo de doble felicidad…
A partir de entonces el muro se fue llenando de casas y calles, de gentes y niños… hasta el mundo hoy conocido como Tierra.