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Rastro de FreeWolf

Las hojas del rosal

Las hojas del rosal

Aterciopeladas las hojas,
suplicantes manos al cielo
estas finas yemas de la luz
donde aguardan los sueños
equinocciales de Era
entre los ecos toronjas
de un ajeno amanecer
a los problemas del hombre.
  
El aroma fresco del rocío
se acopla con mis recuerdos
en el campo de trigo verde,
al paso involuntario de las manos
entre las ondas del viento
y los caballos de la locura,
galopes de tallos y silencios
entre las espinas de la libídine
y la fogosidad de la noche.
  
Siento en mis mejillas
la suavidad de tu mirada,
el roce de tu cuerpo
imperceptible mientras descansas
como siempre a mi lado,
en la intimidad del corazón
donde se maceran los pétalos
de la rosa de un día,
o de un sueño
o de toda nuestra vida…
  
© José Luis

El balancear de la mano

El balancear de la mano

En el eco de tus tacones camina la tarde,
en el contoneo carmesí de tus labios
mientras tarareas las notas de una carta
que ronda como una canción tu cabeza
en la infinitud escuchada del tiempo.
  
Tus manos se balancean entre las calles
y las paredes de piedra y oro, te llaman
otras voces en el rumor del viento,
en la muchedumbre del silencio
se ha escondido el verso que no recuerdas
pero que no paras de repetir en tu memoria
como salmo de humo elevado en una iglesia.
  
Sé que en tu bolso guardas mi nombre
y mi presencia, persigue tu sombra
la brevedad de una vida en la cartera,
de unas fotos que la imagen envejecen
descompuesta del presente en un instante,
mientras la delicuescencia de tu talle
balancea entre mis manos vaporosas
el aire aturdido de la inexistencia,
de las encrucijadas y de las paradojas.
  
© José Luis

Más allá de los pensamientos

Más allá de los pensamientos

Más allá del cielo
no sé lo que existe
si es que algo existe
o alguien
o una eterna nada.
  
Más allá
sólo alcanzará el corazón,
porque no la mirada
(ni mis ojos en la distancia
ven lo visible),
la letra pequeña de la vida.
  
Veo volar los pensamientos
con las alas extendidas
con la inconsciencia de la edad
que pragmática me vigila
y no me deja bailar
al son de las mentiras,
sentadas están pues las ilusiones
al volante de la madrugada
dispuestas a raptarme
y llevarme a la libertad
de ir más allá del tiempo,
de la noche o la mirada
encadenada a la realidad.
  
Más allá rugirá el viento
con el corazón de la tarde
y los ocasos de las hojas
escritas con sangre,
hojas rojas de tus besos
en el jardín de tu madre
donde nace el arco iris
y bailan los lobos el miedo
que siente la muerte
cuando los pensamientos
se abren e iluminan
todos los horizontes.
  
Más allá de los pensamientos
estaremos tú y yo
abrazados
como dos viejecitos
que sonríen y duermen…
  
© José Luis

El pájaro a la mesa

El pájaro a la mesa

Se detiene el vuelo y las alas,
la curiosidad no se disipa
y se requiere la altura suficiente
para mirar con buena perspectiva.
  
La mesa siempre está dispuesta
como un sitio nuevo para el corazón,
para el destino de los sueños,
navegantes incansables del silencio,
del espacio y de las estaciones.
  
El canto de los pájaros trae la mañana,
la algarabía en las ramas se despereza
y con la claridad del día se alegra el campo,
los edificios se iluminan y también mi sonrisa,
un plazo más de existencia.
  
Vuelo con las alas de la noche,
de la dorada luna que se acaba
y volveré a nacer cada vez que me llames
en tus sueños, en tus palabras
transgresoras de la muerte.
  
Como pájaro a la mesa
picaré de tus migajas,
de tus besos al viento
y al atardecer de la mirada
cuando el alma necesita compañía
después de una larga jornada
en la soledad de la vida…
  
© José Luis

Pender de un árbol

Pender de un árbol

Nuevamente veo el transitar de las hojas
que los árboles a sujetar no alcanzan
y caen sazonadas de pajizo y ocre
a la tierra, a los brazos maternos
de la oquedad impenetrable
donde late el corazón del viento
y las rocosas montañas.
  
Acaricio
en silencio
en el interior nervudo de los sueños
las copas primaverales
y los trinos de los pájaros
que rondan en el sur de la inocencia
las distancias del olvido
del otrora presente que subyace
en el camino glauco de la esperanza
y un gorrión me recuerda
las tardes a la sombra refrescante
del mirar del río
mientras baja las laderas de la inmolación
con los cantos de la victoria.
  
Una vela resbala su cera
por las manos de la noche
y oscila la llama entre las penumbras
como las hojas en su vaivén
incidental del otoño…
  
© José Luis

Sombra ondulante

Sombra ondulante

El río
cambia en cada recodo
el fluir de las aguas
y la tierra lo empuja
en su camino por las piedras
donde cataratas modulan
la espuma del tiempo.
  
El otoño
cede de los árboles las hojas
acunándolas en la humedad
espejada del paraíso celeste
y ondulan en su recorrido
los sueños de la mañana
en la frescura del rocío.
  
Ya los pétalos aguardan
marchitos en la ribera
las sombras del invierno
y el día se duerme
en los auxilios de la nubes
mientras cambia los segundos
en consumadas eternidades.
  
Has enjuagado tus lágrimas
en los ojos de la tarde
donde la vida en los poros
resuda los recuerdos de una niña
en el corro de los silencios
mientras caen los copos
paulatinos de la asignación
temporal de la existencia…
  
© José Luis

Enmarañamiento

Enmarañamiento

A veces es tan difícil desligarse de la vida
como de un amartillado pensamiento
que horada la intimidad de los hechos
y contamina los labios y la sonrisa.
  
Están las incertidumbres en la cabeza
rondando el día y la noche,
pequeñas sombras que se suceden
por las nebulosas de la inconsciencia
mientras aromamos el jardín
y los pétalos de la muerte,
una corona fuertemente ceñida
que nos sujeta a la humanidad
indefectiblemente.
  
Pasan los días
y la sonrisa regresa con los labios
carmesíes del contento
porque en la vida las nubes negras
descampan o se alejan
con el viento del amigo
y la satisfacción de estar vivamente
aferrado a los minutos que se van
enmarañando a los recuerdos,
a los gozos y a los sentidos sentimientos…
  
© José Luis

El cántaro luminoso

El cántaro luminoso

Nace la luz de entre las piedras
y cruza el sendero de la mañana
toronja entre los edificios de arena,
de cal y espejos, una cántara fulgura
las sombras con lunares de la estancia
que son soles luminosos, puntos singulares
asombran palpablemente nuestros ojos.
  
Vienen las sombras en formación tumultuosa
y dejan un rastro de escarcha en los campos
otoñales de la esperanza donde un mirlo
ensaya sus cantos y sueña, el despertar
está cerca, tan cerca de nuestras sienes
que late a un compás inquebrantable
con los latidos originales de la aurora,
el hombre era poco más que un quimera.
  
Miraré en el interior de tus sueños
mientras duermes
y plantaré simiente en una oquedad
de tu mente para que florezca
otro nuevo amanecer
de entre las sombras,
seré para ti luminoso en ese cántaro
que deja esparcir su amor
para que el otro resplandezca.
  
© José Luis

La pisada del caballo

La pisada del caballo

Trotan los sonidos y los cascos
en un correteo sin cadenas,
sin distancias en el horizonte
sólo la inmensidad de la pradera
para recorrer
los confines de la tierra
y dejar en cada palmo
de silencio una huella,
de locura que es la vida
de los humanos más cuerdos.
  
Arcos como crines ondulan
la carrera del caballo,
el aire se vence a su paso
y vibraciones emite ajustadas
a la canción de la fuente
mientras le resbala el agua.
  
Cae que cae la noche
gota a gota en la frente
y los rayos de la luna
tejen por Penélope
el manto de la ausencia
y los recuerdos de su hombre.
  
Ya lejos está del cielo
el sol que calentara sus penas
quizá asoleando otras
u otros cantos de sirenas
en los oídos amados.
  
Veo mi rostro en el espejo
espejado del arroyo
y el papel del equino
que aguarda como yo
el paso del tiempo…
 
© José Luis

La margarita de pie

La margarita de pie

Verticalidad la llamada del cielo
entre los tallos de la heredad,
tallos prolongados de escote
observador de plenilunios y lluvias
desde la contingencia de la oscuridad
donde emerge el vacío y la nada,
donde mana la creación y el universo
de la sencillez de las cosas,
de la confusión implícita
de ideas, razones y sentimientos
en el corazón mismo del hombre.
  
Deshojo las sinrazones de la muerte,
el pesar de las lágrimas en los ojos
y la ausencia lacerada en el alma
como un espíritu reciente
entre los cuerpos fríos y soterrados
en las marismas de la noche
y las estrellas mientras contemplan
el caer doliente de los pétalos
en la clepsidra de la sangre eterna
en las venas caniculares del rocío,
gotas por la faz del infinito
que resbalan desde el relumbrar
de otros ojos que me miran…
  
Nada poseo que esté fuera de mí,
acaso el marchitar de un cuerpo
que existe en la inmensidad profunda
de un sueño donde cree que vive
y mantiene la esperanza
inmortal de las margaritas
en su sí... no... de la duda.
  
© José Luis

La montaña y las moras

La montaña y las moras

La montaña lame el tiempo
y deja que las estaciones
paseen sus colinas
como nubes vaporosas
y liben de las moras
el néctar del embebecimiento
donde reside la naturaleza
silvestre de las almas.
  
El cielo,
siempre azul de los deseos,
espeja el mar
infinito entre los versos
que proclaman las sirenas
como titilante faro
ante los escollos
que navegan la noche,
que hunden la cabeza
en la locura
donde se pierden sin rumbo
los ojos de las mariposas.
  
Una espina
sumerge la carne
en el hollar de las distancias
y ulula en el fragor de la contienda
la sangre que beben los dioses
en los vasos de la dicha
mientras brindan por sus hazañas.
  
Quema el fuego
rastrojos de la inconsciencia
en la pira de los tiempos,
cuando balbuceaba el hombre
palabras a las ascuas
residuales de su existencia.
  
Se ha despertado el gigante
demoledor de las piedras,
devorador de los sueños,
de las moras y las montañas.
  
© José Luis

La sonrisa del árbol

La sonrisa del árbol

Sorprendente la naturaleza
en la fuerza del débil,
en alcanzar los posibles imposibles,
en forjar desde lo profundo
la mirada hacia el horizonte,
hacia el camino inexplorado
con el corazón en la cumbre,
con los desvelos
mientras sale la melodía
de la boca cerrada,
de los dientes apretados
en la sonrisa cautivadora
de lo inverosímil.
  
Un árbol
esboza en unas líneas,
en unas confusiones huecas
el mensaje de lo insondable,
de los brazos que se extienden
en mitad de la noche
y los sudores,
palpando el calor que le es ajeno
pero que le calma en su compañía
como una pesadilla despierta
en mitad de la muerte,
cuando se muere un sueño
y despertarse es la vida.
  
Hay sonrisas que contagian
el cosquilleo del alma,
también hay sonrisas vacías
que hielan las entrañas.
  
© José Luis

Vivencia

Vivencia

Pasión en un momento, fragor,
laberintos de cuerpos abigarrados
en la penumbra, entre los aromas
del placer y los latidos desbordados,
desde la mismísima profundidad
se sucede equinoccial el éxtasis.
  
Van las hojas lentas disminuyendo
la distancia colgada de la gravedad,
racimos tostados de frágiles manos
de arrugas pasadas por el vendaval.
  
En mi piel son los años fragosas pecas,
armonizadas notas con los otoños
y las primaveras, con los crepúsculos
de miles de soles en las retinas,
de miles de hombres en la sangre
encadenada a la estirpe de los exilados
siempre en busca de su dicha, de su destino.
  
Reconozco las alas escurridizas del viento
y el roce sutilísimo de los seres celestiales
intrincados en los rubores de los pétalos
herméticos tras el discurrir de las páginas
de todo un instante, que es siempre la vida…
  
© José Luis

Desborde de órdenes

Desborde de órdenes

Las palabras abren sus puertas
y entran los sentidos en tropel
para desbordar fugaz la corriente
de los sueños sutilmente atesorados
durante la noche, la curvatura de la luna
sonríe entre los vaporosos árboles
que sujetan la humanidad de la tierra
y los pensamientos recorren la llanura
desnudos entre los vientos del piélago
conscientemente virtual y camaleónico.
  
Nuevamente llegan las olas espumosas
acariciando los reversos de la noche
y los pies acalorados de la eternidad
desde la que todo parece tan natural
como el llanto desvalido de un rorro
fuera del receptáculo irreversible y materno.
  
Los sonidos vagan desordenados por el espacio
donde el caos es una fragmento irremediable
de las melodías holistas de la naturaleza
y los ecos, irrealidad tumultuosa de los ensueños,
mientras somos poseídos por la verdad oculta
en el corazón creador de las luces y las sombras.
  
Camino por la pasarela de los vocablos
impronunciables desde la impúdica boca
que besa los ribetes acordonados al albedrío
en la persistente e inextinguible pasión
del juego en el libro de la vida.
  
© José Luis

Desde las incertidumbres de la vida

Desde las incertidumbres de la vida

Está mi atención muy descentrada
sin apreciar el transitar de las nubes
sin pretender dirigir la mirada al oeste
donde viene místico y cárdeno el cielo
mientras los minutos calan los poros
que arisnegros en mi piel desbocan
los susurros ofrecidos por el mar
las largas y pausadas tardes de paseo.
  
Admiro los tonos verdemar del paño
que descansa en la retina de mis ojos
tras la inconsciencia y el desatino
de los astros que ladinos se desbocan
en las profundidades de la noche
donde la luz se deshace y duerme
en el temible tragaluz de la sombra,
a los pies de una insensible Gorgona
devoradora de orbes y abandonadas almas.
  
Los haces del ocaso conspicuos se alargan
entre la multitud de incandescentes esferas
tras el velo desajustado de aquella catedral
donde los errabundos transpiran las voces
de los que hablan en sigilo y se acomodan
en las bóvedas de este templo de sospecha,
más allá de las humanas dudas y razones.
  
Tiemblan en la incertidumbre y el aire,
purpúreas hojas de la estirpe del evo,
mis manos recogidas en el rezo del alba
cuando una vez más se renueva la vida
de los sueños de la sepultura y de la noche…
  
© José Luis

Posos de la noche

Posos de la noche

Abriré mis ventanas para que entre el soplo de la noche,
para esperar en el pretil las luciérnagas que pululan
en el abismo de la inconsciencia y los irremediables miedos
en los que dejar dispersarse la materialidad de la vida
y poder fundirme en su profundidad y transparencia.
  
Mis manos bordean el vacío de los núcleos, de la nada
y las bolas de fuego como un fakir que inmutable lucha
contra lo irremediable del dolor y el sacrificio,
contra el parecer de la muerte que consume los días
allá donde la separación se aleja en un pensamiento
que no ha sido escuchado y, por tanto, que se ha extinguido.
  
Desde lo inaccesible a los ojos surgen las tinieblas,
el desconocimiento de lo cercano, donde anida la noche
y los astros que en ella clarean desde los corpúsculos
que fueron simiente del recuerdo y catapulta del olvido
de aquellos que plantaron su huella en el hueco
oscilante de las manos mientras descienden los instantes
de cada grano de arena, de cada mirada a la muerte.
  
No reconozco en el trasluz del espejo mi rostro
ni encuentro en los ojos el camino instintivo de los rayos
que me parieron a este mundo tras el fragor de los tiempos
cuando la aurora en un domingo fecundó la sierpe
originaria de la sabiduría y de lo exiguo de la existencia.
  
Las naves recogen el mar y los pejes del universo
donde se disgrega mi carne en vidriosas turbulencias.
  
© José Luis

Momentos dulces

Momentos dulces

Alrededor de la mesa, de los pies y las manos
la piñata del mundo vacía torrencial su entrañas
como una madre que en sus vástagos renueva
la melada durante el espejuelo solsticial del alma.
  
Flota vaporosa, como un inmaterial planeta, la tarta
entre los redores paralelos de un enmarañado tiempo
mientras se desmaterializa en ebrios celajes el ocaso
tras la retirada de sol y las veredas de los hados cautelares.
  
Con la lengua del reino paladeo los icores de la vida
a la que conduce la trasera maravillosa del espejo
donde en cada tarro se cela un circunstancial genio
con las tres permisibles codicias: salud, dinero y pasión.
  
Impulso con los labios el sabor dulce del tiempo,
de las velas que son travesuras cinéticas de los años
y sostengo en la mirada los recuerdos, las pupilas
que todavía ven en mí el niño que vive adentro.
  
© José Luis

Flor de pasión

Flor de pasión

En los brazos de la luna canta una flor,
una voz se hace rayo entre los cielos
y la tierra penumbrosa del corazón
donde cantan las cigarras al viento.
  
Inigualablemente se enciende una vela
purpúrea de deseo y concupiscencia,
de voluptuosa carnosidad errante
como la cera que derretida desciende.
  
Se han abierto los vértices boscosos
donde mana la savia y la lujuria,
donde la vida se hace presente
y se pierde el don de la palabra
o se hace grito la inconsciencia.
  
La vida en una lágrima se extiende
desde la virginidad de los velos
crepusculares del horizonte
en los pétalos jugosos de la noche
donde se confunde con el juego
de creencia e incertidumbre.
  
El olor de la pasión de dos cuerpos
es un veneno que mata
como también lo hace la muerte
pero tan dulcemente…
  
© José Luis

Las confidencias

Las confidencias

El rondar de las sombras

El rondar de las sombras

Ronda una libélula luminiscente
las sombras de la habitación,
las sombras irisadas de la noche
por la lámpara que los ojos amamanta
de tonalidad lechosa y toronja
su apacible ulular por las paredes.
  
Vuelve la tranquilidad a la casa,
vuelve el teclado a retomar mis dedos
y en cada pulsación a depositarse
como un corazón dinámico y vigoroso,
como el tambor de las noches serenas
a la luz de la luna en la selva otoñal
donde el cántico emerge de lo interno,
de lo más íntimo e instintivo del hombre.
  
Las palabras se revuelven dentro de mi cabeza,
presiento los latidos de todas las imágenes
que provienen de las certezas inexploradas,
de la irrealidad sugerente de los sueños
donde en cada amanecer salvajemente me baño.
  
Mis brazos se alargan en el alejamiento
de las palabras que no encuentran el camino
y deambulan en el vacío o en el techado de la inercia
donde no sé los tratos que harán con mi cerebro
mientras destilan del silencio las nieblas de un amanecer
enredado entre los sensuales pétalos de una rosa…
  
© José Luis