Cautividad
Los ojos
tras la oscuridad del día
arrojan a los barrotes
la libertad ausente
donde es verde
el campo de la dicha
y el tiempo que fuera
un retozo del horizonte...
© José Luis
Los ojos
tras la oscuridad del día
arrojan a los barrotes
la libertad ausente
donde es verde
el campo de la dicha
y el tiempo que fuera
un retozo del horizonte...
© José Luis
Humanidad en los desgastes del viento
donde quebrado el horizonte
sólo unas lágrimas sujetan
la mortalidad del tiempo...
© José Luis
Resbalada, mariquita, glauca
de la mañana entre los campos,
brumosa se mece la luna
del reloj y las manecillas
en mis ojos te confunde,
amapola,
con los lunares de la lluvia
cuando cae en los arrozales
blanquecinos de la aurora.
No se atreven las palabras
a germinar de mi boca,
tan loco es el pensamiento
en la noche enajenado,
y balbucean mis ojos
como faro de la costa
intermitencias
de luz y sombra
mientras la risa del espacio
revolotea con las estrellas.
¡Ay, mariquita, si supieras
cómo aletean mis alas
con tus alas en la ribera
verde de la esperanza!
Quizá mis labios no se abrieran
en los suspiros del alba…
Quizá posada entre mis dedos
sobrevolara la madrugada…
© José Luis
La rojez de tus mejillas
en la orilla de los sueños
se espeja en la amapola
surgida de la tierra.
Suena el aire
y la mañana se despereza
con la música de tu nombre
que retumba en mis recuerdos
de un día caluroso de junio
en el Guggenheim de los tiempos.
La araña poseyó las voces
matizadas del encuentro,
se hilvanan las figuras a sus patas
asidas con firmeza por el niño
que te mira y abraza,
alguna vez entronado,
desde la madurez de su alma.
Siempre serán mis amapolas
brazos de esperanza,
ojo de fuego
en la inmensidad
de una mirada…
© José Luis
Los pasos en la calle
te llevan por las letras del libro
absorto
mientras las casas
inscriben en sus muros
el palpitar de tus pensamientos.
No te sorprendas
cuando encuentres un yo olvidado
en los rezumares del horizonte
y no reconozcas los sonidos
de tus propias abstracciones.
No será la locura
el temblar de mis manos
cuando llegue el anochecer duradero
pues entonces escucharé
el bramar de las paredes al viento
y sentiré tus labios en el suave roce
del pasar
de las páginas de nuestra vida…
© José Luis
La calle se sorprende en la mañana
en el sol reciente que luce
desnudo entre los árboles,
con el piar de los pájaros
se rompe el silencio transparente
de las campanas que huecas
repican los gallos del ocaso,
un sonar retirado y metálico
como un campo violáceo
de recuerdos y poemas.
Una y otra y otra
las campanas del adviento,
trompetas de la dicha,
razón olvidada de los recuerdos,
humana condición de los errantes
decidieron abandonar la bienestar
por la conquista incierta
de un paraíso inexplorado…
© José Luis
Cruje la madera
cae el horizonte
entre las líneas
de una canción hechizada
y la luna sumerge sus rayos
en la profundidad verde de la tierra.
Los tallos de la noche crecen
entre los bramares de los ríos
en su deslizar la corriente
por los senderos ancestrales
donde la lluvia va depositando
el rilar de los días,
el despertar de las inocencias
como si de una nana se tratara.
Duerme el niño en la cuna
entre los barrotes lacados
de sueño y madera,
una nube vela en su sonrisa
los recuerdos de su madre
mientras pliega los ribetes de la falda
entre los despuntes y amaneceres.
Los años se sujetan en la hebilla
que no pudo refrenar con la belleza
el desgaste natural de la vida.
© José Luis
La edad es imperfecta,
ha retenido
los recuerdos en tu boca.
Una es la charca del abismo
en la que fielmente el cielo
se refleja
en el reflejo azulado del misterio,
siempre existe un misterio azul
en los guijarros del zapato.
Traes los sonidos que te aprietan
los pensamientos en la garganta,
ahora entiendo tu mirada,
tus sonrisas y la ausencia
de la razón humana.
Hundido en el vacío del silencio
tu cuerpo tiembla,
se delata en los ojos
la prisión del alma…
© José Luis
Veletas los sentimientos ruedan
y ruedan según soplen los vientos.
No hay mañana que no tizne el paño
toronja del firmamento y resquebraje
el titilar de los ecos que pían silentes
el levantar de las ramas del viento,
brazos alargados en el transitar
de los granos por el cuello vidrioso
del reloj pasajero del tiempo.
Brilla la arena mientras el mar
suave entre los estertores de espuma
rumorea el cosquillear de la primavera.
Las flores sonríen con sus aromas
en el despuntar de las montañas
cuando fresca el agua desliza
los nombres macerados a la sombra
donde centenarias las palabras
equilibran los riachuelos del destiempo
entre las canciones que resuenan
una y otra vez en los oídos
que no han olvidado el poder
curativo de los sonidos
en el aliento desintegrado…
© José Luis
Intensidad de un sol
naranja en el horizonte
donde los pétalos atraviesan
las sienes del olvido
y una palabra
dentro de otra
crece en la tierra de la esperanza...
© José Luis
Desde la mirada
pequeña
un racimo de flores
serpea el aire
como la mirada que furtiva
sin decir dice...
© José Luis
Árboles que sin hojas
perpetráis la realidad del destiempo
cuando la aurora anuncia la caída de la noche
y los colores del resurgir
dicen que sí...
© José Luis
Que sea la luz
la que anuncie la palabra
y la sombra
la que matice el fulgor
de cada mañana...
© José Luis
La planta crece
verde desde el ocre
de la tierra hasta el azul
del cielo
donde una hormiga
se mantiene
en dificultoso equilibrio...
como la misma vida
© José Luis