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Rastro de FreeWolf

Versos, contra versos y más versos

Contraversus

El árbol en su amasijo de hojas y hojas
traspasa la puerta oculta de lo perdido
con las manos que se deslizan por los frutos
apegados a nuestros cuerpos, hubo momentos
en los que poseímos la verdad de toda historia,
de toda foto apergaminada y rota en el álbum
de los deseos, de los años ochenta y los recuerdos
en los años traspasados por el amor y los interrogantes
florecen en las arrugas que toman nuestras manos
y las llevan por el tiempo y por la piel recorrida
por el desconocimiento o el propio descubrimiento
de las falacias del mundo y de los ojos de la muerte.
  
Dragones que surcan el aire inundan mis sueños
y las llamas encienden toronja las nubes pétreas
que no abandonan el cielo, son los espliegos de la noche
donde habitan las almas y los recuerdos sin nombre
a la espera de la luna llena que los amortaje con sus rayos,
que los ilumine con las caricias de los amores impronunciados
y emergentes de la nada como el orbe que nos retiene
entre el amanecer y el ocaso mientras palpite la sangre
con los clamores de las trompetas de un mar límpido y azul
y perpetrado de sirenas varadas en la irrealidad etérea
de todo camino que lleva a ninguna o todas partes
según el día que uno tenga…
   
© José Luis

Dentro de un largo rato

Dentro de un largo

Hay mañanas que madrugan más de lo previsto
y se espantan por los caminos de la noche
como caballos que pastan entre espinos
y sienten punzantes los aromas del viento
en sus ancas y en la travesía de la tarde
por las sombras de las casas, una montaña
resbala la nieve por sus lomos pardos
y se algodonan las nubes alrededor de mis ojos,
siempre son las nubes las que me traen
las figuras desconocidas e interpretadas
con las melodías del silencio y acaso
con los oídos atentos de la cortesía.
  
Dos cigüeñas amortiguan el aire azul vehemente
donde los ciclones de la aurora rasgaron el cielo
y un balcón abierto instrumenta los abrojos
metalizados de las forjas del tiempo, de la arena
en granos que cae como lluvia de segundos absueltos
por la ingravidez de la mente que sueña con ríos
acaudalados y briosos, con cataratas de instantes
sustraídos a los creadores de quimeras y existencia,
y allí se extravían mis sentidos largos, largos ratos…
   
© José Luis

De musgo y piedra

De musgo y piedra

Centinela
del viento y las rosas
de los pétalos del tiempo
de la irrealidad de la vida
de los anuncios de los sueños
azures las glorias que te retienen
centinela
a la piedra que grabaron héroes
al campo que sangró batallas
a la historia verde y musgosa
donde se remueven hombres
donde se aquilata el pasado
centinela
que el sol ilumina cada instante
que el aire arrastra por sus venas
que el ángel caído amenaza
que el devenir traspira por el borde
mismo de la vida fragmentada
centinela
ahí mantienes tu escolta
ahí estarás armado
con los escudos del alma
con los albores del silencio
hasta el final centinela
de tu guardia…
  
© José Luis

Mimosa, muy mimosa

Mimosa

Marzo abre las puertas del invierno,
de la primavera, de los árboles y rosas
que florecen con la calidez del sol
entre los patios en sombra
y los arraigos que de la tierra
en las brasas quedaron del tiempo.
  
Amarillos los reflejos en el aire
pistones puntuales de inconsciencia
líneas amarillas de orbes siderales
gránulos perpetrados en el limbo
de las quimeras, marcos del espejo
donde ondean las notas musicales
de un mar en expectante calma.
  
De ilustradas renuncias y potestades
el aromoso árbol entre ramas habla
con su corteza remozada en los dedos
que arañaron amorosamente su entraña
y, como el halo maternal de un niño,
en su sombra mis ojos se arrebujan
al arrullo de los pájaros y del solsticio
que desaparece colorido y entrañable.
  
© José Luis

Los ángeles de la luz

Los ángeles de la luz

Nada en la claridad se esconde
que no pueda ser encontrado
por los ojos escudriñadores
de lo infinito y rutilante.
  
Amorcillos escoltan el farolillo
enganchado en la gravedad
del techo, haces surgen crepusculares,
del interior de la vida mana la luz
ingrávida del este cuando nace el sol
y las estrellas se retiran al sueño.
  
Azur la bóveda del infinito
cubre la tierra prometida,
la heredad mortal de los siervos
de su propio cuerpo, de sus distintivas alas
cuando bajaron a las profundidades del mundo
y asumieron la facultad del destierro.
  
Muchos son los pasos que dejan rastro
en el tejido y la urdimbre de la noche,
penélopes atenazadas entre los hilos
de la espera, donde se derrocha el silencio
y los brazos oran en la inmensidad
de un desierto sin oasis.
  
Una carta es abierta en el sobre del olvido,
son ahora las palabras
las que pueden sellar la salvación…
  
© José Luis

Aproximación transitoria a la muerte

Aproximación temporal

Llegan los latidos ardientes
a la inmensidad del silencio
y las lágrimas que brotaron
del amanecer resbalan cadenciosas
como un suspiro largo y prolongado
en el interior inmóvil del cuerpo,
la vida engendrada desciende
sin los documentos oficiales
al río sinuoso y turbulento
de donde no vuelven las almas.
  
Se desatan los gritos y la garganta
es una cueva inquieta y fronteriza,
los ojos sin ver ven en lo oscuro
los movimientos de la luz fluctuante,
un desprendimiento de la consciencia,
un vuelo de caída libre por el abismo
donde los pulmones no saben respirar
y el torbellino engulle la suavidad
en los recuerdos y el candente magma
de las opciones no elegidas.
  
Muchedumbres caminan entre los costados
de la sombra y un temblor regurgita el miedo
escondido en el corazón desde antiguo
como una huella que aplazó el caminar
hasta que la arena alcanzara su reloj…
  
© José Luis

Una cara, una voz

Una cara

Suenan las campanas en el reloj de la plaza,
el aire es cálido donde la noche brilla
con los rubores de una luna plateada
y en algún lugar el búho ulula en su sueño
tal vez mientras el lobo vaga entre los campos
rumiando la soledad de los días y el camino
cuando los atardeceres son los lienzos púrpura
del abandono y la sonrisa quizá un olvido
de la vida.
  
Recuerdo la dulzura de tu cara en los cañaverales
donde nos sorprende la juventud con sus locuras,
con sus paseos largos y verdosos entre los sauces
que baldean el suelo con aquellos jirones azures
desprendidos de la madrugada y las fugaces voces
de la lejanía y las pálidas montañas circundadas
en profundos halos de misterio y promesas.
  
Desde el fondo del cristal ondulado afloran
afilados tallos emergentes de un mar procedente
de los estigmas del futuro voraz e inmaculado.
  
© José Luis

Sueño sobre sueño

Sueño sobre sueño

Se prolonga
la línea de la lejanía
sobre los pasos inmóviles
de los cardos mientras el sol
me diluye en el horizonte...
  
© José Luis

Un alrededor del tiempo en la boca

Alrededor del tiempo

Blanca la mirada en los ojos y la frente
cautiva en un gesto fricciona los pensamientos
donde los minutos de la vida reproducen
la película de los sueños, desconcierto y espejismos
de un ángel ciego, trasmutado de dios o del albedrío
caída libre desde el cielo, libre el infierno desde la caída
de los olimpos de la dicha, vaguedad en los recuerdos…
  
Atempérase el aire con la música de los céfiros,
de los centauros que se escurren por las montañas
y los ríos de un cuerpo que fue mujer y hombre y dios,
acaso un retazo de Internet en una página no manuscrita,
inédita en los reclamos del futuro o en adoradores del destino
mientras humean las lenguas sin boca el frío escarchado
de la fuliginosa nieve, lugares o limbos donde nada ocurre
sin las yemas inseparables de los dedos en el teclado.
  
Redondeo las palabras en la esquina de un cosmos extraordinario,
abracadabra del infinito capitular en el plato del postre, remonto
los arroyos de la mente donde sangran las rosas, donde suspiro
los pétalos de la noche en los senos turquesa del mañana,
cada amanecer mis uñas cosquillean los entreverados de tu pelo,
águilas abismales picotean el hígado de la inconsciencia
donde Prometeo calentó mis manos y el cascarón astral
desde el que emprendí la odisea del tiempo alrededor de tu boca…
  
© José Luis

Al otro lado del poblado

Poblado

Muescas de miedo y pintura
alrededor de la piel, de los misterios,
era temprano, no había luz afuera,
sólo el sollozo de unas madres,
obligatorio el abandono
del hijo que fuera.
  
Tiembla la voz desde dentro
donde reposaba la armonía;
ahora te piden ser valiente,
temerario, quizá ser héroe.
  
Un trozo de lienzo, una bolsa
en la que recoger los fetiches
de toda una vida,
eso y las manos vacías
mientras en la selva
feroz el león
y el corazón,
rugían.
  
Hombre le hallarían a su vuelta,
guerrero del poblado
cazador de muertes
entre la sangre y sus hermanos.
  
La mayor de las heridas,
el peor de los fracasos,
la mujer para su vida,
el grito de la guerra
el nacimiento de un hijo…
de nuevo todo muescas
en el tótem de la tribu
una iniciación para la vida…
¿estabas preparado?
  
Las carnes trasparentes
en las arrugas del tiempo,
viejo en los años y en el respeto
vuelves al otro lado del poblado
para marcharte con la muerte.
  
© José Luis

En Marzo también hay domingos

SMValero-Linares44

Una mesa es el lugar del ordenador,
el lugar donde se apoyan mis brazos
y manejan las manos esas teclas
que conducen mis pensamientos.
  
No sé por qué es domingo;
bueno sí, es el día que sigue al sábado
y antecede al lunes,
quizá fuera éste el día de descanso
creador.
  
Hoy los caminos no sienten mis pasos,
las botas siguen en el zapatero
mas mis ojos siguen viendo flores
y árboles y yerbas blancas.
  
Dispongo la consola y el revoltijo de papeles
en una secuencia de útiles e inútiles,
todo llega a acumularse si no se le dedica
una atención primaria, desmonto
aquello que se resiste a ser limpiado.
  
Sí, es domingo, y la casa se llena de mi presencia,
y de ella
y de orden…
parece que las tuercas van dando
esa vuelta de ajuste
necesaria
para que la vida vuelva
a ser tomada.
  
© José Luis

28 de Febrero

Cielo floreado

Sé de alguien que ha nacido
un día como mañana
o como cada cuatro virtuales años,
pues se consuma febrero.
  
No hay casualidades
las cosas suceden porque tienen que suceder,
porque los 365 días del año
no dan para exclusividades.
  
Hoy gana mi equipo favorito
y llora el niño de al lado
porque se ha caído,
como se cae el líder de una competición
cuando es superado
por quien pone el empeño
de ser más grande…
  
Me gusta la claridad creciente
de los días y los sábados
cuando pueden ociar las abstracciones
y apurar los últimos rayos de sol
que matizan el amor púrpura en los ojos.
  
Resbala entre mis dedos el semblante
de la tarde y sostengo profunda la mirada
en un instante momentáneo del futuro
donde deposito los tesoros trascendentes
que me esperan
cuando ni febrero, ni marzo, ni…
me sujeten o consuelen.
  
© José Luis

La contemplación del paseo

Contemplación

El río me acompaña en el deambular,
cede sus orillas a mis pasos y paseos
desde el rescate irreverente de la tarde
por las bellas imágenes de un reflejo
de sombras en la superficie pulida
de juncos que se descubren al sol
y toman toronja el icor de los sueños
donde revolotean inmateriales las mariposas,
esas intensas lucecillas que perforan el cuerpo
viajando por derroteros de incienso y sangre.
  
Notas de aire teclean los incipientes verdores
de las ramas entre los ecos sordos de los pájaros,
pues en la lejanía una gran parte es intuición,
se resquebraja la tierra en hilos manantes
de lluvia y agua corriente, las piedras dibujan
senderos y vigas olorosas de tren a mis pies,
sólo algunos perros olisquean la muerte
en el cenagal luminoso de un túnel sacrílego,
las vallas nos separan de lo más temido;
quizá desde la sábana blanca de un cine
las piernas que pasean inmovilicen la ficción
agotadora del tiempo…
  
© José Luis

Golondrina despistada

De blancos pétalos

Blancor y verdor en mis labios
mientras masco las palabras
antiguas de la primavera,
conjuros desmembrados
en las alas del destino
pues nadie nace porque sí
o del deshecho camino
de una pareja de enamorados.
  
Tienen las techumbres secretos,
nidos abandonados que retornan
a la pericia de unos vuelos
huidizos de sol y sombra,
qué denso es el aire
cuando me embriaga tu aliento.
  
Retoñan ya las ramas
zigzagueantes golondrinas
apuestos pétalos brillantes
en el fondo de mi retina
y algún olvido o recuerdo
de algún que otro paraíso.
  
El día se abre desde las montañas
escaladas en las eses del universo
donde el vacío nebuloso del invierno
se hará cálido en los brazos amables
de tu sonrisa y misterio…
  
© José Luis

Metálicas

Metálicas

Se apilan las mesas en el patio
donde ya nadie espera las sillas
que den descanso a las piernas
y refresco o café a la tarde.
  
Sólo unos niños en el interior de la valla
pasan por su lado, ignorándolas,
qué pocas veces están sentados los niños,
salvo en la escuela,
con todos sus modales de punta en blanco,
disfrazados de carnaval juegan
y corren entre las voces de sus madres
que aguardan.
  
Subo la vista por los árboles de la plaza,
me atrapa la frondosidad de las ramas,
sus incipientes retoños clarean
las sombras acaloradas, bullen
los pájaros sus trinos
de atrápame si me agarras,
y si acaso me dejo coger
no me metas en una jaula.
  
Metálicas las mesas,
metálicas las jaulas,
metálica la frialdad
de escalofríos por la espalda
cuando me alejo de ti
y mi corazón te extraña…
  
© José Luis

Vestimenta interrupta

Vestimenta interrupta

La verja aprieta entre sus hierros
las manos de una niña en el vacío
de su mirada hacia la tarde
donde el sol interpreta con sus sombras
el compás de las horas y los días
transcurren en un solo vistazo
desde los recuerdos más antiguos
hasta el suspiro último.
  
Son estos días de carnaval
una respuesta a la inmediatez de la vida,
a inventar una nueva circunstancia
para embargar aquello que nos aleja
de nosotros mismos.
  
Sabemos que el hábito no hace
lo que ha de hacer el monje
pero también una presencia
dice mucho de quien está delante.
  
Llega desde el atardecer la noche
en la capacidad creadora de los sueños,
y la vida volverá a pasar delante de la verja
a la espera de aquella niña que un martes
se sorprendió vestida de rojo
en la pupila desconocida
de este transeúnte…
  
© José Luis

La noche de los desconciertos

Noche de  desconciertos

Los rumbos de un coche
dividen los días
en ocio y trabajo.
  
La carretera
no siempre es igual
aunque pasemos mil veces por ella.
  
Hueles la intensidad de una flor
en la dilatación de sus pétalos
mientras temblores alados
le extraen su savia.
  
Son jugosos los labios del olvido
porque dejan limpio cada día
para amanecer como le dé la gana.
  
El azul convulsionado del invierno
desteje a las madres de sus hijos,
una forma de reivindicar
una nueva primavera.
  
La oscuridad envuelve la noche
como la claridad a la ceguera
donde enterramos la confianza.
  
Ven, espanto, y muéstrate
para que yo te vea,
y en viéndote
de mis dudas me riera…
  
© José Luis

La puerta del espejo

Puerta de espejo

¿Todo llega a ser pasado?

SMValero-Linares45

De nieve en los ribetes de la anochecida

Nieve de la anochecida

Mañana el sol lucirá
con la blancura de la nieve,
se cegará el reflejo en mis ojos
y deslizaré mis dudas con los esquíes
que desbordarán las pendientes
donde me lleven los ingrávidos remontes
pues mis pies serán senderos
y mis manos, la empuñadura del esfuerzo
o del equilibrio entre cielo y tierra.
  
Otro atardecer vendrá a rescatarme
de los jalones que acunan los bravuras
y despertaré a la luz del crepúsculo
con las voces matizadas del destino
los rayos perplejos de la luna
mientras entrego los icores de mis poros
a la suave y cálida lluvia del deseo,
una vez más mi cuerpo se estremecerá
entre los vértigos y la profundidad
hermética de los ecos del invierno.
  
Quisiera la delicadeza de unos pétalos
fragantes y armoniosos en mi boca,
palabras que broten de la oscuridad
donde existo cuando me pierdo
y desconectado dejo el estruendo,
mis ojos transcribirán los vértices
acicalados de aquellos montes
que apresan en un traspié
evadido la sombra de mi silueta…
  
© José Luis