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Rastro de FreeWolf

En Marzo también hay domingos

SMValero-Linares44

Una mesa es el lugar del ordenador,
el lugar donde se apoyan mis brazos
y manejan las manos esas teclas
que conducen mis pensamientos.
  
No sé por qué es domingo;
bueno sí, es el día que sigue al sábado
y antecede al lunes,
quizá fuera éste el día de descanso
creador.
  
Hoy los caminos no sienten mis pasos,
las botas siguen en el zapatero
mas mis ojos siguen viendo flores
y árboles y yerbas blancas.
  
Dispongo la consola y el revoltijo de papeles
en una secuencia de útiles e inútiles,
todo llega a acumularse si no se le dedica
una atención primaria, desmonto
aquello que se resiste a ser limpiado.
  
Sí, es domingo, y la casa se llena de mi presencia,
y de ella
y de orden…
parece que las tuercas van dando
esa vuelta de ajuste
necesaria
para que la vida vuelva
a ser tomada.
  
© José Luis

28 de Febrero

Cielo floreado

Sé de alguien que ha nacido
un día como mañana
o como cada cuatro virtuales años,
pues se consuma febrero.
  
No hay casualidades
las cosas suceden porque tienen que suceder,
porque los 365 días del año
no dan para exclusividades.
  
Hoy gana mi equipo favorito
y llora el niño de al lado
porque se ha caído,
como se cae el líder de una competición
cuando es superado
por quien pone el empeño
de ser más grande…
  
Me gusta la claridad creciente
de los días y los sábados
cuando pueden ociar las abstracciones
y apurar los últimos rayos de sol
que matizan el amor púrpura en los ojos.
  
Resbala entre mis dedos el semblante
de la tarde y sostengo profunda la mirada
en un instante momentáneo del futuro
donde deposito los tesoros trascendentes
que me esperan
cuando ni febrero, ni marzo, ni…
me sujeten o consuelen.
  
© José Luis

La contemplación del paseo

Contemplación

El río me acompaña en el deambular,
cede sus orillas a mis pasos y paseos
desde el rescate irreverente de la tarde
por las bellas imágenes de un reflejo
de sombras en la superficie pulida
de juncos que se descubren al sol
y toman toronja el icor de los sueños
donde revolotean inmateriales las mariposas,
esas intensas lucecillas que perforan el cuerpo
viajando por derroteros de incienso y sangre.
  
Notas de aire teclean los incipientes verdores
de las ramas entre los ecos sordos de los pájaros,
pues en la lejanía una gran parte es intuición,
se resquebraja la tierra en hilos manantes
de lluvia y agua corriente, las piedras dibujan
senderos y vigas olorosas de tren a mis pies,
sólo algunos perros olisquean la muerte
en el cenagal luminoso de un túnel sacrílego,
las vallas nos separan de lo más temido;
quizá desde la sábana blanca de un cine
las piernas que pasean inmovilicen la ficción
agotadora del tiempo…
  
© José Luis

Golondrina despistada

De blancos pétalos

Blancor y verdor en mis labios
mientras masco las palabras
antiguas de la primavera,
conjuros desmembrados
en las alas del destino
pues nadie nace porque sí
o del deshecho camino
de una pareja de enamorados.
  
Tienen las techumbres secretos,
nidos abandonados que retornan
a la pericia de unos vuelos
huidizos de sol y sombra,
qué denso es el aire
cuando me embriaga tu aliento.
  
Retoñan ya las ramas
zigzagueantes golondrinas
apuestos pétalos brillantes
en el fondo de mi retina
y algún olvido o recuerdo
de algún que otro paraíso.
  
El día se abre desde las montañas
escaladas en las eses del universo
donde el vacío nebuloso del invierno
se hará cálido en los brazos amables
de tu sonrisa y misterio…
  
© José Luis

Metálicas

Metálicas

Se apilan las mesas en el patio
donde ya nadie espera las sillas
que den descanso a las piernas
y refresco o café a la tarde.
  
Sólo unos niños en el interior de la valla
pasan por su lado, ignorándolas,
qué pocas veces están sentados los niños,
salvo en la escuela,
con todos sus modales de punta en blanco,
disfrazados de carnaval juegan
y corren entre las voces de sus madres
que aguardan.
  
Subo la vista por los árboles de la plaza,
me atrapa la frondosidad de las ramas,
sus incipientes retoños clarean
las sombras acaloradas, bullen
los pájaros sus trinos
de atrápame si me agarras,
y si acaso me dejo coger
no me metas en una jaula.
  
Metálicas las mesas,
metálicas las jaulas,
metálica la frialdad
de escalofríos por la espalda
cuando me alejo de ti
y mi corazón te extraña…
  
© José Luis

Vestimenta interrupta

Vestimenta interrupta

La verja aprieta entre sus hierros
las manos de una niña en el vacío
de su mirada hacia la tarde
donde el sol interpreta con sus sombras
el compás de las horas y los días
transcurren en un solo vistazo
desde los recuerdos más antiguos
hasta el suspiro último.
  
Son estos días de carnaval
una respuesta a la inmediatez de la vida,
a inventar una nueva circunstancia
para embargar aquello que nos aleja
de nosotros mismos.
  
Sabemos que el hábito no hace
lo que ha de hacer el monje
pero también una presencia
dice mucho de quien está delante.
  
Llega desde el atardecer la noche
en la capacidad creadora de los sueños,
y la vida volverá a pasar delante de la verja
a la espera de aquella niña que un martes
se sorprendió vestida de rojo
en la pupila desconocida
de este transeúnte…
  
© José Luis

La noche de los desconciertos

Noche de  desconciertos

Los rumbos de un coche
dividen los días
en ocio y trabajo.
  
La carretera
no siempre es igual
aunque pasemos mil veces por ella.
  
Hueles la intensidad de una flor
en la dilatación de sus pétalos
mientras temblores alados
le extraen su savia.
  
Son jugosos los labios del olvido
porque dejan limpio cada día
para amanecer como le dé la gana.
  
El azul convulsionado del invierno
desteje a las madres de sus hijos,
una forma de reivindicar
una nueva primavera.
  
La oscuridad envuelve la noche
como la claridad a la ceguera
donde enterramos la confianza.
  
Ven, espanto, y muéstrate
para que yo te vea,
y en viéndote
de mis dudas me riera…
  
© José Luis

La puerta del espejo

Puerta de espejo

¿Todo llega a ser pasado?

SMValero-Linares45

De nieve en los ribetes de la anochecida

Nieve de la anochecida

Mañana el sol lucirá
con la blancura de la nieve,
se cegará el reflejo en mis ojos
y deslizaré mis dudas con los esquíes
que desbordarán las pendientes
donde me lleven los ingrávidos remontes
pues mis pies serán senderos
y mis manos, la empuñadura del esfuerzo
o del equilibrio entre cielo y tierra.
  
Otro atardecer vendrá a rescatarme
de los jalones que acunan los bravuras
y despertaré a la luz del crepúsculo
con las voces matizadas del destino
los rayos perplejos de la luna
mientras entrego los icores de mis poros
a la suave y cálida lluvia del deseo,
una vez más mi cuerpo se estremecerá
entre los vértigos y la profundidad
hermética de los ecos del invierno.
  
Quisiera la delicadeza de unos pétalos
fragantes y armoniosos en mi boca,
palabras que broten de la oscuridad
donde existo cuando me pierdo
y desconectado dejo el estruendo,
mis ojos transcribirán los vértices
acicalados de aquellos montes
que apresan en un traspié
evadido la sombra de mi silueta…
  
© José Luis

Amanecer desde el amanecer

Amanecer desde El Escurial

Se descerrajan las cortinas de la noche,
la luz se desliza en los entresijos de las montañas
e imperceptibles lunares dorados encienden
el verdor del silencio.
  
Paseo por los bordes de la carretera
donde el asfalto se junta con el suelo
y crujen mis pies el peso de la arenisca
abatida por los pasos manejables del tiempo.
  
Noto en mis sienes los latidos del amanecer
mientras matizan mis pupilas la claridad
de las nubes en las que juegan los visos
del cielo al escondite con los luceros del alma.
  
Las estrellas me guiñan su complicidad
con los ramajes de la luna entre los árboles
y desciendo los caminos abismales del tártaro
esperando encontrar los compañeros oxidados.
  
Enarbolando su bandera iza el viento
el paraíso ocultado por la rutina y la noche,
supuestamente invadido por las sombras
invisibles, los tañidos de una campana
desde la cercanía se alejan y vuelven.
  
Amanece en la sierra la campiña invernal
y me sumerjo en los encantos de un suspiro,
innumerables ojos permanecen cerrados
en los sueños de las encinas y los cruceros.
  
© José Luis

Objeto de aseo

SMValero-Linares48

El escaparate no deja pasar mis manos
una indivisible invisibilidad me separa
de aquello que me muestra para ser usado,
así es la publicidad de las cosas, conflictiva
y afectada, originaria de la necesidad
no necesitada, a la vez que provocadora.
  
Resistirse a ser parte del engranaje,
la rueda que choque contra la avalancha
de sentidos innecesarios, de rutinas añadidas
a la propia rutina de los días, le sucede
la interpretación de las horas en el absurdo
de una colonia aturdida entre las luces
o las pupilas de un cartel irremediable.
  
Las sombras se perpetúan en los ojos,
someten la gravedad de los instantes,
un autobús de anuncios intimista
incorporados en el inconsciente urbano
de un asiento o un bebedizo tenebroso
sin poderse lavar en la palangana del deseo.
  
© José Luis

Montaña y árbol, azul y verde

Montaña y árbol

Piedra y pluma

Piedra y pluma

Culminación desde la atalaya,
la paloma en el borde
custodia las piedras
desde el reflejo de la ventana
y las líneas profundizan
el labrado de las manos,
interpretación pálida de un cielo
que protege Salamanca
de los diablillos pétreos.
  
Soleada se avecina la tarde
solaz del andariego
por las rutas subyugadas del viernes,
anticipo de un fin de semana
accesible a los encantos del ocio,
al deambular de las almas
por las plazas y calles
desconocidas de España.
  
Otra vez me envolverá mi cámara
con sus ojos de sorpresa
y captará lo que ya sabe
que en el tiempo se encuentra
mientras se desliza la vida
por los caminos del aprendizaje,
de las elecciones no elegidas
más que por la inconsciencia
y acaso por un sentido
inesperado de la existencia.
  
Me veo en la paloma
observando lo inobservable
torciendo el cuerpo
hasta encontrar
quién me mira
desde la sombra de un cristal
que opaco me refleja
en la peana y con plumas.

  
© José Luis

Cautivador, el atardecer

Cautivador, el atardecer

Las noches de luna llena
el lobo, en su cacería,
aúlla con la tensión de su pelaje
encrespado... un acto
de autoafirmación y duda...
  
Es cautivado el ojo
en la mirada de la luna
y un escalofrío retiene
azur y púrpura el cielo
entre los ardores de la sombra
y el recorrido por el bosque
de una mujer nocturna
dilata el silencio.
  
Los hijos de la temeridad
asaltan la tierra prometida,
ancestral botín de los sueños
envuelto en el halo salvaje
que guarda toda criatura
bajo incontables llaves,
el miedo y la locura
como última salvaguarda.
  
Veo la muchedumbre agolpada
en el círculo de la muerte,
cuerpos de barro y fuego
encarnizados en la danza
que enajena sus semblantes
y suscita la pasión del encuentro
con la verdad misma de la inexistencia.
  
Se agolpa la sangre en las sienes
y los saltos del embate se suceden
en el corazón palpitante
como la propia excitación de la vida.
  
© José Luis

Arenga en primera línea

Arenga en primera línea

El orden de las cosas,
el paralelismo de las incertidumbres,
el sonido tenue de la noche
o el gorgojeo de las sombras y los pájaros
embisten de frente
las estremecidas murallas del ocaso
donde se refugian los ríos subterráneos
en su corriente de ímpetu y alivio.
  
En las batallas la formación de las tropas
es geometría de la estrategia,
el líder de la contienda arenga el valor
y la turbación de la vida en la inmortalidad
de los cuerpos sangrantes con el paraíso,
pedid la moneda del tránsito
y el viaje será una balsa ondulosa
de horizontes y riquezas.
  
La bóveda se hace amanecer en el relente
de la espera y los tambores resuenan
en el aire comprimido del aliento
donde las bocanadas del arrojo retienen
al héroe en su particular abstracción,
como si entregar la vida pudiera ser perderla
o alcanzar la gloria.
  
Se suceden las manos
por la aldaba del combate,
los fuegos quedarán atrás
y las espadas clavadas en la tierra
descansarán en la memoria
condecorada de las salvas...
  
© José Luis

Aquello de allí

Aquello de allí

En compañía los ojos inician la búsqueda,
una vertiente del olaje de las circunstancias
por eso elegimos puntuales a nuestros amigos
allí donde intuimos la capacidad de asombro,
donde sabemos que vendrán confidentes los dedos
de aquello que se nos escapa y nos pertenece.
  
¿Qué pensaríamos si nos viéramos en un instante
ralentizado mientras nuestra atención está en otra parte,
allá, lejos del alcance de nuestra vista, pero tan cerca…?
  
Cruzamos nuestros dedos en el devenir de los instantes
mientras las vertientes se entrecruzan con las montañas
y presenciamos, una vez más, el ocaso del día, el ocaso
de la luz que nos protege y aleja del aletargamiento
que la vida precisa de la noche, donde se nos escapan
los pensamientos y los sueños a otra dimensión,
aquella en la que somos sin ser y en la que nos zambullimos
como vientre materno, sin más dedo que llevarnos a la boca
que el que nos señala el camino del infinito de la mirada.
  
Amigo, ten mis dedos, alarga la profundidad de tus ojos
en aquello de allí, en aquello que entiendo y te muestro,
que dice sobre mí y sobre ti, sobre la realidad alterna
de lo que nos hace levantar cada día sobre las cenizas
del invierno y del pasado para realzar el nuevo amanecer,
una posibilidad nueva de encontrarnos en los vericuetos
que expanden nuestra mente por los senderos de la vida,
seguro que el espejismo de nuestras manos nos ayudará…
  
© José Luis

Por un puñado de pensamiento

Manojo de pensamientos

En mi cabeza hay órbitas que gravitan
los pétalos de la noche y las auroras
devoradoras de sueños,
advierto el pasar de las horas
en los relojes de todas las torres
que proyectaron sus sombras
con los augurios de un sol
naciente en cada segundo
de las lágrimas del ocaso,
y me inclino en el pretil del puente
al paso del río y los plazos
que me separan o unen a la muerte.
  
Presiento en las flores la belleza
del mundo oculto que emerge en mis ojos,
en las arrugas de mis manos que se desgranan
en la afelpada piel de un bebé,
envío a la lejanía esa sonrisa
de juventud en los recuerdos,
con el pecho henchido de promesas,
y la mirada al horizonte extendida;
retengo en la mirada el silencio del alma
porque en cualquier alborada florecerán
inéditos pensamientos en el corazón
más íntimo de la existencia...
  
© José Luis

Transformación de piedra

Transformación de piedra

A veces la piedras
en siluetas cristianizan,
en perfumes labrados al tiento
de miradas viajeras y atavíos
de domingo en invierno,
cuando el aire en el rostro es frío
las nubes apuran el aire
y se hinchan grises encima
mismo de las encarnadas techumbres.
  
Antes de ser muro el espacio
era invisible vacío desnudo y permeable
a los finos granos del tiempo y del reloj
perdido en el interior de algún bolsillo,
después de argamasa de manos
y en tierra vertical convertido
con ventanas por ojos
curiosean otra clase de vacío:
el de las almas
que de sus espíritus huyeron.
  
A veces las piedras
impresionan mis sentidos
con esas caras disimuladas
en los entrecejos del destino.
  
© José Luis

De la soledad del bosque

SMValero-Linares44

Muchos son los caminos
que a la soledad llevan,
muchos los destinos de un hombre
en las palmas de muchas noches
y muchos los recorridos
por las cortezas de un bosque.
  
Los árboles que juntos crecen
juntos se mecen al viento
y juntos reciben el agua
de las nubes traídas de lejos
con los cantos encendidos
de las velas de los santos
en el corazón único del mundo.
  
Con el trinar de los pájaros amanece
otro día en el silencio de un paraje
donde me llevaron mis pasos
como se llevan las manos a la cara
del miedo, con el tiento del compás
certero de un viraje
por los andurriales del cielo.
  
© José Luis