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Rastro de FreeWolf

Estancia acuosa

Estancia acuosa

  

Reverbera entre las verdes ramas

la corriente que calmosa se desliza,

con el azur dispuesto en los reflejos

se adentra sosegado el caminante

tras el deambular de la naturaleza

por el fragor de sus pensamientos.

  

Caen los murmullos de los pájaros

con las alas humedecidas del viento,

dulcemente el transitar añil del agua

entre los pies refrescados de silencio

rumorea, el ondular de los tornasoles

se aleja con la inmediatez del alba.

  

Veo en las sombras del olvido la estela,

desmanteladas todas aquellas evocaciones

arrumban en el insoluble fanal del reguero,

se esconden las libélulas en la ambigüedad

matutina de la luz con sus revoloteos,

persisten aún las lágrimas de la noche.

  

Grato en esta acuosa estancia siento

junto a la ingravidez de los años

perenne del solsticio el centelleo

como un susurro fugaz y templado

pulsan las canciones de la niñez

los acordes afilados de la calandria.

  

© José Luis

Flower V

Flower V

Rapidamente sin prisas

Rapidamente sin prisas

Junto a la tierra

Junto a la tierra

Justo a tiempo

Justo a tiempo

Amparo

Amparo

El color del olvido

Color de olvido

  

Los hierros ajustan la tierra
desde la que se levanta el olvido
desde la que asfixia la losa el aire
que ya nadie respira.
  
El tiempo también ajusta los recuerdos
a las herrumbrosas cadenas del pasado
y el soplo de la vida recorre el firmamento
insospechado de las montañas y las alturas
donde el hombre se retira con la soledad
y sus retos.
  
Allí esperan las osamentas,
semillas desperdigadas,
la oración óbolo del barquero,
arremolino de las aguas
en la balsa de los muertos,
una profundidad intrusa
ensombrece la luz del día,
donde los árboles cadenciosos
entonan los últimos suspiros
de una noche cautivada
en el cementerio…
  
© José Luis

Fingimiento de cartel

Fingimiento de cartel

  

Algo está presente en la lividez de la noche
y mantiene las pulsaciones de mi espíritu en vilo,
ancestral una canción se encierra entre los labios,
entre las letanías adeudadas de los vientos
acallados en la soledad de las montañas.
  
En el cementerio se marchitan unas flores
y el aire vacilante aguarda en las tinieblas,
se deshoja la espera en racimos de ignorancia,
sobre el muro resbalan las lágrimas del deseo
donde no pudieron vencer los vástagos de Eva.
  
Mentira no pueden ser los hilvanados de los sueños,
los recuentos de los amaneceres en los brazos amantes
donde imperceptible se olvida la mortalidad del tiempo
donde los años a los interrogantes ajustan el linaje.
  
Descorro las persianas que encerraban la luz
en menudencia de asustadizas sombras
y la fidelidad de los árboles me impulsa con sus hojas
a la cercanía del cielo extendido en el horizonte,
más allá de los abismos siempre persiste una evidencia:
caminamos desde la incertidumbre hasta la seguridad
de la muerte…
  
© José Luis

La guía del desierto

Palomar

  

Una brújula entre los astros del universo,
donde las arenas desencadenan la inconsciencia,
arremolina en sus agujas el movimiento
de los átomos progenitores en la quimera.
  
Un instante se asemeja al hombre
en unos dedos de barro,
en una onza de carne
que plasma la ingravidez de la vida
desde las raíces mismas de un hálito
que fue enigma y búsqueda
de los ojos adoradores del cielo.
  
Las huellas, entre los laúdes de la noche,
recelan de las pisadas sin compostura ni oscuridades;
cabalga la muerte a lomos de la pureza;
el sendero, jalonado de los árboles de la ciencia,
permanece inmóvil en la simplicidad de las horas
donde se renuevan pactos de huida y silencio,
y en la inmediatez invertebrada del vacío
unas voces, unas palabras guían mis labios
a la vigilante de los sueños
con el perpetuo SOS de una inquietud:
la eterna travesía del tiempo…
  
© José Luis

El estanque que huidizo asemeja

Estanque huidizo

  

Se mueve en la superficie el fluido
que delimita al limbo desde las ondas,
parceladamente se desvirtúan
los ápices de realidad consciente.
  
En el borde atenaza el abismo
los reflejos empapados de la vida
con las tenues y borrosas líneas
de un cielo muellemente encapotado.
  
Las figuras en la efigie del estanque
oyen trastear canora la gárgola del agua
y fijan en las sensaciones la espuma
burbujeante de su mirada
donde se enfrentan futuro y pasado
en la arbórea tenacidad de un presente.
  
Pulcra y tenaz se hace la lluvia recuerdo
mientras por las calles mi mente transita,
mientras la niña aprende de sus pasos
la vacilante travesía de la existencia.
     
© José Luis

Líneas a la invisibilidad tangencial

Huella tangencial

  

Nada, nada, nada
permanente en el vacío se escapa
de las moléculas de lo inopinado,
de las líneas tangenciales a la invisibilidad
cuando el amanecer no persigue a la noche
y un suspiro se olvida en el coagulante del desasosiego.
  
Se cierran las nubes en formación de coartada
y las montañas, incapaces de aplacar el cielo y su ira,
se agazapan en la oquedad de un rayo,
intuyendo ser la duda de mi lechoso pliego.
  
Crepitan las hojas el sinsabor en las tinieblas,
allá donde las flores licuan vírgenes los pétalos
y se enroscan las sierpes en las estrías de las manos
que nunca rozaron piel ni el deseo de la vida.
  
Ojos que no miran permanecen lánguidos
en la carne por el tiempo derruida,
sólo una voz, una palabra sin sombra
atenúa al dolor en su enojo…
caprichosa se muestra la inexistencia.
  
© José Luis

Regresión imperceptible

Espiga imperceptible

  

La lluvia,
turbación del domingo,
se deja embaucar grisácea por el cielo
impenetrable y verde entre los tallos
que siguen la corriente del río,
arquean los árboles las ramas
y sus alas coloridas inundan los pecíolos
de una imperturbable claridad.
  
Oigo el rumor de las hojas,
oigo del aire los suspiros en la levedad
que grana las espigas de esperanza
y de plenitud, mientras resbalan los sueños
por las fantasías ocres del otoño,
por la coyuntura primaveral de las alondras
que perpetran etéreas la magnificencia
escarlata de las amapolas.
  
Me integro en la regresión de la tarde
con la ingravidez ingenua de las horas,
aerostática tras los reflejos mi cabeza se eleva
del horizonte, emana un olor húmedo la yerba
desde las intensas pupilas que crea el silencio
y la contemplación provocativa del ocaso,
ulula el deseo a mis oídos,
quizá esta vez no oponga resistencia…
  
© José Luis

El ojo que ve lo que vio otro ojo

Mariposa

  

Aglomerado de pupilas en la pantalla…
se sujetan las imágenes con las manos
y piden una explicación a las palabras
desde el silencio que no sabe salir
al exterior, desde las entrañas,
desde la frágil hondura del poniente
donde postreros se esconden los rayos
de esa sensación púrpura, se abren los caminos
en un vendaval de tiempo y picardía
dejando en las cunetas olvidado el polvo
y a ralentí el corazón de sensaciones.
  
Apuro la oscuridad naciente de las copas,
se detiene ambiguo un sabor en la garganta
y los soles que fueran tintados cristales arden
en una sombra agitada y broncínea,
el brazo rila en la distancia del amanecer
luces toronjas, del levante un avión rastrea
las estelas de mayo en la oquedad del viento
donde ceñida la diadema de la pureza
ondea suplicante el lienzo esponjoso de la luna
por las noches franqueadas de flores y siluetas.
  
Emerge el ojo del Olimpo
y las vidrieras del ocaso resaltan en Ítaca
donde se desteje el desgaste del tiempo
con olaje espaciado de voces y burbujas.
  
© José Luis

Evanescente valle verde

Valle

  

En las montañas aguardan al viento
azures las palabras
y las rimas del río cruzan en silencio
las aguas subterráneas del ocaso.
  
Se ha detenido la mañana,
el valle sostiene en el vuelo de las pájaros
las hojas glaucas y vibrantes,
las manos suspendidas del poniente
entre los redores de la nieve
bajan con el rumor de olajes
resbaladizos los escollos.
  
A lo lejos resuena un silbo
raudo y continuo,
el aire agrietado por el sol
se espesa blanco en columnas y paradojas,
algunos caseríos se desvanecen
en la ociosa prolongación del horizonte.
  
En el insondable frescor de una gruta
se proyectan con la noche astas y saetas
en las orbitales nebulosas del destino,
se propagan las negras luces del hechizo
con los ojos abuhados de las flores,
planea desde el atrevimiento de la tarde
espectral la ingenuidad de una quimera.
  
© José Luis

That time performance

That time performance

  

Primigenia la albura de la noche
retorna de la tierra en los tallos
glaucos del silencio
donde reposan eternidades
de bruma y grana...
así es de atrevida la sangre,
así, la vida de insospechada.
  
Los pétalos rozan el aire
y las alas del olvido
aletean los salobres del mar,
rostros que miran
la bravura del horizonte,
no se esconden de la timidez
las palabras que germinan
en las profundidades de tu nombre
mientras mis manos te sostienen.
  
Alargar en los minutos la distancia
de un escenario que se diluye
entre lágrimas de confusión
y un rocío armónico de vaguedades,
son los recuerdos las almas
de cada intensidad sorbida
en unos ojos inmaculados.
  
Brotan de la luna y la noche los sueños
como puntos suspensivos del día
donde aterciopelada te encuentro
con los pistilos crepusculares,
copa apurada en las honestidades divinas.
  
© José Luis

Paisajes de un domingo de mayo

Paisaje de un domingo

  

Ojo iris trasmontana
nieve de primavera verde
sueño
de un solo instante
entre tus brazos
hundidos
en la vida que reclama
cerca
y remota
la memoria
retornable hasta luego
epicentro de la noche
labios que se estrechan
en la cintura del horizonte
y desprendidos los momentos
en la naturaleza de la muerte
la esperanza avanza
deja atrás la contemplación
y desnuda al amanecer
entre los azures de la mirada
el hábitat de la carne…
  
©  José Luis

Relaciones de diferencias

Cristales

  

Rotos los cristales
se multiplican los ojos
en la opacidad espejada de la tierra,
ya la sombra no se encuentra
debajo de las rocas
donde mana la corriente del olvido
y los ríos bullen en la risa
de los ensueños ojosa.
  
La nada trae del futuro aromas,
un escapulario de madreselvas
al escote da respiro de la aurora
y los vientos al atardecer trinan,
cuando se guarecen las alondras,
ecos acantilados del misterio
de la llama de la divinidad
que crepita en las ascuas
de los abrojos.
  
©  José Luis

Tiempos de luz, tiempos de sombra

Momentos de luz y sombra

  

Velados los ojos
la mañana apura la sombra
que desde la tierra se eleva
mientras los árboles sujetan
el recorrido del sol
en la desnudez de sus ramas
como tela desgajada del horizonte
donde enhebramos los pensamientos
enloquecidos...
  
©  José Luis

Piedra de picapedrero

Piedra de picapedrero

  

Pica el tiempo
en la mano
del picapedrero
y
tiemblan
las venas del ocaso
el aroma del silencio
en los ojos de la huida...
todo y nada cambian.
  
©  José Luis

Campo verde

Campo verde

  

Las líneas

que delimitan la impercepción del horizonte

se escabullen ondulosas

entre los pasos amarillos

de un punto fugaz del tiempo...

  

©  José Luis