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Rastro de FreeWolf

Película de por la noche

Película de noche

  

Hay veces que los horrores de las pantallas
se estrellan en el salón apaciguado de la noche
con los grumos deshilachados que de sangre estallan
la impetuosa cornisa de la cordura y la decencia.
  
Se mueven las sombras por las paredes,
sisea la música alucinaciones macabras
donde la verdad de las mentiras se ovala
en la sofocada elipse del diván de los desvelos.
  
Pareciera que unos libros sobrevolaran el techo
con las lúcidas alas de los signos de la esperanza,
toda cruzada se sujeta en las bridas de la paciencia
aunque corran a lomo de las revoluciones las horas.
  
Traban las páginas la retina en mi mente
donde los sueños desmigajan tersas las palabras
como una refrescante y salvífica corriente
que recorre soterrada la campiña de la sospecha.
  
Desde el obscurecido cordel de los relámpagos
manan colores y artificios, desde lo más hondo
de la inconsciencia cabalgan legiones de voces,
huidizos se configuran los espectros de la locura.
  
© José Luis

Trasera de una foto

Trasera de foto

  

Potentes los coches la velocidad arrasan,
carmesíes los faros de las luces tiemblan
las espaldas del silencio en la calle celada
donde unos brazos se ahuecan y trenzan.
     
Oleadas de lluvia y pavesas descifran la tarde,
esclarecen los ojos olvidados del abismo
donde se arrojan las plegarias y los miedos
consumidos en los iniciáticos ciclos de la naturaleza.
  
Disimulan los sonidos los bamboleos de un cuerpo
que contra otro se estrecha en el icor de la tiniebla,
no se puede impedir la impetuosidad de la naturaleza
en el rubor de la sangre o la juventud de la inconsciencia.
  
Se asemeja este horizonte al conflicto de la vida,
el trayecto por cubrir en la singladura hacia la meta
es directamente proporcional a la evidencia de la muerte
o a la esperanza de la felicidad aquí sobre la tierra.
  
Desde una tabla de surf las dificultades se sortean
en el mar de poniente mientras la espuma de la duda
desgasta las ambiciones en el vigor de la insolencia,
tal es la trabazón intuitiva de aquesta foto póstuma.
  
© José Luis

Una caja de cartón usada

Caja

  

Tubos de óleo en la mesa,
manchas precisadas de color
enturbian de imágenes la tela
en la onírica retina de los sueños.
  
Las distintivas figuras,
que no son lo que parecen,
se tornan en versátiles
cartulinas de test y de miradas.
  
Los pensamientos se construyen
con retazos volubles de inconsciencia
donde afloró alguna vez la locura
en pétalos de humanidad y aquiescencia.
  
Balbucea la noche por las calles
paradójica la especulación
de los vástagos de Eva,
el original sentido de la vida.
  
De lejos vienen ya las dudas
y los deseos universales de supervivencia,
mas parece que quizá sea la experiencia
esa caja de cartón que usada
da nueva significación a la existencia.
  
© José Luis

Guijarro de talismán

Guijarro de talismán

  

¿Dónde encontrar el corazón en la piedra?
¿Dónde hallar la sangre
que en solitarios parajes
la inmortalidad espesa?
  
Con la mirada del sol entre oscuridades
no recorta ya el aire tu silueta,
compañera de soledades,
cruz que señal fueras.
  
Donde deja el cielo la heredad
crece monótona la hierba
del paraíso en la mismísima tierra,
atavismo de la espesura.
  
Quizá el cáliz los espejismos recorra
en la consagración de las palabras
y envuelva en las nubes las tinieblas
de un día que se alimentó de amargura.
  
Guijarro,
peregrino de calvarios y madreperlas,
custodio de los pasos y las veredas,
tornado en talismán ante la desventura.
  
© José Luis

Encuentro con dos flores

Flores

  

Alargados son los brazos de estas flores,
pétalos envueltos en el ámbar de la noche,
en las faldas tenebrosas de la naturaleza
donde transitan los gorgojos del tiempo
y se deslían los sonidos de nuestras sombras.
  
Sombras, que verdes admiran los rayos
de la luna, no retienen, difícil es contener
lo que fluye con la sangre de los mortales,
el fulgor de los dioses que establecen y asolan
los clausurados espectros de los corazones.
  
Sedosos son los labios que refleja la corriente
mientras proclaman a los árboles nuestro amor,
y las ramas, rumores de pensamientos desahogados,
se entrecruzan volátiles con los vestigios de los suspiros,
quizá sea yo uno de ellos, cuando en ti me recojo.
  
Tiemblan las ondulaciones del agua en mi frente,
ululan tenaces los ojos discontinuos de los bejucos
entre los brocales de tus senos y mis dudas,
el silencio mana del esplendor de la primavera
con las corolas de nuestras manos entrelazadas.
  
Vagan los recuerdos más allá de los muros
que nos unen y separan de los días
en los que, en peregrinación, fuimos adolescentes.

© José Luis

Espigas acunadas

Espigas

  

Verde el cielo entre los penachos del ocaso
donde los azures toronjas atenazan las nubes
y los sueños suplican tenues las alas del olvido
donde perderse inmortales entre tus brazos.
  
Las espigas de la primavera retoñan la tierra
con los suspiros de un horizonte entregado
a los avatares inaccesibles de las rosas y la lluvia
cuando llora la floración de lo prohibido
en la íntima inmensidad de los denuedos.
  
Las amapolas en el rubor sus tallos comban
fronteriza la tarde a la ribera de tu sombra
y los misterios de tu cuerpo invitan al sigilo,
a la hondura lúbrica del fuego que se graba
en la corteza de la noche como una rúbrica
que resalta las llamas del vergel en el deseo.
  
Mis manos arrullan las raíces de lo imperceptible,
de la redondez insondable de la existencia
cuando se decide a nacer en el más insospechado
de los corazones…
  
© José Luis

Estancia acuosa

Estancia acuosa

  

Reverbera entre las verdes ramas

la corriente que calmosa se desliza,

con el azur dispuesto en los reflejos

se adentra sosegado el caminante

tras el deambular de la naturaleza

por el fragor de sus pensamientos.

  

Caen los murmullos de los pájaros

con las alas humedecidas del viento,

dulcemente el transitar añil del agua

entre los pies refrescados de silencio

rumorea, el ondular de los tornasoles

se aleja con la inmediatez del alba.

  

Veo en las sombras del olvido la estela,

desmanteladas todas aquellas evocaciones

arrumban en el insoluble fanal del reguero,

se esconden las libélulas en la ambigüedad

matutina de la luz con sus revoloteos,

persisten aún las lágrimas de la noche.

  

Grato en esta acuosa estancia siento

junto a la ingravidez de los años

perenne del solsticio el centelleo

como un susurro fugaz y templado

pulsan las canciones de la niñez

los acordes afilados de la calandria.

  

© José Luis

Flower V

Flower V

Rapidamente sin prisas

Rapidamente sin prisas

Junto a la tierra

Junto a la tierra

Justo a tiempo

Justo a tiempo

Amparo

Amparo

El color del olvido

Color de olvido

  

Los hierros ajustan la tierra
desde la que se levanta el olvido
desde la que asfixia la losa el aire
que ya nadie respira.
  
El tiempo también ajusta los recuerdos
a las herrumbrosas cadenas del pasado
y el soplo de la vida recorre el firmamento
insospechado de las montañas y las alturas
donde el hombre se retira con la soledad
y sus retos.
  
Allí esperan las osamentas,
semillas desperdigadas,
la oración óbolo del barquero,
arremolino de las aguas
en la balsa de los muertos,
una profundidad intrusa
ensombrece la luz del día,
donde los árboles cadenciosos
entonan los últimos suspiros
de una noche cautivada
en el cementerio…
  
© José Luis

Fingimiento de cartel

Fingimiento de cartel

  

Algo está presente en la lividez de la noche
y mantiene las pulsaciones de mi espíritu en vilo,
ancestral una canción se encierra entre los labios,
entre las letanías adeudadas de los vientos
acallados en la soledad de las montañas.
  
En el cementerio se marchitan unas flores
y el aire vacilante aguarda en las tinieblas,
se deshoja la espera en racimos de ignorancia,
sobre el muro resbalan las lágrimas del deseo
donde no pudieron vencer los vástagos de Eva.
  
Mentira no pueden ser los hilvanados de los sueños,
los recuentos de los amaneceres en los brazos amantes
donde imperceptible se olvida la mortalidad del tiempo
donde los años a los interrogantes ajustan el linaje.
  
Descorro las persianas que encerraban la luz
en menudencia de asustadizas sombras
y la fidelidad de los árboles me impulsa con sus hojas
a la cercanía del cielo extendido en el horizonte,
más allá de los abismos siempre persiste una evidencia:
caminamos desde la incertidumbre hasta la seguridad
de la muerte…
  
© José Luis

La guía del desierto

Palomar

  

Una brújula entre los astros del universo,
donde las arenas desencadenan la inconsciencia,
arremolina en sus agujas el movimiento
de los átomos progenitores en la quimera.
  
Un instante se asemeja al hombre
en unos dedos de barro,
en una onza de carne
que plasma la ingravidez de la vida
desde las raíces mismas de un hálito
que fue enigma y búsqueda
de los ojos adoradores del cielo.
  
Las huellas, entre los laúdes de la noche,
recelan de las pisadas sin compostura ni oscuridades;
cabalga la muerte a lomos de la pureza;
el sendero, jalonado de los árboles de la ciencia,
permanece inmóvil en la simplicidad de las horas
donde se renuevan pactos de huida y silencio,
y en la inmediatez invertebrada del vacío
unas voces, unas palabras guían mis labios
a la vigilante de los sueños
con el perpetuo SOS de una inquietud:
la eterna travesía del tiempo…
  
© José Luis

El estanque que huidizo asemeja

Estanque huidizo

  

Se mueve en la superficie el fluido
que delimita al limbo desde las ondas,
parceladamente se desvirtúan
los ápices de realidad consciente.
  
En el borde atenaza el abismo
los reflejos empapados de la vida
con las tenues y borrosas líneas
de un cielo muellemente encapotado.
  
Las figuras en la efigie del estanque
oyen trastear canora la gárgola del agua
y fijan en las sensaciones la espuma
burbujeante de su mirada
donde se enfrentan futuro y pasado
en la arbórea tenacidad de un presente.
  
Pulcra y tenaz se hace la lluvia recuerdo
mientras por las calles mi mente transita,
mientras la niña aprende de sus pasos
la vacilante travesía de la existencia.
     
© José Luis

Líneas a la invisibilidad tangencial

Huella tangencial

  

Nada, nada, nada
permanente en el vacío se escapa
de las moléculas de lo inopinado,
de las líneas tangenciales a la invisibilidad
cuando el amanecer no persigue a la noche
y un suspiro se olvida en el coagulante del desasosiego.
  
Se cierran las nubes en formación de coartada
y las montañas, incapaces de aplacar el cielo y su ira,
se agazapan en la oquedad de un rayo,
intuyendo ser la duda de mi lechoso pliego.
  
Crepitan las hojas el sinsabor en las tinieblas,
allá donde las flores licuan vírgenes los pétalos
y se enroscan las sierpes en las estrías de las manos
que nunca rozaron piel ni el deseo de la vida.
  
Ojos que no miran permanecen lánguidos
en la carne por el tiempo derruida,
sólo una voz, una palabra sin sombra
atenúa al dolor en su enojo…
caprichosa se muestra la inexistencia.
  
© José Luis

Regresión imperceptible

Espiga imperceptible

  

La lluvia,
turbación del domingo,
se deja embaucar grisácea por el cielo
impenetrable y verde entre los tallos
que siguen la corriente del río,
arquean los árboles las ramas
y sus alas coloridas inundan los pecíolos
de una imperturbable claridad.
  
Oigo el rumor de las hojas,
oigo del aire los suspiros en la levedad
que grana las espigas de esperanza
y de plenitud, mientras resbalan los sueños
por las fantasías ocres del otoño,
por la coyuntura primaveral de las alondras
que perpetran etéreas la magnificencia
escarlata de las amapolas.
  
Me integro en la regresión de la tarde
con la ingravidez ingenua de las horas,
aerostática tras los reflejos mi cabeza se eleva
del horizonte, emana un olor húmedo la yerba
desde las intensas pupilas que crea el silencio
y la contemplación provocativa del ocaso,
ulula el deseo a mis oídos,
quizá esta vez no oponga resistencia…
  
© José Luis

El ojo que ve lo que vio otro ojo

Mariposa

  

Aglomerado de pupilas en la pantalla…
se sujetan las imágenes con las manos
y piden una explicación a las palabras
desde el silencio que no sabe salir
al exterior, desde las entrañas,
desde la frágil hondura del poniente
donde postreros se esconden los rayos
de esa sensación púrpura, se abren los caminos
en un vendaval de tiempo y picardía
dejando en las cunetas olvidado el polvo
y a ralentí el corazón de sensaciones.
  
Apuro la oscuridad naciente de las copas,
se detiene ambiguo un sabor en la garganta
y los soles que fueran tintados cristales arden
en una sombra agitada y broncínea,
el brazo rila en la distancia del amanecer
luces toronjas, del levante un avión rastrea
las estelas de mayo en la oquedad del viento
donde ceñida la diadema de la pureza
ondea suplicante el lienzo esponjoso de la luna
por las noches franqueadas de flores y siluetas.
  
Emerge el ojo del Olimpo
y las vidrieras del ocaso resaltan en Ítaca
donde se desteje el desgaste del tiempo
con olaje espaciado de voces y burbujas.
  
© José Luis

Evanescente valle verde

Valle

  

En las montañas aguardan al viento
azures las palabras
y las rimas del río cruzan en silencio
las aguas subterráneas del ocaso.
  
Se ha detenido la mañana,
el valle sostiene en el vuelo de las pájaros
las hojas glaucas y vibrantes,
las manos suspendidas del poniente
entre los redores de la nieve
bajan con el rumor de olajes
resbaladizos los escollos.
  
A lo lejos resuena un silbo
raudo y continuo,
el aire agrietado por el sol
se espesa blanco en columnas y paradojas,
algunos caseríos se desvanecen
en la ociosa prolongación del horizonte.
  
En el insondable frescor de una gruta
se proyectan con la noche astas y saetas
en las orbitales nebulosas del destino,
se propagan las negras luces del hechizo
con los ojos abuhados de las flores,
planea desde el atrevimiento de la tarde
espectral la ingenuidad de una quimera.
  
© José Luis