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Rastro de FreeWolf

La naturaleza de los colores

La naturaleza de los colores


Cada domingo la naturaleza lanza su llamada
subo al coche y dejo que me lleve la carretera
lejos de casa, huyendo de la monotonía semanal,
con alegría y la mochila de ilusión cargada.
   
Las fotografías recogen parte de lo que el ojo ve
y me sirven de memoria de ese tiempo ganado
al inevitable e ineludible transcurrir de los años
y se me suceden las imágenes con vivos colores.
   
Ahora es invierno, pero aun así mi visión es irisada
de diferentes ocres con fulgurantes amarillos,
de alargados negros con radiantes verdes…
el bosque, para mí, de fiesta se ha engalanado.
   
Sabia la naturaleza gusta de dar al hombre
la insospechada y lúcida respuesta que no espera, 
la gran contradicción entre nuestra índole creadora
y la eventualidad destructiva de un momento loco.
   
Por eso salir al campo es mi agradecido tributo
a la Tierra que nos acoge y a la eternidad del espíritu.
   
© José Luis

El encuentro en bajorrelieve

El encuentro en bajorrelieve

La piedra de Villamayor da mucho juego,

tanto para arquitectura como escultura.

En este caso un bajorrelieve de motivo amoroso... 

curvas, rugosidades, ondulaciones, tonalidades... 

se entrelazan en apasionado encuentro.

Los Arapiles en tonalidad verde

Los Arapiles en tonalidad verde

 Extendida la vista desde el Teso de las Zorreras, 

el nublado horizonte nos siluetea los prominentes Arapiles

tras un continuo enmarcado verde. 

Reflejo catedrales en río Tormes, Salamanca

Reflejo catedrales en río Tormes, Salamanca

El reflejo de las catedrales de Salamanca 

en el río Tormes es siempre un ESPECTÁCULO.

 

Tomada en marzo del 2025 

Flores saliendo de la roca en la Peña del Hueco

Flores saliendo de la roca en la Peña del Hueco

Esa tonalidad anaranjada de las flores

por encima de la roca irguiéndose

junto a mis ojos para contemplar el horizonte

donde quizá sean recuerdos las ondulaciones

de otras flores antepasadas...

me encanta.

 

Esos rayos de sol ocultos por las nubes

pero luminosamente rebeldes

son mis recuerdos también de hace 18 años,

furtivos entre las arrugas de mi piel

que anunciaban la plenitud venidera.

 

Y el grisáceo cielo

compitiendo con las blanquecinas nubes

me cedió la oportunidad de eternizar

aquel momento en lo que fue un presente

y ahora como regalo, evocación.

 

© José Luis

Para ti, que gustas del color glauco

Para ti, que gustas del color glauco

La naturaleza se tiñe de verde 
en las ramas invernales de los robles, 
en los secos roquedales montañosos, 
en las pétreas cortinas musgosas, 
en el interior de mi pupila 
mientras permitían las brumosas mañanas 
nuestro andar 
y esas ocres hojas caídas 
nos aromatizaban al unísono 
de nuestros pasos. 

Echar la vista atrás 
y recordar ese verdor 
nos acerca más a otro diferente caminar 
entre paisajes reales e imaginarios, 
entre risas y palabras suspendidas en el aire, 
entre pedregosos senderos 
y orillas fluviales rumorosas.

Salir al campo y disfrutar 
de sus extraordinarios rincones 
es esa atractiva manera 
de sentirnos vivos 
los que exploramos la naturaleza.

© José Luis

Uvas, tinajas y verdor

Uvas, tinajas y verdor

Cuando las paredes
se convierten en lienzos
que dejan huella.
Podría alargar la mano y...
¿conseguiría una?...

El búho y la paloma

El búho y la paloma

Feliz 2026

Feliz 2026

Bolas de madroño

Bolas de madroño

 

Tímidamente

despojadas de su alcurnia

fueron con el arisco aire

por el suelo depositadas,

sin posibilidad de escapatoria

en mis sentidos ancladas.

 

Rojas bolas de madroño

al tacto notoriamente rugosas

ambarinas en su esencial interior

levemente de lluvia lagrimosas

disipa su imperceptible amargor.

 

Sumergida en negro la tierra

ahora luce en gotas de sangre

la eventual sensibilidad huidiza,

asemejando herida de gloria

o lamento de arraigo perdido.

 

Así la circunstancia humana

relajada en los pasos otoñales

recoge de tu condición en mis ojos

el desvelo de un corazón absorto…

temporalidad en continuo trasiego.

 

© José Luis

Otoño 26x25

Otoño 26x25

Quisiera ser hoja verde de primavera

hoja suave y tierna

dejarme mecer por los vientos

y brillar con la luz del sol.

Quisiera ser hoja verde de primavera

sentir el aire fresco

ir creciendo en la rama

y rozar las alas de los pájaros

al caer la noche.

Quisiera ser hoja verde de primavera

rielar con los primeros fríos

sentir que mi interior cambia

y vestir un nuevo color.

Quisiera ser hoja dorada

hoja ocre, hoja marrón

saber que de mi tiempo he disfrutado

y verme rilar en las pupilas

admiradas de un otoñal mirar.

© José Luis 

¿Dónde está la belleza?

¿Dónde está la belleza?

 

¿Dónde está la belleza?

¿En la mirada?

¿En lo que se ve?

¿En los colores?

¿En la imagen?

¿En la emoción?

¿En el recuerdo?

¿En lo que ve el corazón?

¿En quien mira?

……………………………………

¿Dónde?

Paisaje portugués

Paisaje portugués

Flotan la nubes, pareciera que suspendidas en la inmensidad azulada del horizonte. Consigue el sol sus glaucas pinceladas sobre la tierra, a la que, en ocasiones, acompaña su inseparable hierba. Noto el aire entre mis dedos, resbalando dulces pensamientos mientras los pasos, imparables, se quejan de la pesada marcha entre tórridos rayos.

A lo lejos me lleva la mirada, tan lejos que hace pequeñas las montañas. Qué arduo es saberse tan lejano y, a la vez, mantener presente los recuerdos de tantas piedras pisadas, de tanta sombra entre bosques o de tanta lluvia en la capa. No importa la distancia cuando allí me lleva la alegría.

Por senderos de Portugal se va extendiendo mi camino entre campos, ciudades amables, corrientes serpenteantes y aguerridos valles. Quizá alguna ojeada me reconozca tras sus vidrios... ese caminante, que de vez en cuando, le trae inexcusable su infancia.

Dejaré estar mi mente concentrada en el paisaje, la grabaré tal cual aparece en la imagen, para cuando me acuerde, vuelva a ella y sienta la quietud de aquel instante.

© José Luis

Flor de almendro

Flor de almendro

Pasear por el campo en estas fechas

tiene un atractivo especial:

el verde intenso de los prados,

el azul infinito del cielo...

y el colorido que los almendros 

ceden a las panorámicas.

Feliz 2025

Feliz 2025

Así como la tierra

devuelve a su interior la esperanza,

el 2024 nos devuelve a la memoria

todos esos momentos

que nos han hecho dichosos.

Afianzamos nuestros deseos y pensamientos

con la realidad que día a día transformamos,

por eso para este 2025

busco las semillas

de la alegría, felicidad, salud, paz, compañía…

para seguir en el camino de la vida

compartiendo buenos momentos,

saludando a los días con amor

y sabiendo que, un año más,

podemos saborear las mieles

de la creación.

Brindemos por el 2025


© José Luis

Castañera del Bernesga

Castañera del Bernesga

Este frío inquieto anticipa el invierno...

Hace tiempo ya que las castañas no moran en el árbol.

Son las caídas hojas ocres y tejas las que en el suelo perduran,

con la lluvia penetran en mi mente con su olor a naturaleza.

Me gusta el otoño en sus cambiantes colores

porque irisan en mi pupila y embellecen el alma.

Ahora mi recuerdo es para esa castañera,

asidua en la orilla del Bernesga,

seria y concentrada en su quehacer,

fulgurante en su presencia,

bronceada en sus pliegues...

con mirada ausente quizá recuerde

mocedades de otras épocas otoñales...

 

© José Luis

Palabras y sonidos

Palabras y sonidos

 

Sonidos y palabras anegan la estancia

a esta hora imaginativa del reposo,

mis percepciones entrecruzan la música

entre imágenes y puntadas de ideas libres.

 

Rondan las cuerdas frágiles notas del violín

en el torrente de acústicas revelaciones,

las teclas apaciblemente pulsadas se hunden

en apacible paz y atrevidas impresiones.

 

Melodiosa voz femenina modula la luz,

se ha ido azuladamente apagando el día

dejando los anaranjados puntos de luz

en los bordes cristalinos de la ventana.

 

La noche no trae el frescor noctámbulo,

pesadamente el calor avasalla la estancia

blanquecina, aletargada, suspirosa…

en cada exhalar el pecho desahoga

los latidos, siento el temblar de la sangre

que reiteradamente vivifica mi cuerpo.

 

El compás marcado con el vaivén mis pies

me devuelve a la realidad del entorno,

despido a las letras del teclado, me oculto

en la tenue sombra alargada en la pared

alargando la placidez de este momento.

 

© José Luis

Volador

Volador

Corriente de aire que vuelas

que llevas en tus brazos

la luz del día y el silencio de la noche,

que entretejes entre ocaso y alba

los encuentros inesperados

con la sutileza de unas alas irisadas,

a ti hoy entrego mis pensamientos.

 

Abril, mes primaveral, vienes ventoso

con un ímpetu frenético y descontrolado,

pero aun así prosperan las flores y atavían

la visión insondable de los campos,

playas y montañas resueltamente abstraído…

 

Distingo con sus antenas inquietas un insecto

que se fija con sus viscosas y tiznadas patas

en los azulinos pétalos de papel crepé

hurgando en la blanquecina copa

en búsqueda líquida y suculenta…

No se percata de que es observado.

 

No es el único inquilino de las flores,

a su derecha una diminuta araña

escala lentamente la cerúlea colina

con sus ocho patas minúsculas y articuladas…

No me había percatado de su presencia

hasta agrandar la imagen en el ordenador,

tecnología en auxilio de mi falta de indagación.

 

© José Luis

Mar

Mar

Desliza el mar su esparcida espuma 

entre los cantos rodados y la arena…

es un sonido sordo, brumoso y penetrante

en las paredes del acantilado,

se oye el susurro de las sombras

que miran el verdemar de la lejanía

y entre los altozanos pedregosos

la figura homínida en su quietud

me invita a contemplar la grandeza

del mar.

© José Luis

Rumbo a la noche final de marzo

Rumbo a la noche final de marzo

Rumbo a la noche final de marzo
me incita la necesidad de escribir
de poner lo que me brote en letras
porque se extinguen las jornadas
y pareciera
que la vida se escurre entre los ciclos
y las horas desocupadas.
   
Quisiera sobrevolar la órbita terrestre
ver los juegos de luces de las ciudades,
el fluir de otras vidas tras los cristales,
cómo necesariamente pasean a los perros
o el deambular de quien no sabe su destino.
   
La noche acelera el ritmo del espíritu
es el momento del día de evadirse,
de discurrir entre los motivos de un sueño
y de la innegable no permanencia de la realidad,
que en algún momento nos tornará lejanos.
   
Al final, como al principio, una mano
distinta a la mano que nos trajo
acariciará nuestras sienes con amor
y en su corazón agolpados los latidos
le revelarán una parte de la esencia:
piezas somos de un incesante devenir.
   
© José Luis