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Rastro de FreeWolf

Feliz Nochevieja y próspero año 2022

Feliz Nochevieja y próspero año 2022

  

Al igual que la Naturaleza,

la esperanza se renueva en cada anochecer,

se mantiene viva en todo amanecer

y se recupera con el descanso invernal.

 

Mis mejores deseos

vuelen como prietas semillas

entre los días y las noches

añadiendo a cada corazón y espíritu

ese halo de libertad y ternura

que todos necesitamos.


FELIZ 2022

Percepciones de este sábado

Percepciones de este sábado

 

 

Las nueve en el reloj

poco nuevo salvo el languidecer de la tarde

entre los rumores de apreciados acordes…

¡la música reverbera en los sentidos original

siempre, con esa cadenciosa y encriptada letra…!

 

La calidez que guarnece la habitación contrasta

con la crudeza del aire chocando con las ramas

que se agitan desamparadas de sus otoñales hojas.

 

Este equinoccio es estación de la desnudez,

de la necesidad de despojarse de lo superfluo,

quizá de soterrar la desconfianza del invierno

ante la inmediatez de las horas oscuras

y de la exploración retrospectiva del pasado.

 

Resuena el ronco rumor de hojas caídas

así las canas que me cubren van sonando,

anuncian que he de vaciar los estantes

repletos de recuerdos y remotos objetos

y dejar que sean de nuevo mis sentidos

los que llenen estas épocas venideras…

 

Al igual que las letras de las canciones

mis palabras se me van volviendo enigmáticas.

 

© José Luis

Espera tras espejismo

Espera tras espejismo

  

Espejismo en las nubes
las cuentas no cuadran
bajan las laderas rodando
mientras se retira la sombra.
   
Las ideas buscan su autor
entre los entresijos de la colmena
una lejana voz despeja el bastidor
tras el que se engalana la alborada.
   
Amanecerá la lluvia en los cristales
dejando el frescor de la noche
de azogue envuelto en perfume
donde se entretiene el horizonte.
   
No engaña la vida a quien nada presta
porque no es fruto del orgullo ni la ira
ni tiene mayor sentido y jerarquía
que la ilusión onírica de un alocado.
   
No enredo el miedo con la verdad,
aunque a veces no los distinga,
es tan fácil dejarse llevar…
si la noche, incauta cómplice,
me es propicia.
   
Espero tras mi espejismo
que la transparencia del tiempo
cubra indefectiblemente mi cabeza
cuando me envuelva la luz de las estrellas.
   
© José Luis

Noche del 31 de agosto del 2021

Noche del 31 de agosto del 2021



Golpeteos
arbitran el pensamiento
pum, pum, pum...
retumba el bombeo constante
transmitiendo corriente
en un incesante encadenamiento de harmonía
y vida.
   
Acordes de voces amigas
inundan de frecuencias melódicas los oídos
dulcemente
la noche acuna el aire con guiños de estrellas
y el ojo de la luna fantasea con el invierno.
    
Aquellas flores que se abren a la oscuridad
velan por la pureza de sus pétalos,
aunque no es distinguible su pátina
el aroma que cede a la sombra
hechiza el majestuoso revoloteo
de la polilla leopardo
en su polinizar nocturno.
   
En esta última anochecida de agosto
el calor ha diluido los póstumos rayos del sol
en el ambiente aloque y perfumado
que cautiva el maullar de los gatos,
la confusión arrebata el usufructo al día
y las corduras no han vuelto de la montaña.
    
© José Luis

Camino de hoy

Camino de hoy

 

 

Camino

y en el recorrer

encuentro libertad.

 

La naturaleza

con sus arroyos, montañas, vegetación…

le dan vida

a los regueros de mi interior.

 

Es, a veces, oscuro el sendero.

Las sombras, unas veces dan respiro

y otras, un hondo pesar.

 

Quisiera que mis brazos fueran

mundos por los que perderme,

que mis latidos marcaran

los acordes perdurables de un compás

cuyo secreto se esconda en la infinitud

que entrelace lentamente mi mente.

 

La gravedad de mi cuerpo

acarrea inexorable

la pauta que han desbordado en mí los años,

e incluso… los pensamientos.

 

Por eso es el camino

lo que recorro día a día

lo que me da liberación…

y miedo.

 

No es fácil de afrontar la madurez

en el constante crepitar de las horas,

apreciar lo que has vivido

y más difícil,

apreciar lo que queda…

 

Camino

y en el recorrer…

ahora…

no sé bien lo que aprecio.

 

© José Luis

Una palabra es el pensamiento

Una palabra es el pensamiento

Una palabra es el pensamiento
que renueva la noche en vela;
en el silencio de la noche
el negro lienzo del techo
dejará calmoso al descubierto
la claridad de un nuevo
y desbordante día.
 
Las imprecisiones del tiempo
alterarán los recuerdos
que no desean ser estancados,
los ojos aprueban el amanecer
que eclosiona tras los libros,
donde la tinta formaba imperfectas
las siluetas que las voces ocultas
acercaban estruendosas a los oídos.
   
No es necesaria la impetuosa niebla
para perder en las sinuosidades la confusión
de la noción de amor, ni la sensación de cierto abandono,
ya están las ausencias para llenar ese hueco.
   
Me pertenecen innumerables recuerdos,
míos los siento en cada evocación, y
sé que solo yo los mantengo,
siendo quizá mi compañía más fiel.
   
En cada pliegue de sol palpita la vida,
me anima esta insistencia
que desagravia en ligeras recompensas
debilidades y arrugas, contrariedades y angustias
que acompañan al transitar del momento.
   
Me atrae poderosamente la montaña,
esa fuerza abrupta y exigente
que me reconoce en los pasos
en las informes remontadas
en las enérgicas inspiraciones
y que me permite bajadas
más allá de los hundimientos.
   
Quisiera dejar en la palabra
la renovación del pensamiento…
   
© José Luis

Resuena la lluvia

Resuena la lluvia

  
Resuena en los cantos el caer de la lluvia,
desnuda melodía deslizante sobre los paraguas,
el suelo se torna en espejo reflejante
y la ciudad se fragmenta en múltiples trazos,
recomponiendo catedrales, palacios y esculturas
a su inquebrantable antojo.
   
Evoco los días de campo primaverales.
la hierba fresca y humectante en el ambiente,
predomina en abril la tonalidad amarilla,
las flores ceden a mi paso los pétalos,
son mis botas y pantalones un retal
expresionista de inacabadas pinceladas caóticas…
   
Este tintineo de la tormenta,
me recuerda el rumor integrante del río,
las burbujeantes y espumosas cascadas
que arrullan mis paseos de domingo,
esta paz en murmullo acalla el desasosiego
de saberme en el mundo errante,
asido a valores que solo tienen sentido
cuando abres los ojos por la mañana
y te das cuenta que sigues vivo…
   
Cada día hay personas que desaparecen,
que reviven en la mente de sus seres queridos,
hay bebés que son atraídos a la vida
para dar a la humanidad otra vuelta de tuerca,
y desde luego yo ya no soy de estos últimos…
salvo en sueños.
 
© José Luis

Los números del reloj

Los números del reloj


Añoro de las agujas del reloj,
los minutos que en sí desertaban
en esa imprecisión de momentos,
ahora con pantallas inscritas
todo es puntualidad secuenciada,
existencia que se ha acostumbrado
a la precisión milimetrada,
ya no subsisten esquinas
para la pérdida de tiempo.
   
Un mirar de sesenta impulsos
con el aliento en suspenso
hostigando en cada leve ademán
lo que perdura en la mente,
lo que se oculta en el subconsciente;
permito que sucedan automáticas
las reflexiones
sin retener ninguna…
   
el jardín cubierto con rutilantes mariposas,
los caminos que polvorientos a transitar invitan,
altas las montañas invernales blancas asemejan
ese helado de nata por el niño ansiado,
las letras ordenadas de un libro
que en suspense me cortejan
mientras batallo su final con las páginas,
el sueño que es sueño y pesadilla,
la amistad de un café en sillones de paja,
el mundo recreándose…
entre la ingenua realidad y los deseos imaginados.
   
Son los números del reloj,
a los que no damos importancia,
los que marcan nuestras vivencias,
las graban en nuestro chip-cabeza
como nuestras posesiones únicas e inmateriales,
los recuerdos,
que unas veces permanecen
y otras, indefectiblemente,
se desvanecen…
   
© José Luis


Domingo 28 de febrero

Domingo 28 de febrero

  

Quisiera la sonrisa de bebé,
como apoyo de almohada,
levantarme con el arrullo
de estrellas radiantes,
saber desentrañar de la vida
la condición de sus horas
y beber a sorbos la noche…
que el amanecer me desvanezca.
   
Esta habitación vacía…
que podría ser soledad…
a veces es mejor compañía.
   
Me duele la vida…
el paso incesante de sus aguas
por mis trasteadas sienes,
siento las espirales sinuosas del pasado
palpitando fuertemente en el pecho
arrancándome en tiras el futuro…
nadie la pudo detener en sí
más que en la memoria de los otros.
   
Ensayo posponer los temores
en los entresijos de un enigma
pero a los gritos no se les puede disimular
como no se puede amordazar…
al tiempo.
   
© José Luis

Nochevieja 2020

Nochevieja 2020

 

  
 

 

 

 

 

 

 

 

 

Quizá dejemos atrás un año descorazonador,
quizá la nueva mirada pueda más
y solo quede en la retina la perspectiva de lo bueno.
   
Son muchas las colinas sorteadas
las piedras e hierbas que saludaron mi paso,
la inmensidad azul que permitió elucubrar
formas y bellezas en las nubes,
riachuelos y fuentes que alegraron mis oídos
con el rumor incansable de su canto,
reflejos en las crisálidas aguas de ríos
y ojos amigos,
donde quedó grabado la ilusión del recuerdo.
   
Siempre llega la noche
con su conciliación y descanso,
con las dudas y sorbos amargos,
pues el día se tiene que hacer paso
con la libertad plena de rehacerse
de recrearse, y si quiere, repetirse.
No es la voluntad lo que nos sujeta,
no es el deseo el que nos empuja
es una nueva mañana la que destina sus alas
para emprender el vuelo de la vida,
para abrir en nuestros sentidos la puerta
hacia aquello que nos va definiendo,
recuerdo y pasado será una extraña lejanía
cuando la mente ya no siga con nosotros.
Por eso cada día tiene que ser un despertar
hacia lo que nos hace humanos y sociales,
un descubrimiento de nuestros límites
y también de nuestras grandezas.
He tenido días tristes que hacían borroso el horizonte,
días en los que he perdido la comprensión de la esperanza,
en los que me he distanciado de mis recuerdos
y hasta de mi propio cuerpo.
Pasaban los años con los días inagotables,
mas ahora esos días se han vuelto tesoros,
fuente que ve menguar su flujo
y no sé cómo encararlo…
Una noche como ésta
siempre se llenará de buenos propósitos,
y con ellos me animo,
siempre recolectará los buenos frutos
a los que me aferro.
    
Nochevieja del 2020
nochevieja excepcional
dura y sinuosa
en la que busco el sentido
con reverdecidas esperanzas.
   
© José Luis

31 de octubre del año 2020

31 de octubre del año 2020


Dejaré que mis dedos
pulsen
en el manantial del limbo
la búsqueda del sentido…
de cualquier cosa
que me revele
viviente… de este mundo.
   
Me entretienen las notas
cadenciosas
de voces que el computador guarda
y me dejo llevar por letras
que en este desfilar del otoño
me consuelan…
   
Agotado ya octubre
la bienvenida doy a noviembre
anhelando de sus colores la viveza…
efecto inquebrantable de renovación.

Los momentos se suceden y avanzan
indefinibles…
cruel cordial adversario
devora lo que es más valioso…
no hay pausa en la verdad,
la eventualidad de una nueva madrugada
es mi petición diaria.
   
Contiguo a la ventana mi mirar
en las mortecinas luces se esconde
habiendo visto el ardiente atardecer,
la sutileza verdeazulada del cielo
y el más inextricable negro.
   
La expectación del domingo
en su cercanía por la naturaleza
motiva y alegra mi esperanza
de encontrar en la razón humana
la salvaguarda de la eternidad.
   
© José Luis

Lluvia y flor

Lluvia y flor

Lluvia y flor de otoño
el aire aroman
un domingo de septiembre
la montaña.
   
En cada paso mana la humedad
resquebrajando las entrañas
al paso de mi sombra,
el sol se ha escondido
con juegos de luz y sombras
las piedras se muestran
en caprichosos contornos,
el orégano es lo que me perfuma.
   
Valdesangil se muestra en colorido cuadro
de hierbas amarillas, verdes prados,
enrojecidos helechos y nubes blanquinegras.
   
A mis pies miles de campanillas repican
con sus filamentosos badajos
entonaciones nacaradas y ocres,
contemplo en el resbalar de sus lágrimas
mis propias alegrías
mis inconvenientes tristezas…
la belleza como la vida
son eternas
porque son humanamente efímeras,
extraordinariamente sensitivas.
   
Me refugio en el silencio de la mañana
permitiendo a mis pensamientos,
aún atados a la reclusión,
que libremente vaguen
entre las formas
en que las piedras se dejaron
amansar por la naturaleza.
   
© José Luis

Serbal de los cazadores

Serbal de los cazadores

  
En el vacío de la ventana
una mosca juguetea con el cristal
entretenidamente
el tiempo pasa
todo sucedido no importa
solo incumbe el ahora
aunque la mente no cese de desbordarse
de lo que ya no se haya
más que en reminiscencias.
   
Lleno los oídos de notas y letras
para no pensar,
pero me doy cuenta
que las evocaciones no paran,
pareciera que ahora
uno solo se alimente de recuerdos…
   
De manera general
siempre las fotografías me dan respiro
siendo mi pasado, presente y futuro.
Es la naturaleza mi encuentro con la paz
que voy dejando a migajas por el camino.
   
En la imagen de este árbol me apoyo
reconociendo que en el rojo de sus frutos
encuentro la fuerza que transita en mi interior,
es el alivio semanal ungido a mis penas
el sentido que se llena de vida y revive.
   
¿Por qué la soledad es tan dañina
cuando el alma está magullada…?
 
Menos mal que la tristeza
suele ser transitoria…
y ya está cerca el domingo.
   
© José Luis

Tarde de pasear o de pensar

Tarde de pasear o de pensar

La tarde, ahora mismo, es un reflejo dorado de sol,
en la línea del horizonte veo reflejos del pasado
que retiene junto a este presente un chocante peso en el corazón.
   
Se me hace un nudo la garganta…
la grandeza de este sol que se halla perdurable
y que cada día me abandona
preservando desde mi origen el principio humano
de saber que todo pasa como escurridizos pensamientos.
   
La naturaleza crea sus propios frutos,
tras ellos me confundo, me integro
y desintegro germinando
como clandestinos e impresionables granos
que se saben ya en sazón;
entre los surcos de los dedos se van precipitando
al vacío, y ojalá en la inmensidad de la hondonada
encuentren su sentido…
   
No importa que hayan sido afilados cardos
o inasible grana
si al final
forman parte del paisaje.
   
Están tan cercanas la alegría y la tristeza,
el deleite y la insatisfacción,
la vida y la muerte
que las lágrimas... las sonrisas...
son ahora las agitaciones que me acompañan.
   
© José Luis

Quién no desea ver anochecer

Quién no desea ver anochecer

  

Cadenciosa llega la noche
irisando el inmenso lienzo
que es la ventana de este horizonte.
   
El azul se ha enredado todo el día de nubes
esculpiendo minúsculas e informes masas encaladas
que un sol inquieto embaucaba con rayos entrecortados.
   
Con las horas el cielo ansiaba su azarosa sudoración,
se apropia del sol la energía cobriza
que ahora de manto sirve
a la purpúrea mirada que atraviesa esta oscuridad espesa
en ondulantes y abnegadas lenguas anaranjadas.
   
Negras líneas dibujan mis ojos
ocultando lo que fueron imágenes claras,
no me asusta esa negrura reconocida,
porque intensifica esta excepcional belleza
cromática que mi pensamiento ilumina.
   
Quién no desea ver anochecer
sabiendo que en el devenir de las horas
la decadencia del día
es efímera grandeza de la noche,
un esplendoroso e inocente momento
para las entrañas ávidas y atentas...
   
© José Luis

Confinado en la grana

Confinado en la grana

  

Confinado
no hay camino a la libertad
limitación embutida,
desasosiego y enfermedad.
   
La vida acorta sus días en el Covid,
algunos huyen en sus casas,
otros en los hospitales
del dolor.
   
El miedo se ha abierto camino
la sociedad se espanta
y abunda la espera en la sala,
ahora parece mirada atrás.
   
Sueño mal soñado,
incomunicación de caminos,
alejamiento y soledad
y pena...
   
El sendero me abre sus puertas,
se suceden algunos paseos
que alivian la afrentosa tensión,
el verde me acompaña
con sus hierbas y su grana.
   
Hoy llueve
la tristeza se diluye en la calle
mientras Nacha Pop me persigue
con su cadencioso ritmo,
al menos el pecho late música.
   
Confinado en la grana de la tarde
negras líneas marcan la gradación
del atardecer de un 29 de mayo
cuando solté mi alma
para que alegre corriera
como nereida desbocada
entre los mares de margaritas
y los cardos asilvestrados.
   
© José Luis

Ventana en flor reflejo

Ventana en flor reflejo



En la puerta estoy de la casa,
a la intimidad accedo por tu ventana,
intimidad externa, simulada, florecida...
   
No atisbo qué escondes dentro,
solo percibo
como en el transitar de los coches
mi propio deambular por los cristales.
   
Inhiestos los verdes tallos
dejan que pétalos blancos bamboleen
y entre ellos me oculto,
me guardo también de tu mirada.
   
El día es azul y brillante
y por eso, las rejas me ceden el paso,
el día es fiesta y engalanado urge
que yo preste mi atención en tu antesala.
   
Cuánto tiempo y mimo pusiste
en la semilla sepultada,
cuánto tiempo y mimo escondemos
en aquello que a veces no es reflejo
de todo lo que en verdad nos afecta.
   
Hoy
paralizado en tu escaparate
admiro
la belleza que me ofreces
desde la satisfacción de mi labios.
   
© José Luis

Flores II

Flores II

  
Blanca
en la mañana de primavera
una flor
jugaba entre las sombras
prestada su pureza
en piel aterciopelada.
   
A su alrededor
verdes hojas la arropaban
mientras la luz era escasa,
así cedía su áureo ojo
el tañer violáceo
a los ligeros brotes.
   
Pliegues entreverados
despliegan su corola,
claridad contra tiniebla,
se espejan
en simple lisonja,
una flor
soporta en la intimidad
su belleza.
 
© José Luis

Traigo imágenes

Todo por decir

todo es callar

y en el tiempo pasar

sin nada que rendir.

  

  

  

Quisiera no tener inconvenientes

pero de eso se trata

de que este ser

es imperfecto

decía, hacía, sentía,

dudaba, miraba, soñaba...

  

  

  

Siempre las imágenes ayudan

a entonar cualquier momento

en ellas me apoyo

me someto

y me divierto.

  

  

  

© José Luis

El decir de la aceituna

El decir de la aceituna


   
Levanta la mañana inquietada niebla
en el caminar errabundo de mis pasos
y macera en las partículas que aferradas
permanecen en las hojas y la hierba.
   
Abriéndose paso va la luz entre azures
infinitos de cielo, mientras la tierra humedecida
cede a la gravedad de las huellas, entretejiendo
con difuso hilo lo desconocido y la hermosura.
   
Saboreo la plenitud del aromoso aire
silbante entre las ramas y los huecos
agrestes que se han llenado de verdor
al despertar matinal de los montes.

El añoso campo se ha cargado de olivos
la palidez de sus ramas no oculta su fruto
ingenua una lágrima resbala por la oliva
y sujeta pendiendo al revés mi silueta.
   
Me turba el decir callado de la aceituna
revelarme  en un liado escenario espejado
entre la irrealidad y la sutil réplica
ojo de un ojo que atento me observa.
   
© José Luis