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Rastro de FreeWolf

La encadenada sombra

LaEncadenadaSombra

  
Los pensamientos escasean de sombras,
de cadenas que a la tierra los aferren,
brazos retenedores de esforzados vuelos
ansían, las nubes su brumosa mañana
dejan en la lejanía horizontal de las visiones
y los dedos, abigarrados, en sus puntas anotan
otro amanecer al sol poniente encadenado.
   
Rasgan las notas de una tenue melodía
las estrellas, en sus rumbos rigen
la enérgica invasión de los sueños,
detienen los ruidos la incesante noche
entre los tupidos párpados de un enigma,
¿serán mis ojos apasionados amantes en secreto?
   
Pasea, irreverente, junto a mi ventana un gato,
las luces que de las farolas bajan le alcanzan
en una sombra encadenada a clandestinos pasos,
con ritmo fustiga su cola mis pestañas dilatadas,
¿serán mis ojos otra vez ese alarmante faro
que inmoviliza el final del mundo con la nada?
¡Tiniebla, nunca bucearás mi fondo!
   
© José Luis

Manos tentadoras

ManosTentadoras

  
Una ciudad, con sus gentes y sus calles,
de personalidad nebulosamente propia,
envuelta, equívoca, en su aroma mercantil,
cincelada en las puertas efímeras y anudadas
al impertinente pasado que no calla.
   
Perdidas arrastran mis manos las traviesas,
acallan el presente en unas manzanas,
ya no quedan higos en la rama del pecado,
ni cielos vacíos con sus inoportunos cantos,
solo la noche salvaguarda mi estirpe,
aliada se me antoja esta oscuridad de ciegos.
   
Tras los crepúsculos de la mente sueño
con los recuerdos entrelazados un futuro
palpitante en el corazón sin sangre
ni muerte que marque el final acompasado
de carne y alma, con el tambor de la Suerte
espectral entre sus manos tentadoras.
   
© José Luis

Pies precipicio

PiesPrecipicio

Me miro los pies y veo...
el precipicio que esconden.
                  
© José Luis

Atardecer desde Fisterra

AtardecerDesdeFisterra


Sesga el sol la cúspide del cielo
toronjas los aromas de la tarde
deslizan las inhóspitas rocas,
roces de sus areniscas en mis piernas,
bajo el sabor anticipado de la noche.
   
Se acentúa la negrura de las nubes
unos ojos esclarecen la mirada
desde el finito convenido de la tierra
que en lenguas de agua lamen
inamovible el promontorio.
   
© José Luis

Flores a ti traigo (2)

FlorDeMerida1

Entre dos momentos,
dos dualidades,
dos submundos en el mundo,
la felicidad o la tentación
de lo posible
de lo imposible...
inevitable.
   
© José Luis

Flores a ti traigo (1)

FlorDeMerida2

Recuerdos de una pared

RecuerdosDeUnaPared

El balcón, más allá del tiempo

Balcón

Manto ambiental

MantoAmbiental

Olor de inquietud

Un mundo mejor

Colores de invierno

ColoresDeInvierno


Los pasos se llevan al camino
la claridad envuelve la incertidumbre del amanecer
y se encienden desiertas las ramas
con invariables preludios de primavera.
   
Juega la quietud del aire
con los vapores que sutiles ascienden
desde el silencio de mi labios
en secuencias gélidas y arborescentes.
   
En el horizonte las nubes otean
cómo notas de color franquean las manos
en la soledad inquietante,
hay veces que siento en mi piel
el cosquilleo del miedo.
   
Los pájaros ya no claman
solo el quejido de mis botas rasga
el equilibrio del bosque ausente,
fatiga el trance de la pasión
las pendientes palpitantes del invierno.
   
© José Luis

Feliz 2013, adiós al doce

Feliz 2013, adiós al doce

La rama imprevista

Rama imprevista

La orilla verde

OrillaVerde

  
Camino entre los albores de las sendas,
entre los arraigados márgenes de la realidad
fugaz eludo de los pensamientos la pesadez
en la orilla verde de un árbol alumbrado,
cuando los partos eran olvido de la tierra
en la descarga de sus estertores creativos.
   
Bajo el cielo sostienen las nubes la sombra,
huidiza se hace con las horas la mañana
bañada en la glauca seda que del Hades nace,
anadean mis pies de las simientes el alivio,
fresca es la alfombra desparramada en salario
transitorio del reverso imprescindible del ocaso.
   
¿Dónde extraviadas aguardan mis ideas
el origen apremiante de las palabras?
¿Dónde, impensables los deseos, guardan
la emanación furtiva y la promesa milenaria?
Las blancas hojas amarillean en el otoño
de mis años ríen las deudas en la piel depositadas
donde tus labios caminaron a tatuaje y fuego
de la noche entre inquebrantables espasmos.
   
© José Luis

Extendidas las alas

ExtendidasAlas


Aleteadas lanzan las lamparillas al viento
se hace el camino limaduras de mariposa
mis ojos acuden a la llamada de sus vuelos
entre las zarzas que son lagrimosas moras.
   
Desvela la mañana parte de los secretos
envueltos en hilo de mandolina y Ariadna,
algunas hojas caen rendidas a los cantos
del otoño, un suspiro envuelve la alborada.
   
Tenaz la montaña entretiene mis manos
con flores, ramajes, vallas e instantes
acopio de belleza natural de los parajes
más allá de los paraísos y los ensueños.
   
Extendidas las alas simulan los ángeles
ser entretenidas mariposas, ay, el cielo,
perdido el edén entre las causas humanas
gritan mudos las plegarias al horizonte.
   
Imperceptibles me acompañan los cosquilleos
alcanzan rumorosas mis oídos las no palabras
quizá permita que se inclinen mis rodillas
ciertamente, ingenuamente… para dar gracias.
   
© José Luis

Retorno desde el atardecer

RetornoAtardecer


El aleteo de las aves se desgaja
en el paño azur del firmamento
espacios que se afilan a la vista
cárdena y ambigua del momento.
   
Finaliza agosto sus instantes
cálidos airadamente frescos
los vientos traerán a las horas
los jugos libados al adviento.
   
Van los días perdiendo el brillo
el sol envejece como piel quebrada
en los escalones revestidos del descuido,
siempre el olvido posee al tiempo
implacable con su abandono y su desidia.
   
Me atraen los juegos del ocaso
con su neblina de vísperas y sueños
pareciera el vientre creativo y materno
de un cosmos sensitivamente extraordinario.
   
Retorno desde el atardecer de mis horas
con el cuerpo saciado y herido, de luz
mis ojos cubiertos, se atesora el descalabro
en las ajetreadas cuencas de mi alma.
   
© José Luis

Las tres farolas

LasTresFarolas


Son de la luz los reflejos de la noche
rayos invisibles que resquebrajan
la esférica circunstancia de la muerte,
los árboles claman ahojados su día
los brazos extendidos al viento
oración crucificada mil instantes
mientras resbala inmaterial la savia
que al tiempo preña de hijos inmortales.
   
Son los reflejos de la noche de la luz
sueños bastardos acurrucados en la sombra
de una empedrada calle con tres farolas
resquebraja el suelo en la fosforescencia
los pasos espantados de un caballo
remontando la alborada en las quimeras
que sustentan infranqueables los altos muros
de la falsedad, la desigualdad y el despropósito.
   
Son de la noche los reflejos de la luz
irisados matices en la retina estampados
atardeceres eternos de toronjas oleadas
de volátiles compases de armonía y ensueño
en la macerada cumbre de aquella montaña
con dos tablas encendidas en la conciencia,
aún remonta el ocaso asustado el caballo
con ese jinete que inmortal le espuela…
   
© José Luis

La ventana abierta

LaVentanaAbierta

  
Siempre encontramos una ventana abierta
por todas aquellas que aparentan cerrarse,
la impulsiva claridad en el interior penetra
y comunica una inmensa viveza a los colores,
vuelve la sonrisa a intimar con las paredes
en ese guiño radiante de rociados tornasoles.
   
Vence la resistencia de las piedras al tiempo,
¡cuántos descansos habrán encontrado en esta sala
impenetrable y reciamente oscura los caminantes!,
¡cuántas veces el portón de entrada habrá crujido
los olmos cuando chocan contra el viento ciego!,
¡cuántas las pupilas dilatadas habrán saciado
en sus conos la veracidad de las emociones…!
   
Los ojos, esas ventanas del corazón abiertas,
comunican francamente los sentimientos,
espeja la mirada las nebulosas sucintas del alma
entramado irradiante de luces y opacidades.
   
© José Luis

Atenta en su mirada

AtentaEnSuMirada

  
Transcurren las piedras en los años
inamovibles torres en la historia
en la diversidad de paseos sitiados
con los multitudinarios pasos incumplidos
ante sombras que se mecen en la tarde.
   
Las cigüeñas traquetean los pináculos
sus picos hacia el horizonte extienden
y pellizcan un trocito de cielo flambeado,
las alondras reflectantes inclinan sus vuelos
entre los silenciosos troncos de las riberas.
   
Pasear Salamanca por caminos de sus piedras
amanecidas entre labrantíos y cinceles alados
plumas encarnadas en la velocidad de unas hojas
enramadas al viento, alguna oquedad atenta
en su mirada me persigue ocre con sus órbitas.
   
© José Luis