El balcón, más allá del tiempo
Manto ambiental
Olor de inquietud
Un mundo mejor
Colores de invierno
Los pasos se llevan al camino
la claridad envuelve la incertidumbre del amanecer
y se encienden desiertas las ramas
con invariables preludios de primavera.
Juega la quietud del aire
con los vapores que sutiles ascienden
desde el silencio de mi labios
en secuencias gélidas y arborescentes.
En el horizonte las nubes otean
cómo notas de color franquean las manos
en la soledad inquietante,
hay veces que siento en mi piel
el cosquilleo del miedo.
Los pájaros ya no claman
solo el quejido de mis botas rasga
el equilibrio del bosque ausente,
fatiga el trance de la pasión
las pendientes palpitantes del invierno.
© José Luis
Feliz 2013, adiós al doce
La rama imprevista
La orilla verde
Camino entre los albores de las sendas,
entre los arraigados márgenes de la realidad
fugaz eludo de los pensamientos la pesadez
en la orilla verde de un árbol alumbrado,
cuando los partos eran olvido de la tierra
en la descarga de sus estertores creativos.
Bajo el cielo sostienen las nubes la sombra,
huidiza se hace con las horas la mañana
bañada en la glauca seda que del Hades nace,
anadean mis pies de las simientes el alivio,
fresca es la alfombra desparramada en salario
transitorio del reverso imprescindible del ocaso.
¿Dónde extraviadas aguardan mis ideas
el origen apremiante de las palabras?
¿Dónde, impensables los deseos, guardan
la emanación furtiva y la promesa milenaria?
Las blancas hojas amarillean en el otoño
de mis años ríen las deudas en la piel depositadas
donde tus labios caminaron a tatuaje y fuego
de la noche entre inquebrantables espasmos.
© José Luis
Extendidas las alas
Aleteadas lanzan las lamparillas al viento
se hace el camino limaduras de mariposa
mis ojos acuden a la llamada de sus vuelos
entre las zarzas que son lagrimosas moras.
Desvela la mañana parte de los secretos
envueltos en hilo de mandolina y Ariadna,
algunas hojas caen rendidas a los cantos
del otoño, un suspiro envuelve la alborada.
Tenaz la montaña entretiene mis manos
con flores, ramajes, vallas e instantes
acopio de belleza natural de los parajes
más allá de los paraísos y los ensueños.
Extendidas las alas simulan los ángeles
ser entretenidas mariposas, ay, el cielo,
perdido el edén entre las causas humanas
gritan mudos las plegarias al horizonte.
Imperceptibles me acompañan los cosquilleos
alcanzan rumorosas mis oídos las no palabras
quizá permita que se inclinen mis rodillas
ciertamente, ingenuamente… para dar gracias.
© José Luis
Retorno desde el atardecer
El aleteo de las aves se desgaja
en el paño azur del firmamento
espacios que se afilan a la vista
cárdena y ambigua del momento.
Finaliza agosto sus instantes
cálidos airadamente frescos
los vientos traerán a las horas
los jugos libados al adviento.
Van los días perdiendo el brillo
el sol envejece como piel quebrada
en los escalones revestidos del descuido,
siempre el olvido posee al tiempo
implacable con su abandono y su desidia.
Me atraen los juegos del ocaso
con su neblina de vísperas y sueños
pareciera el vientre creativo y materno
de un cosmos sensitivamente extraordinario.
Retorno desde el atardecer de mis horas
con el cuerpo saciado y herido, de luz
mis ojos cubiertos, se atesora el descalabro
en las ajetreadas cuencas de mi alma.
© José Luis
Las tres farolas
Son de la luz los reflejos de la noche
rayos invisibles que resquebrajan
la esférica circunstancia de la muerte,
los árboles claman ahojados su día
los brazos extendidos al viento
oración crucificada mil instantes
mientras resbala inmaterial la savia
que al tiempo preña de hijos inmortales.
Son los reflejos de la noche de la luz
sueños bastardos acurrucados en la sombra
de una empedrada calle con tres farolas
resquebraja el suelo en la fosforescencia
los pasos espantados de un caballo
remontando la alborada en las quimeras
que sustentan infranqueables los altos muros
de la falsedad, la desigualdad y el despropósito.
Son de la noche los reflejos de la luz
irisados matices en la retina estampados
atardeceres eternos de toronjas oleadas
de volátiles compases de armonía y ensueño
en la macerada cumbre de aquella montaña
con dos tablas encendidas en la conciencia,
aún remonta el ocaso asustado el caballo
con ese jinete que inmortal le espuela…
© José Luis
La ventana abierta
Siempre encontramos una ventana abierta
por todas aquellas que aparentan cerrarse,
la impulsiva claridad en el interior penetra
y comunica una inmensa viveza a los colores,
vuelve la sonrisa a intimar con las paredes
en ese guiño radiante de rociados tornasoles.
Vence la resistencia de las piedras al tiempo,
¡cuántos descansos habrán encontrado en esta sala
impenetrable y reciamente oscura los caminantes!,
¡cuántas veces el portón de entrada habrá crujido
los olmos cuando chocan contra el viento ciego!,
¡cuántas las pupilas dilatadas habrán saciado
en sus conos la veracidad de las emociones…!
Los ojos, esas ventanas del corazón abiertas,
comunican francamente los sentimientos,
espeja la mirada las nebulosas sucintas del alma
entramado irradiante de luces y opacidades.
© José Luis
Atenta en su mirada
Transcurren las piedras en los años
inamovibles torres en la historia
en la diversidad de paseos sitiados
con los multitudinarios pasos incumplidos
ante sombras que se mecen en la tarde.
Las cigüeñas traquetean los pináculos
sus picos hacia el horizonte extienden
y pellizcan un trocito de cielo flambeado,
las alondras reflectantes inclinan sus vuelos
entre los silenciosos troncos de las riberas.
Pasear Salamanca por caminos de sus piedras
amanecidas entre labrantíos y cinceles alados
plumas encarnadas en la velocidad de unas hojas
enramadas al viento, alguna oquedad atenta
en su mirada me persigue ocre con sus órbitas.
© José Luis
Reflejos irresistiblemente irreales
Pertenecen los reflejos a la inversión irreal
a la fantasmagórica realidad de los sueños
donde deshacen su propia naturaleza los límites
y las líneas la perversión retornan de la incidencia.
Enervan las calles la verticalidad de los edificios
las paredes dejan que se junten las ventanas
la intimidad de una sala será la intimidad de la otra
(se comunican sinuosamente las mismas lenguas
lamiendo intrauterina en los cristales la luz)
El cielo desgajado en escollos de nubes
deja que se vare la quimera del momento,
en largos tentáculos de irreverente sombra
cae la tarde con estrépito en la acera
se alarga la espera en la línea del autobús
y perpetro con mi cámara irresistiblemente
la captura irreal de los reflejos de la pátina.
© José Luis
Barcas del Tormes
Se mecen las barcas tranquilas
en las aguas del Tormes
con la quietud de la mañana
al temblor oscilante de las catedrales.
Juguetean los reflejos con sus colores
amarillos limones ásperos de la aurora
carmesíes leyendas de fuego y espada
esmeraldas sierpes florecidas del viento
azures temblores del paraíso en la almohada
blancos silencios de contemplación en lejanía…
Los remos reposan en el fondo del río
brazos abatidos en la penumbra del cielo
aspas de un horizonte espejado y rutilante
del cauce del sol en las ondulaciones ojivales
en su paso por la cuenca y los ojos del puente.
Siento la humedad pálida en mis brazos
exudados humores que midieron el agua
en las vetustas bocanadas de una muerte
que descendió cansancio, soledad y pausa;
las barcas tranquilas se mecen…
© José Luis
Dos visiones unidas
Los ojos se han ido de las esculturas
siempre desaparecen cuando son colocadas
un acto de protesta por sentirse obligados
a ser testigos de una realidad persistente.
Firmamentos de alados inundan sus frentes
el cobijo de un nido de invariables pensamientos
sobre los que danzar y considerar en atrevimiento
no cambiar nunca una idea propia por una ajena.
Dos visiones unidas toman mucha fuerza
dos versiones de la misma entidad significativa
de izquierda a derecha y de abajo a arriba
dos visiones ligadas mutuamente se enriquecen.
¿Una idea, es masculina o femenina?
¿una opinión puede envenenar al pensamiento?
¿el cielo en su caída saqueará muchas aves?
© José Luis
Desde las alas de una figura espectral
Mis pasos me llevan en la mañana
a la transparencia de los escaparates
a la habilidad de unas manos que tejieron
con su afán una infinito naciente,
un reciente cosmos desde una nueva imaginación.
Juegos de mente con el espacio-tiempo
concierto de arpegios en lo desconocido,
la estructura sinfónica de los recuerdos
desde las alas de una figura espectral.
En cada átomo de cielo fecundizado
el propósito del hombre reverbera
ecos del designio de locura y grandeza,
de vetustos inicios en lo esotérico
en la profundidad del inconsciente
desde nuestra más oportuna creación.
Desde las alas de una figura espectral
mis sentidos se suspenden y desplazan
en la inmensidad onírica de los vergeles
que fueron jardín primigenio y placenta
de sangre y arcilla.
© José Luis
La corriente del río
¿Quién
no ha visto el batiburrillo
de las nubes avanzando
en multiplicidad de tamaños y formas?
¿Quién
en la impiedad del agua
no ha ahorcajado un puente
con la botadura de un papel
embarcado en sus dobleces?
Abstraerse
en el misticismo de las nubes…
disolverse
en los vapores del agua…
nada alrededor nos retiene…
anteponemos la acrobacia de pájaro
el zigzagueo de pez en la lluvia
la planta de pie levitante
al pudor telúrico del ojo.
Es inevitable
perseguir la corriente de un río
en sus revueltas y serpenteos,
dejarse atrapar en el vuelo
del atardecer entre aladas,
dejarse embriagar por el aroma del sol
mientras se cae en el horizonte…
Es inevitable
fluir hasta la muerte
en ese barco de papel por el río Estigia,
es inevitable
dejar que el alma vuele y se eleve
más allá de las nubes,
por eso puede que nos atraigan tanto…
© José Luis
Ruina
¡Cómo se desgaja el tiempo!
¡Cómo las salas deshabitadas
han desprotegido los recuerdos!
Sabia la naturaleza ocupa el espacio
no vacío, el espacio mantiene los espíritus
de los que fueron pensamiento y carne
de los que humedecieron la tierra
con los esputos desgranados del cielo,
cuando el cielo era paraíso, y Adán, y Eva.
Las yerbas que crecen verdes me recuerdan
los suelos pedregosos abandonados
del paso de las horas serenas y apacibles,
del sudor arrastrado por el trabajo
y los bueyes que eran calor y arañador hierro.
El horizonte baña con sus nubes las paredes
lágrimas exudadas en la oscuridad de años
de cuevas vernáculas y pigmentos especiales,
adoración de objetos, dioses y animales…
¡dónde andarán ahora las creencias
no materiales!
¡La ruina se asienta en España,
llagas en estos tiempos importunos
de lucrados pescadores de aguas
residuales!
© José Luis
















