Blogia

Rastro de FreeWolf

Color de una foto

Ver en lo que no se mira

Ver_mirar

  

Bajo la capa original de los ojos
la penumbra sujeta la incógnita
que me pertenece.
No hay mirada
que profundice el instante.
He olvidado el camino de vuelta...
solo el siguiente paso me separa
de mí mismo.
Tiembla la mano,
el suspiro que lejano surgía
ha llegado y saber qué continúa
es la amenaza
   
La noche atrae el calor
que las nubes retienen.
Todo es sombra alrededor
de la lámpara, yo soy sombra
y me recuerdo.
Vienen los sonidos,
traen la saliva gastada...
crujen los dedos
en su interior.
Vendrán los temblores
de la mañana
y saber qué continuará
será la esperanza.
   
© José Luis

Gota culminada

Masca la tarde

una gota...

Puerto desde la ventana

Puerto desde la ventana


Abruptas las montañas
el blanco manto despejan
en el glauco frescor de la hierba,
las nubes apuran de mis ojos la claridad
de las montañas que distantes requiebran
a la aurora mi cantinela.
   
No está el día fresco,
mis brazos sienten en la piel
los escalofríos que deslizan las sienes
en el fragor cubierto del camino,
ocultas memorias entre los parajes
de reflejo azur, la floración bruñe
los lechosos celajes más allá de la consciencia.
   
Retorna la primavera en los campos humedecidos
los colores devuelven la alegría a los pétalos
de las flores, las imágenes cristalinas hunden en gotas
la firmeza de la tierra en la profundidad de los sueños
y entre los lazos del viento la luna escondida sonríe
en mis labios, las palabras lanzadas vuelven del abismo…
      
© José Luis

La niebla, ¿qué esconde?

La niebla, ¿qué esconde?

  
Han bajado las nubes a ocupar la mañana
fría entre la heredad de las memorias verdes,
rodea un espacio latiente las entrañas
azuladas del domingo tras la verja
que fuera demarcación incondicional del invierno.
   
He escondido en el corazón la razón de la obediencia,
permanecen los sentidos blancos y frescos en la vereda
donde el apuro de las horas refulge la inquietud del alma
donde tras el bálsamo penetrante de los océanos
aguarda incomprensiblemente estrenada la confusión.
   
¿Qué esconde la niebla entre sus impenetrables lazos?
¿Qué abruma la soledad entre los cañaverales imprudentes
agazapando de los ojos el anhelo perdurable, el deseo
más allá de la sonrisa imperceptible de un niño o de las edades?
¿Qué tiembla que consume entre mis extravagancias el dolor?
¿Qué, entre los claros del día, me inventa el azur en la fijeza?
   
De nuevo los pasos en la neblina me envuelven
el camino, sin clemencia ni cortesía, el final me esconde
de nuevo será la necesidad la carga de mis pensamientos
y mientras esperaré, de la humana condición es la espera,
un nuevo claro donde guarecer mis miedos.
   
© José Luis

Tarde cárdena

TardeCardena


El sol se abandona en la sombra
cárdena de la tarde taimada,
las nubes que en tus ojos se reflejan
escarban penumbras en el aire,
los párpados de la vigilia despejan
el ocaso.
   
Los árboles regentan la esperanza
la savia regenera las venas acaecidas,
en las ramas piaron pájaros de la mañana
canciones de amanecer y lluvia.
   
La tierra levanta el olor inmarchitable
de fuego, se hunde en la prolongación blanca
donde la escarcha fue el manto profundo
que absorbió de la firmeza mis ansias.
   
Las manos revelan el paso de mi tiempo
las señales dejaron de oponerse a la muerte,
ahora son franjas superpuestas los recuerdos
de la mente suben y bajan mezclados los peldaños,
un continuo de sensaciones pespunta mi crepúsculo.
   
© José Luis

El frío que hiela

FrioHiela


La tierra bajo los pies
tiembla
la mañana vuelve la noche blanca
y el campo en la soledad que rezuma
embellece el mirar de los ojos.
   
Se ha postrado el horizonte
junto al amanecer se abre el camino
las nubes el azur apenas distinguen
de los charcos, reflejos enramados
en la superficie cristalina, desordenan
los labios de cristal en el cuerpo de Gea.
   
Han helado en el alba las hojas
aun retengo en mis labios el sabor zarzamora
los días fueron de juventud en tu rostro
todavía el amor alienta las manos;
han limando las espinas sus aceros
en nuestras sonrisas.
   
Late el frío,
atenaza la muerte
carmesí la mirada,
teje pupilas el aire de bronce
y blande en sobresalto los miedos,
en el paraíso... la lluvia escampa.

© José Luis

Amanecer de luna lunera

Amanecer_5ii15


Desde la ventana observo la luna
el horizonte pleno de intenso bruñido
de un punto anacrónico y rotundo,
la mente despierta al día purpúreo
los pájaros dejaron abandonado el árbol
la oscuridad no atenúa la soledad sufrida
es la noche provocación hipnotizada.
   
Agranda el día los espacios
los colores rejuvenecen e inundan
la palidez grana de los tejados,
el frío toma las calles y reivindica
la calidez interna del invierno
en la lumbre de unos troncos
rojizos, los túmulos se expanden.
   
¿Acaso no te he visto intrusa
leyendo las tinieblas de mis sueños?
¿No eras tú esa implacable sombra
en la arboleda toronja de mis fuegos?
¿No traes en tu vuelo, noche negra,
la inmortal leyenda de la ausencia?
   
© José Luis

La vuelta de giro

PMSalamanca


Interpretan los ojos la mirada
de la plaza, una vuelta en mi cabeza,
gentes que pasan, que miran
y no ven nada
más allá de sus ojos propios.
   
Las manecillas atrapadas en el tiempo
también como yo sueñan,
ser horizonte en el horizonte,
desgranar la inexactitud en las manos
de los años que tuvieron vida
y que son recuerdo ahora en el recuerdo.
   
Mis pies cada vez más se acercan
a cualquier sitio que no quiero,
el futuro se estremece en mis brazos,
miedo en el corazón tengo,
las llagas del tiempo asombran
los valientes reflejos del ocaso.
   
Tu cuerpo en mi cuerpo, yace
la mente en la idiosincracia
de un día ventoso y acallado,
porque las sienes,
un mundo de mundos,
una nada olvidadiza y áspera
me recuerda que no tengo...
la eternidad ejercitada.
   
© José Luis

Desde mi amanecer

Amanecer_1xii14


Vuelve la luz
de la noche, desde mi profundidad
de aquel lado, desde la claridad
donde se asientan las quimeras.
   
Estos ojos vagamente
en el horizonte profundizan
los recuerdos de la ventana
en un mar indeciso y toronja.
   
Con las garras del tigre incesante
convengo desde aquel amanecer una visión
una escondida estela de afonías
en los que me he visto,
me he palpitado,
me he vivido...
   
En el olvido abandono
la incoherencia misma de la vida
donde los minutos son las fugaces estrellas
depositarias de lo que alguna vez he sido.
   
Me mira el amanecer
desde el vano de la lucera,
sonríe, quizá como furtivo sabedor
de esa inseparable levedad de una existencia.
   
© José Luis

Desde qué otro lado

Paisaje-del-otro-lado

Otoño e higos

Otoño-e-higos

Flor y tiempo

Flor-y-tiempo

Rosas y espinas

Rosas-y-espinas

Charla de amigos

CharlaDeAmigos

Acordeonista deleitado

AcordeonistaDeleitado


Resuena la calle en la soledad
notas que se alejan del acordeón
transitan por las piedras y fachadas
por los oídos del quebrantado público
entre la luz y la sombra de la tarde.
   
Inmerso en las antiguas pulsaciones
su cabeza pulcra y perpleja se mueve
transeúnte desde la perdurable mirada
hasta la sosegada emoción inquietante,
su boca sigilosa guarda las palabras.
   
Noto el aire equilibrado por los fuelles,
el olor del mar escurridizo y atribulado
dejó la línea crepuscular del horizonte
al abandono de los amores entusiastas,
Euterpe posa los labios en su frente.
   
La música purifica reflectante mi alma,
otro mar platea los fragosos sentimientos
escucho agradable pasear aquella voz,
el recuerdo fugaz que origina una vida.
   
© José Luis

Florecillas silvestres

FlorecillasSilvestres

  
Silvestres las florecillas
de color entre las notas del suelo,
alargados péndulos sin retorno de un horizonte
sin pensamientos ni cabelleras,
ojosos aromas roedores toronja de sombras...
   
Exuberante la alfombra de los yacientes
vibra, las oscilaciones del viento es el crepitar,
la plenitud del día se vela brumosa en los cantos
de las huidizos alondras en el caos flotante.
   
Las palabras también huyen, gráciles, de la memoria
ocultan su rostro en el anverso fugaz de las páginas,
cuánto anhelan mis manos retener entre los trazos
la brevedad de las horas, el olor inusitado de las arrugas
arrimadas a mi piel sin el refrendo de los recuerdos,
pareciera que la vida se adormilara…
¿llegaré a saber que quizá no sea un sueño?.
   
© José Luis

Sierra de Béjar

SierraDeBejar

 

La Sierra de Béjar al fondo,
su reflejo en el agua,
el sol festejando este día,
caminar entre los senderos
de infinitud y paz...
una maravilla.
   
© José Luis

De uno a otro

DeUnoAOtro


A mi alrededor todo cambia
en la lozanía de las miradas,
el vértigo del tiempo se expresa,
en mis manos, las arrugas crecen
la imprecisión crepuscular, se apoderan
de la infinitud de la tarde
los ojos que se alejan...
amanece,
una sensación incomoda el momento
y la nada cede la certeza,
el origen bambolea el final del camino.
   
Who wants to live for ever,
quién no desea atravesar en los siglos
inabarcables el corazón,
la pétrea solidez de los ámbitos,
el cortejar impúdico en la desnudez
que todo nacimiento representa,
nacimiento a la duda, a la verdad,
a la revocada desvergüenza
de una sierpe, de un huerto, de un fruto…
      
De uno a otro
pasa el rasguño en la piel,
el escalofrío de la imprudencia
que somete la heredad a la amenaza,
que atraviesa las puertas no cubiertas
con el estremecimiento del amor;
quizá la noche sea el destino,
quizá el miedo se adormezca
llegado el tiempo
y lo que ahora me parece fiero,
solo, de mí obtenga un abrazo.

© José Luis

Flor primera

FlorPrimera

  
Marzo, imán de las flores,
días alongados al invierno
de prímulas en la tierra esplendente
y de voladeros pétalos en el cielo.
   
Albor cautivo en las ramas olorosas
chispas que acarician fronterizo el velo
donde encuentro, más allá de los ojos, la mirada
en la esperanza de un niño jugando en sus sueños.
   
Es la flor primera que alcanzo
de los brazos temblorosos del almendro
me mira azur la investidura que la envuelve,
padre, que así también me mirabas
desde la rejuvenecida claridad de tu rostro.
   
Miles son
las contiendas en la niebla amurallada,
dudas enardecidas se zurcen a la sombra
mientras forcejeo oscuro en el caudal
de las extinguidas memorias, oh, mi flor
abierta, en la primigenia alborada.
   
© José Luis