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Rastro de FreeWolf

Dentelladas

El calor del gorrión

Se queja el aire en el frío
que escarcha el agua y los caminos
con soledad,
con la sombra blanca del cielo
que cubre el horizonte de ceniza
y la tarde, de negrura y melancolía.
  
Aletean los pájaros el soplo
nebuloso de los instantes
donde pasean sin destino los pies
y ateridas las manos se juntan
en oración indispensable de silencio
para acallar los inviernos de la vida.
  
Saltando un gorrión se me acerca,
quizá perdido el temor de sus ojos,
y busca en el calor de mi sombra
la cercanía del aliento,
del canto de mis pasos la migaja
que eleve sus alas a la cúspide
donde las campanas desgranan
la inmediatez del domingo.
  
¡Cuántas veces habremos sido
ese gorrión anhelante!
  
© José Luis

Encima de mi mesa

Encima de mi mesa

Buscan los objetos la oquedad del aire
donde asentar los ojos que los miren
o los dedos que en sus líneas deslicen el polvo,
los rastros de la marisma que los retiene
con un voluble pensamiento de eternidad
donde las sombras no cubrirán sus sombras
de viento y dejadez, como ramas invernales
que desechan pasajera la exaltación de la fuga
hasta que en una hoja se encarne la libertad
irreverente de un verso.
  
Se acumulan a mi alrededor los reversos del pasado,
cualquier evidencia de la existencia en el tiempo,
en los implacables suburbios de la inconsciencia
donde dejo el recuerdo y hasta el discrecional olvido
uncidos al desfase de las horas que transforma todo
en vestigios y trenes de vuelta a las estaciones del deseo.
  
Un caramelo no es un caramelo, es una tarde sentado
al escaparate de los nublos y las corrientes indómitas,
de extractos de giros y café alrededor de un plato
y una mesa que se pierden entre las notas de música
que acompasan el aire y llevan el ritmo del silencio
al tecleo de las cavilaciones de luz y de arrebatos.
  
A veces, los objetos, son esas huellas que no he querido arrinconar
en los goteos del olvido y que van formando parte de la mesa
donde dispongo, día a día, mis beligerancias y mis crepúsculos.
  
© José Luis

Una única vía

Una única vía

Es martes,
la mañana se disipa en la niebla,
las calles desconocen los rostros
y hasta los pasos cotidianos,
que son el único pasatiempo,
sólo las sombras blancas
dan sensación de firmeza,
de seguridad en lo cercano,
lo demás parece un espejismo
enclaustrado en una botella.
  
Me recuerda un tiempo atrás
cuando vivía cerca de la estación
y el bullicio de los trenes
ensordecía el aire y la sala
donde a veces dejaba mi ausencia
circunscrita a una foto
o a la evanescencia de la tarde
mientras desconocía que mi espíritu
vagaba por otra parte.
  
He pasado un puente sin río,
con unas líneas azogadas a las piedras
y al peso de las ruedas que las atan
a la distancia,
al futuro de un acontecer
o a un pasado sin venida.
  
Una vía sola
fue la fijeza de la mirada
como si en un único pensamiento
viajara el presente
desde lo que fui
hasta lo que imaginé siempre.
  
© José Luis

El verdor del abandono

El verdor del abandono

Han pasado los años por la casa,
años de postergación y ausencia,
de carencia de sonidos y palabras
que sujetasen a la aurora sus paredes
y a los tabiques del tiempo, la esperanza.
  
Las ventanas son los muros abiertos
a la hiedra y a la nada, el verdor
ha sucumbido a las rejas enhebradas
donde la madera alguna vez retuviera
el horizonte y, acaso, fugitivas miradas.
  
Sé que has pasado por su puerta,
la risueña puerta de la infancia,
y se han agolpado aquellas voces
de persecuciones y retahílas
por los patios de la mañana
cuando el sol bajaba en un beso
radiante, de risas y algarabías
era el color de aquella casa.
  
La heredad de la familia
son los hijos y las palabras
que acompañaron sus vidas,
aunque con el tiempo
y la distancia
sólo quede del verdor
lo que fuera
una ventana
que ya no está abierta.
  
© José Luis

Transformarse desde el vacío

Transformarse desde el vacío

En el hueco de las palabras
o en la oquedad de las esferas
la nada circunda la creación
donde el vacío es la nebulosidad de los ojos
o la turbación de lo pequeño en lo invisible.
  
No vemos más allá de la línea del horizonte
como no advertimos los movimientos del corazón
en los enclaves de la carne ni del alma
y, sin embargo, nos dejamos calar por la lluvia
del viento, de los sonidos o del otoño…
  
La bellota grana a la sombra de la rama
y a la espera sazonada del olvido
mientras se sujeta la mirada al crepúsculo
con la pátina de la luna y de la noche,
cuán hacedor es el contraste de lo inmediato.
  
La multitud de lo ausente escudriña el ruego
o quizá el trepidar de las sombras
entre los espléndidos fucilazos del sol
cuando en el meollo de la soledad
no sabemos qué es la muerte…
  
© José Luis

Notas de una impresión

Notas de una impresión

Gira y gira el infinito,
el mundo gira que gira
entre los brazos cautivos
y tenues de una noria.
  
Son colores las impresiones,
las aspas francas de mi niña
entre los dedos de la aurora
cuando combina su destino
con las órbitas del cielo.
  
Se rebela la tarde
por la premura de la noche
en alcanzar los sueños
pues sabe que poco
dura la dicha
en el brillar de una gota
de escarcha en el rescoldo
de cualquier recuerdo.
  
Do, re, mi…
tus ojos me dicen…
fa, sol, la…
¿me quieres?…
si…
  
© José Luis

Seta invertebrada

Seta invertebrada

Las piedras son piedras
mientras caen las hojas
a la profundidad de la sombra
después serán puentes
que alberguen el abismo,
que franqueen la dimensión de los pasos
a la plenitud de la tierra,
simiente de vida,
del trance la muerte.
  
Una seta se encona enrojecida
con los granos del desvelo,
quizá del peligro fuera bomba
que explosiona las estrellas,
que bordea el horizonte
de la existencia y sus eventualidades,
simiente de mal que nos aqueja
por el abandono de la historia
o el del perdón de las ausencias.
  
Despacio me he acercado, despacio
al sumidero de la noche
donde hieden las lápidas de la tristeza
y he visto los labios en un grito
y he oído el chasquido de los armazones
que sujetan la concupiscencia,
y al igual que a la seta he temido
el peso de las piedras
de mi esqueleto sobre el ocaso…
  
© José Luis

Discontinua ruptura

Discontinua ruptura

Las franjas rojas del abandono
permanecen en la consciencia
como la invisibilidad de las barreras
que descomponen dos mundos
o la gradación de lo colindante.
  
Desde la heredad los tallos otean
la influencia del viento,
la posesión celeste de los astros
que desde lo arcano se alinean
con los suspiros o las ramas del tiempo
entre las abruptas playas de la prudencia.
  
Apuran los cabales en las cenizas
lo que fuera un obstáculo a la vida,
la tendencia connatural de los sueños
a ser sueño y a la vez milagro
o la posibilidad de la existencia
donde se crea la nada
y los aterciopelados pétalos
de un amanecer incandescente.
  
Inevitable como una barrera
es la muerte,
el camino hacia la duda
o hacia un espacio de almas
deshabitado
en una discontinua ruptura
de los designios celestes…
  
© José Luis

El seto de los miramientos

El seto de los miramientos

¡Ah, la fugacidad de las sombras

donde los ojos reposan el recuerdo

que se turbulenta con el traspaso

de los minutos enardecidos al aire

de las incandescencias!

  

Sesenta segundos en el olvido

de otros sesenta acontecimientos,

¡tan volátiles son las luces

circunferencias de los misterios!

  

La gruta emana enhiesta la opacidad

de las mentiras ciertas,

de los tentáculos y tentaciones

de tanta oropéndola,

de tanto poder en los tétanos

mismos de la indigencia

de miramientos y miras.

  

Ha bordeado el seto la persona

o la máscara de los eventos

y donde ponía la gradación su albor

tenebrosidad su nombre muestra.

  

¡Son las sombras una parte

inseparable de las verdades,

un unívoco camino

entre dos identidades

una delante del espejo

y otra en el interior

de todo sueño…!

  

© José Luis

Más allá de los pensamientos

Más allá de los pensamientos

Más allá del cielo
no sé lo que existe
si es que algo existe
o alguien
o una eterna nada.
  
Más allá
sólo alcanzará el corazón,
porque no la mirada
(ni mis ojos en la distancia
ven lo visible),
la letra pequeña de la vida.
  
Veo volar los pensamientos
con las alas extendidas
con la inconsciencia de la edad
que pragmática me vigila
y no me deja bailar
al son de las mentiras,
sentadas están pues las ilusiones
al volante de la madrugada
dispuestas a raptarme
y llevarme a la libertad
de ir más allá del tiempo,
de la noche o la mirada
encadenada a la realidad.
  
Más allá rugirá el viento
con el corazón de la tarde
y los ocasos de las hojas
escritas con sangre,
hojas rojas de tus besos
en el jardín de tu madre
donde nace el arco iris
y bailan los lobos el miedo
que siente la muerte
cuando los pensamientos
se abren e iluminan
todos los horizontes.
  
Más allá de los pensamientos
estaremos tú y yo
abrazados
como dos viejecitos
que sonríen y duermen…
  
© José Luis

Enmarañamiento

Enmarañamiento

A veces es tan difícil desligarse de la vida
como de un amartillado pensamiento
que horada la intimidad de los hechos
y contamina los labios y la sonrisa.
  
Están las incertidumbres en la cabeza
rondando el día y la noche,
pequeñas sombras que se suceden
por las nebulosas de la inconsciencia
mientras aromamos el jardín
y los pétalos de la muerte,
una corona fuertemente ceñida
que nos sujeta a la humanidad
indefectiblemente.
  
Pasan los días
y la sonrisa regresa con los labios
carmesíes del contento
porque en la vida las nubes negras
descampan o se alejan
con el viento del amigo
y la satisfacción de estar vivamente
aferrado a los minutos que se van
enmarañando a los recuerdos,
a los gozos y a los sentidos sentimientos…
  
© José Luis

La sonrisa del árbol

La sonrisa del árbol

Sorprendente la naturaleza
en la fuerza del débil,
en alcanzar los posibles imposibles,
en forjar desde lo profundo
la mirada hacia el horizonte,
hacia el camino inexplorado
con el corazón en la cumbre,
con los desvelos
mientras sale la melodía
de la boca cerrada,
de los dientes apretados
en la sonrisa cautivadora
de lo inverosímil.
  
Un árbol
esboza en unas líneas,
en unas confusiones huecas
el mensaje de lo insondable,
de los brazos que se extienden
en mitad de la noche
y los sudores,
palpando el calor que le es ajeno
pero que le calma en su compañía
como una pesadilla despierta
en mitad de la muerte,
cuando se muere un sueño
y despertarse es la vida.
  
Hay sonrisas que contagian
el cosquilleo del alma,
también hay sonrisas vacías
que hielan las entrañas.
  
© José Luis

Desde las incertidumbres de la vida

Desde las incertidumbres de la vida

Está mi atención muy descentrada
sin apreciar el transitar de las nubes
sin pretender dirigir la mirada al oeste
donde viene místico y cárdeno el cielo
mientras los minutos calan los poros
que arisnegros en mi piel desbocan
los susurros ofrecidos por el mar
las largas y pausadas tardes de paseo.
  
Admiro los tonos verdemar del paño
que descansa en la retina de mis ojos
tras la inconsciencia y el desatino
de los astros que ladinos se desbocan
en las profundidades de la noche
donde la luz se deshace y duerme
en el temible tragaluz de la sombra,
a los pies de una insensible Gorgona
devoradora de orbes y abandonadas almas.
  
Los haces del ocaso conspicuos se alargan
entre la multitud de incandescentes esferas
tras el velo desajustado de aquella catedral
donde los errabundos transpiran las voces
de los que hablan en sigilo y se acomodan
en las bóvedas de este templo de sospecha,
más allá de las humanas dudas y razones.
  
Tiemblan en la incertidumbre y el aire,
purpúreas hojas de la estirpe del evo,
mis manos recogidas en el rezo del alba
cuando una vez más se renueva la vida
de los sueños de la sepultura y de la noche…
  
© José Luis

Momentos dulces

Momentos dulces

Alrededor de la mesa, de los pies y las manos
la piñata del mundo vacía torrencial su entrañas
como una madre que en sus vástagos renueva
la melada durante el espejuelo solsticial del alma.
  
Flota vaporosa, como un inmaterial planeta, la tarta
entre los redores paralelos de un enmarañado tiempo
mientras se desmaterializa en ebrios celajes el ocaso
tras la retirada de sol y las veredas de los hados cautelares.
  
Con la lengua del reino paladeo los icores de la vida
a la que conduce la trasera maravillosa del espejo
donde en cada tarro se cela un circunstancial genio
con las tres permisibles codicias: salud, dinero y pasión.
  
Impulso con los labios el sabor dulce del tiempo,
de las velas que son travesuras cinéticas de los años
y sostengo en la mirada los recuerdos, las pupilas
que todavía ven en mí el niño que vive adentro.
  
© José Luis

El rondar de las sombras

El rondar de las sombras

Ronda una libélula luminiscente
las sombras de la habitación,
las sombras irisadas de la noche
por la lámpara que los ojos amamanta
de tonalidad lechosa y toronja
su apacible ulular por las paredes.
  
Vuelve la tranquilidad a la casa,
vuelve el teclado a retomar mis dedos
y en cada pulsación a depositarse
como un corazón dinámico y vigoroso,
como el tambor de las noches serenas
a la luz de la luna en la selva otoñal
donde el cántico emerge de lo interno,
de lo más íntimo e instintivo del hombre.
  
Las palabras se revuelven dentro de mi cabeza,
presiento los latidos de todas las imágenes
que provienen de las certezas inexploradas,
de la irrealidad sugerente de los sueños
donde en cada amanecer salvajemente me baño.
  
Mis brazos se alargan en el alejamiento
de las palabras que no encuentran el camino
y deambulan en el vacío o en el techado de la inercia
donde no sé los tratos que harán con mi cerebro
mientras destilan del silencio las nieblas de un amanecer
enredado entre los sensuales pétalos de una rosa…
  
© José Luis

Tomadura de sol

Tomadura de sol

Pasos indivisibles que acallan el aire que respiro

Pasos indivisibles que acallan el aire que respiro

Aire terriblemente denso

Aire terriblemente denso

De camino...

Estaré unos días

en contacto

con los caminantes,

los árboles,

el cansancio...

hasta saturar

esa parte del destino...

Visto desde dentro

Visto desde dentro