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Rastro de FreeWolf

Dentelladas

Piedras encriptadas

Piedras encriptadas

El aire recorre pertinaz la meseta
donde sólo las piedras resisten,
con la desintegración de sus granos,
que el tiempo se olvide de sí mismo
y las manos rugosas que allí las colocaron
una plegaria levanten al cielo bienhechor.
  
La oquedad de la sombra silenciosa
es el grato solaz del caminante
cuando señorea el sol en lo más alto
y la senda, polvorienta, farfulla
limaduras de soledad y cansancio.
  
De la tierra manan sudores glaucos,
corrientes turbulentas entre las rocas
que dejan atrás el susurro de la duda
y recorren las riberas del pensamiento
mientras los pies avanzan por el semblante
abierto de un libro que hace de compañía.
  
Es la memoria una cripta en el aire,
una cripta de piedras mimetizadas
con la infinitud azulada del universo,
la mirada de la satisfacción profunda
y con la intimidad oscura del deseo.
  
©  José Luis

Desde un ojo

Desde un ojo

La claridad dorada de la tarde reverbera
donde el fuego halló refugio en el dragón rojo
y la resurrección acuñó de los cadáveres el ojo,
mirada imperdonable e inquietamente penetrante.
  
Desde la pupila despegan los sueños y el olvido
hasta la línea trasversal, lejana del horizonte
donde la trascendencia del silencio se encoge
en los evanescentes trazados de arcos coloridos.
  
La luz, descompuesta en la pirámide secular, huye
de la red de la nada para que el miedo desaparezca,
y en la libertad del aire los sagrados esbozos otea
del alma que creó en el mundo el saber que fluye.
  
© José Luis

De vueltas y regresos

De vueltas y regresos

El horizonte
una oscura línea entre lo glauco y lo azur
una línea imaginaria entre dos naturalezas
terrenal y de ensueño
acuática y onírica
donde se resguarda del paso del tiempo
la suavidad de la arena en la playa
o las cálidas caricias de las olas
en la placidez de la mirada.
  
Largos son los paseos
por las entrañas del horizonte
mientras se deshacen los labios
de la pronunciación de las palabras
y permanecen taciturnos, silentes
en la inmanencia del viento
como versátiles e impelidos cometas
que atravesasen hebras intangentes
de sueño o del destino.
  
Dorada la arena
subía por mis pies
el mar de los recuerdos
y el agua, burbujeante,
embebía mi silencio
con irradiadas alas de luna
en los babores de la inconsciencia,
tras el denso caminar de los días
por los espejuelos de la serenidad
o las riberas del reposo.
  
©  José Luis

La victoria o la derrota

La victoria o la derrota

Qué fina es la línea
que establece la diferencia
entre la victoria y la derrota.
  
Miras al cielo
y sólo por los ojos
sabe el universo
si estás triste
o alegre.
  
Dicen que la victoria,
dicen que la derrota,
son las dos partes
de una misma moneda,
y que según lo interpretes
así te sentirás:
triunfador
o perdedor;
pero sin duda
siempre será el camino.
  
No tengamos la tentación
de adorar los triunfos,
no tengamos la tentación
de adorar los fracasos;
al fin y al cabo
todos nos hemos levantado
de alguna caída,
todos nos hemos hundido
de alguna subida.
  
Hoy estoy contento
he vibrado con nuestra selección
hasta quedarme ronco,
pero seguro que pasado mañana
todos tendremos
una nueva meta…
  
©  José Luis

Enrejado blue

Enrejado blue

Celosa la intimidad se separa
de la profanación azur de los hechos
y la cerúlea curiosidad de las miradas,
tras barreras más o menos turbias,
hasta perderse en un mar de amnesias.
  
Nadie entrega la verdad de su pudor
a menos que se le haya domeñado,
a menos que las batientes maduras del trigo
ondeen en el pensamiento de la noche
y trencen con los sueños ese primer baile
donde se sella la convivencia y la eternidad.
  
Ya pueden pasar los ojos
por encima de las barreras,
ya pueden surcar los ecos
embravecidos huecos y barrotes
que la puerta de la privacidad
seguirá hierática en la expresión,
regia y acompasada en la hechura.
  
Tan sólo
el poder de una imperceptible llave
incidirá en la cerradura
hermética del alma.
  
©  José Luis

A por ellos

A por ellos

Todos con un ansia en el alma
somos porteadores de la bandera,
de los colores de nuestra selección,
del peso de un balón que se manda
a las mallas del recuerdo
donde las glorias persisten
como legendarios e inaccesibles dioses
que anudan a los mortales a las botas
del fracaso o del triunfo.
  
Todos empujamos las voces de la noche
más allá de las gargantas y del silencio
donde presentimos reflejada en la hierba
la luna y los jugadores que recorren sus rayos
como estelas de honor y vértigo
en los que sucumben los cánticos de la grada
ante la conquista de la oquedad prohibida,
hierática circunscripción de Cancerbero.
  
Todos nos aunamos en el grito “a por ellos”
y detenemos el tiempo ante el televisor
con los brazos levantados,
con las caras pintadas,
con el gol en la palabra reprimida
o el júbilo suspendido en la balaustrada
movediza del Olimpo
donde aguarda la copa de la verdad
o de la cumplida historia.
  
A por ellos…
que son la distancia
que nos separa de la gloria.
  
©  José Luis

El descanso de los pies

El descanso de los pies

Has dejado de caminar y cuelgas los pies
de un bancal de conversación y cemento
donde las palabras balancean las piernas
entre gasas y cantos, los zapatos descansan.
  
Los paseos también balancean los ojos
de un lado a otro, busca la mente pararse
en algo que la atención le pida detener
las imágenes de un instante e impedir
la fragilidad del tiempo, el cerebro trabaja.
  
Cerca de la verdad atrapan los pies un alivio
cuando se entona un eureka y el polvo
es ya parte inherente de los tobillos
como las arrugas o las manchas de la piel
son inherentes a la experiencia de la vida
o a la mortalidad, afloran los flujos
que nuestro aura de atemporalidad rocían.
  
Cuelgan los pies de la profundidad de la tierra
y arraiga en nuestra carne las hojas del destino,
te levantas y vuelves a caminar
sin rumbo fijo…
  
©  José Luis

Sonrisa portátil

Sonrisa portátil

Luces en tu cara la alegría de la fiesta
mientras miras a la profundidad
de la cámara donde se oculta
la inocencia del niño que también reía
radiante una mañana de primavera.
  
Parece que los recuerdos afloran
cuando se descuida la mirada
en el meridiano del horizonte
y asaltan los guerreros del pasado
desbaratadas del presente las murallas.
  
Mansamente llevas al silencio los labios
donde aguardan las imágenes de la fuente
que refrescara tus días en la cánula
sazonada de abrazos y besos frutales
en los sueños de la introspección.
  
Siempre existe un tiempo,
un momento en el que la vida
se abstrae y descompone en miríadas
de portátiles sensaciones
que nos transbordan a esos otros mundos
que la realidad esconde.
  
©  José Luis

El lienzo que se dejó labrar

El lienzo que se dejó labrar

Blancos son los hilos que amanecen
en los primorosos paños de la costurera,
de las manos que saben caminos
por los que bordear las verdades
junto a las triviales mentiras que ciñen
el pensamiento de nebulosidades.
  
Cercano es el sol en el cielo,
en los rayos que juegan y esconden
la redondez del mundo
o de una manzana servida
a la jugosa inquietud del miedo,
al cosquilleo pausado e inquietante
de los dedos bordando toronja
el centro mismo de nuestro universo.
  
Pasa el tiempo
mientras desfilan las miradas
curiosas por las madejas,
por la habilidad de las agujas
mientras se enraman
las conversaciones
al pintoresco paisaje
de unas paisanas a la puerta
ancestral de las catedrales
y de sus piedras labradas.
  
Una pregunta resuena en mi mente
¿por qué ocupan las tardes
frágiles de un paño los hilos
en la mansedumbre del aire?
  
©  José Luis

Caída de agua

Caída de agua

La lluvia es constante en su caer,
las gotas se abandonan a la gravedad
a la calidez de la tarde en el tintineo
penetrante como un sueño
que vuelve cada noche
a preguntarnos por el significado
irreal de un río que se pasea
por las piedras y los árboles
que bordean su camino.
  
Saben las hojas y los tallos el destino
del agua que los llora y los moja
mientras canturrea en su caída
los secretos arrancados al cielo
y a las cumbres del silencio
donde van a parar los rumores
de un abismo de pensamientos,
de sonidos indescifrables
que vagaron por los planetas
de un principito encantado
o encantador de sierpes.
  
Las cataratas en los ojos descienden
de una luna plateada que se parte
cuando la beso en la frente y la aúllo
en el lecho de la muerte
o del mar que todo río conlleva.
      
©  José Luis

Colgando en la oscuridad

Colgando en la oscuridad

El maíz que estuvo en el campo
meditado por el sol y el viento
es resguardado en su madurez
en el fondo oscuro de un granero.
  
Apiñado en lo alto de la techumbre
aguarda impasible al paso del tiempo
mientras, como en la vida, acontece
toda una eternidad a su alrededor
y llega, invariable, el ansiado momento
de llegar a saber para qué nació.
  
La oscuridad retiene en su memoria
otras estaciones donde el maíz
también pacientemente esperaba,
entre los arreboles del silencio
y los objetos que ya no servían,
ser desgranado con las manos
que amasaron la creación
con su propio hálito.
  
©  José Luis

Suela recalcitrante

Suela recalcitrante

En la suela del zapato llevo pegada una verdad,
una verdad que seguramente estuviera descuidada
sin nadie que ambicionara alimentarla o quedársela,
una verdad que dolía o en exceso comprometida.
  
Las verdades crecen en el albedrío de la noche
o a la taciturna luz de la aurora, cuando las palabras
están dormidas y se recompone al soplo de la inocencia,
entonces las imágenes de los todos los ojos del mundo
se desprenden e instituyen una arboleda de estirpes,
singulares voces nacientes tras el extenso piélago
de pétalos fecundados en los labios de una joven
y dilatada bruma que las cepas devora de la razón.
  
Atrás quedaron mis huellas,
en el abismo de la madrugada,
con el sueño
que como un caleidoscopio recomponía la realidad
en menudos y versátiles cristales de inconsciencia
donde fijada un verdad
se me hacía incómoda.
  
©  José Luis

Estrías adiestradas

Estrías adiestradas

Las ruedas rotan en los vórtices
azabaches y bruñidas adarajas,
se retienen tácitas en el vínculo
circunstancial de la breve zanja.
  
Transversal han sesgado la calle
de una a otra acera, una frágil cesárea,
paralelamente la tierra se destripa
al cruce de vecinas y curiosas palabras.
  
Ahora los coches retendrán la fiereza
del pie que al albedrío intimida o no duda
de la velocidad desmedida, de una locura,
de cargarse la vida en una frenada efímera.
  
Cumplirán las estrías esa función asignada
a la olvidadiza razón del que sentado en el trono
se cree con el poder de circular a sus anchas,
muda tropelía entre el rechinar de las rejas.
     
©  José Luis

A vueltas con el mundo

A vueltas con el mundo

El perro arquea su piel
en un ritmo frenético
y consigue que el mundo
vire aún más rápido.
  
Nos sujeta firmemente la tierra
por la fragilidad de los pedestales
donde no existe otra opción preferible
que despojar a la vida
del boato de la suficiencia.
  
Inquebrantable gira el molino
con el viento,
con el agua,
con las palabras del olvido
en las páginas anudadas
a las velas de un suspiro.
  
Cesan del mundo las vibraciones
cuando se descuelgan los parásitos
del tejido íntimo de la espera
y vuelven a ceñirse a la inexistencia
hasta el próximo ataque.
  
©  José Luis

El maullido profundo

El maullido profundo

Los pasos son maullidos
entre los arreboles del viento
junto a las garras de la noche
y al lineal granito del sendero.
  
Rumia en cada vuelta la gata
el espectro de la ausencia
donde extraviaron acaso la mirada
los gatitos que de ella dependían.
  
Siento cómo se eriza su piel
con las sospechas del recelo
que en cada mancha de su cuerpo
se llaga de pavura y vueltas al desvarío.
  
Profunda es la desesperación
de los pasos al vacío
cuando se pierde el corazón
ante la ausencia de los hijos…
  
©  José Luis

La esfera fosilizada

La esfera fosilizada

Del árbol se descuelga el sentido de la vida
cuando su fruto se desgrana en las bocas
que se comen el orbe y lo mastican
al compás de su danza tribal y los goznes
del silencio eructan palabras que perduran
en el corazón del libro sagrado de la sabiduría.
  
Voces de hombres llenan el aire de las montañas
de los ecos nacientes en la garganta del olvido
tras la esperanza custodiada durante milenios
en el nocturno interior de una insondable caverna
mientras resuenan los alocados pasos de multitudes
desbandadas en los más intrincados laberintos
donde emergen secretos en esmaltadas huellas.
  
Inalterable el poeta sueña con jeroglíficos y signos
entre las médulas de sus dedos y de una flor los pétalos
que le muestren los misterios con los que entonar versos
perdidos en los recuerdos, luz atravesando ese resquicio
nunca abierto donde abandona la muerte los espíritus
que separa de los cuerpos antes de su pertinente marcha.
  
Una esfera sé que me aguarda y quiere proteger mi alma
entre irisados arcos que gráciles transitan por el cielo
donde fosilizada una semilla será el inicio de otra vida,
de otro anhelo que se muestra cada diez mil madrugadas
en el hálito palpitante de un ser que con amor nace.
  
©  José Luis

Sin ponerse de acuerdo

Sin ponerse de acuerdo

Una habitación
retiene en su soplo
todos los instantes por los que ha pasado,
es una cámara y su interior
donde lo que acontece
es guardado en estancias de tiempo,
en presencias incompletas de sensaciones.
  
Traquetean las paredes
pesadas sobre raíles que argentos
van desplazando la mirada
por el cristal de la distancia
donde son tan fugaces los contornos
y sin embargo
cómo se atesoran en el corazón
cuando ya no hay más movimiento
que el de las vueltas de la memoria.
  
Son las ventanas los ojos de las casas
por los que entran y salen luces
o sombras de cada esperanza,
son huecos con lentes acristalados
tras el devenir que se cruza en la calle
con un desconocido que compone baladas
en las cuerdas tensadas del violín
y de su alma.
  
Siento los acordes perdidos
en sus años tras las plazas
y las paredes del olvido
donde permanece una oquedad
cerrada e inconclusa
porque no existió el acuerdo.
  
©  José Luis

El ancho de la espera

El ancho de la espera

Se hace tarde
y el tiempo se aleja
de la corriente del mar
tras las nubes del horizonte
como la isla de un náufrago
donde queda perdido el paraíso
o la muerte.
  
El plátano deposita sus esperanzas
en el frescor de la sombra
y en sus resistentes aquenios
donde descansa la semilla
y el frescor del verano.
  
Recuerdo algunos parajes
donde la sombra de estos árboles
asemeja la profundidad de una gruta,
un lugar insospechado,
inquietante y un tanto huidizo.
  
El cielo, azul, observa
la simplicidad de la existencia
mientras se expande
en el aire
y en los pensamientos
tras las volátiles caricias
del murmullo y de la aquiescencia.
  
Juegan los niños a saltar
intentando rozar la bola
y el firmamento
mientras se oye el bullicio
de la tarde por el parque.
  
Sé que tus ramas estiran las hojas
en los renuevos y en los ojos
que acompañan al río por el puente
donde las piedras esperan
mientras miran Salamanca…
  
©  José Luis

Pared significada

Pared significada

No podemos dejar que se marche la vida
sin al menos una firma en la pared
o un río velado de lágrimas
en unas líneas del olvido,
de esos que regresan algún día
inesperadamente
entre los labios de la muerte
mientras se contempla una foto
o se siente en el corazón un vacío.
  
Permitimos que nos separen los muros
del aire
donde una vez depositamos sueños
celestes y cautelares
entre costillas de Adán y barro
e higos pulposos, susceptiblemente sensuales.
  
Creemos en los círculos
que nos unen
como manos entrelazadas
a una verdad
o a una farsa clandestina
tras las líneas del azar
o del horizonte
donde perdemos la vista
y a veces la propia perspectiva.
  
¡Quién no ha mirado a los ojos
de un desconocido
buscando ese espejo
que nos devuelva en la mirada
milenios de estirpe
o figuras en una cueva coloreada!
  
Una pared es un lienzo donde dejamos la vida
en una firma o en un garabato
que nos identifica
nos llena de sentido, de significado.
  
©  José Luis

Desabandono incautado

Desabandono incautado

Sujetan las ramas del árbol
el despojo de la inocencia
que otrora fuera compinche
y subyugado tejido de asedios.
  
Ya no insinúan sus palabras
ni el silencio trae reminiscencias,
es un ocaso
un devenir en sombras
como ese largo desierto
dentro de una botella.
  
Han dejado de sonar las caracolas
que barruntaban destinos y mares
transversales al tiempo
donde los sonidos del aire se escuchaban
entre espumaradas de almíbar
y arrecifes de sosiego.
  
Dura es la corteza de la inadvertencia
cuando se traspasa el umbral del olvido.
  
©  José Luis