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Rastro de FreeWolf

Dentelladas

Un día de rallie fotográfico

Un día de rallie fotográfico Esperan las calles que se detengan mis ojos
en su transitar, en su fugaz y virulento delirio
en el cual acontecen invariables los pequeños olvidos
absueltos en los alineados límites de una foto.
  
He visto lejanas las miradas, justo en ese punto
donde lo que está delante es la silenciosa pantalla
en la que se rebobinan algunos episodios pasados
mientras el aire les remueve el cabello y las audacias.
  
En el vigor de los tonos ceden las flores exuberancia
a esta mañana de domingo y de bóveda azulada,
en el albor de las nubes y los verdosos mantos
baraúndas de extraños por mi cámara se cruzaban.
  
Los pájaros anadean las alturas y las ondas del río
con sus alas extendidas en la atmósfera y el tiempo
es esa inesperada ventana en la que alguien se asoma
y se revela como observador de su propio retrato.
  
©  José Luis

Contextura de flan

Contextura de flan

Dulces son las palabras que me apadrinan
y que ponen en el aire ese sonido nuevo,
esa descarga de luces vibrantes y colores
como una cucharada de flan en la boca.
  
Secretamente el aire penetra en mi cuerpo
y en mi aliento se despiertan los hombrecillos
que cautelosos podan los sueños y recuerdos
mientras de mis ojos afloran verdes ríos
y puentes dorados y violetas
tras los trovadores y los incesantes crepúsculos.
  
En un plato tiembla inagotable la tarde
tras los deseos y las olas celestiales
donde algodones de azúcar son las nubes
que se prenden al paladar y sus profundidades.
  
Oscura la aureola se sumerge jugosa
entre los incisivos placeres
y los reflejos de la luz inconsciente
que desnuda la piel y la mirada…
  
©  José Luis

El gallo ensillado

El gallo ensillado

Un parque invita al paseo,
una caminata agradable y larga
entre la frondosidad de las hojas
y los troncos que apuntan al cielo.
  
No soy el único errante,
a lo lejos otra figura impulsa
las ruedas de su carro
donde sus pertenencias atesora.
  
No sé de sus pensamientos
ni de su viaje circunspecto
por los parajes de la vida
o de su soledad impuesta.
  
Un gallo acompaña el destierro
del paraíso a la nada invertida
donde se esconde el silencio
y la humanidad y la avaricia.
  
Quizá comience indiscutible la huída
cuando ensillado su gallo
le hable y acaricie
como a un ser amado…
  
©  José Luis

Franjas de color

Franjas de color He dejado que la ropa se amontone encima de la cama
en un acto de indolencia y vagueza, como un día sin sol
donde se arremolinan las nubes alrededor de la tarde
y se apoderan del cielo frescas las gotas de lluvia.
  
Apenas entra claridad por la ventana, aun así es suficiente
para que los colores de la ropa se deslicen en franjas
por la retina y el sueño tras los que vienen los misterios
y las preguntas sobre las cosas y la forzosa inexistencia.
  
Sé que los días también se arremolinan entorno a la vida
y que se deslizan en tumultos los detalles que le dan sentido
en franjas irisadas de caras y momentos, como el circo
que después de hacerte reír levanta su carpa y se desvanece.
  
Quizá el encanto de la existencia sea amontonar esa ropa
hasta que veamos en ella el arco iris de la inmanencia
desde el que disolvamos las gotas de niebla que nos empañan
los ojos con sinsentidos y desesperanzas por no hacer la colada…
  
©  José Luis

Cuando se abre una puerta

Cuando se abre una puerta

He dejado entrar al miedo hasta los tuétanos
para después acorralarlo en el burladero
donde los ojos que dan estoques le esperan
para verlo sucumbir como a un extraño.
  
Cuando una puerta se abre entra la duda,
una incertidumbre en la boca del estómago,
es el temblor sinvergüenza de un cráter
por el que brota la lava y las impurezas.
  
Dicen que por los cuernos se agarran los problemas,
tengo un amigo que una vez desperdició sus manos
por agarrarse a un clavo hirviendo y darse cuenta
que a la vuelta de la esquina vuelve a empezar la vida.
  
Por eso a partir de entonces, deja la puerta abierta,
entre quien pueda y quiera. Donde le indiquen sus pasos
irá su vida entera pues sólo se vive una vez…
Aunque la mente nos engañe con una segunda vuelta.
  
©  José Luis

Una etiqueta en la botella

Una etiqueta en la botella

Alrededor de la mano el vino voltea en la copa
y percepciones líquidas componen carmesí un camino
entre las barreras de cristal y el horizonte curvado
hasta la infinitud de sensaciones que llegan a la boca.
  
Alrededor de la mesa vino en el tiempo una copla
y dejaron los sonidos de moverse entre los platos
componiendo en un instante ese perfecto destino
que marca en el reloj los aceros agraciados de una hora.
  
Se alzan los ocasos de los posos al inclinar de botella
donde la reverencia de la noche toma alucinación y cuerpo
que cae vencido en los brazos de recuerdos subliminares.
  
Gira y gira la noria persecutoria de las incautas glebas
mientras sucumbe en la memoria una mirada, un incierto
murmullo de voces que aunque perturban suenan angelicales.
  
©  José Luis

Candado

Candado

Impenetrable muestras tu fuerza
entre los aros metálicos de la caja
oculta que oculta el interior
que no debe ser penetrado.
  
Así ocultamos en el silencio
con el candado de las palabras
aquello que es interior,
intimidad y muy nuestro.
  
Mas siempre hay grafiteros
que decoran con sus pátinas
el viso de nuestro cabello
y de paso también nuestras almas.
  
¿No se darán cuenta
que si hay una llave
será para dejar abrir
sólo a aquellos que llamen…?
  
©  José Luis

Cruzada de estrellas

Cruzada de estrellas Las calles están llenas de nombres y susurros
mientras una sirena se hunde en las marismas
de gentes, puertas y tiendas ajenas a la materialidad
de ruidos, coches y moradas abusadores de quimeras.
  
Los linajes destiñen tinturas y semblantes fucsias
en musgosas y aguamarinas irradiaciones invulnerables
a los soplos de las voces y las leyendas de frialdades
que vagan por las esquinas o tras un letrero indescifrable
donde un bebé nace tras la ventana agónica de cualquier útero.
  
Los cayucos se arrostran en la orilla del silencio
como una colilla abandonada en el asfalto de la duda
y los nudos que mutilan la garganta de los dioses
son las callosidades del dolor sembrado en el océano
o en la fuga constante hacia el más inesperado de los mundos.
  
Humean las heridas partos de universo y fuegos negros
tras los iris sujetos a la pared de plasma y emboscadas
desde donde amanecen los recuerdos de hogueras encendidas
en la boca de una cueva o en un rascacielos inventor de estrellas.
  
©  José Luis

Al borde de la mirada

Al borde de la mirada

La arboleda del río
se asoma como tú al pretil
para ver pasar el agua
entre los caminos que son de plata
y de rayos de creación y luna.
  
Entretiénense tus ojos
con el fluir de la tarde
entre los vanos del puente
y los brazos de tu padre.
  
Algún día
cuando devuelvas otra vez la mirada
a las profundidades de la corriente
quizá veas el reflejo
de la niña que hoy eres.
  
©  José Luis

Perspectivas de curiosidad

Perspectivas de curiosidad

Desde lo alto de la azotea
el mundo se divisa pequeño,
quizá sólo un poco más pequeño
que lo que es en realidad.
  
La perspectiva de la distancia
como la de la profundidad
son dos precisos cánones
con los que arqueamos los hechos
a nuestra propia medida.
  
Quizá la extrañada mirada
de un perro me sorprendiera
fisgoneando en el desconocimiento
de ver lo que desfila abajo,
de saber lo que acontece arriba.
  
¿Quién no ha usado sus ojos
para satisfacer la inquietud
que produce la curiosidad
cuando la situación es privilegiada?
  
©  José Luis

El mundo que gira

El mundo que gira

He dejado de dar vueltas y miro
que todo alrededor gira en mis ojos,
trompos sin enfoque ni perspectiva
en una feria de imágenes sitiadas
dentro de la caverna de las sombras
donde lo que aparece es lo que se ve
con sus perfiles y sus incógnitas.
  
Las cosas y las situaciones nos pueden
desfragmentar las esencias del ser
en pétalos celosamente guardados
entre los libros elegidos y leídos
hasta que nos rescate el recuerdo
de algún pasaje o combinado extraño.
  
A veces nos mareamos con las vueltas
que termina dando el mundo o el día
pero aun así sin ellas no habría vida,
son tantas los retornos que se emplean…
  
©  José Luis

Departir

Departir

Necesitan las palabras que las pronuncie una lengua
y sea el aire el preciado camino de las reverberaciones
donde los ojos encuentren el vacío ciego de sus cuencas
y el flujo de las inconsciencias fugaces se materialice.
  
Prestan atención los silencios a lo que parece no se dice,
la muda interpretación de las encomiendas sin ropaje,
del eco impronunciado de las montañas en los valles
por los que discurren el deseo y sus afluentes sutiles.
  
Sentados en un café se desliza subrepticia la mañana
como un mar acallado entre los ecos de un susurro
y la nana de una madre a su rorro en el crepúsculo
mientras juega con nosotros la verdad al escondite,
solaz esparcimiento alrededor de Salamanca…
  
©  José Luis

Alrededor de los alrededores

Alrededor de los alrededores

Dejo que sean mis pies los que transporten mi mente
entre los pasos extraviados y las calles arboladas
como una canción que de tanto escuchar se pierde
entre los recovecos de la inconsciencia y la rutina diaria.
  
Sé que los pensamientos se van a otra parte y sucumben
cuando se desprenden de la carne y volatilizan las horas
en ríos ciegos y domingos sin desocupación ni entresijos,
una nada antesala de la muerte donde alojar la paradoja.
  
El reloj descansa de perseguir el tiempo que ha pasado y pasa
arrollando el fluir de los ciclos y las estaciones, de toda una vida
que en imágenes se eleva por entre las montañas del paraíso
donde tuvieron su génesis y que es el lugar al que se retiran.
  
¿Dónde estarán los alrededores de una muerte un día de sol?
¿Dónde?
  
©  José Luis

La caja que no es caja

La caja que no es caja Una caja de zapatos sin sus zapatos
es una caja que guarda parte de los recuerdos,
esos que quedan siempre pendientes de clasificar
pero que pasa el tiempo y uno se olvida que están ahí.
  
En la oscuridad de la caja aún mantienen el brillo
de lo que significaron un día más allá de lo son
porque los objetos van formando parte de nosotros
sin saber muy bien el motivo de llamarnos la atención.
  
Quizá no podamos inhibirnos a la necesidad
de poseer lo que sabemos perecedero
con el reconfortante pensamiento de que puede
ser la puerta a otra parte o el asa que nos sujeta
a lo que deja de tener sentido con el paso del tiempo.
  
La mente se cristaliza en la negrura de la caja
donde nada se ve ni se abre más que en el pensamiento
que recogió las impresiones de un momento
que a lo mejor ya nada dice en nuestras vidas
pero que nos atan al pasado y lo vivido
como lejanamente un reloj a su cuerda.
  
©  José Luis

Desde una pequeña libreta

Desde una pequeña libreta

Las palabras no se achican en una libreta
más de las que lo hacen en una pantalla
en busca de realidades o supuestas ficciones.
  
Detrás de cada palabra hay una persona
y detrás de cada persona un sistema
de creencias, concepciones y visiones.
  
Lo que empieza con palabras llega a ser
un submundo dentro de otro mundo
donde sucesivas capas renuevan el suelo
que sostiene el firmamento de la inconsciencia
mientras otras luces lejanas alcanzan
el resplandor nuevo de una estrella
que nace mientras los ojos se deslizan
por el papel, la pantalla y otras frentes.
  
Y todo porque delante de mí tengo
una libretita de Insolamis
donde no he escrito nada,
ni pienso hacerlo…
creo que la voy a regalar…
  
©  José Luis

Día de entreno

Día de entreno

Glauca la tarde prolonga sus rayos en la sombra
oblicua de las flexiones y las irreflexiones
mientras los músculos tonifican en su fuerza
la potestad de poder llegar a ser quien se quiere ser.
  
Arqueamos en dosis de realidad imposibles los sueños
en las profundidades de acantilados y hondonadas
como un paracaídas que cuando cae se agranda
y desciende balanceándose con las corrientes
entre sus caricias y la sangre acelerada y palpitante.
  
Los rostros de la imperfección se descomponen en la noche
cuando las lágrimas regresan a la vertiente de los veneros
y las golondrinas refrenan su vuelo durante un instante
donde los relojes pararon el tiempo y las preocupaciones,
y los ojos abandonaron la faz para contemplar el universo.
  
Se acelera el corazón en el descenso hacia la muerte
en los rápidos que nos atraen y nos ponen a prueba
sin otra salida que transitarlos sin reservas y con entreno
como se vacían en compañía las burbujas de una botella.
  
©  José Luis

Las diez páginas

Las diez páginas

        Página número uno
He recorrido el salón con sus cuadros
y un escalofrío recorre mi espalda
  
        Página número dos
Hay miradas que atraviesan la calma
y nadie me sabe decir por qué
  
        Página número tres
Las ventanas no están abiertas
el pájaro se estrelló sin pedir permiso

        Página número cuatro
No hay alfombras que nos leviten
entre los residuos de la tarde
  
       Página número cinco
La esquina del ángulo oscuro
recitaba poemas de Bécquer
  
        Página número seis
Con las manos en el bolsillo silbo
como si no pudiera hacerlo con las manos fuera
  
        Página número siete
Tengo la sensación de que algo se acaba
y me exhibe la tristeza en su museo
  
        Página número ocho
El mar llega manso hasta mis costas
y los niños, descalzos, huyen de él
  
        Página número nueve
El viento deja en los árboles el recuerdo
lánguidamente de su sonido entre las hojas
  
        Página número diez
Qué corta por el rincón se marcha la tarde
que el domingo inviste de trance y frío
  
        ©  José Luis

El cuadro torcido

El cuadro torcido

Es costumbre disponer todo en su sitio
dentro de un orden y una estética
mantener el acomodo natural de los objetos
sin que suponga un menoscabo para la conciencia.
  
Pero en diversas ocasiones podemos encontrarnos
indudables mares que no saben concebir olas,
irrefutables cumbres que no intiman con la nieve
o un marco ladeado en una pared impecable.
  
Quizá esa misma fuga de lo cotidiano
sea la chispa que atenúe el poder de acomodación
de los ojos a las irrealidades que nos acechan
donde el horizonte es una espaciosa inmensidad
en la que los colores de una espátula transitan
como un pato por las difusas ondas del río
y sus reflejos son abiertos corales veteados
con las brazadas del aire entre las nubes
mientras dos aviones hacían en el cielo piruetas
que se precipitaban tras el eco de la noche
al vacío furtivo de los betta splenders en su pecera.
  
Miro la estantería y los libros se descolocan
entre el lomo y las letras de la solapa
como un caballo que corre desbocado
por los sueños que la aurora no sujeta
en el cuadro del dormitorio torcido.
   
©  José Luis

Feliz 2008

Feliz 2008

Ahí estamos,
Chus y yo,
hace rato que precipitamos las uvas
en las cuencas del destino
pero todavía mantenemos en nuestras manos
el brindis y sus copas.
  
Nochevieja es una celebración de amigos,
es un paso del tiempo en compañía,
una incitación a todos los momentos que tienen que venir
como toreros de las circunstancias y la vida.
  
Hemos cenado recuerdos
y olvidos,
silencios entreverados
y nuevos caminos;
algunas fotos de risas
y regalos improvisados.
  
Ha sido la cena especial de fin de año
para clarear el jardín de los sueños
y contemplar los nuevos ocasos,
brotes que retoñan entre las nieblas
como los hijos entre los años que pasan,
son los frutos que van madurando,
al igual que nosotros
también crean sus fantasías
y sus propios paisajes,
  
La fiesta dejó en la mesa la cera derretida
de las luces y las velas, de los días y sus venturas
dispuestos en la bandeja de 366 jornadas,
y ni una sola será vertida más acá de las estrellas
porque no queremos que la vida se nos quede en la salida
sabiendo que a tantas metas corresponden tantas fortunas.
  
Brindemos por un próspero 2008
  
©  José Luis

La despensa del mundo

La despensa del mundo

En su interior el mar es un submundo
donde aguarda voraz una serpiente
el momento en el que la luz se pierda
entre las imperturbables sombras
y las criaturas que no conocen el miedo
pululen entre los restos de la inmensidad
que es el infinito oscuro de los sueños.
  
La noche cubrió la bóveda con su manto
y las estrellas como piedrecillas en el camino
guían la mirada pendular del tiempo
entre las dendritas que mueven los engranajes
de un barco hundido en las marismas oníricas
que han ocultado las oraciones del padre nuestro
y el maná que alimentó al mundo en su peregrinaje.
  
Hay un hambre que adelgaza al hombre
y aniquila sus esperanzas e ilusiones,
un hambre que sujeta y detiene al oleaje
que devolvía a las riberas olvidadas
unos granos de arroz y unos peces
con las palabras que sanaban el cuerpo
y también al alma…
  
©  José Luis