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Rastro de FreeWolf

Dentelladas

Nochebuena

Nochebuena

Una mesa dispuesta y el salón oscurecido
por la luces enganchadas al árbol,
palpitantes como el corazón de un niño
que vive mágicos acontecimientos.
  
Algunos acordes bruman la garganta
de los alientos navideños
y la noche, noche de frío y recuerdo,
es un Dios en un pajar,
una mula y un buey por dentro.
  
Quizá en esta época sean buenos los deseos
tan buenos como inciertos,
como ese mar bravío que se empecina
en ser crepitar de olas
sabiendo que en la orilla
será espuma y mansedumbre.
  
Al menos que no nos falte
yantar en la mesa,
villancicos en el ambiente,
palabras cordiales
y buena gente
con la que repartir abrazos.
  
FELIZ NOCHEBUENA
  
©  José Luis

En una bolsa

En una bolsa

Una nube deja su sombra sobre una bolsa
donde la tierra desteje el eco del otoño
y las cigüeñas planean trayendo en sus picos
los copos que manan de una flor de nieve.
  
El reloj retiene las horas que marca
entre los arrozales blancos del olvido
donde los sueños juegan a esconderse
tras los cristales azures de tu ventana.
  
Has corrido las cortinas de la noche
y la luna es un punto quieto y lejano
como un dilatado horizonte sin olas
que navega entre las aguas infinitas
y las tersas velas de un pensamiento.
  
Las márgenes del silencio nos invaden,
somos arenales varados en las rocas
que chocan incesantemente
contra la corriente del universo
y la bolsa de aire con una sombra.

©  José Luis

Papel y bolígrafo

Papel y bolígrafo El bolígrafo está encima de la mesa
dentro la tinta espera los movimientos
de la mano sobre le papel en blanco
para dejar en él sus trazos
sobre lo que la mente piensa.
  
Nada sabe la tinta de los sentimientos
que están ahí afuera
ni de las personas que ciñen su cuerpo
para dibujar las estelas del alma
o del mar mientras barcos y nubes
navegan.
  
Ni tampoco el papel se imagina
cuál será el jardín
que de la tinta florece
sólo son los testigos
de lo que tras las huellas tintadas
unos leen
y otros anhelan.
  
Deja la mesa que unos libros
sean los sueños que se apoyen
con sus lomos y páginas
en la sombra de la inconsciencia
mientras la lámpara cede su luz
a las letras que se despiertan
con el rumor de la noche
sobre la luna nueva.
  
La tarde perdió su brillo
y los colores del cielo,
ahora en la oscuridad
el bolígrafo y el papel duermen…
  
©  José Luis

Prímulas y rosas

Prímulas y rosas

El día con sus nubes perezosas
atenaza el sol y el firmamento.
  
Nace del frío el aleteo constante
de las aves entre las ramas desnudas
de los árboles y las corrientes del río.
  
El puente sujeta el agua a sus pilares
con la hondura de los barrancos
que atraen las lluvias y los sedimentos
donde dejar olvidadas las contrariedades.
  
Espero que la tarde traiga a los amigos
que se alborozan conmigo en la fiesta
de paladares entre dichos y copas
mientras una vez más dejamos en la vida
los lazos mortales que a la divinidad nos vinculan.
  
Y será entonces
cuando de un día gris
florezcan prímulas y rosas…
  
©  José Luis

Luz de niebla

Luz de niebla

La noche son puntos ocres en el firmamento,
puntos de luz espesos que cuelgan del agua
suspendida en partículas de claridad y sombra.
  
Camina la niebla por las calles de la ciudad
hundiendo el cielo en las mismas entrañas
milenarias de las piedras y el abombado silencio.
  
Los árboles con sus brazos extendidos
son deslizantes regatos de gotas
que palpitan plegarias al cielo
mientras sienten la pérdida de sus hojas.
  
A lo lejos chirría oscuro, ronco el motor
de un autobús pasajero, vacío y sin retorno
que regresa de la pesadez, del ajetreo del mundo.
  
©  José Luis

Día para el recuerdo

Día para el recuerdo Una lágrima es un mundo acuoso
de sensaciones,
un paraíso ambiguo
en la mortalidad y en las elecciones,
una bola preñada
de fugaz sino,
una entelequia…
     
Cada vez que nacemos en nuestros ojos
disponen únicamente una de esas lágrimas
con la que enjuagar la vida en cada mirada,
en cada travesía astral por las diversas existencias,
una prenda diáfana e inmaculada
que será la que en última instancia
devuelva al alma inmarcesible su destino.
     
Hay días
que en su capacidad especial para el recuerdo
sopesan los avatares de nuestro paso
por los inapelables caminos de la preexistencia.
  
©  José Luis

Leer desde un blog

Leer desde un blog Tras la pantalla sé que tus ojos
pasean junto a mis palabras
y que las letras son la música
que desde el silencio tarareas,
esa tonadilla
que no sabes dónde escuchaste
pero que aflora en tu mente
como el perfume de un jardín
o en una flor los pétalos…
    
No sé lo que a buscar vienes
ni siquiera lo que te llevas,
si es que te llevas algo,
en tu aliento incrustado
o entre los dedos de tus labios
que acaricien tu presente
o los suaves hilos del pasado
mientras tejes la noche
o franqueas el mar de los sueños…
     
Sólo sé que aquí te dejo
paisajes cincelados,
los esquejes de mi alma
en los lienzos del deleite
cuando se hunde el sol
y la luna aflora
con sus rayos indelebles
resquicios de locura
y viajes más allá
de los umbrales de la muerte…
    
©  José Luis

Keroseno

Keroseno

Vendrás conmigo
por las calles de mi ciudad
donde los pasos dejan frente al río
partícipes los esplendores de la mirada
que una vez y otra amartillan al corazón
con voces que convergen en los jardines.
          
Fresco el aire deja en la sombra las siluetas
que rondan milenarias las piedras del destino
mientras las palabras surgen y hacen camino
purpúreo frente al mar inmerso en mis pupilas.
          
Atrás quedaron las dudas, sombra de guerrero,
que ciñe Ballester a su silla y a un café de metal
tras cuatro ojos que tratan de dos existencias,
de unos dedos al teclado o de la verdad inconexa.
           
Nos deja el tiempo correr tras los cristales
como gotas de lluvia que aclaran los sueños,
la realidad de lo inventado, un caro misterio,
entre los brazos abiertos de la noche.
              
Y de frente, con el volante entre las manos,
sonriendo sola te fuiste con los ojillos
repletos de sensaciones de este momento
hacia esas murallas que cobijan tu ánima…
       
©  José Luis

Una llamada

Una llamada

Suena en el interior
la vibración del teléfono
a través de la silenciosa estancia
irrumpe una voz.
       
Son palabras anónimas
perdidas en el olvido
en la espesura de la sombra
donde sus nombres
son placentas de silencio.
         
¿Dónde acudir
cuando el dolor lacera
los años de existencia
y las lágrimas
anegaron con profundidad
los recuerdos de la infancia?
       

Quizá esa presencia
al otro hilo
sea el aletear de un ángel
que humano en su esencia
se aferra a la pérdida del edén
porque es su única recompensa…
            
©  José Luis

Contemplación en el río

Contemplación en el río

Hoy miraba intangible el río desde la pasarela
y sentí temor al ver cómo se movían las ramas
que crecen desde el agua y ondulan la corriente,
parecían brazos necesitados de auxilio, brazos
reteniendo en la mirada al escalofrío,
esa sensación de imaginar alguien a tus espaldas.
                 
Vi cómo el río descendía dorado en abundantes hojas,
era el otoño que braceaba desde los árboles y sus ramas
entre las briznas de aire que se quiebran sin saberlo.
           
Desde el fondo turbio una bicicleta estática
pugnaba contracorriente por permanecer inmóvil,
por guardar el equilibrio que se consigue tras el pedaleo
de la realidad y los sueños, lo que no es y pudo haber sido.
              
Dos pececillos modulan la orilla con sus quiebros de arena
y dejan escapar intermitentes las burbujas con sus anhelos
alcanzando los reflejos de un sol que esparce la mañana
sobre el azur del cielo y las calles transitadas de mi pueblo.
          
©  José Luis

La mayor distancia

La mayor distancia

La distancia entre dos personas se alarga

en las palabras que demoran sentido a la existencia

y dejan descobijada y abrupta la ribera del encuentro.

               

©  José Luis

Después de la aurora

Después de la aurora

Es temprano
y la cama retiene entre las sábanas
el calor de nuestros cuerpos.
              
No te has levantado todavía
y siento la tranquilidad de saberte viva,
de tenerte cerca, a mi lado…
                  
Porque la vida
es contar con otra persona
para dejar correr en el tiempo
cada uno de los mares que brotan
de las flores del deseo,
mientras vemos cómo nuestra piel
como arena resbala por el reloj
sinuoso de los días y las horas
marcando el fruto de la existencia,
un nuevo edén con su nuevo pecado.
                
©  José Luis

Un rato después

Un rato después

Una copa entre las manos
azur de una mirada,
las burbujas marcan el tiempo
de mis manos por tu piel
y a veces tus recuerdos.
             
He buceado en tu sexo
y en placer fugaz de la tarde
mientras vibraba con tu cuerpo
y con la eternidad.
                   
El cielo me rocía con su sonrisa
y el sol con el calor de sus rayos
quizá la vida sea eso
tenerte en el corazón
y también muy cerca
justo a mi lado.
                  
Hombre y mujer,
luna y cielo
la tarde se despedirá
en el fulgor de tu pelo.
              
Apuro profundo el cava,
consumo este momento
frente a tu foto,
ante tus ojos serenos…
            
©  José Luis

Una goma de borrar

Una goma de borrar

Pasean las letras por el cuaderno
inconexas como un mar enfurecido,
y arrastran blancos los rastros
por la punta roma de los dedos.
                      
No se enturbia el aire que golpea
las venas gruesas del suicidio
y en una esquina se esconde la A
de los puños enguantados del silencio…
                
El pasado es una tilde en el vacío
donde se contonean ancestrales las olas
y las bacantes tejen las danzas del deseo
a las crestas del Olimpo y sus diosas.
                     
Va aconteciendo la vida
entre los prietos recovecos de la rutina
y sólo aquellas letras que atinen con las alas de la luna
se salvarán de la quema
o de la goma de borrar de un niño…
                
©  José Luis

Botella abierta

Botella abierta

Dulce es el sabor que mana
de la esplendorosa botella del tiempo
mientras atesora la sombra
de las uvas jugosa la pulpa y la solera.
                 
En una botella abierta un corcho se descubre
púrpura en su textura y pureza,
alcornoque errante en la carretera
astada de flores, casta y envés brillante.
                    
Pulpa de vidrio forma en la botella
el cuerpo ahumado y opaco,
contoneo de gotas en la carrera
ladera abajo, ondulación de copa.
                        
Una chispa en los ojos,
unas gotas de ingenio,
oscilante la ambigüedad
corre entre contertulios y deseos.
                     
Alrededor de una botella
la tradición atesora
arte del paladar,
sudor de la recolecta,
fermento de los azúcares…
y el tiempo, tiempo de espera.
                       
©  José Luis

El estuche

El estuche Recuerdo de pequeño los días previos a la escuela.
El olor a nuevo de los libros, la punta afilada del lapicero,
blancos los cuadernos… en el silencio de la cartera.
                   
Eran días inquietos por volver a ver a los compañeros
y saber qué maestro te “tocaba”.
               
Pasaba ratos hojeando y ojeando los libros
queriendo aprehender lo que no era el momento
pero que llamaba la atención por los dibujos y grabados,
por ese olor especial a estreno
y por el curso que se iniciaba,
a veces con pantalones nuevos…
               
El primer día de clase todo era sacar
y sacar de la cartera
libros, estuche, cuadernos...
                
Pupitres de madera que crujían con tus movimientos
queriendo dar a entender que después del letargo del verano
ellos también volvían a la vida.
             
¡Quién no recuerda ese flamante estuche de dos pisos
donde tenías reunido bajo el dibujo de la serie del momento
todo tipo de colores, gomas y utensilios…!
                
Esa escuela queda en el tiempo lejos
aunque muy cerca en el recuerdo…
                    
©  José Luis

Septiembre

Septiembre

Encamina el verano su ocaso entre los rayos
que deponen el añil emergente del firmamento
entre los cárdenos senderos del abismo
y la ocupación de las noches en el descanso.
                           
Ya las alondras buscan solaz silencio
en las inmensidades blancas e inagotables
de otros senderos, de otros abismos
donde dejen planear sutilmente sus vuelos
                    
Una cigüeña aguarda los primeros sonidos
de los osos en la caverna para emitir en su revoloteo
la huida al silencio del sueño, y acaso a otro jardín
donde de estío renacerán las simientes de nuevo.
                               
Pronto serán las fiestas y con ellas el viento
los que ondearán en las chaquetas, en las pieles morenas
como insignia del disfrute de playas y piscinas
que marca para algunos el fin de las vacaciones…
                        
©  José Luis

La ropa sobre la ventana

La ropa sobre la ventana

Largo el día en su ajetreo y avatares

encamina su fin en los atuendos de la prisa

y las ocupaciones que quedan sobre una silla

cuando orienta la noche mis pasos hacia casa.

                           

Me gusta sentir el aire fresco sobre la piel

cuando pausadamente me acaricias con la mirada

y en secreto la habitación de nuevo aguarda

ese olor a tarde de manos juntas y pláticas

entre los caminos del jardín en un mar perdido.

                         

Mansas las olas acompasaban nuestros besos

con su rumor inmutable, plácido y misterioso,

susurro inalterable en la eternidad dilatado,

pasión del alma integrada en dos cuerpos

en el intangible olvido de la existencia.

                         

Retengo entre mis brazos el recuerdo

de tantas y tantas madrugadas

con tu cara sonriente y dichosa

mientras dejabas puesta la ropa

distraída sobre la ventana.

                         

©  José Luis

Con el frescor de la noche

Con el frescor de la noche  

Los días abandonan su pesadez en la sombra del sol

cuando los rayos se recogen en la urna azul

donde suspiran las olas de un mar reverberante

con espumas y rumores desde la cola de un cometa

que atravesó el cielo una noche calurosa de agosto.

                         

Los ojos veían más allá de la oscuridad

un cúmulo de opacidades y estrellas

entre los silencios interrumpidos de la calle

por el rilar de las farolas y los motores

que traen de vuelta la multitud a casa.

                             

De vez en cuando se despierta un pájaro

del sueño del árbol y emite el sonido de queja,

de abandono entre las hojas que lo cobijan

de la noche y de mi mirada quieta.

                            

El campo, negro entre las negruras, rezuma

el sudor de la tarde y del fuego de la mañana

entre sus poros y tolera que se eleve un olor

salvaje de fertilidad y muerte en los recuerdos

de sus vueltas al sol y a las simientes inmóviles...

                         

Es la noche un descanso para el cuerpo y la consciencia

pero una inquietud para las palabras y los pensamientos.

                      

©  José Luis

Formas

Formas

Tres figuras negras componen un universo

apocalíptico en la pantalla rallada de puntos

imperceptibles y azabaches sobre nieve blanca.

                   

Son tres sombras impuras y tormentosas

ahondando en la maldad, en la nada de la tele

y sus espantosas películas de fin de semana.

                          

Otras sombras serían si los árboles al sol

proyectaran sobre el suelo cálido y brumoso

un sopor de agosto y de fin de las holganzas.

                            

Una sombra que anunciara la tonalidad del otoño

en los ocres y amarillos de las avecillas en flor

desbaratando en sus nidos los trinos infantiles

del verano entre los vientos que dicen marcharse

y las ramas que aún retienen destronados los brotes.

                        

El sol se oculta entre el manto lioso de las nubes

mientras el aire desvencija las hojas y papeles

que revolotean libres por el suelo de la tormenta

y el campo suspira por las lágrimas de la tarde

triangular de nuestros ojos y la naturaleza.

                       

©  José Luis