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Dentelladas

Pecas incoloras

Pecas incoloras

La piel recubre el cuerpo de sensaciones

desde la atalaya crepuscular del cerebro

como un sol de invierno que se rinde al día

naciente en otra mañana de la esfera

sinuosa del pasado entre tus brazos.

                         

Recorren las lágrimas el río oculto de la entereza

a través de la tinieblas que ocultan los árboles

sagrados del Edén a los hombres desde el pecado

de querer interpretar las verdades indestructibles

en una bola de cristal amalgamada de carne y tierra.

                                 

Indelebles las máculas de la humanidad

se van pasando de generación a generación

como invisibles y pertinaces sombras

que golpean las sienes en latidos profundos

de inconsciencia e instinto sobrenatural.

                            

Miro mi piel y observo incesantes los lunares

del tiempo, la edad y las imperfecciones

sujetas a la heredad de la luna y las mareas

de mi alma alrededor de la luz de tus ojos.

                         

Quiero que sea la infinitud tu cuerpo mi cobijo

amarrado a la impalpable inmensidad de las riberas;

tus ojos, faros incorpóreos, alumbren el camino

de mis labios por tu nombre hasta la calma innegable

de todo hijo de Eva en la eternidad inexplorada.

                           

©  José Luis

Luces de neón

Luces de neón

Los escaparates dejan ver el interior

a través de los cristales que a su vez reflejan

espejados el exterior en imágenes diluidas

pero que se graban en el espíritu del vidrio

siguiendo la trayectoria añil del cielo

como ánimas que permanecen en la Tierra

por las corrientes del verdemar universo.

               

Una pareja se detiene y pegan las frentes

sin saber que sus recuerdos serán una vitrina

en la que los seres ocultos observarán su infinito

y su pasado tornará a sucederse en una secuencia

vertiginosa de acontecimientos dentro del torbellino

de imágenes desatadas en cualquier escaparate.

                               

La luz del día se esconde tras el horizonte

y las calles apagan los colores y sus tonalidades,

es el momento en el que se olvidan los ojos

en el territorio de Hades y las sombras

se dejan embaucar por los resplandores neón

entre las fauces tenebrosas de la noche

y los cristales liberan de tiendas y edificios

las voces y conmociones recogidos durante el día.

                           

©  José Luis

Teclado

Teclado

Es la noche clara la que despeja mi sueño

y sujeta al teclado de las palabras

inalterablemente con los dedos

que acariciaron tu piel tantas noches

y gustaron de escuchar las historias

furtivas en tu pensamiento...

                 

Ese mar embravecido por el aire ciego

de las tumultuosas olas rompientes

contra los arrecifes ardorosos del averno

donde dicen que se esconden las almas oscuras

huyendo del diablo y de sus propias ausencias.

                       

Añil y vibrante el cielo de nubes y hojas,

donde cincelas parsimoniosa el reloj del tiempo,

marca los rincones de nuestros encuentros

de manos, labios, lluvias efervescentes y bocas.

                      

 En tus párpados cerrados serpentean los ojos

agrestes y pardos en las playas del deseo

y van y vienen buscando la explosiva sensación

que trae libídine la tranquilidad y la calma.

                             

Y es esa noche la que a mí te entrega

plena y diáfana entre las sábanas

cada madrugada que dejo el teclado

cerrado con tu cuerpo y mis palabras.

                            

©  José Luis

Ángeles

Ángeles

Era de noche

en medio de la calle ningún sonido irrumpía

la calma de los árboles ni el sueño de los pájaros

y la luna en su singladura naranja

se iba recogiendo en sí misma como un globo

que perdiendo el aire compone movimientos

espirales en el espacio centelleante

de astros y estrellas que vigilan

las sombras de las casas.

                         

Esencias etéreas

hacen difuso el hálito de Selene

en el espacio añil y vaporoso

donde retorna el aullar de los lobos

en escalofrío y niebla.

                                  

Al fondo

el reflejo de una vela,

céreo pabilo vacilante,

acompaña sinuosa y violeta la corriente

de agua, de fuego, de aire...

en la tierra.

                             

Cada noche desciende un ángel,

un deseo de la inexistencia,

a ceder sus alas a un niño

para que surque el firmamento

y de esa manera inconsciente

recuerde que algún día

el cielo le espera...

                                   

©  José Luis

 

Foto en blanco y negro

Foto en blanco y negro

Los ojos y sus bastoncillos nos hacen apreciar la vida

en matices claros y grises

los días en que las sombras dominan el ámbito de las luces

y el mar muestra su faceta oscura y tenebrosa

en sus más recónditas profundidades

donde las olas amalgaman tinieblas

y emergen al cielo en el reino de Hades.

                        

Sólo una nube,

ese día un poco despistada,

iba dibujando en el firmamento variopintas siluetas

en el distendido juego del adivina,

“¿qué ves en esta imagen...?”,

al igual que cuando nos mostraban en el colegio

esas cartulinas con dibujos simétricos y abstractos.

                                    

Quizá quiera ver un minino

agazapado en su rebujo con esa carita observadora

o las garras de caperucita

asiendo al lobo por la pechera...

                                     

En realidad

recuerdo las tardes en el laboratorio siendo el alquimista

de las imágenes captadas al vuelo

en mis paseos por la ciudad,

con la duda,

la incertidumbre

de si el pulsador, por mi dedo accionado,

habría conseguido atesorar en el negativo la realidad

por mi mente ilusionada.

Eran aquellos días,

no de antaño,

no tan lejanos,

cuando la fotografía era un ejercicio de precisión y paciencia,

de no saber hasta que revelabas
si habías obtenido el resultado esperado,

porque no había segunda oportunidad,

ni revisión digital del fotograma.

                               

El esfuerzo y el cuidado de las ilusiones

en la vida es un proceso parecido:

un jardín

en el que a través de las estaciones

va adquiriendo el colorido que le es propio

(el verde del mar,

el ocre de tu piel y castaño de tus ojos

hasta el toronja y púrpura del atardecer...),

acariciando en cada cana y arruga el tiempo

fugaz que nos recuerda

que en la mortalidad consiste la vida.

                       

Mas ahora

soñemos

con ser surcadores

de las horas...

y el viento.

                      

©  José Luis

Ser o no ser de una manzana

Ser o no ser de una manzana

Ya ves

la frontera hemos traspasado

y aquí está la manzana

áurea, redonda, jugosa...

dispuesta a cedernos la ciencia

en su mordedura al desnudo

como cuando rozan las sábanas

la piel ardorosa de los cuerpos

y es más intenso el placer del tacto.

                              

Y qué más nos da

si no fue manzana el motivo de discordia

que fuera higo, nuez o vaso de vino,

traspasamos el límite de la inocencia.

Nos toca asumir que el cielo es azul y límpido

pero que puede descargar turbios nubarrones,

que la vida es un camino incierto lleno de huellas,

que somos los padres de la humanidad en este tiempo

y que a veces nuestras manos están vacías...

                                      

¿Morderías la manzana conmigo?

¿Bajarías a las insondables simas de averno

para contemplar las fragilidades del mundo,

para hundirnos en los coros ígneos de las sirenas

y encallar nuestros sentidos en la ribera de los sueños

donde el pecado sería no vivir la vida...?

                                

Percibo cómo llegan las olas profanadoras del deseo,

verdemares voraces copulando creación y muerte

en los intersticios porosos de mi cuerpo

y me siento preñado de noches y lunas,

urdiendo mis palabras con inexplorados secretos

que aún desconozco y que me asustan,

se espanta un cervatillo de la ausencia del silencio.

                                 

Sí,

morderé del horizonte la estirpe

y dejaré que recorra mis caminos ocultos

mientras agito entre los dientes tu nombre

y te ofrendo mi postrer pensamiento.

                             

©  José Luis

 

Luz boreal

Luz boreal

A veces yo me pregunto

silencioso y oculto en el rincón

dónde el alma estaría

antes de mi concepción,

todo aquello que percibo

cómo se va procesando

dentro de mi interior,

si he de volver algún día

a no sé qué lugar o si no...

                               

Las preguntas cuyas respuestas

son difíciles de dar

requieren una visión

de luz boreal...

                           

Mirar al cielo

y dejar que la lluvia te riegue por dentro,

abrazar al amigo

y sentir el calor que vivifica las entrañas,

saber que la vida en su efímera existencia

nos deja transitar por considerables caminos.

                         

No cerraré la puerta

de  mi corazón

y saldré,

subiré a la montículo del olimpo

y puede que allí

con los míos

contemple toda la vida

en la claridad infinita...

                             

©  José Luis

El soplo de los vientos

El soplo de los vientos

Camino despacio sintiendo los pies en el suelo
fragmentado de pensamientos y suaves celajes.
                    
El aire marca un ritmo acompasado
y las hojas de los álamos resuenan en las copas
el rumor de un mar tranquilo en sus ojosas olas
encallando las tristezas en la arena del domingo.
                       
En un banco sentada una pareja deja pasar el tiempo
mientras sus pupilas reflejan toronja los últimos rayos
de la cúpula cárdena y volátil de esta estival jornada.
                       
El camino, de otras ánimas salpicado, ulula silencio
entre las malezas de la sombra sin destino y los pasos
a ninguna parte o a todas mientras mi mente camina
por el laberinto de la vida y sus cotidianas pasiones.
                         
Ahora, en la magnitud de la noche, miro las estrellas
y el brillo titilante de los sueños que rondan la calle,
el viento arrastra con su soplo hojas de melancolía.
                                     
©  José Luis

Tornada

Tornada

Vivimos en pequeños apartados de tiempo las vidas que acompasan nuestro cuerpo.

                  

La mañana atrae en su inicio la inquietud propia del día y a lo largo de nuestros mundos las sonrisas, palabras, imágenes, melodías, personas... se acomodan en nuestra mente y entretejen visiones de uno mismo.

                              

Las alas transmutan en la mariposa las ansias de alcanzar las estrellas que el firmamento vela desde el principio de los tiempos y en cada parada, en cada flor, en cada vuelo... la fugacidad inmanente de la vida cede en el recuerdo el goce de la eternidad.

                          

©  José Luis

 

En busca del descanso

En busca del descanso

Se posesionan las maletas de lo material de la vida en muy poco espacio, sólo lo necesario para perderse en esas riberas de sol, baño y lectura...

                             

©  José Luis

Eran otros tiempos

Eran otros tiempos

Las manos
aún recuerdan los paseos
de la tarde por la alameda,
el perfume prohibido
y en los bancos del parque
el sabor de los besos.
                     
Eran aquellos tiempos
inconscientes y libres
en los que se nos asomó el amor
a la ventana de la adolescencia
propia de dos corazones
que iniciaban su andadura
por los mundos de la inocencia
que lució risas y secretos
y a veces imprudencia...
                   
Reflejos de aquel entonces
son la muestra de nuestro afecto,
respeto y sentimiento...
y a veces
desbocados ensueños.
                         
©  FreeWolf

Un gato en el zoco

Un gato en el zoco

Estrechas las calles caminan lento el silencio entre los centenarios muros de la tarde y los ojos avanzan por las ventanas y puertas que invitan a la curiosidad y el fisgoneo.

                              

La sombra es el espejo que se mueve entre finos hilos dorados y rosácea cal tintada y en cada recoveco devuelve el canto de la infancia cuando al compás de la sirga murmuraba en el devenir el sino de nuestros pasos que incesantemente vuelven a las solazadas horas del estío.

                                  

Noto aún en el aire la mirada parsimoniosa y felina que celaba el bullicio de nuestros juegos y que en cálidos ronroneos asentía desde su puesto de guardián haciendo de la calle su propio solaz y universo.

                               

Sólo el eco de los goznes, antesala del llamamiento materno, lo absolvía de la cumplida presencia como el rayo libera al trueno de la atávica dominación de la tormenta.

                                   

©  FreeWolf

Veintinueve de Febrero

Veintinueve de Febrero La calle en su tránsito retiene constante las auras que permanentes instituyen el inmarcesible piélago de las pasiones y a cada paso el inconsciente recibe las glaucas imágenes que conforman en nuestras abstracciones la savia que alimenta el genio que adentro llevamos.
                                   
Una vez de cada cuatro disponemos de un nuevo tiempo que religamos a la materia de lo cotidiano en el que inscribimos el círculo de lo innecesario. Y sólo quien en ese momento nace se aventura a la invisibilidad de lo consciente mientras sigue la Tierra girando y de nuevo el universo le hace el guiño de poder abandonar por tres añadas el paso del tiempo...
                          
Las aceras se alejan al paso del canto entre los días que se anuncian y los compases bisiestos de una corneta en los errantes campos del edén insospechado y las letras escondidas en los muros agrestes de un spray descuidado que flota en el lago con los cisnes de cuello toronja y pico aflautado.
                       
En medio del patio un reflejo metálico del gigante callado que se mira al espejo cada cuatro años...
          
 ©  FreeWolf

Ya vienen los Reyes...

Ya vienen los Reyes...

Por el camino y guiados

por una estrella vienen

oro, incienso y mirra;

los presentes reales.

                       

Se acercarán

al Portal postrados

en su regazo

y la humanidad

en sus ojos

del Amor

han logrado.

                      

Hoy ilusión son

de las manos de sus padres

y de la alegría de regalos

las almas infantes

y los corazones renovados.

                    

¿Qué te traerán a ti?

¿Qué les has solicitado?

                        

Amor, Salud y Paz...

para todos los hogares.

                     

En silencio

y con los ojos cerrados,

niños a la cama

que vienen los Reyes Magos...

                          

©  FreeWolf

Glaucas las uvas de la noche

Glaucas las uvas de la noche El lienzo luce en el firmamento de las infinitudes y el tiempo nos cede su eco para transferir el mensaje que bordee entre las botellas náufragas las riberas de nuestros silencios y albergue arcano el secreto de la inconsciencia entre las orillas armoniosas de unas olas que en sus vaivenes fluyen las irisaciones crepusculares que se adhieren a nuestra piel y en su tatuaje nos confiere el poder de la sonrisa que llena el cielo de resplandecientes estrellas que en sus guiños anuncian un cielo nuevo...
            
Tomemos en nuestras manos fino el cristal etéreo y burbujeante y notemos vivas las chispas de la amistad mientras brindamos por el futuro y las nuevas palabras que han de llegar, y que en sus ecos anuncian salino el olor del mar y el rumor de sus caracolas que acompasan añil el baile de nuestro cuerpo entre rosas y pensamientos...
               
Fluye carmesí en nuestra sangre el anhelo...
                    
© FreeWolf

Para un requiem

Para un requiem

¡Oh, muerte

ensamblada en obeliscos

y solemnidades

entre los encandilados arrebatos

del ensueño

cuando las palabras revelaban los signos

y el ímpetu sensible de los talentos

que poseerías venerada la claridad

del cielo!

                   

Arrostras la soledad

en el reposo adverso del tiempo,

ahora nacáreo,

irreverente y sombrío,

mientras sellas los instantes

con los surcos que quebrantan la pasión

en nuestros cuerpos.

                       

¡Qué labios osarán pronunciarte

en la intimidad del sepulcro pétreo,

incrustando así obstinada en tu guadaña

los profanados ecos del silencio!

                     

La armonía maceras voluptuosa,

que naciente en el placer esmerilado

tórnase inicua y dolosa

por la vida que se entrega.

                    

¡En esa vacante nada

no aparecerá la joven Eva

ni la poma serpenteada,

en la que si quiera ceder,

junto al albedrío, la dentellada

del saber secreto!
                              
©  FreeWolf

La ciudad

La ciudad En el transcurso de la vida
no sólo pones aprecio en las personas...
El lugar en el que naces,
en el que creces,
en el que vives
va formando parte de ti:
las calles,
las piedras,
los jardines,
cada rincón visitado,
cada huella reconocida,
cada nueva apariencia...
                     
Y formas parte de sus paseos,
de su sol,
de su despertar...
                   
Y en toda gota de lluvia
pones la lágrima de tu tiempo;
en toda iglesia,
medallón,
o escalera
el recuerdo de una promesa.
                
Y a ella te arrimas
como al cuerpo de la amada,
como pitanza a tu alma
de edén eterno...
              
Porque sabes
que en algún momento
la savia de mis huesos,
al igual que tus labios
en mudas miradas
retozarán entre sus auras.
           
©  FreeWolf

Anorexia

Anorexia

 

Perdida tras el espejo
deambula triste la figura
entre las sudorosas lágrimas
de un vómito y los dedos
que la llagan.

El espectro fue sesgado de su alma
y de la tierra madre que pisaba
por la hoz ácida del miedo
de no ser quien ya no era…

El carmesí de la mirada
son esas pequeñas rayas
que cada vez más la acercan al infierno
de la nada y las manos,
esas manos que quieren ampararla,
y que son cortadas de cuajo
en el dolor de una cama
que es postración
y silencio.

Suicidio a la carta…

© FreeWolf

Ruidos

Ruidos En la noche extraños los ruidos en las esquinas del pensamiento retumban mientras la copa simula entre las manos compañía. Aguardan las horas al día para retomar su esplendor y mientras las sombras de las quimeras rebuscan el dorado brillo entre las aguardas y escudriñas, cuando un trago es la única atenuación de las postraciones. Progresa el repiqueteo de los pasos entre el celaje de las calles y las inquietas cavilaciones. Un sudor frío me volatiliza por dentro.  Cesan los sonidos y las palabras se esconden. Tus ojos vislumbro en la inadvertida mirada que me devuelve la calle en sus reflejos y las oscuridades sospechadas se abalanzan sobre todo resquicio de luz hasta sorberla.  La imagen de la luna y su reflejo en la rugosidad del mar sosiegan de mi miramiento la penumbra y accedo a que el suave bamboleo de las irisaciones en movimiento acalle la zozobra y el aliento.

                   

©  FreeWolf

Metempsicosis

Metempsicosis

Iniciales diáfanas son de nuestro anonimato

las gráciles estrías en el aliento de cada bitácora,

revoltijo versátil de inquietas tramas.

Una peculiar fragancia en cada estela

armoniza sigilosa las palabras.

Y en cada transición,

una sola palabra en la fragua del pensamiento

delata, amiga, la escondida ruta tornasolada.

En el alma la mutación

se anuncia tras la mirada…


FreeWolf