Muchos son los caminos
Muchos son los caminos
que no llevan a ninguna parte
y que sin embargo se andan
entre el desvarío y la desesperanza,
lejanos caminos errantes
de la ciega reflexión y la consciencia,
que atraviesan el ánima
con sus cuitas y sus penas.
Y son esos caminos
los que enloquecen el alma
y envenenan los besos
de sangre no cárdena
sino cruel y endémica,
sangre fría,
sangre amarga.
Mas también hay ángeles
que labran la tierra
en su dureza y hambre,
ángeles sin alas,
ángeles que sostienen en su cara
la sonrisa de la mañana,
y entre sus versos sin letras
caminan la esperanza y tu mirada
y el cielo despejado,
sin negra escarcha.
Caminos que son transitados
por estelas de nubes blancas,
por firmes manos y bellas
entre los arrimos de la inmanencia
y tu frente inmarcesible y serena.
Ven,
ven muy cerca,
y andemos
por las aldeas y las veredas
de las introspecciones y los sueños
entre apetecibles quimeras...
y zarzamoras.
© FreeWolf
Inmutable la mañana acoge en su brisa los ecos tumultuosos de la exultación noctívaga, cuando los enamorados entretejen sus cuerpos y los suspicaces declives de Selene avivan los fanales de la inconsciencia entre los brazos de la luna llena y las sombras de las tenebrosidades.
Cuentan los viejos del lugar que en las noches oscuras, en las que la luna se renueva en el silencio del bosque, se reúnen los lobos y bailan la danza del arrojo y la espera porque han aprendido con el paso del tiempo que eso agrada a la hermosa Selene y regresa puntual a la ineludible cita del aullido indisoluble cuando la sangre danza en sus cuerpos y se arremolina entre sus orejas el sonido atávico de la cacería eterna.
Percibo mis manos,