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Rastro de FreeWolf

Noctívagos

Re-posando

Re-posando

Vengo de un país
donde no existe la verdad ni el tiempo
y las lágrimas son tejas azules
que resbalan a la lluvia y al silencio.
  
Mil ojos son las calles inexplicables
por donde sólo se pasará una vez y nada más
porque el materia carece de brújula
y la apariencia es un minuto de arena entre los labios
que dijeron olvidos y posaron pájaros en la noche.
  
Siento cómo mis alas se desunen del cuerpo
y me precipito al vacío denso como una cristalina  esfera
donde el aire es agua que el mar abandona en las costas
como peces que ya no necesita
o pulmones que nunca dirán las palabras usurpadas
a la muerte o a la vida.
  
Quisiera púrpura una luna
que reflejara la luz de tu ánima
y dejara entre mis manos
los anhelos que el arco iris
esparce entre tu piel y mil besos,
torrente del deseo y mis labios.
  
Ahora que reposo en la oscuridad del cuarto
se encumbran otras alas que ya descansan
sobre la repisa fragmentada de tu frente
y la mirada distraída de nuestro pato.
  
©  José Luis

Una flor de otoño

Una flor de otoño

No hay aroma en el jardín
el frío lo retiene en el aire
como una pájaro que planea
en las cumbres impenetrable.
  
Sólo una irrefrenable vara
luce espinas entre sus poros,
no han querido abandonar la noche
que cubrió el paraíso desheredado
tras las lágrimas de las estrellas.
  
He mirado en tus ojos la rosa
que espera ser pétalos deshojados
una mañana clara de otoño
entre los párpados de Adán y Eva.
  
©  José Luis

Cenizas

Cenizas

Juego con la noche entre los sauces
que dejan caer pausadas las estrellas
como ojos que miran infinitamente
el silencio prolongado en tu semblante.
  
Recorro las sombras de las ramas
que ocultan la verdad en tu mirar
mientras senderos brillantes penetran
en el cielo rasgado de tu frente
desde que la tarde extravió tu caminar.
  
No te sorprende que sean los rayos
los que busquen de la luna el secreto
que la mantiene tersa entre las flores
de tus manos cuando acarician
la crin rasgada de mi estela
entre las brasa consumidas del ocaso.
  
Una sola es la señal
flameante entre las llamas
que la chimenea agita inescrutable,
el eco de mi voz
entre las cenizas de tu nombre…
  
©  José Luis

La hora confusa

La hora confusa

Las horas de un día se han pasado
entre los rayos que el sol abandonó
hace mil quinientos millones de años
y el rastro de sombra que proyecta
el paso del vacío y la nada inerte.
  
He buscado entre las horas
los pensamientos no pensados
como se busca un objeto
que tienes en la cabeza puesto
y se oculta a los ojos que no miran
mientras veía cómo la nieve
traía al suelo la blancura de las cumbres,
un respiro inmaculado
donde dejar las huellas
que no tienen destino.
  
Pienso en una cama
en un cuerpo anonadado
y en esa hora confusa
en la que el alma
se ensimisma
y se sale del cuerpo…
  
©  José Luis

Por la ventana abierta

Por la ventana abierta

Dos noches caben por una ventana
los días que acortan diciembre
cuando el sol es una bola anulada
en el agujero negro
de una quimérica historia.
  
Hay veces que unas cortinas
le impiden el paso y la sombra
son unas líneas tensas y oblicuas
como palos de billar perpetuos
en el enlosado del Estigia.
  
Las noticias se adhieren al periódico
y la luz las envuelve en el halo ocre
de las tardes desvanecidas de fluorescencia
donde el aire es un silencio denso
y las palabras opacas turbulencias
que absorben el eco de las mariposas
que susurran desde el cristal
carambolas de inocencia…
  
©  José Luis

Fuente flotante

Fuente flotante

De una esfera se irradia una luz incandescente
donde un árbol burbuja deja en los sueños,
flotando en el vacío creador del universo,
un venero dúctil e impenetrable.
  
A lo lejos esa luz parpadea
entre los arenales del ocaso y el tiempo
mientras de tu boca surjan las ondas
y se expandan tras las palabras
que escalan la noche asalmonada y triste.
  
Trae la muerte una certeza
entre sus labios de plata
que se bañan en la luna y se refrescan
tras los velos que ocultan los ojos
y para siempre los cierran.
  
Todavía busco espinoso el silencio
prometido un día de tus labios,
un silencio que levite
el paraíso de mis sueños.
  
©  José Luis

Antenas de hormiga

Antenas de hormiga

La tierra está cálida a pesar del frío,
rozar su timidez es trabajo de las hormigas
mientras hurgan en sus entrañas
y la arena despierta voraz al tiempo.
  
Una nube deja caer su simiente
entre los arrozales de la India verde
y unas manos acarician las gotas
que raudas resbalan por los tallos.
  
Veo en su cara las historias vedas
que lee parsimoniosa en el cielo
mientras se quedan en sus yemas
la lluvia, las letras y su mirada.
  
Sobre el agua una hormiga
tenuemente mueve sus antenas
acaso el viento de oriente
me traiga el eco de su risa…
  
©  José Luis

Pinceladas desde la muerte

Pinceladas desde la muerte Ha llegado la noche inmortal
donde no existe el silencio
ni siquiera compañía cierta,
sólo el frío en el aliento
de un alma seguramente inquieta.
  
Al mar le silban las entrañas
como las alas que vuelan del ave
sin la profundidad de la mirada
con las olas que descosen las nubes
de la tierra y su escalonada silueta.
  
Sus letras las palabras han dejado
y el alma el cuerpo que habitaba
ahora no hay ya sombras
ni sol en la mañana.
  
Pareciera una música de cine
en los oídos amplificada
música no conocida,
quizá olvidada
como se olvida una vida
en el más allá de los albores
de mil planetas con sus alcazabas.
  
Soy árbol que pierde sus hojas
árbol otoñal entre dos tiempos
dos vidas que se integran
una en un instante
y otra de reverberación eterna.
  
©  José Luis

Posos de mujer

Posos de mujer

Es la hora del café
y la tarde ha revocado su esplendor
en la taza y en el crepúsculo
vaciándose como el tiempo
que se acaba tras unos sorbos.
  
El paladar retiene el aroma
de lo que fueron las flores
con la perfecta frescura del hielo
en el iceberg de la inconsciencia
donde perenne la esencia del mundo
germinará algún día de nuevo
cuando la aniquilación separe los labios
en los párpados de la muerte.
 
Veo oscurecido el cielo
de otoño con los colores
velados en las manos de la noche
donde clarea un solo punto
en los brazos de la luna exigua,
es la entrada a los espejos
que quiebran las miradas del vacío
como esa escarcha derretida
al iridiscente fragor de la mañana.
  
Aún hay restos del café
en el mirador de la infancia
donde unas manos femeninas
removían maquinales los posos
del cielo como astros amanecidos…
  
©  José Luis

Imprimaciones a una carta

Imprimaciones a una carta

Unas palabras, sólo unas palabras
pueden trabar el camino de las miradas
directas a las pupilas y al corazón.
   
La estela de los acaecimientos se incrusta
desde la consciencia a la tela imprimada
de palabras que rozan el alma y las cuerdas
que nos atan a nuestra esencia y mortalidad
como un ramo de flores que aroma la mesa
donde una última cena disponemos sin temores.
  
Trae el vino suelta la lengua
y mana la sangre de las heridas del mar
en sus embates a los escollos y naufragios
tras un muro que asume las lamentaciones
que los dioses no entienden…
como no es de entender gratuita una muerte.
  
Gira el viento en la tormenta
y levanta espumosas las gotas en los charcos
donde se reflejan las vidas de los muertos
olvidados en los sobres
sin despedidas ni cartas…
  
©  José Luis

Las esquinas de una cama

Las esquinas de una cama

La noche propicia el descanso,
un estilo de yacer sobre la cama,
sobre esas esquinas de la esfera
que es el universo de los sueños.

No hay aristas que no dividan
las partes mismas de la materia
y en sus impulsos arqueen las olas
de las marismas y los silencios.

Dos velas surcan las aguas,
las velas de dos recuerdos,
una tarde en la inconsciencia
y la incursión en tus misterios.

Cuatro esquinitas protegen la calma
custodia de los ángeles sin edén
ni alas que les remonten volátiles
sus sutiles y humanos corazones.

© José Luis

Retos de ambigüedad

Retos de ambigüedad

Caen las sombras de las hojas con el ocaso
verdemar del torrente y la espuma
y los rayos de la noche ocultan su caída
en el fondo oscuro e impenetrable
del asfalto que nos separa de la muerte
y de la oquedad de las tenebrosas entrañas.
       
Pasan los coches ahogados en sus luces y destellos
sin sentir chirriantes las tramoyas de los títeres
que los conducen entre las líneas que fueron
puentes y ríos, y parte de las estrías de las manos
que modelaron de barro el aliento de la noche.
  
La cama es un espejo donde recostamos la espalda
y ocultamos la cara para no vernos y creer que existimos
como si la vida fuera parte absurda de un sueño
o el color de las sábanas que calentamos inconscientes
mientras dejamos que se cumpla nuestro momento
como un cigarrillo que se consume candente.
  
De nada nos sirve querer aprisionar el tiempo
cuando se desvanece como el aire que respiramos
en cada minuto, en cada mirada, en cada suspiro
tras la fuente que mana verdades perdidas…
  
©  José Luis

Sencillamente simple

Sencillamente simple Has dejado que tus pies desbrocen el camino
que los pasos borraban al volver
en los ojos la mirada
diciendo en el silencio esa fórmula
de niña mágica, de sueño distraído
en la contemplación de las estrellas.
  
La lluvia acompasaba el caminar de las hojas
que el viento zarandeaba entre sus sienes
como un pensamiento que no sabe encajarse
en el puzzle de la consciencia y se deja manosear
con el parecido de otras cosas que no son
el palpitado que su corazón recuerda.
      
Es así de simple el olvido
del camino de las estrellas
donde se depositan los tesoros
de los días y las noches niñas
cuando la razón era una palabra
por desconocida inédita
en la ruta de las nubes
por la rana de un encanto
y el transitar de los príncipes.
  
Ha dejado de llover
y el suelo me refleja…
  
©  José Luis

Un día de noche

Un día de noche

Andan perdidas las nubes
en la oscuridad del mundo
donde los huracanes derriban
los días y las casas
como sueños que se rompen
en la superficie del agua
y resquebrajan el espejo
de un cielo que se miraba en el mar
con los enigmas y los miedos.
  
Los cuerpos se han abandonado
donde se abandona la vida
en la invertebrada línea de la ventura
cuando se desciende el camino de la noche
por las tumultuosas islas de la muerte
y ningún canto ni sirena les acompaña.
  
Llora la tierra lágrimas de silencio y espanto
por las almas que no debieron partir
en la imperturbable barca de Caronte
sin la liberadora moneda en sus manos
y aquietada, serenamente aquietada, el ánima…
   
©  José Luis

Entretenimiento

Entretenimiento La orilla del río se mueve
sin parar de estar quieta
como se mueven las nubes
en el tiempo azul titilante.
  
Las piedras se reflejan turbulentas
en la corriente oscura que estática
las retiene en su dorado reverbero,
es una llama húmeda y ferviente.
  
Las hojas que perdieron los árboles,
donde el paseo transcurre solitario,
forman un manto ocre en la ribera
y la bruma les deja su nacarado llanto.
  
Asoma tímida la luna
su ojo albo y rasgado,
mirando la noche y sus luces
ensimismadamente…
     
©  José Luis

En el interior del solar

En el interior del solar Existe una casa en el interior de la ciudad
de paredes y tabiques completamente vaciada
donde algunos árboles ondean en sus hojas
el estandarte del abandono y el encanto.
  
Desvencijadas ventanas orientan la luz
hacia el verdor del solar y la mirada
recorre los herrajes de una abertura
colindante que fuera la puerta de acceso.
         
Quien sabe si traspasada la entrada
aquel inhóspito lugar no sirviera
de cancela de ingreso a otro mundo,
a un exuberante e incorpóreo paraje
donde el sol fuera un río ondulado
de entretejidos rayos pendulares
a las telas de arañas del tiempo
y vieras tu vida en todas sus fases
siendo a la vez múltiple y uno.
  
Volver a percibir el calor de una madre
mientras ves cómo acaricias a tus hijos,
percibir en un instante la risa gozosa
y el más lamentable de los llantos,
transitar entre los triunfos de cada día
como se escalan los inquebrantables fracasos…
  
Ser ola impetuosa en la corriente de la noche
y lobo que aúlla el silencio de la luna,
ser cascada y torrente de abismos
y gota que resbala por el pétalo de una rosa,
ser espejismo súbito en la distancia
y horizonte de aliento y certeza…
  
La puerta me devuelve en la mirada
un instante
o toda una existencia.
       
©  José Luis

Arboleda ocre

Arboleda ocre

Ahora es el tiempo
dorado de las hojas,
dorado y macilento,
como el agua que fluye
entre los surcos de la vida
y las piedras de la muerte.
     
Suena el viento entre las ramas
y acaricia el aire de la tarde
los rayos últimos del universo,
rayos que recuerdan aquel instante,
cuando naciente la alborada
pergeñó del hombre la simiente
de polvo húmedo y palpitante.
     
¿No oyes en la distancia
el eco del ocaso?
¿Acaso crees que mañana
contigo nacerá de nuevo?
     
Hoy esa arboleda
es un varal de queja
por los brotes equinocciales que fueron,
por las ramas desnudas que esperan
la tierra resquebrajada
y una nueva primavera.
       
Alfombrado el suelo ocre
mira el cielo y las estrellas,
el cielo donde azul la mirada
blanquea el pasar de la tiniebla
y el transitar rutilante
de las almas que ya no se quedan.
    
Es la noche un espejo
donde se miran los amantes
y ven sus cuerpos transitar
en un sueño,
en una arboleda pulida y crepitante.
   
©  José Luis

Planeo vertical

Planeo vertical

Amanece una noche de luna negra
entre las fauces de un rey extraño
cuyos ojos escupían nebuloso el tiempo
mientras seres alados planeaban
verticalmente a los pensamientos.
     
Sueño dentro de un sueño
que el agua en su interior me lleva
como alga que en brazos se expande
musgosas y ondulantes
donde la líquida densidad me inunda
los pulmones y los poros de silencio.
  
Las nubes dejan sobre el mar
de deseo lágrimas jabonosas
que los peces mecen en los embates
con pompas ojosas e iridiscentes.
    
Mira la luna subrepticia mi cuerpo
tenue tras la oscura corriente,
es una rama sedosa que ondea
los labios lacrados con tu nombre.
   
©  José Luis

Tras la puerta

Tras la puerta

Invita la oquedad de la puerta
a la visión lejana del paisaje,
a perder la vista en la distancia
y permitir que el pensamiento se eleve
claro y libre como una gaviota
por los espacios de la inconsciencia.
          
Remotas las montañas tiñen el silencio
verde musgo de abrigo y quietud
donde indeleble el tiempo es paraíso
de las palabras y fluidos riachuelos.
      
Sentado un hombre ante su cuaderno
deja en grafito la amplitud de la mirada
mientras sus dedos pululan vigorosos
surcos sobre el acrisolado lienzo de la tarde.
        
No es posible la impasibilidad del alma
frente a esa cancela de oscuros barrotes
que aunque limiten la marcha
no aprisionan el aire
ni la libertad del horizonte.
       
©  José Luis

Mimético

Mimético Es la piedra un duro sendero
por donde el sol arrasa los vientos
que la noche abandona en la sombra
como hijos de las nubes desprendidos.
            
Una lagartija asoma su desahogo
a los rayos sumisos de la mañana
donde se acrisolan los minutos
de un reloj desmemoriado.
      
El musgo que naciera de la lluvia
agosta sus labios en la orilla
perpetua de las rocas
mientras los años dejan en su lomo
el paso de los dedos por las letras
que custodiaban allí tu nombre.
            
Has cerrado los ojos
como se cierra un sendero
por la hierba que crece
del olvido de unos pasos.
               
Ya no miras el aire
que trae los recuerdos,
ya no buceas
en el interior de los misterios
ahora yaces en la tierra
mimética de los huesos
donde las almas se confunden
con las brasas del silencio…
           
©  José Luis