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Rastro de FreeWolf

Quizá lo hayas visto

QuizaLoHayasVisto

  
Bordea el agua mis pies
acerca la marea la lejanía
y en la arena retoza mi piel.
   
El aire revolotean las gaviotas
intento de mar salpicarlas
pero son tan esquivos sus vuelos
que a rozarlas solo alcanzo con la mente.
   
Se enturbia el cielo de negruras
algunas gotas salpican el suelo
una malla reticular que se hacía presente
en los corrales de gallinas de mi abuela.
   
Quizá lo hayas visto en algún sueño
cómo la brevedad en la vida
acelera el ritmo de las cosas
o cierta serenidad les confiere.
   
Dejo por los alrededores vagar la vista
siento en mi interior esa música
pacífica y amansadora
de los momentos importantes
en la vida…
   
© José Luis

Rocas polimórficas

RocasPolimorficas

  

Dilatan las rocas sus formas
figuras gorgojean mis cuencas
cada oquedad… un ojo insondable
donde se desprenden las rosas
del viento
y los relámpagos, del aire.
  
Miro alrededor de los cielos
los inquebrantables macizos,
se descosen perennes las siluetas
que impuestas boca arriba musitan
chocantes las espumas del océano.
   
Crecen los dragones en sus sombras,
aletean tempestuosas las arenas
el hormigueo de la penumbra,
es la sutil vorágine de los descensos,
el inmanente invocar de las raíces
las gorgonas implacables del tiempo.
  
La espalda eriza escalofríos de invierno
la voz se sumerge en los empréstitos
y el arrullo negro de las nubes
recorre la garganta ancestral…
de Morfeo.
  
© José Luis

Lugar de descanso

LugarDescanso

  
El timbre es ya tu lugar de descanso…
¿sientes el aroma del café caliente?
El primer sorbo, tu primera escuela,
todos los niños alrededor de la falda
¿acaso no te acuerdas?...
  
Danzaban jubilosas las letras,
las ilusiones atravesaban el sol;
tu juventud y paciencia, la lucerna;
adiestraste en su forma las nubes

te habías convertido en maestra.
  
¡Qué cortos los años que atrás miran!
¡Cuántas las horas angelicales entre miradas
y conversaciones alrededor de una mesa!
¡Cómo el tiempo apegado a la tacita
labró tus labios entre pizarra y espera!
  
No es amargo este devenir del tiempo,
como no es amargo el sabor del café
entre el gusto paladeado de la renuncia,
entre amigos, alumnos y compañeros.
  
Hoy de ti, Emilia, nos acordamos,
al igual que en cientos de recuerdos,
de palabras y de tu buen carácter
otras mentes te retienen.
  
Vas a dejar el jarrón,
flor lozana,
para tornar a tu Arcadia.
  
© José Luis

Corona de pétalos

RondaDePetalos

Desde la intensidad del ocaso

OcasoFinisterre

  
Desde la intensidad del ocaso
recrease la vista en el cielo,
se abaten los rayos en mis ojos,
el mar fluctúa en las neblinas
del corazón tenues y pasajeras.
   
Se extiende la holgura del horizonte,
acaso las olas me traen los recuerdos
zozobrados en las horas antiguas,
la calidez se adentra de tus labios
a los míos, cae el sabor acíbar del viento
en la sinuosidad penetrante de las rocas.
   
Se refugia la tarde tras la inmensidad
ineludible de tus pupilas, son las memorias
fragmentos que se desencajan del firmamento
para volátiles anidar en la oscuridad de las nubes,
siento en la tez de la noche el salitre del tálamo,
sigue tu boca siendo la hondonada de mis versos.
   
Suspiros que ya no retengo en la brisa
a los serpenteos de mi frente se sueldan,
vertiginosas atraviesan los segundos las olas,
planean por el umbral del silencio las gaviotas…
¡qué inquietante se envuelve la soledad
con los cañaverales de la conciencia encendidos!
   
©  José Luis

Puntitos florales

PuntitosFlorales

La selva que fue jardín

SelvaJardin

 

Feroces las hiedras se adormecen
en los ladridos raudos de la noche,
de la mórbida aspereza de la selva
enhiesto el suelo desalfombrado yace,
rugiente la maleza dilata en su savia
las pupilas infernales del adviento.
   
Titila lumínico el círculo errante,
el tiempo en sus surcos se desmiembra
procaz entre los susurros del descuido,
tus labios descerrajan aún en las palabras
otros surcos dentro mis labios, imperceptibles
son los avances sórdidos de sus ramas.
   
Poseo entre mis dedos ligados,
los atillos inaprensibles de la bruma,
los latidos de la sangre oscurecida
ahogados en el rumor doliente
del silencio,
la selva que jardín fuera.
   
©  José Luis

Simplemente

Simplemente

Tras tres cientos y sesenta y cinco días...

Tras tres cientos

 

Abandonaré

en los posos del 2010

del 2011 lo lejano...

Demos un paseo

 

Unos pasos que a otros siguen...

Hojas caídas

Alrededor del árbol

caídas las hojas

al invierno aguardan...

Montañas enlunadas

MontañasEnlunadas

Verbo desde la náusea

Atardeceres como éste

AtardeceresComoEste

Imperceptiblemente tuyo

ImperceptiblementeTuyo

Reflejo de líneas irisadas

ReflejoDeLíneasIrisadas

  
Flota una isla en la nada del océano
un náufrago sostiene firme la palmera
donde la sombra indómita se refugia,
en la madera que cruje retoza el viento
en soledad con latitudes temperadas,
las cuerdas de un violín sosiegan la tarde
calurosa, de verano y nubes abotargada,
un coche sujeta las rodaduras del mar
en los cristales ahumados de sus ventanas,
braceo en la profundidad de mis sueños
junto al oscurecer y sus diminutos peces
ahuecando pertinaces las arenas del sábado
en la marisma procelosa, estival y sacrosanta
del domingo de biósfera y dispersiones.
  
Secretos de la redoma se encadenan al fondo,
efluvios de noches y versos en voz baja,
temblorosos los susurros de la base emanaban,
aquellos pejes descubrieron el saber oculto
supieron del anhelo de los demonios por el paraíso,
nada comparable con la eternidad y el conocimiento
salvo, a veces, la armonía y la paz con uno mismo.
  
©  José Luis

Pataleo con versos

PataleoConVersos

  
Las montañas marcan el límite del tiempo
no hay distancia suficiente de escabullirse,
el tiempo me convertirá en piedra
dejaré indeleble en la tierra las cenizas
de aquello que fueron nubes y versos.
  
Un triángulo encadena tres puntos
(el yo, un tú y lo que quiera aquello)
y cuatro más con los cardinales:
norte, donde miras cuando vas;
sur, el fervor de lo impensable;
este, sale resplandeciente el sol;
oeste, magnífica la muerte.
  
Una mano verde incesante trae
la estela de la esperanza,
dejemos que vuelen las palabras
que pataleen si quieren con los versos,
¿pues no son los poemas contradicciones,
juegos de pensamientos y letras…?
  
©  José Luis

Desintegración interaxial

DesintegracionInteraxial

  
Las ruedas viran en su giro
giran las ruedas mi mirar
viran y viran las ruedas
giran y giran sin parar.
  
La luna tendida en la hierba
con su sombra tendida detrás
trunca la noche la aurora
quién sabe quién vendrá.
  
Se ha roto la madrugada,
sí, desintegrado se ha;
sigue su curso el eje
de la vida con sus ruedas,
¿ha captado tu mirar?
  
Despacio sobrevuelan las nubes
la tierra ambarina y reseca
la sombra de la luna se estremece
porque la oscuridad se espesa.
  
En sus raíces se desintegra Selene
es tiempo de aguardo y espera,
shhh, silencio, no la despiertes
que en mis sueños te piensa…
  
©  José Luis

Celofán de caramelo

CelofanDeCaramelo

  
Sobre la mesa ronda desde hace tiempo
un caramelo, la lengua desde lejos saborea
la acidez limonada del otoño que se acerca
un envoltorio perfecto el campo fecundizado
para la renovación de los apetitos y las fieras,
presiento jugosas las papilas en el cielo
abombado del paladar mientras desentraño
los molinetes entrecruzados del celofán.
  
Detrás de la mesa una rosa escarchada
deja también su impresión cerúlea,
sus pétalos tañen los crepúsculos del cielo
cuando el ocaso se expande en tus ojos
y se saborean las raíces del viento
desde la alteración de esa semilla de lino
que atraviesa la bóveda de lo irresistible,
tal es el aroma alimonado del caramelo.
  
Colma una sola gota el dorado gozo
de los tallos espinosos de la vida,
toda impresión se torna celofán
al iniciar el capullo su abertura.
  
©  José Luis

Desde unos ojos negros...

DesdeUnosOjosNegros

  

Las paredes de la habitación rocían
temblorosas de secretos la madrugada,
cada ladrillo guarda en su cocción la plegaria
de las manos creadoras del hombre,
sólo en la oscuridad crece el carmesí
de los ojos suplicantes, nada ajeno
a la noche es ajeno al desasosiego,
una palabra ulula en mis oídos,
martillea el sopor en las entrañas
hasta despertar la inconsciencia,
se han sido los pasos sin mí,
no me encontré preparado.
  
Las pupilas alejan lo insoportable del sueño
y profundizan en una oleada de caricias:
los campos trillados al atardecer
se han desprendido del polvo del día,
ese polvo pegajoso y tórrido
reposado en una magdalena con té,
  
¿aún recuerdas los oscureceres
en la casuística armonía del cielo?
   
©  José Luis