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Rastro de FreeWolf

... qué decir

AlgoQueDecir

  

Algo que decir quisiera
amasar en la sobriedad de la noche
dulcemente las palabras
y llegar a encontrar el retumbo
desconcertado de los sueños.
  
Sé que las letras son corriente
como la fluidez invulnerable del agua,
plateado torrente del intelecto
en las crepusculares sienes de la tierra,
polvoriento reposo en el verdeo del tiempo
y acaso esa pavorosa hendidura
en los medulares cimientos de mi demencia.
  
Sucederá a la noche en el semblante la luz
sondeada y sinuosa de otro penetrante amanecer,
humedecidas las rosas abrirán sus alas cambiantes
con los rompientes extenuados de la mudez,
las palabras que encontraron un camino
calmosas se extenderán en el día alfombrado
y devolveré a tus rebordes el recuerdo
algún día en mi corazón abandonado.
  
Trémulas dilato las cumbres de mis dedos
hacia los celajes que velaban nuestro exilio,
hacia el collado de los arroyos desierto
en el invernal solsticio del albedrío,
acelerado el loco trote de la providencia
carmesí me vuelve la sangre en su enredo…
  
©  José Luis

Room 649

Puerta trasera

Joya helada

JoyaHelada

  

Me gusta ese frescor de la mañana,
el aire arde en la piel y las manos
tiemblan en la cintura del silencio,
vacilantes los pasos se encaminan,
el cielo ruge azul en la montaña
y las nubes deshacen las sombras
en el arrebato de la escalada
donde los pies retienen el aliento
y el fulgor de los volcanes golpea
las entrañas cautivas de las furias.
  
Invernizos los árboles sin sus hojas
dejan florecer cimitarras de témpanos
con la transparencia fija de los ojos
que miran lejos en la tierra de lo absorto,
vagan invariables los rumores de las ramas
entre los buitres de extendidas alas
y el verdor de la hierba ciega el rocío
sedoso tallado en la oscuridad de la noche,
mas sé que saldrá el sol de entre los celajes
para convertir en recuerdo lo que fuera mi joya…
  
©  José Luis

Otro amanecer

OtroAmanecer

  

Con la sonrisa de un arco se rasga el cielo
irisado entre los estertores de la noche,
los ojos fijamente abiertos en la oscuridad
reblandecen toronja las líneas de mis manos
y un suspiro cae desde la ventana abierta
donde el amanecer curiosamente se asoma.
  
Se desperezan mis brazos con los latidos
aún dormidos de los sueños y las paredes
reconcentran el hálito tácito de las sombras,
por el suelo los pensamientos van dando botes
huyendo de la repisa imprevisible del silencio,
amenaza el caos lluvia… reparo mi rostro entre las nubes.
  
Mis pies aterrizan en la alfombra del salón
donde dejaron la quietud sin lienzo de los rayos
donde cobijar los roces gratos de la aurora
con la placidez de una bocanada de domingo,
ya sabes que los paseos entre aquellos bosques
son para mí el retorno de los nibelungos…
  
Una palabra no llega a salir de mi boca,
los sentidos embotados en el aire se extasían
con las resplandecientes tonalidades del invierno
otro amanecer me sobreviene con la cámara
que entre las manos con placidez retiene
ensimismado los aleluyas del firmamento.
  
©  José Luis

Simetrial dance

SimetrialDance

Lectura en las manos

LecturaEnLasmanos

Mariposa posada

MariposaPosada

Fragancias de oriente

FraganciaEnVuelo

  

Vientre de río arqueado en el puente,
plomizo cielo de luz clara y confusa,
la línea voladora roza las alas de la brisa
donde distraída el ave cruje el silencio.
  
Rutilantes las carrozas arribaron a puerto,
pertinaces los camellos flanquearon la arena
y los niños saborean los caramelos de la noche
en la que los deseos están aun más cerca.
  
Los sabios bordean vacilantes las estrellas;
oro, incienso y mirra en la sonrisa y en los bolsillos
las cartas repletas, con las letras de los tiempos
leen los reyes el periódico virtual de las leyendas.
  
He limpiado mis zapatos, antes abrillantado,
allá aguardan sujetos a la falda del árbol
el paso vertiginoso y milenario de la cabalgata
mientras impalpables duren los recuerdos.
  
De la lejanía proviene la “madera de oriente”,
la fragancia de los anhelos y los desheredados,
ese fluido y virtual aire por la memoria deslizado
de un infante que soñaba, ilusamente, con los Reyes.
  
©  José Luis

La hoja azur

LaHoja

  

Cuando los árboles renuevan su savia
y el cielo tambalear hace sus ramas
las hojas, observadoras etéreas,
semejan lene el trino de los pájaros,
solícita la sombra de los errabundos,
irisado el fulgor de los amaneceres,
discreta la perspectiva de las atalayas…
  
Cuando los árboles renuevan su savia
y el ocaso oscurece sus ramas
aparentan la sazón de las entrañas
las hojas, ocres testigos del tiempo,
el testigo mudo de los atardeceres,
la plenitud crepuscular de la utopía,
el aroma consumido de la tierra…
  
Cuando los árboles renuevan su savia
y los hombres, sus incorpóreos renuevos,
perfiladas las hojas se abandonan en la brisa
con la celeridad azur de las distancias,
con la presteza de los vergeles fecundos
y la evidencia insobornable de la pasión
de seguir indefectiblemente siendo…
  
©  José Luis

Aguas turbias

AguasTurbias

  

Detén el curso de tus aguas,
río tumultuoso y ocre,
la corriente en los árboles se sumerge
en la parda urdimbre de ramas
donde anadean las ondas
con las sombras de los patos
y el cielo no llega a reflejar en su azul
el abuhardillado de las estrellas.
  
Impregna inquieta la humedad del aire
las gotas que resbalan por mi cara,
la condensación poco a poco se escurre
por el corazón de una ciega catarata,
mis latidos serpentean por el cauce
de las singulares dudas y quimeras
¡tan turbia es la mirada a veces
que en ello se expone la vida!
  
Quisiera como los árboles la quietud
la garantía de estar asentado
sobre la cúpula de los acontecimientos
con las raíces fuertemente comprometidas
con la ingente humanidad de los ríos
de personas y gentes que sonríen
la creciente sonrisa de la carestía.
  
©  José Luis

Vista de cuclillas

Cuclillas

  

Nos acercamos a la tierra
encuentro obligado y necesario
disponemos los pies en los polos
y recargamos de humanidad
el aire, el sol y las nubes.
  
De cuclillas el cielo se encorva
hasta tocar nuestro pelo
con las gotas inmersas de lluvia,
cálido y húmedo amor materno,
quizá sea quien se lleve
aquello de lo que no me acuerdo.
  
Vista escalonada en el espejo
inmaculada grabación de los ojos
enmarcada figura
así fluyen cautelares las aguas
por las venas del destino
meandros, encrucijadas
vuelta atrás y solución de continuidad.
  
Se encuclillan gelatinosos los labios
allá donde bostezó el ocaso
y bajaron rápidos los sueños
por los pararrayos de las manos,
se quiebran serenas las montañas
en aludes de nata y viento,
y los mismos dedos que rasgaron la aurora
se persignan
con la cruz compasiva de los duelos.
  
©  José Luis

Uno... y siempre empezar...

SiempreEmpezar

  

Dos mil diez
un año nuevo
con los mismos días de siempre,
una espada en la empuñadura
preparada
hacia el asalto de los acontecimientos
para la garantía de la retaguardia,
ni siquiera las piedras están estáticas.
  
Delante el escudo abrigando el pecho
los torrentes que del corazón
avivan la armadura,
una armadura de candente carmesí
vestigio de choque y gallardía,
nervaduras de una estirpe
de siglos inmortal y renovada.
  
La cabeza,
atalaya de los sueños y venganzas,
recubierta con los perpetuos metales
de las efigies oníricas de los tiempos,
caballo oteador de Troya
y del desgaste de un honor antiguo,
bien alta la frente tangencial a las nubes
el arco irisado de las flechas del mundo.
  
Siempre toca empezar
el día uno de Enero,
¡qué pronto nos volverá
ese sibilino treinta y uno!
Feliz año…
  
©  José Luis

Treinta y una menudencias

31Menudencias

  

Da Diciembre treinta y una razones
a Enero, Noviembre y a los otros meses
para ser el que se despida cada año
de lo antiguo y nuevo que trae el adviento,
remolonas se van las páginas de este libro
poco a poco leyendo los torrentes y avenidas
de sucesos grabados en las niñas de los ojos
donde retenemos la lágrima del recuerdo.
  
Se despereza el dos mil diez en su nido,
parto de trescientos sesenta y cinco días,
entreabiertos los sentidos renace de luz
la noche con sus singulares campanadas
y porfiadas uvas, una por cada necesario olvido,
otras para macerar el desgarro de la existencia;
voz que avanza río arriba sin volver la vista
porque es lo que tiene avanzar... dejar en tierra.
  
Parto con la luz del alba al destierro, a la muerte
silenciosa de la estela que fue morada y cobijo,
dejo los brazos extendidos a los cuatro vientos
porque sé que de mis dedos, deshojadas margaritas,
nacerá violácea la luz del ocaso entre tus nubes
blancas como piel incorruptible de la mirada
que es transparencia del cuerpo
que es abigarramiento del alma…
  
©  José Luis

Inferencia de caminos

InferenciaDeCaminos

 

¡Qué revoloteo hay
en la circuncidada plaza
donde entretienen las madres
a sus hijos con la merienda!
  
Agacho la cabeza
para evitar el ala,
mis ojos atraviesan el espacio
de lado a lado,
trescientos sesenta grados
de tierra y cielo,
¡qué fácil es volver
con la cabeza a los recuerdos!
  
El cielo permite
la inferencia de caminos,
la tierra con sus montañas
nos pone aprueba
con las disyuntivas.
  
En el calendario miro
la luz expansiva de un faro,
como la noche se expande
en todo alrededor
silenciosa,
inquietante…
  
Con cada elección dejo
cicatrices
que marcan mi cuerpo,
opciones
que disponen mi espíritu
a emprender los caminos
de los agujeros negros.
  
Como las aves de la plaza
también emprendo el vuelo,
trescientos sesenta grados…
¿hacia qué universo…?
  
©  José Luis

Deshorizonte

Deshorizonte

  

La profundidad histérica de la vida
amamanta la soledad,
el cielo no es tan distinto de la tierra
ni siquiera de lo que llamaron infierno,
¿tan difícil es dar vida a la vida…?
  
Distingo yermo el caudal del horizonte
asemeja la indefensión de las montañas,
nadar bajo la superficie del miedo
es impropio del hombre.
  
Advierto una bandada de pájaros,
el aleteo es constante,
tan constante como el pensamiento
en la inconsciencia de un hombre.
  
Percibo un barco
allá
en la distancia
donde el mar es aislamiento
y libertad
y muerte…
 
La ingravidez del aire
se hace oscuridad en las nubes
y el agua
con los matices del azogue
baña mis tobillos en la playa...
junto a la soledad de las rocas...
     
©  José Luis

Gineceo resplandeciente

GineceoResplandeciente

  

Encienden unas letras unas páginas,
se desvela la discrepancia de los signos
en palabras rápidas y autómatas
en sonidos que velados martillean
la ingravidez de las sienes.
  
Asciende con la sedosidad de las nubes
pausada la ocre erupción del gineceo,
espuma efervescente que se iza
reticular por el hendedura del florero,
puntual por el fermento de la memoria.
  
Dualidad flotante entre los géneros
inmanencia de la fecundidad conllevada,
tiemblan las paredes de la flor antigua
pareciera que el soplo del siroco
actuara sobre resortes testamentarios.
  
Una niña balbucea el candor de su presteza,
un niño susurra la ingenuidad de su valentía,
en la intimidad de la aurora las pátinas
de la vida resplandecen con luz propia
si se establecen las pautas del equilibrio.
  
©  José Luis

Amanecer en el frío

AmanecerEnElFrío

  

Son las ocho de la mañana
el suelo blanco y quebradizo
patina por las concavidades del cielo,
los círculos que fueran noche y deseo
agostan los primeros rayos de la aurora,
celosas de la noche y de las sedosas sábanas
que rozan nuestros cuerpos, las nereidas
arquean sus espaldas en las campánulas
invernales del desvelo,
aviva el vaho que mana de sus bocas
la intensidad de mis ojos cuando penetro
en los ojuelos de la oscuridad
blanquecina y cálida,
es el fulgor de los rayos el volcán
que irrumpe en nuestras nervaduras
con la impetuosidad de los vientos
liberados de las cadenas milenarias,
en la lejanía distingo aquella fogosidad
indomablemente familiar e íntima
que en los oídos me susurra ecos de amor…
  
©  José Luis

Campaña de locura

CampañaDeLocura

  

Bajo el cielo tibio de la madrugada
unas gotas injertan la pupila en la tierra,
observo el fluir de la savia que mana de los muertos,
se escapan las plegarias de los siglos
por los entresijos de la caverna de un oso
mientras dormita los instantes devorados
al semblante desmembrado del hombre.
  
No hay locos en la tarde, el alivio de las nubes
huye por la corteza de la locura, resbalan
negros los agujeros con el suicidio de los sueños,
los alcores arañan frugal el vuelo de las libélulas
y lejano el zumbido de acero traspasa el descuido
supersónico de los ovnis invisibles y anónimos.
  
Se vertebran los recuerdos en la infancia,
aliviados pedúnculos de rocío y madre perla,
bajan serpenteando los riachuelos con la vida,
nada es lo que aparenta ser nada, nada
como todo no es el camino de la dicha,
quizá sólo la temporal locura sea el alma
que nos alivie de la ponderosidad del tránsito.
  
©  José Luis

La colonia de hongos

ColoniaDeHongos

  

Minimalismo de madera en el árbol,
cada corazón aplaca su propio ritmo
en unas leves palabras que suavizan
la arruga inquebrantable del tiempo.
  
Azaroso el olvido trabaja en la sombra
donde implacable el magnetismo del norte
y escurridizo el espectro de los descarriados
profundizan en el deambular de la noche.
  
Unos pasos resuenan en mi mente
mientras se hunden los rayos violáceos
en la inquietante frondosidad de la floresta
hasta los conspicuos hongos de ámbar cutícula.
  
La unicidad de los iguales sujeta la perfección
a la temeraria y deslavazada cota de los ocasos,
¡qué ilustre la cruda dignidad de los secretos
cuando por las atalayas de la glorificación se deslizan!
  
©  José Luis