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Rastro de FreeWolf

Lectura en las manos

LecturaEnLasmanos

Mariposa posada

MariposaPosada

Fragancias de oriente

FraganciaEnVuelo

  

Vientre de río arqueado en el puente,
plomizo cielo de luz clara y confusa,
la línea voladora roza las alas de la brisa
donde distraída el ave cruje el silencio.
  
Rutilantes las carrozas arribaron a puerto,
pertinaces los camellos flanquearon la arena
y los niños saborean los caramelos de la noche
en la que los deseos están aun más cerca.
  
Los sabios bordean vacilantes las estrellas;
oro, incienso y mirra en la sonrisa y en los bolsillos
las cartas repletas, con las letras de los tiempos
leen los reyes el periódico virtual de las leyendas.
  
He limpiado mis zapatos, antes abrillantado,
allá aguardan sujetos a la falda del árbol
el paso vertiginoso y milenario de la cabalgata
mientras impalpables duren los recuerdos.
  
De la lejanía proviene la “madera de oriente”,
la fragancia de los anhelos y los desheredados,
ese fluido y virtual aire por la memoria deslizado
de un infante que soñaba, ilusamente, con los Reyes.
  
©  José Luis

La hoja azur

LaHoja

  

Cuando los árboles renuevan su savia
y el cielo tambalear hace sus ramas
las hojas, observadoras etéreas,
semejan lene el trino de los pájaros,
solícita la sombra de los errabundos,
irisado el fulgor de los amaneceres,
discreta la perspectiva de las atalayas…
  
Cuando los árboles renuevan su savia
y el ocaso oscurece sus ramas
aparentan la sazón de las entrañas
las hojas, ocres testigos del tiempo,
el testigo mudo de los atardeceres,
la plenitud crepuscular de la utopía,
el aroma consumido de la tierra…
  
Cuando los árboles renuevan su savia
y los hombres, sus incorpóreos renuevos,
perfiladas las hojas se abandonan en la brisa
con la celeridad azur de las distancias,
con la presteza de los vergeles fecundos
y la evidencia insobornable de la pasión
de seguir indefectiblemente siendo…
  
©  José Luis

Aguas turbias

AguasTurbias

  

Detén el curso de tus aguas,
río tumultuoso y ocre,
la corriente en los árboles se sumerge
en la parda urdimbre de ramas
donde anadean las ondas
con las sombras de los patos
y el cielo no llega a reflejar en su azul
el abuhardillado de las estrellas.
  
Impregna inquieta la humedad del aire
las gotas que resbalan por mi cara,
la condensación poco a poco se escurre
por el corazón de una ciega catarata,
mis latidos serpentean por el cauce
de las singulares dudas y quimeras
¡tan turbia es la mirada a veces
que en ello se expone la vida!
  
Quisiera como los árboles la quietud
la garantía de estar asentado
sobre la cúpula de los acontecimientos
con las raíces fuertemente comprometidas
con la ingente humanidad de los ríos
de personas y gentes que sonríen
la creciente sonrisa de la carestía.
  
©  José Luis

Vista de cuclillas

Cuclillas

  

Nos acercamos a la tierra
encuentro obligado y necesario
disponemos los pies en los polos
y recargamos de humanidad
el aire, el sol y las nubes.
  
De cuclillas el cielo se encorva
hasta tocar nuestro pelo
con las gotas inmersas de lluvia,
cálido y húmedo amor materno,
quizá sea quien se lleve
aquello de lo que no me acuerdo.
  
Vista escalonada en el espejo
inmaculada grabación de los ojos
enmarcada figura
así fluyen cautelares las aguas
por las venas del destino
meandros, encrucijadas
vuelta atrás y solución de continuidad.
  
Se encuclillan gelatinosos los labios
allá donde bostezó el ocaso
y bajaron rápidos los sueños
por los pararrayos de las manos,
se quiebran serenas las montañas
en aludes de nata y viento,
y los mismos dedos que rasgaron la aurora
se persignan
con la cruz compasiva de los duelos.
  
©  José Luis

Uno... y siempre empezar...

SiempreEmpezar

  

Dos mil diez
un año nuevo
con los mismos días de siempre,
una espada en la empuñadura
preparada
hacia el asalto de los acontecimientos
para la garantía de la retaguardia,
ni siquiera las piedras están estáticas.
  
Delante el escudo abrigando el pecho
los torrentes que del corazón
avivan la armadura,
una armadura de candente carmesí
vestigio de choque y gallardía,
nervaduras de una estirpe
de siglos inmortal y renovada.
  
La cabeza,
atalaya de los sueños y venganzas,
recubierta con los perpetuos metales
de las efigies oníricas de los tiempos,
caballo oteador de Troya
y del desgaste de un honor antiguo,
bien alta la frente tangencial a las nubes
el arco irisado de las flechas del mundo.
  
Siempre toca empezar
el día uno de Enero,
¡qué pronto nos volverá
ese sibilino treinta y uno!
Feliz año…
  
©  José Luis

Treinta y una menudencias

31Menudencias

  

Da Diciembre treinta y una razones
a Enero, Noviembre y a los otros meses
para ser el que se despida cada año
de lo antiguo y nuevo que trae el adviento,
remolonas se van las páginas de este libro
poco a poco leyendo los torrentes y avenidas
de sucesos grabados en las niñas de los ojos
donde retenemos la lágrima del recuerdo.
  
Se despereza el dos mil diez en su nido,
parto de trescientos sesenta y cinco días,
entreabiertos los sentidos renace de luz
la noche con sus singulares campanadas
y porfiadas uvas, una por cada necesario olvido,
otras para macerar el desgarro de la existencia;
voz que avanza río arriba sin volver la vista
porque es lo que tiene avanzar... dejar en tierra.
  
Parto con la luz del alba al destierro, a la muerte
silenciosa de la estela que fue morada y cobijo,
dejo los brazos extendidos a los cuatro vientos
porque sé que de mis dedos, deshojadas margaritas,
nacerá violácea la luz del ocaso entre tus nubes
blancas como piel incorruptible de la mirada
que es transparencia del cuerpo
que es abigarramiento del alma…
  
©  José Luis

Inferencia de caminos

InferenciaDeCaminos

 

¡Qué revoloteo hay
en la circuncidada plaza
donde entretienen las madres
a sus hijos con la merienda!
  
Agacho la cabeza
para evitar el ala,
mis ojos atraviesan el espacio
de lado a lado,
trescientos sesenta grados
de tierra y cielo,
¡qué fácil es volver
con la cabeza a los recuerdos!
  
El cielo permite
la inferencia de caminos,
la tierra con sus montañas
nos pone aprueba
con las disyuntivas.
  
En el calendario miro
la luz expansiva de un faro,
como la noche se expande
en todo alrededor
silenciosa,
inquietante…
  
Con cada elección dejo
cicatrices
que marcan mi cuerpo,
opciones
que disponen mi espíritu
a emprender los caminos
de los agujeros negros.
  
Como las aves de la plaza
también emprendo el vuelo,
trescientos sesenta grados…
¿hacia qué universo…?
  
©  José Luis

Deshorizonte

Deshorizonte

  

La profundidad histérica de la vida
amamanta la soledad,
el cielo no es tan distinto de la tierra
ni siquiera de lo que llamaron infierno,
¿tan difícil es dar vida a la vida…?
  
Distingo yermo el caudal del horizonte
asemeja la indefensión de las montañas,
nadar bajo la superficie del miedo
es impropio del hombre.
  
Advierto una bandada de pájaros,
el aleteo es constante,
tan constante como el pensamiento
en la inconsciencia de un hombre.
  
Percibo un barco
allá
en la distancia
donde el mar es aislamiento
y libertad
y muerte…
 
La ingravidez del aire
se hace oscuridad en las nubes
y el agua
con los matices del azogue
baña mis tobillos en la playa...
junto a la soledad de las rocas...
     
©  José Luis

Gineceo resplandeciente

GineceoResplandeciente

  

Encienden unas letras unas páginas,
se desvela la discrepancia de los signos
en palabras rápidas y autómatas
en sonidos que velados martillean
la ingravidez de las sienes.
  
Asciende con la sedosidad de las nubes
pausada la ocre erupción del gineceo,
espuma efervescente que se iza
reticular por el hendedura del florero,
puntual por el fermento de la memoria.
  
Dualidad flotante entre los géneros
inmanencia de la fecundidad conllevada,
tiemblan las paredes de la flor antigua
pareciera que el soplo del siroco
actuara sobre resortes testamentarios.
  
Una niña balbucea el candor de su presteza,
un niño susurra la ingenuidad de su valentía,
en la intimidad de la aurora las pátinas
de la vida resplandecen con luz propia
si se establecen las pautas del equilibrio.
  
©  José Luis

Amanecer en el frío

AmanecerEnElFrío

  

Son las ocho de la mañana
el suelo blanco y quebradizo
patina por las concavidades del cielo,
los círculos que fueran noche y deseo
agostan los primeros rayos de la aurora,
celosas de la noche y de las sedosas sábanas
que rozan nuestros cuerpos, las nereidas
arquean sus espaldas en las campánulas
invernales del desvelo,
aviva el vaho que mana de sus bocas
la intensidad de mis ojos cuando penetro
en los ojuelos de la oscuridad
blanquecina y cálida,
es el fulgor de los rayos el volcán
que irrumpe en nuestras nervaduras
con la impetuosidad de los vientos
liberados de las cadenas milenarias,
en la lejanía distingo aquella fogosidad
indomablemente familiar e íntima
que en los oídos me susurra ecos de amor…
  
©  José Luis

Campaña de locura

CampañaDeLocura

  

Bajo el cielo tibio de la madrugada
unas gotas injertan la pupila en la tierra,
observo el fluir de la savia que mana de los muertos,
se escapan las plegarias de los siglos
por los entresijos de la caverna de un oso
mientras dormita los instantes devorados
al semblante desmembrado del hombre.
  
No hay locos en la tarde, el alivio de las nubes
huye por la corteza de la locura, resbalan
negros los agujeros con el suicidio de los sueños,
los alcores arañan frugal el vuelo de las libélulas
y lejano el zumbido de acero traspasa el descuido
supersónico de los ovnis invisibles y anónimos.
  
Se vertebran los recuerdos en la infancia,
aliviados pedúnculos de rocío y madre perla,
bajan serpenteando los riachuelos con la vida,
nada es lo que aparenta ser nada, nada
como todo no es el camino de la dicha,
quizá sólo la temporal locura sea el alma
que nos alivie de la ponderosidad del tránsito.
  
©  José Luis

La colonia de hongos

ColoniaDeHongos

  

Minimalismo de madera en el árbol,
cada corazón aplaca su propio ritmo
en unas leves palabras que suavizan
la arruga inquebrantable del tiempo.
  
Azaroso el olvido trabaja en la sombra
donde implacable el magnetismo del norte
y escurridizo el espectro de los descarriados
profundizan en el deambular de la noche.
  
Unos pasos resuenan en mi mente
mientras se hunden los rayos violáceos
en la inquietante frondosidad de la floresta
hasta los conspicuos hongos de ámbar cutícula.
  
La unicidad de los iguales sujeta la perfección
a la temeraria y deslavazada cota de los ocasos,
¡qué ilustre la cruda dignidad de los secretos
cuando por las atalayas de la glorificación se deslizan!
  
©  José Luis

Detrás de las cuencas

TrasLasCuencas

  

Cielo de blanca claridad velado,
se escarcha frío el hielo
en la ingravidez de la tierra
y en el dulzor del rocío.
  
Las hojas aún muestran el otoño
en la desnudez de las ramas
y en la ocre piel que el suelo alfombra
descansa ya la savia
imperceptible de los tiempos.
  
Caen los rastros del cielo
en los copos lentos de la tarde,
caen también mis ojos
cuando miran a los ojos
de tu cuerpo
y blandes la sonrisa
que abre del mundo la tranquera.
  
Vienen de los villancicos los ecos
melodiosos entre las caracolas
que tejen el calor en tu pecho,
los engranajes del viento
se enredan en mis temblores
y mis manos, tan conocidas,
roran la sedosidad de tu pelo.
  
Vuelve cada año la Navidad
y sé que de tu corazón
nace bruñida la sonrisa
que inunda de mis ojos
las cuencas…
  
©  José Luis

¿Feliz Navidad?

ArboledaDeNavidad

     

Unos pasos atraviesan la noche
allá donde el agua refleja la tristeza
que absorben de las nubes las farolas,
no hace frío en la humedad palpitante;
la oscuridad, rauda entre las calles,
asciende los canales de las casas,
pequeñas claridades ámbares se escapan
entre los cristales de las ausencias
y los huecos de los sofás vacíos.
  
Parpadea en las paredes Feliz la Navidad,
guiñan los recuerdos a la infancia curtida
y penden los arreboles de los sueños
en las aceitunadas ramas del árbol,
presente en la luminaria de los salones
un soportal arcano cobija la esperanza,
el verbo conjugó su carne en la dimensión
más condesciende del mundo, la del tránsito…
  
Las letras de los villancicos se pierden
entre los acordes de la lejanía…
Feliz Navidad señalan las palabras
y mañana... mañana será otro día.
  
©  José Luis

Inversión de sed

Sed

Un rato arriba

UnRatoArriba

  

En la hora de las brujas, amiga,
germinan las gotas abruptas de sangre
no hay razón que aparente más que la noche
que ha enajenado el brillo de su espejo,
tengo instantes de lucidez oscura,
instantes agrandados en el tiempo impuro,
mastodontes de pulverizadas ensoñaciones,
aparentes dunas de estrellas en el semblante
y alguna que otra dispersión fosforescente.
  
Un rato arriba de las flores me consuela,
en la pequeñez casi perfecta de los versos
esculpidos en sus broches acolchados,
leves cortezas de la reciedumbre inmaculada
cuando los campos son blancas huellas
y el destino ese impreciso temblor
que ruboriza las mejillas del ocaso,
¡qué esplendor el de la cotidiana muerte
entre las derramadas cumbres del otoño!
  
En la hora de las brujas, amiga,
la piel retrae el cosquilleo de las sombras
que se apuran en los cálices de lo efímero,
allí donde el nombre huye de la realidad
y la transpiración de la frente se extingue,
como aniquilado reptil, en el fondo de una gruta.
  
©  José Luis

De toronja acopada

DeAcopadaToronja

Requiem plastificado

RequiemPlastificado