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Rastro de FreeWolf

La selva

La selva

Sonidos
sonidos que vuelan
vuelan en el silbo de una saeta
volátil de un arco tensado lanzada.
                  
Una mirada también es una saeta
que se arroja a la órbita del mundo
hasta que su eco vuelve a la propia retina
disociada y con partículas cautivadas.
                   
Las palabras salen de la boca,
los pensamientos de la mirada
y las saetas del corazón
cuando la sangre refleja
los colores de un arco
naciente de la selva.
                     
Enmarañados los jemes
en las ramas del anhelo
sienten crecer los tallos
desde la profundidad del misterio,
desde la tierra fecundada,
desde el útero materno…
                  
Una melodía siempre entre las estrellas
y las batutas de nuestras manos,
unos acordes amigos
para los momentos de soledad
o de deleitada distracción
mientras lanzamos nuestra saeta
a la corteza de un árbol,
a la frondosidad del orbe
o las estrellas.
                   
Quien sabe si la diana
será el objetivo
o simplemente una quimera…
                    
©  José Luis

Una goma de borrar

Una goma de borrar

Pasean las letras por el cuaderno
inconexas como un mar enfurecido,
y arrastran blancos los rastros
por la punta roma de los dedos.
                      
No se enturbia el aire que golpea
las venas gruesas del suicidio
y en una esquina se esconde la A
de los puños enguantados del silencio…
                
El pasado es una tilde en el vacío
donde se contonean ancestrales las olas
y las bacantes tejen las danzas del deseo
a las crestas del Olimpo y sus diosas.
                     
Va aconteciendo la vida
entre los prietos recovecos de la rutina
y sólo aquellas letras que atinen con las alas de la luna
se salvarán de la quema
o de la goma de borrar de un niño…
                
©  José Luis

Diseminación

Diseminación

Abro y cierro los párpados
en la vigilia y en el sueño,
caen intensas las gotas de lluvia
y nublan los ojos de la aurora,
no es no ver nada la ceguera
sino no llegar a imaginarla.
                     
La cabeza gira sin moverse,
sin siquiera revolver el cuello,
es una gran esfera
que imagina sus meridianos y paralelos
con la infinita inquietud de un tornado.
                 
Mis pies me observan con las uñas,
soy su televisor ideado,
las imágenes de mis retinas
son nubes que pespuntan imágenes
de luz y sombra,
y de tácitos colores…
                    
Quisiera las alas de un pájaro
y el zoom de una cámara
para irme lejos, muy lejos
hasta el fondo mismo de la mirada…
                    
©  José Luis

Ala de sombrero

Ala de sombrero

Piaban los pájaros bajo la lluvia
enredados en los árboles y sus ramas
un canto de niños en el parque
un canto de cielo y de bandada.
                      
Los charcos reflejaban el silencio
más profundo de tu mirada
estabas ensimismada, ausente
como una avecilla enjaulada.
                   
Enfrente la pared era un semblante
grueso de trazos y azures arcadas
vibrantes pupilas desplegadas
pacientemente ante el banco
donde pasas las tardes sentada.
                        
El tacto recuerdas de tus dedos
al pasarlos finamente por el ala
y de cómo él indeleble se calaba
el sombrero por la frente
las tardes de galanteo y recuerdos.
      
©  José Luis

Rebrotes de mar

Rebrotes de mar

He encontrado el mar entre las palmas de mis manos
agazapado y revuelto en las marismas de la noche
donde los duendes enjuagan las estrellas adheridas
en las zócalos abismales y cáusticos de los cielos.
                        
No se oía el oleaje de ida y vuelta de la espuma
sino el eco de una caracola perdida en la rugosidad
bautismal de mis dedos que débilmente entonaba
el recuerdo vaporoso de la voz de una sirena
y el rumor del vacío en los entresijos de Eos.
                      
Desatiende la luna sus reflejos en el malecón de la tarde
y el viento ulula gotas carmesíes en los pétalos del silencio,
donde mana el dolor de la tierra y de los que se han callado…
dolor de ser mortales y dejar en sus entrañas los huesos.
                     
Un olor a salitre desprende el reloj de arena
en los litorales de la alborada, un olor encendido
de humo e incienso extendiéndose en mi pecho
y cubriendo de rompientes tu nombre
donde inmortalmente se afierra mi tiempo.
                     
©  José Luis

Rutilancias de discoteca

Rutilancias de discoteca

Arrastra el vestido los confites de la fiesta
como astros que toman el sentido de la aurora
y el disfraz asoma por la puerta lateral
del silencio armonioso y su colina.
                
Una sonrisa delata la razón de la luna
en los brazos amantes de la noche
hasta que terminó la música
o se vació la copa y la vehemencia.
                  
Se pierden los compases en la bruma
y se esconden los árboles del jardín
en la parte furtiva del mar y de la espuma
que salpica de lágrimas al viento
allí donde existiera un pétalo de jazmín
o el cautivador aroma de unos versos.
                       
Fijo un rayo en los ojos
atenaza las piernas y el pensamiento
mientras se desnuda la concupiscencia
y acaso un escalofrío recorra el recuerdo…
                   
©  José Luis

Tinta azul

Tinta azul

Caudales azules inundan las venas en los brazos quietos,
nacen olas palpitantes y escarlatas en la vestidura
ocre de una hoja del árbol milenario de los dioses,
mientras la noche agita tenue el aire y el silencio.
                      
La aurora trae en su seno una atmósfera azulada
y entre los dedos las nubes dejan escapar el velo
que de lluvia acumularon en los tiempos de inquietud
cuando la tiniebla ocultaba en su manto la luz del fuego.
                     
Un faro marca a lo lejos el inicio del arrecife
donde los barcos hunden la mirada y la esperanza,
donde parsimoniosas las sirenas cantan a los náufragos
nanas azures, ecos lejanos de labios dulces y hechiceros.
                     
Camina entre las arenas macilentas de la playa
un hombre pensativo, perdido en el horizonte
donde el arco iris en su nebulosa azulina
retoma las lágrimas que dejara la noche
en el pecho sigiloso y acallado de la luna.
                      
©  José Luis

La moneda acunada

La moneda acunada

En la tirada cara y cruz
retiene el aire en la ingravidez
penetrante una inquietud
en las vueltas de haz y envés.
                   
Contempla el sol los destellos
de su propio reflejo en el tiempo
mientras llegan lejanas las voces
de un conjuro, de un suspiro…
              
Las nubes pasan entre las sombras de los árboles
y todavía la moneda en el vuelco no decidía el destino
que oculta el azar a la suerte y al propio contendiente,
aunque ese sea uno mismo.
                       
En la plaza una fuente trae el rumor del río
y canta el agua el sino de un redondel acuñado
con la efigie de una madre fertilizada
acaso por el polvo de lluvia dorado…
                   
©  José Luis

Honor

Honor

Determinación.
              
La frente mana en una cascada
la ruta de la misión
memorizada.
                   
No hay camino ni abandono
que penetre el mar o las estrellas
con tanta facilidad.
                
Dura es la roca forjada
en diáfana cuña de vidrio
que se mira en la noche
azabache azul y grana.
                
La muerte lleva un destino
tatuado en el honor, en la sangre
y en los labios de una sirena
que entona pálida el albor de la luna.
                  
©  José Luis

Hojas en serie

Hojas en serie

Dejan correr las hojas las manos
entre los pliegues de una ola,
sazonada de palabras,
oval y púrpura
como en la larga línea de la palma,
el vuelo de una gaviota
o los labios de gitana.
                         
Hojas sin escribir,
hojas que perdieron el habla,
hojas solemnes y puras
de Romeo en la balconada.
                       
En la mirada leen los ojos,
los versos, en el alma;
los libros, de tu boca
lo que escribiera la nada.
                         
Todas las hojas del mundo
resbalan por la alborada
un tobogán de colores,
una escala de tonadas
y yo deslizo en tus labios
de azahar un requiebro…
                              
©  José Luis

La caja de los recuerdos

La caja de los recuerdos

Sobre la mesa una caja descansa
la memoria de los años y el silencio.
                
Un papel turbio retiene las letras
de sangre y de lágrimas en el seno,
palabras carcomidas en los labios,
susurros de viento en la ventana.
                     
Un sobre azucarado y un dibujo
de las tardes de café y copla,
dos manos que se rozan
en la juventud de sus recuerdos.
                     
Ese olor a colonia tras un sobre
compañero de soledad y distancia,
de tiempo entre las horas
robadas a la noche y a Morfeo.
                        
Una postal doblada en la oquedad
honda de la carne tierna
sujeta entre las sábanas de un ahora
que nunca se acaba en el anhelo.
                   
El reloj donde no andan las manecillas
detiene la inmortalidad y la muerte
en los ojos que ya no miran
la tarde púrpura en el rostro
del olvido y los rasgos de tu nombre.
                        
©  José Luis

Rincones oscuros del corazón

Rincones oscuros del corazón

Quién no tiene secretos adentro de su corazón,
quién no guarda en la sombra un camino perdido,
un confuso deseo de ser o poseer aquello imposible
al ojo o a los ímpetus del viento, del mar o la razón.
                     
Aguardan semillas innombrables y voraces
insaciables de lágrimas e invernales rumores
tras los muros latientes de sangre humedecidos…
son tornados creadores de fuego y combate.
                     
Hay mañanas apacibles de sonrisas tornasoladas,
claros amaneceres tras la montaña del desvelo
donde exhala el pecho el flujo límpido de amapolas
y las ventanas rezuman el sabor del silencio.
                         
Son las dudas geniecillos que siembran nubes
en las venturas de los imaginarios mundos
que urdimos en las estanterías del alma.
                  
Quién no tiene un corazón de secretos…
                   
©  José Luis

Otoño

Otoño

Dicen los árboles que la vida retoma de los sueños
el sentido del anhelo que se descuelga cada otoño
de las hojas en la caída dorada y de las mariposas
tras las oníricas alas de un purificador Morfeo.
                       
El agua de lluvia humedece la reseca heredad
de la enclaustrada simiente y su cofre,
la tierra madurada por el sol de la vida,
donde reposan ancestrales los huesos
de innumerables relojes adormecidos.
                      
Por mis sueños una hoja errabunda
flota entre aromosos pétalos y misterios,
una hoja carnosa de labios ondulantes
que deja en mis oídos el eco rumoroso
de las sirenas buceadoras en mis veneros.
                
©  José Luis

Sin

Sin

Traen las nubes de lejos el viento
y el reloj retoma añejo en la arena
los minutos dejados una vez en el soplo
secreto de un dios generador de los sueños.
                    
Trotan los niños con la luna áurea
mientras dejan sus siluetas escondidas
en el polvo parvo del quebradizo silencio
donde las estrellas guardan el ojo
que indivisible el alma vigila.
                       
Viene la bruma por el campo blanco
y el aire densa las figuras tras los árboles
de la noche y cede al crepúsculo el rocío
con las lágrimas del mar incandescente.
                       
Vuelve el reloj a marcar las doce
y los sueños, sin revolver el pasado,
inician el camino del retorno
a las alas de la noche
y a las encrucijadas…
                    
©  José Luis

Tras tus ojos

Tras tus ojos

Tras tus ojos te ocultas
al igual que el sol en las nubes
los días de lluvia.
                   
Borrosas unas lágrimas cruzan la bóveda
estrellada de tu cara a través del espejo
o de un sueño que cada mañana se olvida
entre los pliegues flotantes de las sábanas.
                    
Las líneas asemejan de tus párpados
cortinillas de mar que abren y cierran en olas
bocanadas de aire tras la aurora
desplegada carmesí en las varillas
de flores y tus pensamientos…
                
Te ocultas tras el abanico,
ambigú de la inconsciencia,
mientras oscila la sombra
en el color de tus pupilas.
                          
©  José Luis

Transcursos de tiempo

Transcursos de tiempo

Desciende el día las escalinatas en la inconsciencia y de cada escalón una ola de incienso entreteje aromatizados los hilos que de humo suben como una oración por entre las nubes del silencio y deja suspendidas en el cielo las palabras silenciosas que de los labios manan en un manantial tumultuoso y límpido del monte volcánico del Ararat.
                    
Chirría el viento en el valle de la vida cuando entre las hojas de parra que revolotea las vergüenzas del desnudo y del mundo, donde la verdad se exponía en marcos de argentas túnicas y la mentira era una ijada en la frente del íntimo acallado.
                      
No hay tiempo más allá del tiempo cuando la tierra cubre la carne y un cristal separa el secreto del polvo y de la mano que lo escritura en la memoria.
                   
Los ojos miran la luna en su cuarto y se llena dorada de ecos que se desmoronan entre las cataratas inmovilizadas de las postales que se envían como recuerdo y en una mirada el cielo entretiene azur los labios en un último beso.
                            
Lívido un suspiro arremolina entre los poros de la piel el sabor del misterio… la vida o la muerte son audacias obvias del tiempo.
                     
©  José Luis

Botella abierta

Botella abierta

Dulce es el sabor que mana
de la esplendorosa botella del tiempo
mientras atesora la sombra
de las uvas jugosa la pulpa y la solera.
                 
En una botella abierta un corcho se descubre
púrpura en su textura y pureza,
alcornoque errante en la carretera
astada de flores, casta y envés brillante.
                    
Pulpa de vidrio forma en la botella
el cuerpo ahumado y opaco,
contoneo de gotas en la carrera
ladera abajo, ondulación de copa.
                        
Una chispa en los ojos,
unas gotas de ingenio,
oscilante la ambigüedad
corre entre contertulios y deseos.
                     
Alrededor de una botella
la tradición atesora
arte del paladar,
sudor de la recolecta,
fermento de los azúcares…
y el tiempo, tiempo de espera.
                       
©  José Luis

El cuadrado espejado

El cuadrado espejado

Sobresale de la mesa un cuadrado
de cristales con teselas y reflejos
y veo la realidad en espejos cuarteada
que la mirada devuelve a mis ojos.
                    
Es un cuadro del tiempo pasado,
el cuadro de una mañana brumosa
con árboles cristalinos, silenciosos
de los que dejan en la piel el frescor
ensimismado tras la noche de estrellas.
                     
De un vaso tiembla el cuerpo
en el roce acodado y metálico
que los dedos de tus manos
al coger notan en mi recuerdo.
                       
©  José Luis

Reloj de un grano de arena

Reloj de un grano de arena

Asaetas la tarde en el aire
como un dardo que se desliza
pensativo entre los agitados dedos
de una apuesta y aguardas
hasta que tome la decisión la noche
de desaparecer entre las sombras
que ilumina suavemente la aurora.
        
Miras con ojos sedosos, de nubes,
el rubor cárdeno de mis labios
mientras dejan fugaz en tus oídos
imperecedero del deseo el nombre.
          
Y notas en tu interior el tic tac
invariable y seducido de un corazón
en las entrañas de tu grano de arena
que quema como incienso la vida.
              
Giran unidas las agujas de reloj
a los granos del tiempo en burbujas
de cristal y aquietados pensamientos.
              
Nuevamente el alba cárdeno
es esa profundidad íntima
que arrebola todo mi ser
en el transcurrir de mis días
y en la eternidad… el deseo.
                      
©  José Luis

De otro en otro

De otro en otro

Un charco en la frente
refleja blanca la noche en la luna negra
y la mirada en la esfera
reverbera de cristal el mundo
en intrincados rayos de misterio
ocultos en el canto de una sirena.
                     
Caen copos de niebla bruna
en las pupilas del silencio
y de un ave despluma el pico
las entrañas mismas del averno
donde se revuelven en uno otro
de los acostumbrados yerros.
                        
No se revela la mañana radiante
ni perfumado el jardín que llora
el paso emergente de la noche
entre los latidos de la carne inmóvil
y la sangre que solidifica la muerte.
                     
Una rosa clava su espina indolente
en el silencio fugaz de una vida
y pertinaces corretean las ocasiones
por entre los bolsillos… perdidas.
                        
©  José Luis