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Rastro de FreeWolf

Oración en blanco

Oración en blanco

Una plegaria reza en el corazón salvaje de la noche y entre los labios un susurro abandona la quietud de un mar sin ondas donde el silencio ensordece los sentidos y el sol es un punto de mira al que dirigir la línea ciega de los ojos.
                   
Tiemblan las palabras entre el rubor de las nubes que arrastran púrpura la tarde y una hoja en la que se arremolinan las letras que no quieren ser pronunciadas ni entregadas a un cielo inmaculado.
                           
Sumerjo la vida en el río del tránsito donde Caronte acuña las almas en una moneda lanzada al abismo de los gritos tórridos que revisten la arena del desierto que todos atravesamos en la soledad del tiempo y de la noche.
                           
Un alivio es un vaso límpido y transparente donde el agua deje el rastro silencioso en una gota que vibre entre los cristales oblicuos al horizonte y refleje en el eco de un salmo la bienaventuranza de haber vivido.
                             
©  José Luis

Partículas de la noche

Partículas de la noche

Un ojo mira y otro retiene en la retina
la composición de la imagen.
                           
Un brazo sobre otro se apoya en el regazo
mientras el ojo mira.
                    
Pasan en el reloj las horas del día
más allá de las nubes de la tarde
y encuentro la oscuridad de la noche
hasta un tanto enigmática y atractiva.
                      
Ululan luces a lo lejos, en la montaña,
donde el sonido se esconde en las cavernas
y busca salida por el cielo de las grutas,
por el ojo que mira las estrellas.
                          
La sombra sobre la sombra yace
en la espesura de la anochecida
donde los sueños pugnan por salir
de la retina ciega de los coches
que deambulan con sus conductores
por la travesía de la inconsciencia.
                     
Un paso hunde las tinieblas en el barro
como greda silvestre que huye del ruido
lóbrego de los árboles y las sombras
que de los árboles nacen.
                   
Distingo en el horizonte una línea anaranjada
donde se eleva la luz de la ciudad que duerme
y giran las estrellas del firmamento
las danzas de la fiesta y sus atracciones.
                     
Átomos de piel disfrazan la noche
de beso que busca su bella durmiente…
                         
©  José Luis

El estuche

El estuche

Recuerdo de pequeño los días previos a la escuela.
El olor a nuevo de los libros, la punta afilada del lapicero,
blancos los cuadernos… en el silencio de la cartera.
                   
Eran días inquietos por volver a ver a los compañeros
y saber qué maestro te “tocaba”.
               
Pasaba ratos hojeando y ojeando los libros
queriendo aprehender lo que no era el momento
pero que llamaba la atención por los dibujos y grabados,
por ese olor especial a estreno
y por el curso que se iniciaba,
a veces con pantalones nuevos…
               
El primer día de clase todo era sacar
y sacar de la cartera
libros, estuche, cuadernos...
                
Pupitres de madera que crujían con tus movimientos
queriendo dar a entender que después del letargo del verano
ellos también volvían a la vida.
             
¡Quién no recuerda ese flamante estuche de dos pisos
donde tenías reunido bajo el dibujo de la serie del momento
todo tipo de colores, gomas y utensilios…!
                
Esa escuela queda en el tiempo lejos
aunque muy cerca en el recuerdo…
                    
©  José Luis

Alunizajes

Alunizajes

Rilan los ojos en las órbitas desnudas del tiempo
cuando en las noches las bacantes buscaban la inmortalidad
y los hombres sacudían sus penachos tenaces
de los augurios de la sombra.
                   
El seno de la luna es un panal de estrellas
que recoge la miel de tus labios
y en forma de lluvia la deposita en las marismas
de un mar encadenado y perpetuo
a las corrientes vespertinas del horizonte
en los cañones ululantes del abismo
mientras las nubes de mi pensamiento
mudas se esconden
en las dunas de la locura.
                              
El reloj
retiene las horas en el halo de la noche
y sus agujas circundan  el vello de tu cuerpo
como un amante atrevido
que escala en los rayos de Diana el deseo
no satisfecho.
                             
Son las doce
y el día se pierde en la inconsciencia
tras la puerta que se rompe
y trae sinuosas las montañas
que manan de la tierra preñada
de hombres y secretos.
                   
Es tu boca la gruta de los misterios
donde se ocultan las palabras
en el paladar que se sujeta al cielo
impenetrable y a los cometas
que recorren junto a mis labios los desvelos.
                         
Retengo entre mis dedos
el reflejo de la vida
y la muerte
que se multiplica en cada burbuja
de espuma y desasosiego
como cuando los brazos cansados de nadar
dejan al cuerpo hundido
en el inmenso mar del silencio.
                            
En la espesura de la noche abandono
la luz de la luna…
                        
©  José Luis

Versos analógicos

Versos analógicos

Silban en el corazón sonidos de palabras
ocultos en el fondo del mar
y en los recovecos de mi ánima,
semillas de la noche en los rayos de la luna.
                        
Mi camino es un río
que nace en las montañas sinuosas
de silencio y de hálito intemporal,
creación como parte del espejismo.
                       
Redondas las manzanas  y el deseo
dejan en cada mordisco un aroma
de sensualidad y prohibido fruto,
lloraremos la pérdida del edén
sólo cuando hayamos muerto…
                    
Mis ojos se desfondan en tu cuerpo,
mis labios se incrustan en tus poros
te recorro como una tormenta en el sigilo
de un flor que asciende trémula
hacia el cielo y tu frente…
                       
Esta noche la luna no me mira
sólo enmudece y asiente…
                      
©  José Luis

Extático intento

Extático intento

Nace el sol en la mañana de septiembre
entre temblores de cielo y de sombras
donde mis dedos esconden en tu pelo
hirsuta la línea púrpura del horizonte.
                
El día busca en el cielo los colores
carmesíes de la sangre que cálida
recorre los litorales de tu cuerpo
buscando un esclusa donde fondear
imperecederas las ansias del deseo.
                        
Inhiesto resplandece un obelisco
turgente de pálpitos y ardores
entre la espuma blanca de tu piel
y esa cavidad deseable y misteriosa.
                     
Penetro el interior húmedo de un jardín
aromado de brotes ingrávidos y rosas
cuyos pétalos rezuman polvillo de estrella
de mis pasos por los sueños de la luna.
                      
Es el tálamo nuestro intento
de ser los fulgores que el sol y la luna
depositan en las profundidades de la tierra,
guardiana perpetua de los amores
y los secretos.
                        
©  José Luis

Líneas convergentes

Líneas convergentes

Nadie camina por la calle donde las sombras persiguen el olor oscuro del mar y las nubes son cometas volátiles que aparecen y desaparecen en los azulejos de la cocina.
                     
Miro las líneas polvorientas que maceran los pensamientos con los recuerdos de los días y veo lejana la lluvia blanca de halitos que atraviesan mi razón con luces fugaces entre los crepúsculos de un cielo eterno e infatigablemente mutante donde los sueños se abren como ojales vacíos entre la bruma que oculta en silencio los rayos solsticiales de la luna negra.
                            
Blancos azulejos cubren mis ojos de líneas que convergen en los puntos de una red imperceptible de caballos salvajes que trotan en las praderas universales de constelaciones y vacíos mientras chubascos de efluvios calan mis pituitarias de imágenes y tinieblas donde un jardín es solo el olor de una rosa y nítidas espinas impregnan de sangre la piel de la noche.
                        
Resuenan compases de música en la caja aterciopelada de las dudas y bailan las armaduras ancestrales las batallas ocultas en la historia de un libro cuyas líneas convergen en el jeroglífico de la vida y la muerte…
                            
©  José Luis

Olvido de sí

Olvido de sí

Un vaso con agua encima de la mesa,

entre los dientes el frío inerte de la noche

cuando la soledad marca las tres de la mañana

y la cama es un cajetín vacío de polvo agolpado.

                         

La vida  perdía por las venas el tiempo

de la juventud y el pozo de las lágrimas

era un cenagal de fuego negro y moribundo

que retorcía sus llamas en la boca del silencio.

                    

Hubo un jardín donde los recuerdos paseaba

las tardes de lluvia bajo el paraguas abierto

donde desplegaba a sus hijos en los juegos

bulliciosos por la casa, ahora vacía y desterrada.

                                  

Pocas son las cosas que retiene su cabeza

que sólo se ilumina por un sonido perdido

o una imagen descosida en la pantalla

como una sonrisa cercana y borrosa en el aire.

                            

©  José Luis

Panorámica añil

Panorámica añil

Se desplaza un avión

por la luz panorámica y añil del cielo…

                   

Un pez surca, solitario,

azules las aguas del Caribe…

                           

Índigos los ojos de la noche

deletrean con leve parpadeo tu nombre…

                            

El tumulto de la cafetería se desvanece

en el garzo humo de mi cigarro…

                             

La playa inmersa en su quietud

espuma celeste borbotea…

                        

Tus manos dejaron en mi piel

azures los pensamientos…

                                  

La neblina me trae el recuerdo

de una niña envuelta en su vestido zarco…

                               

La tierra rodea el lago

dejando en sus riberas azulinas el olor húmedo

del silencio…

                                  

Atravesé los sueños perdidos en la corriente

turquesa de los ríos desabrigados de invierno…

                              

El temblor cerúleo de la muerte

abandonó mis labios

entre los pliegues de tu beso por correspondencia…

                                  

Me acercaré hasta tus sienes

con un mundo inmarcesible y marino

entre los latidos palpitantes del deseo…

                       

©  José Luis

Septiembre

Septiembre

Encamina el verano su ocaso entre los rayos
que deponen el añil emergente del firmamento
entre los cárdenos senderos del abismo
y la ocupación de las noches en el descanso.
                           
Ya las alondras buscan solaz silencio
en las inmensidades blancas e inagotables
de otros senderos, de otros abismos
donde dejen planear sutilmente sus vuelos
                    
Una cigüeña aguarda los primeros sonidos
de los osos en la caverna para emitir en su revoloteo
la huida al silencio del sueño, y acaso a otro jardín
donde de estío renacerán las simientes de nuevo.
                               
Pronto serán las fiestas y con ellas el viento
los que ondearán en las chaquetas, en las pieles morenas
como insignia del disfrute de playas y piscinas
que marca para algunos el fin de las vacaciones…
                        
©  José Luis

Tiempo para escribir

Tiempo para escribir

El día irrumpe el amanecer entre los girasoles que mantienen su cara en la línea del sol mientras el campo se peina con las yerbas y ramilletes rorados en la soledad de la noche.
               
Es la noche el momento en el que las palabras nacen a una nueva vida entre los pensamientos y juegan como los niños en los toboganes del tiempo y retozan en las cavidades de las sienes espumando los recovecos escondidos del delicado mecanismo de las imágenes entre los mundos infinitos y sus arcos iris tras la bóveda añil de los mares inexplorados
                
Cada palabra paladea el sabor de las olas que llegan mansas o tormentosas a las playas del silencio y una barcarola a lo lejos iluminada por el faro de la inconsciencia deja un surco impenetrable en las rocas labradas por el misterio de la vida como el nacimiento de un niño lo deja en el alma invisible del mundo
                          
Una gaviota sobrevuela la inmensidad de la tarde y los rayos irisados del sol que se acuesta acarician mis pupilas con las tonalidades del deseo y aguardaré a la madrugada para encontrar de nuevo en las hojas de papel escrito mi tiempo…
                      
©  José Luis

La ropa sobre la ventana

La ropa sobre la ventana

Largo el día en su ajetreo y avatares

encamina su fin en los atuendos de la prisa

y las ocupaciones que quedan sobre una silla

cuando orienta la noche mis pasos hacia casa.

                           

Me gusta sentir el aire fresco sobre la piel

cuando pausadamente me acaricias con la mirada

y en secreto la habitación de nuevo aguarda

ese olor a tarde de manos juntas y pláticas

entre los caminos del jardín en un mar perdido.

                         

Mansas las olas acompasaban nuestros besos

con su rumor inmutable, plácido y misterioso,

susurro inalterable en la eternidad dilatado,

pasión del alma integrada en dos cuerpos

en el intangible olvido de la existencia.

                         

Retengo entre mis brazos el recuerdo

de tantas y tantas madrugadas

con tu cara sonriente y dichosa

mientras dejabas puesta la ropa

distraída sobre la ventana.

                         

©  José Luis

La boquilla

La boquilla

Baja del cielo un rayo revestido de enigma
como el ojo triangular de un dios supremo,
la tierra lo acoge en su profundidad y sombra
recóndita de un arboleda agreste pero discreta.
                       
Se oye el rumor de ramas y hojas
en la arboleda
y un ardilla, traviesa, persigue a una niña
porque le ofreció una nuez
grande y atractiva,
su hocico se mueve gracioso
enseñando imposibles las palabras
que se esconden en los pétalos carnosos
de una sonrisa o una cómplice mirada.
                        
Una puerta se abre con una sonrisa,
un rayo se irradia con una mirada
y los pétalos rociados de la mañana
lucen ahora en el jarrón de los enigmas,
portilla a la infinidad abierta...
                     
©  José Luis

Con el frescor de la noche

Con el frescor de la noche

 

Los días abandonan su pesadez en la sombra del sol

cuando los rayos se recogen en la urna azul

donde suspiran las olas de un mar reverberante

con espumas y rumores desde la cola de un cometa

que atravesó el cielo una noche calurosa de agosto.

                         

Los ojos veían más allá de la oscuridad

un cúmulo de opacidades y estrellas

entre los silencios interrumpidos de la calle

por el rilar de las farolas y los motores

que traen de vuelta la multitud a casa.

                             

De vez en cuando se despierta un pájaro

del sueño del árbol y emite el sonido de queja,

de abandono entre las hojas que lo cobijan

de la noche y de mi mirada quieta.

                            

El campo, negro entre las negruras, rezuma

el sudor de la tarde y del fuego de la mañana

entre sus poros y tolera que se eleve un olor

salvaje de fertilidad y muerte en los recuerdos

de sus vueltas al sol y a las simientes inmóviles...

                         

Es la noche un descanso para el cuerpo y la consciencia

pero una inquietud para las palabras y los pensamientos.

                      

©  José Luis

Espejismo

Espejismo

Apenas en un roce cabe un sentimiento

cuando el día no despierta de su letargo

y el sopor mezcla los bálsamos del jardín

con los nácares por el ojoso mar cimbrados.

                      

Recuerdo de tus labios fue ese beso

de insomnio, desocupada eternidad ciega

y sin latido, en una mejilla extraña

donde los pliegues quemaban la piel

de los ojos y de las vidas pendientes.

                           

El aire está demasiado encendido

para respirar la luz de la alborada

y derraman las hojas en un abanico

desmañado el sudor intacto de la frente.

                        

Unas sombras bajan del techo

cuchilladas de luz,

hendiduras de noche y de silencio

entre los pestañeos de los párpados

y los parpadeos de las pestañas.

                      

Sueña el mar con mis pensamientos

en los iceberg ocultos en la montaña,

virginales en su frescor y belleza azulina,

en los torrentes de cantos y sirenas

tras los oídos ladinos de todo desvarío

por el desierto del sol y de sus rayos.

                         

©  José Luis

El ojo que nos mira

El ojo que nos mira

Provocativo el ojo en la tiniebla

otea en los brazos de la noche

la mirada sujeta en los rincones

y los reflejos que se clarean con las nubes

entre las casas y calzadas de las calles.

                    

Escurridizas las sombras son esos hilos

indecisos de los muros entre los dedos

que sujetan con sus crestas la inconsciencia

paralizada en las alucinaciones y los sueños.

                         

No hay párpados que oculten los sucesos

de millones de habitantes en sus camas,

en sus negruras o en sus pretendidos silencios.

                 

El aire recuerda un espejo incorpóreo

que graba en cada vértice pulido del cristal

la parte oculta de las imágenes proyectadas

sobre las palabras y los arrecifes de la bruma

que las bocas malditas extravían en las gargantas.

                              

Un grito impúdico sacude las sombras

y el pozo del desierto negro se oscurece

arremolinado entre los charcos de agua

como una mirada perdida en la muerte.

                    

©  José Luis

 

Disco de inicio

Disco de inicio

Una ráfaga de viento en la cara

un relámpago ilumina de oscuridad el cielo

un trueno rompe sordo el silencio

es la noche de lluvia llena en la alborada.

                    

Blancas tinieblas inundan la puerta

de una casa deshabitada en el averno

en llamaradas se ha roto el firmamento

donde Caronte en el agua de Plutón rema.

                     

Estigia espuma de Aquiles invulnerable el alma

nueve veces entre los bruñidos mantos de Tetis

y las cadenas indivisibles de un Zeus trastornado

por las helicoidales vueltas de los planetas.

                          

Se ha conjurado con los dioses la tormenta

contra el tiempo de los humanos efímeros

y el fuego arrebatado por Prometeo

en el ánfora de Pandora aciaga y tronante.

                               

La humanidad se consume en sus desgracias

entre tifones, borrascas, tsunamis...

pareciera que en el amor necesitáramos

reiniciarnos con el disco de arranque.

                          

©  José Luis

Formas

Formas

Tres figuras negras componen un universo

apocalíptico en la pantalla rallada de puntos

imperceptibles y azabaches sobre nieve blanca.

                   

Son tres sombras impuras y tormentosas

ahondando en la maldad, en la nada de la tele

y sus espantosas películas de fin de semana.

                          

Otras sombras serían si los árboles al sol

proyectaran sobre el suelo cálido y brumoso

un sopor de agosto y de fin de las holganzas.

                            

Una sombra que anunciara la tonalidad del otoño

en los ocres y amarillos de las avecillas en flor

desbaratando en sus nidos los trinos infantiles

del verano entre los vientos que dicen marcharse

y las ramas que aún retienen destronados los brotes.

                        

El sol se oculta entre el manto lioso de las nubes

mientras el aire desvencija las hojas y papeles

que revolotean libres por el suelo de la tormenta

y el campo suspira por las lágrimas de la tarde

triangular de nuestros ojos y la naturaleza.

                       

©  José Luis

Puente de paso

Puente de paso

El camino por el bosque se extendía

más allá de la vista y de los árboles

en un escondite de paz y mansedumbre.

                         

Advierto en mi interior una música de pájaros

rebullendo entre las copas de los álamos

y un violín arrulla las olas que chocan murmurantes

contra el espejo de las alusiones intangibles

donde una sirena alisa su pelo en el canto rítmico

de los delfines subiendo y bajando el límite del agua

y cielo como cometas sin cuerda, libres en sus vuelos...

                                

Mis pasos me llevan por la vereda perdido

entre las impresiones de la luz de la tarde

y atravieso ambarinas las sombras de las hojas

en el reflejo del crepúsculo con las montañas

quebrando el horizonte en finas partículas

de tranquilidad y sosiego.

                      

No hay tierra bajo mis pies errantes,

me lo indica el agua rumorosa del venero,

que me encuentro entre dos vertientes

flotando en un puente camino del firmamento...

                        

©  José Luis

Versos escondidos

Versos escondidos

Hoy sólo tengo palabras

para los versos escondidos

en el fondo vacío de una copa.

                 

No cantan los pájaros en el río

cálido del deseo, picos silenciosos

eran sus miembros mecidos

por las líneas rectas del viento

entre el ignoto páramo del caos

y la curvatura de mis dedos.

                      

Callan también las piedras

que baña en el bosque la fuente

los días mansos de lluvia

y la tierra suspira con el silencio

de mis palabras en la copa.

                       

Mudo un verso se escapa

de mi boca a tu boca,

era un verso escondido

en los labios de aquella rosa

que me clavó su espina.

                  

©  José Luis