Blogia
Rastro de FreeWolf

Estelas

Emanaciones

Emanaciones De la tierra el agua mana en surtidores de sangre y fuego
como un mar bravío que irrumpe gimiendo en la costa
los partos metamórficos de los que fueran los sueños
de un vacío que se extendió más allá de su reverberación.
  
Implacable la corriente irrumpe con la braveza de unas gotas
que en su subir y bajar dejan en el aire cristalina una columna
donde marmórea una alfombra espeja la gravedad rozagante
de blancos y delicados pétalos que en el invierno rezuman.
  
El viento me entrega la frescura recóndita de la sombra
y en mi cara resbala el silencio de unas gotas extraviadas
que en mí buscaron el refugio sacrílego de la muerte
hasta que no sea escuchado el canto afinado de un oboe granadino.
  
Llegaré a saciar la sed de la noche en las venas de tu frente
mientras escondes tus ojos en el quicio de alguna palabra
y tus labios no lleguen a ocultar el sonido de mi nombre
entre los susurros del manantial que de la montaña desciende.
  
©  José Luis

Desde la adoración de los Reyes

Desde la adoración de los Reyes

Algunas de las ilusiones las mantenemos
en la tradición de las épocas y las familias
como el reguero de pólvora sobre un suelo húmedo,
únicamente hace falta un poco de calor para deflagrarlo.
  
Los misterios entretienen los tejidos del hombre
en los acantilados de la inconsciencia
donde la fe es una carabela cargada de cañones
y la autenticidad, la vela mayor en el henchido viento.
  
Dicen que hace mucho tiempo un Niño nació en Belén
y que los astros se conjugaron para acercar unos sabios
que investían en sus cofres una doble veracidad:
el hombre se postra ante quien tiene soberanía
y existe una esperanza que nos llevará a la inmortalidad.
  
La noche cederá su dominio a la aurora
y quizá los copos de nieve caigan
entre las alas que nos protegen
y los pétalos que aroman mi ventana.
  
©  José Luis

Decadencia y ocaso

Decadencia y ocaso

La vida se ha sometido a una verdad callada
o una mentira oculta.
Los años se han ido desbrozando en la monotonía
y en los brazos de la falacia
dando al tiempo frutos de temporada
mientras se apuraba de fortunas la bandeja.
  
Un revés
quizá imprevisto o deseado
atrae una segunda o tercera lozanía
donde una atracción define ahora el juego,
el sexo y hasta la mismísima suerte.
  
Nada vuelve a ser normal
desde ese momento
en el que requisas de la vida su misma naturaleza
y te abandonas al amor
o a recoger frutos desde hace tiempo prohibidos.
  
Locura transitoria
apurando lo que sabes que será la última
oportunidad de paladear la mortalidad,
ese orgasmo que vacía y llena el destino
como un torrente que huye
y que a su paso arrasa y es arrasado
en un torbellino humano
de manchas y desesperanzas…

©  José Luis

El oscurecer de los patos

El oscurecer de los patos

La corriente discurre fría por la oscuridad
mientras el cielo mantiene celeste su azul
y los árboles arquean sus ramas y sombras
en el espejo reflectante de la noche.
  
La línea del río es el ondular del agua
cuando los patos bracean sin rumbo
y las ondas de sus alas olvidan la pesadez
propia del cuerpo que se interna en la espesura.
  
La luna erupciona su cara en la oquedad
impenetrable e irreductible de los sueños
donde nada es de color y todo se impregna
de hálitos sutiles e incorpóreos.
  
Oscurece en las marismas de los ánades
donde transita el ulular de los dioses
que brindan con los icores de los mortales.
  
©  José Luis

Escenarios

Escenarios

Hay lugares en el mundo
donde confiar la mirada
y extender infinitudes de silencio
mientras vierte Gea su manto
por las oquedades de la tierra
como una madre que arropa su bebé
en el transcurso de la noche.
  
Distingo las montañas que avanzan con los ríos
desde la prolongada lejanía del horizonte,
y cómo desde lo alto se revela la majestuosidad
de un paisaje con su propia e innegable ánima
que invade los ojos de tiempo y convenida complacencia.
  
Una alondra fija su nido en la cabaña abandonada
donde la calma es un susurro intermitente
de piares y aleteos mientras llega la tarde
con su rumorosa oscuridad y olor a huerta.
  
El cielo trepida nubes
que se inflaman en oro y sangre,
brasas celestes que invitan
a recorrer el cendal  purpúreo
cadenciosamente...
  
©  José Luis

Transmitir con las palabras

Transmitir con las palabras Juguemos con las palabras
como se juega con una moneda
distraída entre los dedos
y dejemos que surjan conexiones
que no tuvieron previamente sinrazón alguna.
  
La oca patea el estanque con la cola
y las ondas que se expanden colean
el ocaso sin aristas ni trabazones.
  
Una serpiente muerde la manzana
y discordia la luz de la tarde
como un eclipse propicio
para el pecado de la ciencia.
  
Cae la lluvia sonante de xilófono
y los oídos ocultan a la vista
una sonata para piano de Mozart
mientras su padre desvela el réquiem
con los sucintos acordes de ascendiente.
  
La noche despliega negra la luz
que revela los astros y las estrellas
como una luna rellena y locuaz
que afinara serenatas a los enamorados.
   
Sé que en el brillar de tus ojos
adivinas qué es lo que se piensa
cuando te niegan las palabras
la transmisión de tus ideas…
  
©  José Luis

Marco sin foto

Marco sin foto

Has detenido tu marcha en la orilla
cristalina de aquel marco inquebrantable
cuyos reflejos eran parte de la mañana
trayendo el revuelo de hojas caídas
como árbol que cada amanecer se desnuda
y deja descubierta la intimidad de su cuerpo
que acariciabas resbaladiza con tus dedos
sintiendo la frescura que no obtenías de la imagen
que desde que te despertaste rondaba tu cabeza.
  
El sueño había vencido tu propósito de pensar
en la tarde que tuviste aquel extraño presentimiento,
sabías que las nubes habían formado la silueta
de la lejanía, del tiempo que nunca viviste
pero que tenías tan presente desde hace un año
cuando falleció tu madre y sentiste aquel escalofrío.
  
Fue una muerte súbita como los minutos que no se viven
porque la consciencia los ha ocultado en el olvido
como se mete en una botella la sonrisa oculta
en la sinuosidad de la noche y el desgarro.
  
Porque ya no te acuerdas
te diré que el marco está sin foto
desde que decidiste no volver a ver
tu propio rostro en otro rostro,
tus propios dolores en otros dolores,
tu propia muerte en otra muerte…
  
©  José Luis

¿En qué piensas?

¿En qué piensas?

Has atravesado con los ojos la mirilla,
una puerta abierta en la claridad
desarticulada de la noche y los sueños,
por donde entran y salen los recuerdos
que no tienen cometas que seguir
ni alas pendulares del destiempo.
      
Un pensamiento ulula en la orilla
circular de las palabras intangibles
donde la nada es un lienzo en blanco
que espera los pigmentos de la tarde
para salpicar de matices las imágenes
que se han posado como una abubilla
en la montaña turbulenta del silencio.
  
¿En qué piensas?
Pregunta la tarde a la abubilla
con su pensamiento puesto en la rosa
transparente de volátiles pétalos
mientras el cielo destejía el azul
en opaco musgo y miel púrpura…
           
©  José Luis

Mario Neta

Mario Neta

Destejes los hilos de la noche

que sujetan tu alma a la profundidad

oscura y atravesada de los abismos

por las luces del firmamento

como almas perdidas del edén

y de las manos de nuestros ancestros.

              

Ya no te atan ni la luna ni los rayos

que se mecen perpetuos en el surco del horizonte

porque dorados tus labios dejaron en el sol

el sabor maduro de las lluvias

y rutilante de los versos,

donde oscilan las palabras con las hojas de los árboles

y vuelan como pájaros que al amanecer despiertan.

                   

El aire se espesa en los sueños azures

del paño límpido de la atmósfera

y, una mano, ramillete de hojas

saluda al otoño

y a la libertad naciente de la marioneta…

          

©  José Luis

Los alrededores

Los alrededores

Veo las ramas de los árboles
mecidas por el viento suave,
perdiendo sus hojas ocre,
pensamientos que se desvanecen
en la corriente fluctuante
del río que atraviesa Salamanca.
                         
Las aves retoman el cielo
en intrascendentes acrobacias
con sus juegos de alas y vuelo,
y allá sobrevolando el agua
pasan el tiempo en mi mirada.
                  
El puente camina en los pasos
que extravían mi destino
en los pasos de otras gentes,
en sus ojos y en el silbo
que trae el aire
palpitante a mis oídos.
              
Ruido de motores
en la mañana sabatina,
agolpe de trabajo
de las horas que suplican
un domingo para el descanso
y una tarde para la risa.
           
Llegará el crepúsculo
y con él la luz sombría
que matizada en los colores
pondrá fin a este día
y a la visión de los alrededores...
               
©  José Luis

La selva

La selva

Sonidos
sonidos que vuelan
vuelan en el silbo de una saeta
volátil de un arco tensado lanzada.
                  
Una mirada también es una saeta
que se arroja a la órbita del mundo
hasta que su eco vuelve a la propia retina
disociada y con partículas cautivadas.
                   
Las palabras salen de la boca,
los pensamientos de la mirada
y las saetas del corazón
cuando la sangre refleja
los colores de un arco
naciente de la selva.
                     
Enmarañados los jemes
en las ramas del anhelo
sienten crecer los tallos
desde la profundidad del misterio,
desde la tierra fecundada,
desde el útero materno…
                  
Una melodía siempre entre las estrellas
y las batutas de nuestras manos,
unos acordes amigos
para los momentos de soledad
o de deleitada distracción
mientras lanzamos nuestra saeta
a la corteza de un árbol,
a la frondosidad del orbe
o las estrellas.
                   
Quien sabe si la diana
será el objetivo
o simplemente una quimera…
                    
©  José Luis

La moneda acunada

La moneda acunada

En la tirada cara y cruz
retiene el aire en la ingravidez
penetrante una inquietud
en las vueltas de haz y envés.
                   
Contempla el sol los destellos
de su propio reflejo en el tiempo
mientras llegan lejanas las voces
de un conjuro, de un suspiro…
              
Las nubes pasan entre las sombras de los árboles
y todavía la moneda en el vuelco no decidía el destino
que oculta el azar a la suerte y al propio contendiente,
aunque ese sea uno mismo.
                       
En la plaza una fuente trae el rumor del río
y canta el agua el sino de un redondel acuñado
con la efigie de una madre fertilizada
acaso por el polvo de lluvia dorado…
                   
©  José Luis

La caja de los recuerdos

La caja de los recuerdos

Sobre la mesa una caja descansa
la memoria de los años y el silencio.
                
Un papel turbio retiene las letras
de sangre y de lágrimas en el seno,
palabras carcomidas en los labios,
susurros de viento en la ventana.
                     
Un sobre azucarado y un dibujo
de las tardes de café y copla,
dos manos que se rozan
en la juventud de sus recuerdos.
                     
Ese olor a colonia tras un sobre
compañero de soledad y distancia,
de tiempo entre las horas
robadas a la noche y a Morfeo.
                        
Una postal doblada en la oquedad
honda de la carne tierna
sujeta entre las sábanas de un ahora
que nunca se acaba en el anhelo.
                   
El reloj donde no andan las manecillas
detiene la inmortalidad y la muerte
en los ojos que ya no miran
la tarde púrpura en el rostro
del olvido y los rasgos de tu nombre.
                        
©  José Luis

Panorámica añil

Panorámica añil

Se desplaza un avión

por la luz panorámica y añil del cielo…

                   

Un pez surca, solitario,

azules las aguas del Caribe…

                           

Índigos los ojos de la noche

deletrean con leve parpadeo tu nombre…

                            

El tumulto de la cafetería se desvanece

en el garzo humo de mi cigarro…

                             

La playa inmersa en su quietud

espuma celeste borbotea…

                        

Tus manos dejaron en mi piel

azures los pensamientos…

                                  

La neblina me trae el recuerdo

de una niña envuelta en su vestido zarco…

                               

La tierra rodea el lago

dejando en sus riberas azulinas el olor húmedo

del silencio…

                                  

Atravesé los sueños perdidos en la corriente

turquesa de los ríos desabrigados de invierno…

                              

El temblor cerúleo de la muerte

abandonó mis labios

entre los pliegues de tu beso por correspondencia…

                                  

Me acercaré hasta tus sienes

con un mundo inmarcesible y marino

entre los latidos palpitantes del deseo…

                       

©  José Luis

Disco de inicio

Disco de inicio

Una ráfaga de viento en la cara

un relámpago ilumina de oscuridad el cielo

un trueno rompe sordo el silencio

es la noche de lluvia llena en la alborada.

                    

Blancas tinieblas inundan la puerta

de una casa deshabitada en el averno

en llamaradas se ha roto el firmamento

donde Caronte en el agua de Plutón rema.

                     

Estigia espuma de Aquiles invulnerable el alma

nueve veces entre los bruñidos mantos de Tetis

y las cadenas indivisibles de un Zeus trastornado

por las helicoidales vueltas de los planetas.

                          

Se ha conjurado con los dioses la tormenta

contra el tiempo de los humanos efímeros

y el fuego arrebatado por Prometeo

en el ánfora de Pandora aciaga y tronante.

                               

La humanidad se consume en sus desgracias

entre tifones, borrascas, tsunamis...

pareciera que en el amor necesitáramos

reiniciarnos con el disco de arranque.

                          

©  José Luis

Al fondo de la linterna

Al  fondo de la linterna

Al fondo de la linterna la luz apenas alcanza

más que una ligera tiniebla, una brizna en el ojo

llagado de la noche durante la ausencia de Selene

cuando es profunda e intensa la oscuridad

pero titilante en el espejuelo de las estrellas.

                        

Un tubo largo y acanalado parece un brazo

del que nos acompañamos los días de sombra,

sombra intrínseca en el alma, en la duda

que invade la razón cuando se pasea la muerte

del desgarro por la carne de papel y nardos.

                             

Fijamente miro la bombilla  y espero ver

la claridad de un cielo dilatado, sin nubes

entre las arrecifes borrascosos del horizonte

y que mi mente se convierta en un mar

en sus orillas acariciado por rumor de las olas

extáticas y filamentosas de las dendritas.

                         

Necesitamos en algunos momentos

sólo un dedo

que presione el interruptor del engranaje

para que no se quede nuestra percepción

en el fondo lóbrego de la linterna.

                              

©  José Luis

Quise ser...

Quise ser...

Anoche tuve un sueño

soñé que era gaviota,

que volaba paralelo al mar

y blancas las burbujas de espuma

se adherían al plumón vaporosas

en la ondulación de las olas.

                            

Recorrí durante muchas horas

el cielo enmaromado a la levedad del aire

y en cada aleteada el impulso vertiginoso

me hacía más y más ligero en la inmensidad.

                    

Las estrellas eran puntos blancos

saliendo del paño añil del firmamento

mientras invisibles me rozaban las nubes

los extremos tenues de las alas.

                                 

El cuerpo perdía la gravedad del peso,

llegué a ser viento que acaricia mil caras

y arranca ineludiblemente una lágrima

de los ojos que se resisten a entregar la mirada

a la sombra eterna del oscuro sueño.

                   

Perfumado sentí el aire puro e inmaculado

en las montañas nunca antes alcanzadas

y pude ser árbol milenario y transitable

oteador de los silencios del mundo.

                        

Anoche quise ser gaviota

en el mar misterioso de tus sueños...

                    

©  José Luis

Sombras de arroz

Sombras de arroz

El sol deja caer en el arrozal

suavemente el verdor

que inicia el camino en los tallos

hacia la distancia y la albufera.

                      

Corre el agua mansa

en el espejo de los nublos

y zozobran azules los reflejos

en los quebrados de los juncos.

                   

Manan los granos de arroz

en sus matrices florales

basmati, blanco, patna o largo

en el valle de Mahanadi.

                       

A las sombras una joven del arroz

descansa sus pies húmedos

hundidos en el mar los recuerdos

y en sus labios el sabor pacífico

de los besos de su amado.

                         

La tarde torna su color

en los frondosos ojos extasiados,

se pierde en el horizonte el cielo

dulcemente su sueño arropando...

                           

©  José Luis

Curetes del pensamiento

Curetes del pensamiento

No abaten las lágrimas

al mar que anhela,

entre los impíos embates del tártaro

y el acrisolado cielo,

sensibles los ojos

que no atienden su silencio

y las marismas de la noche

no tributan vaporoso el murmullo

que dejaron prescrito las náyades

en el pergamino de los tiempos

cuando el sabor de la manzana

amargo trajo el purpúreo rescate

de los hombres y su enigma.

                               

Pretenden las luces

en sus sombras

ser el recóndito bosque

que cobije celoso las ramas

verdemares de la cordura

y de las quimeras

que abandonaron los dioses

en el futuro indeleble de los sueños

entre los temblorosos y pródigos latidos

que encubría pensativo Ida

el monte de la amante Rea

mientras depositaba justiciera simiente

de redención y castigo...

                   

En su transcurrir incierto

la vida

a todos nos torna voraces

de los humores de las pupilas

y la sed furtiva del viento...

                          

©  FreeWolf

Flujo manuscrito

Flujo manuscrito

Detrás de cada palabra
pone el poeta abierto
un mundo a la esperanza
del mañana y de un silencio.
                       
No lloran los ojos
sino el alma
las imágenes cargadas
en la retina del recuerdo
mientras tañe en cada letra
cúmulos de sentimiento
y ruge contra las peñas
que la bordean incólumes
la rigurosa frente del tiempo.
                    
Arde el corazón poeta
mientras fragua en su simiente
purificantes lágrimas que arelan
el río dorado del sueño.
                              
Hoy no extraño las estrellas
rutilantes en el firmamento
porque tengo en el corazón
un pálpito de aedo...
                                                      
© FreeWolf