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Rastro de FreeWolf

Pupilas

Cosa de colores

Cosa de colores

Cuando voy por la calle lo que más atrae mi atención,
aparte del movimiento, son los colores.
Los colores hacen que la visión se magnetice
como las mareas del mar a la luna
y fluctúen los sentimientos tras los que se atrinchera la razón.
  
Son momentos en los que la intuición se articula
y los hilos que entretejen el cerebro se electrizan
dejando que el vello se enerve en una sensación indivisa
tras los párpados abandonados en un descorrimiento sensual.
  
©  José Luis

Una carta devuelta

Una carta devuelta

No suele pasar
pero hay ocasiones en las que
se olvida ponerle el nombre a la carta,
no un nombre cualquiera
sino el nombre del destinatario
es como si en realidad no se quisiera mandar esa carta.
  
Las cartas son signos en papel,
signos que nos afectan
porque una palabra busca su realidad
y provoca una reacción en cadena
donde emergen mares y olas,
cantos de estrella o polvo de hechizo.
  
¿Cuántas de esas cartas no habrán llegado a destino?
  
Y no nos engañemos
no se nos olvida poner el nombre
sino que somos celadores de nuestra intimidad,
somos carteros de la noche
y nuestras palabras viajan siderales
por los mundos que soñamos,
por las órbitas cariátides de los ojos
mientras el aire nos devuelve su mirada.
   
©  José Luis

Cuerda poco cuerda

Cuerda poco cuerda

Las piedras bajan por la ladera
en una persecución excéntrica
de arenas y vueltas
es una abrupta noria
incesante de ritmo y tiniebla.
  
Al fondo el mar
blanquea el horizonte
infinito de espuma y olas
trepidante aullido
al romper con las piedras
en ritmo incesante de caracolas.
  
Una clara franja saludo del sol
me recuerda la sonrisa de la luna
verde entre las flores del vergel
que perdido en las ruinas de un templo
fuera la única puerta a un mundo
al que se le acaba la cuerda…

©  José Luis

Sábado por la tarde

Sábado por la tarde He alargado los minutos de la tarde
entre los relojes de la historia
y las nubes que cierran el cielo
como un globo que deja escapar el aire
para subir y subir los azules alcores del silencio.
  
La arboleda es una sombra entre el río
y el reflejo toronja de los pájaros
que arrojan al día su aleteo constante.
  
Deja la música ecos
sutiles entre los huecos de la pared
y las ramas mudas de los árboles
como cuando la lluvia empapa
la camisa y la calma
mientras los pies no reconozcan el camino
que me aleje de las arenas punzantes
y los repechos del anhelo.
  
Ahora encogeré las alas
y posaré la cabeza en el interior de la almohada
donde buscaré la corriente serena
que lleva lejos
a las estrellas…
  
©  José Luis

Un velo y el aire

Un velo y el aire

Un velo tapa los ojos que no se quieren dejar ver
mientras brillan sus retinas en la penumbra
donde un pájaro cruza la bóveda del puente
al que estoy sujeto por la noche y las estrellas.
  
Mi sombra se aleja en la orilla
como un reloj que se estirara en sus horas
y se dejara deslizar entre los cristales
de fuego con los que arde la tarde
cargada de pensamientos y bruma.
  
Hoy el aire se escapa
y me trae de oriente el rumor
de su música e insondables bailes
donde el cuerpo inscribe en su mover
los enigmas que se esconden
en la inmensidad recóndita del mar
mientras los peces tejen palabras
a las sirenas y sus seductores cantos.
  
Un velo tapa tus ojos
y me retiene entre los mares
con los enigmas del universo
y las sirenas de Ulises.
  
©  José Luis

Rombos concéntricos

Rombos concéntricos

Desde el mar una gaviota remonta el vuelo,
su cuerpo se había zambullido en picado
entre los espejos que traspasan el plano
recóndito y colindante de la irrealidad y el sueño
donde un pez parece una nube que recorre simas
y deja en las profundidades el recuerdo
de la irrupción del mundo.
  
Es el pez un rombo
donde depositamos los horizontes imaginados
como un pozo en el que saciamos la sed de los días
que se desgajan sucesivamente de la noche
y la cara que la luna oculta.
  
Son ensueños coloridos,
arco iris cuyas cintas nos enlazan al firmamento
mientras dejamos en el vuelo de la gaviota
olvidada la mirada…
   
©  José Luis

Bóveda ambiental

Bóveda ambiental

Puntos de luz
se pasean por la inmensidad
como si de una calle se tratara
cuando la multitud se amasa
entre el frenético movimiento
y el stop de un semáforo.
   
Caen las nubes en el agua
que refleja el contorno del río
y los árboles semejan montañas
que rozaran la infinitud del espacio
con una pelaje menudo y nebuloso.
  
Es el firmamento una esfera,
una bola de cristal encintada
y removida infatigable por el aura
de un dios que cada primavera renace
de las lágrimas vertidas por Pandora.
  
©  José Luis

En un fragmento apergaminado

En un fragmento apergaminado

Hace ya tiempo unas palabras
abandonadas en una cuartilla
formaron parte de algún pensamiento
en un cajón custodiado.
   
Y ahora cuarteadas por el olvido
son una aparición reclamante,
una columna de humo
que en el cielo se despliega
como un túmulo de voces
arropadas entre las nubes
y se pasean impúdicas
por las riberas de los sueños
mientras se desdibuja la noche.
  
Son una procesión de mariposas,
una manifestación penetrante
de aleteos y ecos de caracola
desde la profundidad inmediata,
desde el corazón sin pálpitos
que es la eternidad del alma.
  
Fueron palabras desprendidas
del árbol del anhelo
cuyos frutos tientan al hombre
como la manzana de la sabiduría
o el libidinoso goce del cuerpo.
  
Me recuerdan al silencio
que se escurre por la mañana
por una hoja destilada
en la esfera de una lágrima…
   
©  José Luis

En el interior de las alas

En el interior de las alas

Lejana en su surtidor una fuente sujeta
al ave que no consiguió aletear en el cielo
lluvioso una tarde oscura de noviembre
y recortada se yergue broncínea la silueta.
  
Ha pasado ya tiempo desde ese día
en una plaza nocturna de Copenhague
donde yo también me encontraba sujeto
a la inmovilidad de las alas y a su destino.
  
Allí estaba con la soledad desnuda
en una ciudad cegada y desconocida
bajo el ala de una grulla atrapado
entre la espuma sorda del agua.
  
©  José Luis

Paisaje en vertical

Paisaje en vertical No fijes la mirada en el mar
porque las aguas no reflejarán
las gaviotas encalladas en los arrecifes.
  
Sólo el faro de la inconsciencia
podrá alumbrar una nueva alborada
y bajarán las mañanas silenciosas
entre los pétalos de bruma humedecidos,
una flor que nació en las arenas del desierto
y de lágrimas entre las palmas de la noche.
      
El cielo deja que las nubes pasen
y lleven el viento a los caminos
donde el otoño le entrega las hojas
que retienen el sabor de la primavera
y del verano las frescas lisonjas.
  
Quién sabe
si remontando el vuelo
las alas del silencio
invoquen a tus gaviotas
y las libere
de la sombra del sauce
y la tristeza…
  
©  José Luis

Paseo tras la suerte

Paseo tras la suerte

Una casona
entre sus paseos
cierra las distancias de la tarde
y dos bolas blancas charlan
de las cosas menudas de la vida.
  
Es un momento de descanso
y me sosiego a los pies de los árboles
como una hoja madura
que intuye ceder su piel
a las entrañas de la tierra
tras el viento y los atardeceres.
  
El aire
trae los ecos
que han recogido las ramas
en las cumbres del cielo
y me encamino hacia la profundidad
frondosa del jardín
y del silencio.
  
Las manos notan en el frío
la proximidad del invierno
y recuerdan la calidez
de la arena del mar
en los pies y el paseo
solazado de la vista
y la mente…

©  José Luis

Fragancia púrpura

Fragancia púrpura

Has dejado tus manos en el aire
como hojas fruncidas y otoñales,
acariciando invisible y azul el mar
donde encubrimos nuestro barco
de los piratas del tiempo
y los tiburones del alma.
    
Recuerdo el aroma de tu cuerpo
una enfriada mañana de noviembre,
la calidez de tu piel entre mis dedos
y la eternidad sujeta a tu mirada.
     
Reencontramos el paraíso ancestral
en los brazos sinuosos de la noche
como una manzana prohibida y expuesta
en los labios de las sierpes y los sueños.
    
Ya no nos queda más tesoro
que la playa perdida en nuestra mente
y las olas púrpura de un piélago
que nos mece indefectiblemente.
  
©  José Luis

Relumbres de aurora

Relumbres de aurora

Hay veces que contemplo la aurora
rojiza entre tu cuerpo y sus pliegues
mientras descansan perdidos tus ojos
alabastrinos tras el alféizar de la ventana.
      
Son las madrugadas de otoño
las que nos desvelan entre las sábanas
con el deseo sinuoso en los labios
y la piel suavemente erizada.
   
No se precisan palabras
cuando nada hay que decir
mientras cruzamos nuestras miradas
desde lo más hondo
desde el brillo permanente de nuestras almas.
       
El sol rastrea en las nubes
los restos de la noche,
los matices escondidos de la sombra
de mi cuerpo en tus entrañas,
ese ardor fugaz y surtidor de vida.
   
Devuelves tu cabeza a mis hombros,
el olor de tu entrega entre mis brazos,
paño de cielo encendido,
cuadro de aurora relumbrante...
     
©  José Luis

Insecto

Insecto

Detuviste tu volar
en una ventana mimada
donde mis ojos parten hacia el otoño
ocre de paisajes y hojas.
         
Era una tarde primera
en la extensión de tus alas
y toronja el sol de noviembre
te adhirió a su oscurecer
como pupila en el horizonte perdida
mientras se vaciaban sus rayos
en la redoma henchida de la tierra.
         
Quizá repentinos los matices del arco iris
en el irrevocable mirador del tiempo
reflejaran el atardecer en mis ojos
tras los cristales rociados del recuerdo.
       
Ya no es posible
la soledad del silencio,
ahora serán tus alas el zumbido
pertinaz que ahonde en mi pensamiento,
el carpe diem magistral
de la tarde suspendida en el universo…
           
©  José Luis

Equilibrio

Equilibrio Sobre las manos el cuerpo cede
la libertad de los movimientos
como una rueda que girara
en el carrusel de los deseos.
          
Los ojos se inclinan al suelo
al revés mismo de la mirada
y el mundo de repente cambia
como los labios de la mañana.
     
Un beso en el frontispicio
puede ser final truculento
en la caída del equilibrio.
                 
©  José Luis

Nervadura

Nervadura

La luz atraviesa el otoño desde una hoja
entre los vertiginosos alcores de la madurez
y transmuta en ocre las nervaduras del mar
que vuelve los mini corpúsculos en piel arrugada,
en un mapa fruncido y entreverado de albures.
   
Trae mi memoria en sus recuerdos
ambarino un reloj de arena
y mientras recorren mis ojos sus granos
en mi mano se hunden las líneas
que formaron parte de un tiempo,
de una vida más allá de la sombra.
  
Desnudo en la tarde otoñal
la hoja que dejó su silencio
prendido en la claridad
de una noche un poco más larga…
       
©  José Luis

Negociar con la vida

Negociar con la vida

Mis ojos,
tus ojos
se cierran cada noche
en el techo de la habitación,
en el agujero negro de la inexistencia
donde mariposas multicolor vacían
de sus alas los pigmentos
y del universo sus incesantes pupilas.
        
Sólo un pensamiento traspasa las hojas
de los árboles caídas ocres y otoñales
que la alameda bosqueja en el horizonte,
un cuadro en la retina de lo lejano,
en los recuerdos que atesora el cielo
con el pasar de tantos y tantos años…
                
La vida,
múltiples las formas de la vida
recrean en los sueños el tiempo,
como el mar se deleita en las olas
con su ir y venir espumante,
así los que nos sabemos mortales
dejamos en cada recodo,
en cada beso y lágrima,
corpúsculos de humanidad
con los que negociarle a la vida
siquiera un átomo de la eternidad…
         
©  José Luis

La función

La función

El crepúsculo anuncia disgregada la huida
de la luz entre las escarpadas tinieblas
y los espíritus salen alojados de las paredes,
dantescas figuras en una ciudad prohibida.
             
No devienen las almas
de los reinos oscuros del Hades
sino de las palabras perdidas
entre la sombra de los árboles.
          
No reconozco las olas que se pasean por los caminos
encrespadas en atuendos pétreos y fugaces
que no palpan ni la fría noche ni el desgajado suspiro
de las mujeres intangibles en los fondeaderos marginales.
             
Un pez mira el distraído horizonte
con la pipa atravesada entre las aletas
y el humo se enreda en el fanal de la luna
como una pamela apostada sobre la cabeza.
             
Es la noche de las ánimas
en el templario cañón de Ucero,
es la función anunciada
en el Apocalipsis
o en el fondo de una botella…
         
©  José Luis

Lienzos de nubes

Lienzos de nubes En estos días de otoño
los matices ambarinos de las piedras
en el crepúsculo los revelan los colores
tostados en el seno de la tierra.
                     
Las nubes aparentan oscuras montañas
donde los jeroglíficos arcanos esperan
el oro encendido del cielo
para escapar con los pájaros.
                       
Arde el firmamento
al caer de la tarde
y el tiempo torna la eternidad
en un fugaz momento
donde la vida se compendia
en unas pinceladas,
en unos instantes
en los que una mirada
merece en sí una existencia.
                
El aire se agolpa en un respiro
en el latido de corazón
en el sollozo de un niño
justo en el instante de nacer.
             
Mis dedos recorren tu pelo
broncíneo al atardecer
y allá a lo lejos
donde se pierde el horizonte
vuela nuestro secreto…
               
©  José Luis

Redes

Redes

Atrapados en la realidad
los ojos bucean en las entrañas,
en las complejas redes del tiempo
donde acumulamos las imágenes
y los pasados acontecimientos.
                  
Caen las hojas de los párpados,
hojas ocres y arrugadas,
por las continuas estaciones
de los pétalos en flor
y la muerte de los mirasoles.
                    
Ofrecen las nubes gotas de lluvia,
cortinas de agua en las ventanas
del silencio tintineante
en el astronómico cielo,
collar de transparentes perlas
en el cuello de la Aurora.
          
©  José Luis