Pender de un árbol
Nuevamente veo el transitar de las hojas
que los árboles a sujetar no alcanzan
y caen sazonadas de pajizo y ocre
a la tierra, a los brazos maternos
de la oquedad impenetrable
donde late el corazón del viento
y las rocosas montañas.
Acaricio
en silencio
en el interior nervudo de los sueños
las copas primaverales
y los trinos de los pájaros
que rondan en el sur de la inocencia
las distancias del olvido
del otrora presente que subyace
en el camino glauco de la esperanza
y un gorrión me recuerda
las tardes a la sombra refrescante
del mirar del río
mientras baja las laderas de la inmolación
con los cantos de la victoria.
Una vela resbala su cera
por las manos de la noche
y oscila la llama entre las penumbras
como las hojas en su vaivén
incidental del otoño…
© José Luis