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Rastro de FreeWolf

Pupilas

Ababola

Ababola

Nace azur la luz en la oscuridad de la sombra
donde la hierba pierde glauco su aroma y color
en los átomos opacos de una agreste amapola
ajada por el tiempo y la lengua imperturbable
del viento entre la verticalidad de las espigas
y el vuelo furtivo y rasante de la noche.
  
Cuarteados los pétalos en los labios hiede
el beso de la muerte, reflejo del ocaso
consustancial al tiempo que se amorata
la médula de las palabras y los sonidos
en la lengua carmesí y ausente de la boca.
  
Prolongados tallos sobrepasan la levedad
suspendida del aire y las encapsulados hojas
que traerán los renuevos de la verdad
y los matices inextinguibles del recuerdo.
  
La tarde se adormece y las pupilas giran
alrededor de la camilla donde las letras
de la noche resbalan
hasta los tapices repujados con tu nombre.
  
©  José Luis

En nombre de la rosa

En nombre de la rosa

Frente al espejo una rosa aroma
la entrada de la casa, en unos pétalos
blandamente se deshoja el tiempo,
fanales de penetrantes guiñadas
en la hora que deambulan los céfiros
entre las hojarascas de los arraclanes
o las riberas húmedas de los sueños.
  
Las espinas atemperan los vestigios
que la tarde descuida en las campiñas
subliminales de la infancia donde un deseo
era la mano profundizada en la tierra
para sentir el cosquilleo de las cavernas
inexploradas de los tesoros que no existen
mas que en el futuro inaccesible.
  
En nombre de la rosa el espejo
refleja la levedad
de las verdades que atavían
de extrañeza las cosas
tras las palabras que en los oídos
se quedan ancladas como espinas
que al pasado te atan
cuando escarbabas con las manos
la fortuna de la inocencia.
  
©  José Luis

Esferas germinales

Esferas germinales

De la tierra los tallos surgen
de la nada crecen los pensamientos
de las cúspides en el jarrón
donde las esferas de los sueños
atraen pecíolos e inquietudes.
  
De tus ojos nacen miramientos,
fugaces estrellas surgidas
del aleteo de todos los versos
en mis labios meditados.
  
Como burbujas se han deshecho
los silencios tras la noche
en los estambres de la aurora
cuando los roces y la piel
despacio se encendían
y tramaban a nuestras espaldas
solos dejarnos.
  
La hierba susurra
a los lados del camino
a los pies del caminante
que dos globos flotantes,
toronja y gualda,
se bambolean
al compás de las estrellas
fugaces.
  
©  José Luis

La licorera

La licorera

Cercena la claridad su silueta
enjaezada brillante en la sombra
del acero acristalado en la copa
olorosa y rutilante tras el líquido
dorado en el paladar del silencio.
  
La ventana resplandece en un punto
estrellado en la bola que vela
el vacío pleno de un instante
que fue fuego en la garganta
y sonrisa en un beso.
  
La arena se esconde en la trasparencia
del tiempo o de una gota que resbala
por las láminas de un verso o por mi boca
mientras el sol en el ocaso se proclama
dador de vida, heredero de la esperanza
que toda noche fragua en el crisol
suspendido de la aurora y de la luna.
  
Proyecta su sombra la licorera
alargada en la orilla del riachuelo
de aguas ondulantes en la frente
como un pensamiento que extraña
el origen de los sueños…
  
©  José Luis

Hojas sobre piedras

Hojas sobre piedras

Baja el río entre las piedras
como tantas veces en su curso
y arrastra en sus descuidos
las hojas de los árboles
de la voluntad desposeídas.
  
Saben las hojas que algún día
harán realidad el vuelo
que les lleve a otra parte,
a otra forma de ser vida.
 
Puede que no sea su deseo
ni siquiera lleguen a entender
que el ciclo no espera
ni cuanta con ellas
más que para justificar
su significado.
  
Por eso el río en su recorrido
amortigua con el agua la caída,
siempre dolorosa en el olvido
de abandonar lo que se quería.
  
©  José Luis

Granizo caótico

Granizo caótico

Dejaba el sonido del golpeteo
contra el alféizar
translúcidas y ateridas esferas
de hielo en el poniente
del ventanal formando una piña
inconexa de claridad gélida y humeante.
  
Se despereza la mañana del domingo
entre gruesos nubarrones de espanto
y la amenazadora serenidad del aire,
una turbadora posesión de los caminos,
de las calles que se cierran al paso
y las almas descobijadas se mezclan
monótonamente en las campanas
que repican con los badajos de los cristales.
  
Baja una fría sensación
por la espalda de la naturaleza,
un corrimiento de quebradizas piedras,
un lamento, un sollozo reprimido
y turbulento que se desata
dejando en el ambiente el temblor
amalgamado de pupilas y presencias.
  
©  José Luis

Verja cautiva

Verja cautiva

Las manos trabaron los dedos de la noche
en los cuadrados que al mar dividieron
en infiltración y emanación de nubes
tras los regios montes de la eventualidad
cuando las páginas que transcriben la vida
cayeron como lluvia en el olvido y en la selva.
  
La mirada traspasó los límites del recuerdo,
lágrimas de invisibilidad fueron los ríos
que lamieron curvos los labios de la duda
donde cada paso que se derriba en el abismo
renueva en el cielo las indómitas péndolas
de la luna entre las exhalaciones del deseo.
  
Fijos los ojos en la inmovilidad truenan en la arboleda
lumínicos haces de perplejidad y afectuoso viento,
los años dejados en los frunces de la existencia
enarbolaron ciclos de simiente y arrebatado desboco
ahora glaucos silencios en la lejana orilla del tiempo,
mientras un ininteligible sonido se desceñía del abandono.
  
©  José Luis

De zapatillas

De zapatillas

Transcurren los días al calor y la luz,
son momentos de paseo,
de caminar entre la gente
y observar
cómo la naturaleza se recrea
en sí misma
y se exhibe en cada cambio
mientras también nosotros afloramos
con cada estación reverdecida.
  
Unas zapatillas se llevan mis ojos
tras el intenso dorado de las rayas
que caminan y se interrumpen
en la pasarela que sujeta la corriente
a los pilares de la angostura
sugiriendo ondulantes recovecos
entre profundos y musgosos tornasoles.
  
Un instante flotando en el aire
la mirada hacia ese lugar
donde se vela el pensamiento
y de pronto vuelven los pasos
a llevarse las rayas y mi atención
ensimismada hacia el sendero
abismal del enajenamiento…
  
©  José Luis

La lata azul

La lata azul

En la tranquilidad del suelo reposa la lata
que antes fuera asida entre las manos
y ahora recibe del sol la intensidad
azur del abandono que le dieran unos dedos
en el vacío y la distancia hasta la tierra.
  
Las briznas crecen glaucas en el suelo
donde la simiente el devenir alfombra
desde la expansión furtiva del tiempo
y la multitud de partículas el aire disloca
en sube y baja tras turbadores vuelos.
  
Pasarán los días, serás parte del panorama
como las hojas que se descombran otoñales
a la sombra inmaterial de los tesos árboles
mientras desatiendes celeste la irisación
callada, herrumbroso cascote de la noche.
  
©  José Luis

El balcón de los atardeceres

El balcón de los atardeceres

Estoy en casa
ensimismado en los quehaceres
de una tarde de domingo.
  
Fuera siento el constante piar
que de los árboles emerge,
es el bullicio de los goznes
entrañables de la primavera.
  
Salgo al balcón
para mitigar la pesadez de la estancia
y de la oscuridad que se apodera
de los ojos y semblantes.
  
Observo cómo se oculta el sol
tras los edificios de enfrente
mientras se incendian las nubes
y bañan de dorado el aire.
  
Una vez más
me absorbe el crepúsculo
la consciencia y el anhelo
de mortal imperceptible
entre los abismos del universo.
  
©  José Luis

La golondrina en el crepúsculo

La golondrina en el crepúsculo

La arboleda escucha al aire entre las ramas
con las canciones longevas de las flores
arrullando las cálices extendidos al cielo
y al atardecer suspendido entre sus hojas.
  
Las golondrinas siguen con sus raudos vuelos
sorteando las esquinas del viento con sus alas
abiertas al incalculable horizonte y los planeos
tras la tangente perfección del movimiento.
  
Celestes en el espacio se cruzan las líneas
en la travesía de los balcones y las péndolas
en una revoltosa huida hacia todas y ninguna parte.
  
Invariable el sol baja la ladera de la tarde
y en cada sombra el instinto lame la oquedad
del día mientras se desvanece suave la mirada.
  
©  José Luis

Círculo carmesí

Círculo carmesí

Prenden las llamas
en el jardín de la fuente
y los sépalos tiernos
en su semblante esbozan
la tonalidad flamígera del fuego.
  
Arde una amapola
entre los brazos del crepúsculo
y se aleja en un suspiro
profundo
de los colores la luz
perezosamente por las calles
mientras se deshoja el silencio
abanderado en tu frente.
  
Las espigas ondean el aire,
rondan la garganta de la noche
donde enclavarán la simiente
con penetrante voz
y desde la gruta de los sueños
anunciarán que el campo dorado
y labrado de los recuerdos
extendiendo sus alas
tenuemente desvanecerá
ababoles y destinos.
  
©  José Luis

Aferrarse

Aferrarse

Pasa el tiempo
y el aire,
quizá todo lo que retienes
y a lo que te aferras
también termina pasando,
es una película
donde sucede lo inevitable
porque ya sabes cómo termina.
  
La tierra mana flores
en las que se deposita,
tal que en los hombres,
un punto de fugacidad
de naturaleza invertebrada y cíclica,
que tras el revoloteo y esplendor
sobreviene su ocaso.
  
No sé
si la luna mirará en mis ojos
el miedo y la oscuridad
como su propio miedo
o si atravesado por la claridad de sus rayos
interpondrá en mi mirada
la magnificencia de la noche,
y cada sombra,
cada breve instante de luz
me devuelva en pequeñas dosis humanidad.
  
©  José Luis

Perspectivas desmigajadas

Perspectivas desmigajadas

A través del aire
los ojos sus alas extienden
en los reflejos de un coche
y las exhalaciones del vacío.
  
Son las curvas un espejo
de realidad fragmentado
entre piedras protectoras
y parpadeantes surcos de colores.
  
Desmigajo tu mirada
en los haces de la noche
mientras paseo solitario
por la luna y los sueños
que a la orilla del río sorprenden
los peces salidos de la inconsciencia,
rutilantes fuegos artificiales
en la apartada bóveda de la quimera
donde un hilo de seda es el orbe
por el que se desplaza la tarántula
que tejió el sol y la madrugada
a los oscuros pliegues
de un todoterreno.
  
©  José Luis

Madre e hijo

Madre e hijo

A lo lejos distingo un puente que atraviesa el río

una ilusión azul en la nada, en el aire que etéreo

se insinúa entre nebulosas gasas y volubles vidrios

donde se crean ilusiones y espejismos seductores.

  

Cabalgan en la luz del día los hades de la noche

entre los estertores que balancean la orilla

pendular de la corriente y el asfalto flotante

enclavado entre dos cabezas, dos faros luminiscentes.

  

Sustentan la creación dos pechos,

dos pechos que amamantan el hambre y la esperanza

mientras crecen las dudas en la mente, en el tiempo

tras los pasos vacilantes de un hombre que no sueña

porque la alborada suspendió ingrávidos sus ojos

en el cenit de Damocles arropando su destino.

  

Esperan las farolas iluminar resplandecientes la noche

dejar en un círculo los haces luminarios tras las sombras

que ocultan al silencio entre las malezas del poniente

y los sueños de una madre en los brazos de su unigénito.

  

©  José Luis

Placeres de pensamientos

Placeres de pensamientos

A lo lejos
la mirada se pierde
en el amanecer de la alborada
cuando se olvidan los sueños.
  
En el corazón diáfano de la noche
han nacido las palabras
al amparo de la luna y tus ojos
en la profundidad inmaculada.
  
Pululas por la habitación
entre aromas de sándalo
y las páginas de un libro
(oscuras letras en fondo claro)
por los reversos del olvido
donde te imaginan mis versos.
  
Dorados
son los pétalos del viento
añiles
los labios de tus pensamientos
  
©  José Luis

Brillar en el ocaso

Brillar en el ocaso

He visto al sol brillar en el ocaso de la tarde
cuando el día recogía en su certera luz la mirada
de las sombras y cómo arrimaban oscuro su manto
al fulgor de las estrellas. Aurífero espectáculo.
  
Las manos envuelven los rayos en sueños de plata
mientras la frente detiene en su interior los ojos
que siderales llegaron cruzando los espacios libres
donde los susurros ancestrales depositaron la clave.
  
Buscan los hombres el jardín que fuera prohibido
cuando inverosímil el fruto parpadeó la sabiduría
y sobrevino imperecedera la fragilidad y la muerte
hasta que surja un nuevo espíritu de la ciencia.
  
Vienen a mí de otros momentos los recuerdos
donde el tiempo era un estadio sin prestezas,
caminos virginales de un renovado paraíso
entre las horas perdidas en la inconsciencia.
  
©  José Luis

Renuevos de primavera

Renuevos de primavera

Miro los árboles que a mi paso se arrancan
las pupilas hundidas de invierno en los tallos
mientras germinan las ramas y renuevos
que el viento cimbrado balancea solemne.
  
Sus hojas se recubren aún de terrosas pieles
que se rebelan en el confinamiento briosas,
glaucas y flotantes manos, nervudas teces,
que persistente el céfiro acariciar anhela.
  
Se dibujan los picos en las arbóreas moradas
y trinan los ecos cordiales de la primavera
bajo el cielo boscoso de abril y aguaceros
que barren la nostalgia y sombras invernales.
  
¡Quién no ha sentido ya en sus venas
el latido pícaro de Puck en su encanto
o el azulino y espumoso aro de Afrodita
que atraen los más intrínsecos deseos!
  
©  José Luis

Labio encalado

Labio encalado

Blancas las acanaladuras de tu labio
por la ventana reflejan la luz que entra
en las cristalinas vertientes del olvido
como un brebaje que aletargara mis venas
  
Suaves son las melodías del recuerdo
cuando se aclaran remotas las sombras
en un arco iris perfecto de voces sonoras
tras las inclinadas líneas del alejamiento.
  
Los ecos de la noche brillan con la luna,
se posan como murmullos en el tiempo
y manan versos salpicados de corazones
mientras las campanas tañen en el silencio.
  
En la soledad de las tinieblas sólo una cala
hipnotiza mi sueño y la nada, la aurora
desprevenida no alcanza a decir palabra,
la mudez la vistió púrpura y áurea.
  
©  José Luis

Canícula esclarecida

Canícula esclarecida

Retienes subrepticia mi voz entre tus labios
como un sol que ocultara sus silencios
en la oscuridad pétrea de un árbol y sus hojas
con los ecos que atronan las marismas
y los cometas muerden errantes
en los frunces por tu frente y su vereda.
  
Las sombras se proyectan tenaces
dejando la luz inconsciente y abandonada
en los reflejos oblicuos y penetrantes
donde irisadas membranas destejen los ojos
guardianes de la autenticidad y la entelequia
en los rostros de Jano, el futuro y el pasado.
  
©  José Luis