Tras cada atardecer
Tras cada atardecer en mis ojos
adquieren las tonalidades del cielo
improvisadas transformaciones de luz
y de reflejos tras el denso aire de la noche
mientras se derrama impecable un suspiro
entre las nubes que sobrevuelan el silencio,
una lánguida sensación de pertenencia
a la inherente raza de los perseguidores
de sueños y de esperanzas.
He desmontado muchas palabras
que luchaban por sujetarse a mis dedos,
porque sé que las palabras se alimentan
de las huellas que dejan rastro
en los cráteres del universo,
de las huellas indómitas y fugaces
que atraviesan las cometas incrustadas
a la soledad de las lunas negras
donde se besan los amantes
y el eco de las batallas crujen
las sílabas de los ensimismamientos.
Tras cada atardecer un niño no vuelve a su casa
sino que vaga por las sinuosidades del desvelo
en compañía de las voluntades que quisieron ser
cumplidas en la infinitud irrevocable de los sueños.
© José Luis







