Blogia

Rastro de FreeWolf

Placeres de pensamientos

Placeres de pensamientos

A lo lejos
la mirada se pierde
en el amanecer de la alborada
cuando se olvidan los sueños.
  
En el corazón diáfano de la noche
han nacido las palabras
al amparo de la luna y tus ojos
en la profundidad inmaculada.
  
Pululas por la habitación
entre aromas de sándalo
y las páginas de un libro
(oscuras letras en fondo claro)
por los reversos del olvido
donde te imaginan mis versos.
  
Dorados
son los pétalos del viento
añiles
los labios de tus pensamientos
  
©  José Luis

Brillar en el ocaso

Brillar en el ocaso

He visto al sol brillar en el ocaso de la tarde
cuando el día recogía en su certera luz la mirada
de las sombras y cómo arrimaban oscuro su manto
al fulgor de las estrellas. Aurífero espectáculo.
  
Las manos envuelven los rayos en sueños de plata
mientras la frente detiene en su interior los ojos
que siderales llegaron cruzando los espacios libres
donde los susurros ancestrales depositaron la clave.
  
Buscan los hombres el jardín que fuera prohibido
cuando inverosímil el fruto parpadeó la sabiduría
y sobrevino imperecedera la fragilidad y la muerte
hasta que surja un nuevo espíritu de la ciencia.
  
Vienen a mí de otros momentos los recuerdos
donde el tiempo era un estadio sin prestezas,
caminos virginales de un renovado paraíso
entre las horas perdidas en la inconsciencia.
  
©  José Luis

Encastre piramidal

Encastre piramidal

Las zonas que se encierran en recintos
atesoran un hermético paso del tiempo,
un contravalor manifiesto en lo inexistente
cuando no hay abertura más lejana que los ojos.
  
Los sonidos que tuvieron alguna vez congruencia
son silenciados en el vacío rugoso de la cámara
mientras rebosa en el ambiente la disonancia
macerada tras los siglos de conflagraciones y muertes.
  
No hay medida ni número que no sea descifrado
en el jeroglífico de los reflejos turbulentos
o en el encriptado enigma de las sombras
que toda vida o destino acarrea tras el nacimiento.
  
La noche acompaña la oscuridad del tártaro
y permanece cobalto un azul imaginario en la retina
donde el paraíso fue abandonado por la sabiduría
de una tierra que amamantó rigurosa los hijos de Eva.
  
©  José Luis

Desabandono incautado

Desabandono incautado

Sujetan las ramas del árbol
el despojo de la inocencia
que otrora fuera compinche
y subyugado tejido de asedios.
  
Ya no insinúan sus palabras
ni el silencio trae reminiscencias,
es un ocaso
un devenir en sombras
como ese largo desierto
dentro de una botella.
  
Han dejado de sonar las caracolas
que barruntaban destinos y mares
transversales al tiempo
donde los sonidos del aire se escuchaban
entre espumaradas de almíbar
y arrecifes de sosiego.
  
Dura es la corteza de la inadvertencia
cuando se traspasa el umbral del olvido.
  
©  José Luis

Lengua pétrea

Lengua pétrea

Puente que de piedra naces tras tus pies
enclavados en surcos de légamo y agua,
de tus bocas surgen las márgenes del aire
y la senda del transitar por tus ojos profetiza.
  
Pétreas tus lenguas hablan con el sonido del río
y los murmullos de las aves que sombrean tus dorados
musgos por los que te rastrean leales mis manos
amantes de tus siglos y de las miradas al extravío.
  
Quizá en mis oídos dejaras de Unamuno los pasos
como se deja la flor en el reposado cáliz del tiempo
y de la fugacidad de los pétalos y las indomables espinas
mientras la inmortalidad por tus pretiles se encharca.
  
¡Cuántas huellas ocultas entre tus arcos
de silenciados pensamientos en la corriente!
  
©  José Luis

Renuevos de primavera

Renuevos de primavera

Miro los árboles que a mi paso se arrancan
las pupilas hundidas de invierno en los tallos
mientras germinan las ramas y renuevos
que el viento cimbrado balancea solemne.
  
Sus hojas se recubren aún de terrosas pieles
que se rebelan en el confinamiento briosas,
glaucas y flotantes manos, nervudas teces,
que persistente el céfiro acariciar anhela.
  
Se dibujan los picos en las arbóreas moradas
y trinan los ecos cordiales de la primavera
bajo el cielo boscoso de abril y aguaceros
que barren la nostalgia y sombras invernales.
  
¡Quién no ha sentido ya en sus venas
el latido pícaro de Puck en su encanto
o el azulino y espumoso aro de Afrodita
que atraen los más intrínsecos deseos!
  
©  José Luis

Un día de rallie fotográfico

Un día de rallie fotográfico

Esperan las calles que se detengan mis ojos
en su transitar, en su fugaz y virulento delirio
en el cual acontecen invariables los pequeños olvidos
absueltos en los alineados límites de una foto.
  
He visto lejanas las miradas, justo en ese punto
donde lo que está delante es la silenciosa pantalla
en la que se rebobinan algunos episodios pasados
mientras el aire les remueve el cabello y las audacias.
  
En el vigor de los tonos ceden las flores exuberancia
a esta mañana de domingo y de bóveda azulada,
en el albor de las nubes y los verdosos mantos
baraúndas de extraños por mi cámara se cruzaban.
  
Los pájaros anadean las alturas y las ondas del río
con sus alas extendidas en la atmósfera y el tiempo
es esa inesperada ventana en la que alguien se asoma
y se revela como observador de su propio retrato.
  
©  José Luis

Salto a la sombra

Salto a la sombra

En el aire has dejado la gravedad de tu cuerpo
y la sombra con el suelo se aviene en el lance
mientras congelado tu movimiento se suspende
el torso desnudo en la piel y en el tiempo.
  
El granito espera en las ruedas un roce
que encadene de nuevo figura con su silueta
y revierta en sonido en solo un momento
el trueno caído en la espesura de una tormenta.
  
La tarde se viene poco a poco en las nubes
y el cielo suelta monopatines de plata
donde entonan los ladrillos de una vieja iglesia
la equilibrada ceremonia de sangre y liturgia.
  
©  José Luis

Labio encalado

Labio encalado

Blancas las acanaladuras de tu labio
por la ventana reflejan la luz que entra
en las cristalinas vertientes del olvido
como un brebaje que aletargara mis venas
  
Suaves son las melodías del recuerdo
cuando se aclaran remotas las sombras
en un arco iris perfecto de voces sonoras
tras las inclinadas líneas del alejamiento.
  
Los ecos de la noche brillan con la luna,
se posan como murmullos en el tiempo
y manan versos salpicados de corazones
mientras las campanas tañen en el silencio.
  
En la soledad de las tinieblas sólo una cala
hipnotiza mi sueño y la nada, la aurora
desprevenida no alcanza a decir palabra,
la mudez la vistió púrpura y áurea.
  
©  José Luis

Vislumbre pútrida

Vislumbre pútrida

Absolutamente el tiempo se apresura
y se rompe en cada momento
no habiendo lugar para la duda
ni siquiera para un minuto de descanso.
  
Bien poco hace que los pétalos eran
la parte viva que manaba savia
y el roce salpicado de los labios
que ya no existen ni dicen nada.
  
La frescura que me entregó la mañana
en pequeñas turbulencias de rocío y sangre
se agostaron al declinar la mirada
hacia el recuerdo de lo que se pierde
tras lo soñado.
  
Terrones son las cuencas de mis manos
y nidos negros los ojos en la distancia
mientras eclosionan trastornadas las noches
en el vientre del vacío y de las parcas.
  
Podrá no llegar a nacer otro día,
quizá sucumbir una esencia fecundada
o la luz del sol no prolongue su camino
si dejara caer tu recuerdo o tu nombre
en el más fétido de los silencios.
  
©  José Luis

Contextura de flan

Contextura de flan

Dulces son las palabras que me apadrinan
y que ponen en el aire ese sonido nuevo,
esa descarga de luces vibrantes y colores
como una cucharada de flan en la boca.
  
Secretamente el aire penetra en mi cuerpo
y en mi aliento se despiertan los hombrecillos
que cautelosos podan los sueños y recuerdos
mientras de mis ojos afloran verdes ríos
y puentes dorados y violetas
tras los trovadores y los incesantes crepúsculos.
  
En un plato tiembla inagotable la tarde
tras los deseos y las olas celestiales
donde algodones de azúcar son las nubes
que se prenden al paladar y sus profundidades.
  
Oscura la aureola se sumerge jugosa
entre los incisivos placeres
y los reflejos de la luz inconsciente
que desnuda la piel y la mirada…
  
©  José Luis

Canícula esclarecida

Canícula esclarecida

Retienes subrepticia mi voz entre tus labios
como un sol que ocultara sus silencios
en la oscuridad pétrea de un árbol y sus hojas
con los ecos que atronan las marismas
y los cometas muerden errantes
en los frunces por tu frente y su vereda.
  
Las sombras se proyectan tenaces
dejando la luz inconsciente y abandonada
en los reflejos oblicuos y penetrantes
donde irisadas membranas destejen los ojos
guardianes de la autenticidad y la entelequia
en los rostros de Jano, el futuro y el pasado.
  
©  José Luis

Roseta de corazones

Roseta de corazones

En la mano las cartas
juegan al póker
y un corazón en la manga
late turbulento
aguardando su jugada.
  
En la catedral
y por su entrada
se cuela la luz
y en el suelo deja
irisado un rosetón
y un beso
o un corazón engranado.
  
Los bordes del mantel
ocultan unas piernas
y unos pies que se mueven
y unas risas que vuelan
hasta el corazón de la tarde.
  
Alguien
alguna vez dijo
que el corazón tiene razones
que la razón no puede entender,
por eso
yo me inclino
a que dejemos al corazón
seguir su propio camino…
  
©  José Luis

El ojo de la serpiente

El ojo de la serpiente

Se han encrespado las olas en la cabeza de la serpiente
donde bífidas las piedras miran desafiantes al mar
y los vientos. Traen lamentos profundos de la tierra
cuando amamantaba los hijos del hombre y la muerte
los pájaros que aletean perversos los collados de la tiniebla.
  
Es de día y los rayos del sol irisan la realidad de los sueños
mientras surge de las aguas pétreo el resto de un naufragio,
rocas azabaches que custodian en su interior abigarrados
amasijos de cuerpos y almas que no encontraron otro destino
más que yacer entre los musgos de la profundidad inerte.
  
No hay lágrimas entre los muertos que perdieron los ojos
por mirar fijamente el zumbido hipnótico de la sabiduría,
pero se arrastran las pieles huidizas entre los matojos
ardientes de la noche donde un pensamiento es el deseo
y la vida, la escabrosa playa que el ojo de la sierpe mece.
  
©  José Luis

Volar desde un cielo negro

Volar desde un cielo negro

Suplica la noche el aleteo del pájaro de la luz
que entre su alones sujeta las columnas del cielo
y esgrime en su pico el maná de la paciencia,
fruto áspero al dolor y al forzado silencio.
  
Nada ven los ojos en las constantes tinieblas
donde la hondonada de la soledad es un camaleón
que se disimula entre las fauces de la omnipotencia
y tritura los embriones de la libertad y los sueños.
  
Negras nubes ciñen la rabia de la memoria
y la antorcha en lo subterráneo se va marchitando
entre vaporosas escamas de un dragón sin hombre
ni propósito que lo alumbrara, una demolida lágrima.
  
Esclarece la rosa sus pétalos en la oscuridad,
un caparazón de sangre y muérdago sustentado
en las estrellas negras de una luna desterrada,
deshojada huella de la humanidad en un recuerdo.
  
©  José Luis

El gallo ensillado

El gallo ensillado

Un parque invita al paseo,
una caminata agradable y larga
entre la frondosidad de las hojas
y los troncos que apuntan al cielo.
  
No soy el único errante,
a lo lejos otra figura impulsa
las ruedas de su carro
donde sus pertenencias atesora.
  
No sé de sus pensamientos
ni de su viaje circunspecto
por los parajes de la vida
o de su soledad impuesta.
  
Un gallo acompaña el destierro
del paraíso a la nada invertida
donde se esconde el silencio
y la humanidad y la avaricia.
  
Quizá comience indiscutible la huída
cuando ensillado su gallo
le hable y acaricie
como a un ser amado…
  
©  José Luis

Ingeniería de ave

Ingeniería de ave

Tus alas se han abierto
en una mañana reciente
donde el cielo era tu llamada
y el aleteo, tu presente.
  
Hoy no ha sido el aire tu regazo
sino el muro resecado del puente,
inscripción de piedras en la tierra
desde la que se asoma la corriente.
  
Constructora de caminos intangibles
tras los que el día la noche contraviene
entre espigas de aerolito,
entre oquedades de luna,
que mi lengua sin quererlo explora.
  
La robustez azarosa de la noche
precisa de armazones turgentes
que ensamblen los revoloteos de la dicha
a las inequívocas arcadas del tiempo.
  
©  José Luis

Los pétalos tridimensionales

Los pétalos tridimensionales

El jardín retiene en sus flores
una evidente y renovada galanura,
un aleteo de primavera y corolas
entre breves intervalos de frescura.
  
En cada pecíolo una irisación formula
de otros tenues ecos reminiscencias,
una reverberación ya preexistente
en todo capullo aunque no florezca.
  
Las hojas glaucas aparentan espejos
donde se refleja fúlgida la mañana
cuando amanecen el sol y tu mirada
tras la tiniebla transitoria de la noche.
  
He buscado tras un pámpano las estrellas
donde se ultiman las letras de tu nombre
y las hespérides perfilan en sus velos
impalpables pétalos tridimensionales.
  
©  José Luis

El pueblo deshabitado

El pueblo deshabitado

Tus casas de piedra jalonan los muros
que retuvieron las lluvias y los semblantes
donde el cielo se transformó en montaña
y las tardes que yacen en el paño se zurcen.
  
Las manos sujetan en mechones el pelo
de crepúsculos de puertas y ventanas
mientras resbalan lentos por las lascas
tersos flujos de lejanía y espera.
  
Supuran los montes soledad
azul y carcomida
entre las calles por donde el viento
es el único habitante que transita,
soplo de abandono y muerte.
  
Las campanas de la tarde ululan
almas que turistas descienden
por las laderas de la inconsciencia
mientras en sus oraciones recitan
los ecos que fueron entonces.
  
©  José Luis

Luna Media

Luna Media

Mis ojos se elevan más allá de las nubes
donde muestra su esplendor la luna
en una forma de elástica media esfera
mientras encubre un paño blanquecino
el azulado aire de la estratosfera.
  
Caminan los pasos por la apariencia
donde no existe respiración ni llanto,
donde el camino es espacio sin custodia
para las palabras que no se forman de letras
sino de un único y sorprendente retumbo.
  
Forja tangencial el aire nuestro encuentro,
incidental y resplandeciente escondite
tras los labios ondulosos del silencio
y la idílica ensoñación de las sirenas
cantoras de los arrecifes y el letargo.
  
Sonrosados los aleteos del tiempo
imagínanse en el vacío turbulencias
mientras pausadamente los granos
descienden por el escote del reloj
hasta las mismas retinas de la tierra.
  
©  José Luis