La golondrina en el crepúsculo
La arboleda escucha al aire entre las ramas
con las canciones longevas de las flores
arrullando las cálices extendidos al cielo
y al atardecer suspendido entre sus hojas.
Las golondrinas siguen con sus raudos vuelos
sorteando las esquinas del viento con sus alas
abiertas al incalculable horizonte y los planeos
tras la tangente perfección del movimiento.
Celestes en el espacio se cruzan las líneas
en la travesía de los balcones y las péndolas
en una revoltosa huida hacia todas y ninguna parte.
Invariable el sol baja la ladera de la tarde
y en cada sombra el instinto lame la oquedad
del día mientras se desvanece suave la mirada.
© José Luis