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Rastro de FreeWolf

La despensa del mundo

La despensa del mundo

En su interior el mar es un submundo
donde aguarda voraz una serpiente
el momento en el que la luz se pierda
entre las imperturbables sombras
y las criaturas que no conocen el miedo
pululen entre los restos de la inmensidad
que es el infinito oscuro de los sueños.
  
La noche cubrió la bóveda con su manto
y las estrellas como piedrecillas en el camino
guían la mirada pendular del tiempo
entre las dendritas que mueven los engranajes
de un barco hundido en las marismas oníricas
que han ocultado las oraciones del padre nuestro
y el maná que alimentó al mundo en su peregrinaje.
  
Hay un hambre que adelgaza al hombre
y aniquila sus esperanzas e ilusiones,
un hambre que sujeta y detiene al oleaje
que devolvía a las riberas olvidadas
unos granos de arroz y unos peces
con las palabras que sanaban el cuerpo
y también al alma…
  
©  José Luis

Día de justa

Día de justa

Los libros se hojean a sí mismos
y las letras danzan en los ojos,
son diablillos que reconocen los vestigios
que la tinta dejó en las huellas
articuladas de un viejo piano
mientras las manos componían los signos
que resonarían después en los oídos,
el tiempo y las fotos de nuestro antiguo álbum.
   
Una de las estrellas, tan sólo una de ellas
detuvo su ulular en la fachada de una casa
donde los niños dormían en el silencio
de la noche que es cuando se duerme
y al cerebro se deja libre para elevarse,
para pretender cometas y sueños.
  
Has recogido los enseres de la mesa
y uno de ellos te llamó la atención
un antiguo marcador de páginas
con un grabado casi imperceptible
de una inverosímil e inaudita armadura
que emitía en las cuerdas de un piano
susurrante los latidos de la justa
que envolvió a los hombres remotos
en la inextricable lucha de la supervivencia
desde que fuera el cierre un pañuelo
de la curiosidad irremediable de Pandora.
  
©  José Luis

Cuando el cuarto es demasiado grande

Cuando el cuarto es demasiado grande

Un niño duerme tranquilo en su cuna
mientras gira la vida en la rueda
que anota los días y los números
como un calendario que se vacía
cuando finaliza indefectible el año.
  
Las ventanas, alargadas en sus jambas,
meten dentro la tarde que se perdía
desconectada ya del mundo,
son las nuevas mesías de lo rutinario
porque en una mirada se capta
la soledad que enferma al hombre
y al alma.
  
La pintura ya no dice nada,
el paso del tiempo le quitó su gracia,
es una desdibujada mancha
por la que nos preguntan que qué vemos
como cuando nos testificaban
nuestros pensamientos en una imagen
que en su forma simétrica muchas cosas
asemejaba.

¿Qué le diría yo hoy
a ese relamido psicólogo
de la mente de Rorschach
sobre las interpretaciones
y sentidos de mis visiones y percepción?

Pues seguramente
que el cuarto es demasiado grande
para hacer el amor…
  
©  José Luis

Navidad es el día

Navidad es el día

Un portal
humilde, como todos los portales
donde las pajas se acumulan en el suelo
porque nadie tiene tiempo de limpiarlas
y, a veces, ni siquiera eso tiene importancia.
  
Se necesitaba así
un lugar en exceso común
donde depositar la semilla de los hombres
la que dejará destellos de esperanza
en el árbol desterrado del paraíso.
  
Luego dirán lo que quieran
pero en el corazón
en el alma
sí que tenemos ese fermento depositado
como un remolino de olas que van y vienen
en el silencio de la noche
o en el bullicio del día;
son dudas que nos interrogan,
que buscan las dimensiones de nuestra puerta,
es un peregrino que viene fatigado
y yacerá en nuestro lecho,
con nuestros huesos.
  
Mientras en la mesa las viandas reúnen a las familias
nuestras sombras vagan por el mundo ignorado
donde conviven los sueños y los fantasmas
arrastrando los restos de todos los naufragios
como un puzzle cuyas piezas nunca cuadran.
  
Buenos sentimientos aldaban los cánticos
que musitan las sirenas desvaradas
en los collados de las manos y las plegarias
sabiendo que vencido el momento
volverá la oscuridad en la que transitamos
con los leves rayos de luna
que nos enviamos…
  
©  José Luis

Nochebuena

Nochebuena

Una mesa dispuesta y el salón oscurecido
por la luces enganchadas al árbol,
palpitantes como el corazón de un niño
que vive mágicos acontecimientos.
  
Algunos acordes bruman la garganta
de los alientos navideños
y la noche, noche de frío y recuerdo,
es un Dios en un pajar,
una mula y un buey por dentro.
  
Quizá en esta época sean buenos los deseos
tan buenos como inciertos,
como ese mar bravío que se empecina
en ser crepitar de olas
sabiendo que en la orilla
será espuma y mansedumbre.
  
Al menos que no nos falte
yantar en la mesa,
villancicos en el ambiente,
palabras cordiales
y buena gente
con la que repartir abrazos.
  
FELIZ NOCHEBUENA
  
©  José Luis

Re-posando

Re-posando

Vengo de un país
donde no existe la verdad ni el tiempo
y las lágrimas son tejas azules
que resbalan a la lluvia y al silencio.
  
Mil ojos son las calles inexplicables
por donde sólo se pasará una vez y nada más
porque el materia carece de brújula
y la apariencia es un minuto de arena entre los labios
que dijeron olvidos y posaron pájaros en la noche.
  
Siento cómo mis alas se desunen del cuerpo
y me precipito al vacío denso como una cristalina  esfera
donde el aire es agua que el mar abandona en las costas
como peces que ya no necesita
o pulmones que nunca dirán las palabras usurpadas
a la muerte o a la vida.
  
Quisiera púrpura una luna
que reflejara la luz de tu ánima
y dejara entre mis manos
los anhelos que el arco iris
esparce entre tu piel y mil besos,
torrente del deseo y mis labios.
  
Ahora que reposo en la oscuridad del cuarto
se encumbran otras alas que ya descansan
sobre la repisa fragmentada de tu frente
y la mirada distraída de nuestro pato.
  
©  José Luis

Una flor de otoño

Una flor de otoño

No hay aroma en el jardín
el frío lo retiene en el aire
como una pájaro que planea
en las cumbres impenetrable.
  
Sólo una irrefrenable vara
luce espinas entre sus poros,
no han querido abandonar la noche
que cubrió el paraíso desheredado
tras las lágrimas de las estrellas.
  
He mirado en tus ojos la rosa
que espera ser pétalos deshojados
una mañana clara de otoño
entre los párpados de Adán y Eva.
  
©  José Luis

En una bolsa

En una bolsa

Una nube deja su sombra sobre una bolsa
donde la tierra desteje el eco del otoño
y las cigüeñas planean trayendo en sus picos
los copos que manan de una flor de nieve.
  
El reloj retiene las horas que marca
entre los arrozales blancos del olvido
donde los sueños juegan a esconderse
tras los cristales azures de tu ventana.
  
Has corrido las cortinas de la noche
y la luna es un punto quieto y lejano
como un dilatado horizonte sin olas
que navega entre las aguas infinitas
y las tersas velas de un pensamiento.
  
Las márgenes del silencio nos invaden,
somos arenales varados en las rocas
que chocan incesantemente
contra la corriente del universo
y la bolsa de aire con una sombra.

©  José Luis

Cenizas

Cenizas

Juego con la noche entre los sauces
que dejan caer pausadas las estrellas
como ojos que miran infinitamente
el silencio prolongado en tu semblante.
  
Recorro las sombras de las ramas
que ocultan la verdad en tu mirar
mientras senderos brillantes penetran
en el cielo rasgado de tu frente
desde que la tarde extravió tu caminar.
  
No te sorprende que sean los rayos
los que busquen de la luna el secreto
que la mantiene tersa entre las flores
de tus manos cuando acarician
la crin rasgada de mi estela
entre las brasa consumidas del ocaso.
  
Una sola es la señal
flameante entre las llamas
que la chimenea agita inescrutable,
el eco de mi voz
entre las cenizas de tu nombre…
  
©  José Luis

La hora confusa

La hora confusa

Las horas de un día se han pasado
entre los rayos que el sol abandonó
hace mil quinientos millones de años
y el rastro de sombra que proyecta
el paso del vacío y la nada inerte.
  
He buscado entre las horas
los pensamientos no pensados
como se busca un objeto
que tienes en la cabeza puesto
y se oculta a los ojos que no miran
mientras veía cómo la nieve
traía al suelo la blancura de las cumbres,
un respiro inmaculado
donde dejar las huellas
que no tienen destino.
  
Pienso en una cama
en un cuerpo anonadado
y en esa hora confusa
en la que el alma
se ensimisma
y se sale del cuerpo…
  
©  José Luis

Cuerda poco cuerda

Cuerda poco cuerda

Las piedras bajan por la ladera
en una persecución excéntrica
de arenas y vueltas
es una abrupta noria
incesante de ritmo y tiniebla.
  
Al fondo el mar
blanquea el horizonte
infinito de espuma y olas
trepidante aullido
al romper con las piedras
en ritmo incesante de caracolas.
  
Una clara franja saludo del sol
me recuerda la sonrisa de la luna
verde entre las flores del vergel
que perdido en las ruinas de un templo
fuera la única puerta a un mundo
al que se le acaba la cuerda…

©  José Luis

Un mundo onírico

Un mundo onírico

Has visto el cielo
y el fulgor del sol te recuerda
vidas fugaces entre los sueños del día
y las sombras gélidas del invierno.
 
Hace mil años eras una piedra
en lo alto del monte
donde el aire soplaba el rubor de las nubes
y el horizonte celaba un vasto y ladino misterio
donde se disipaba la arena de los atardeceres
mientras crecían los pensamientos
justo en la boca de los peces.
  
No sé si la nebulosa que ciñe las faros
reconocerá en su intermitente luz
los albores de la noche
cuando desde el interior de una piedra
manaban los pensamientos de un pez
que alumbraba el mundo por su boca.
  
©  José Luis

Sábado por la tarde

Sábado por la tarde

He alargado los minutos de la tarde
entre los relojes de la historia
y las nubes que cierran el cielo
como un globo que deja escapar el aire
para subir y subir los azules alcores del silencio.
  
La arboleda es una sombra entre el río
y el reflejo toronja de los pájaros
que arrojan al día su aleteo constante.
  
Deja la música ecos
sutiles entre los huecos de la pared
y las ramas mudas de los árboles
como cuando la lluvia empapa
la camisa y la calma
mientras los pies no reconozcan el camino
que me aleje de las arenas punzantes
y los repechos del anhelo.
  
Ahora encogeré las alas
y posaré la cabeza en el interior de la almohada
donde buscaré la corriente serena
que lleva lejos
a las estrellas…
  
©  José Luis

Por la ventana abierta

Por la ventana abierta

Dos noches caben por una ventana
los días que acortan diciembre
cuando el sol es una bola anulada
en el agujero negro
de una quimérica historia.
  
Hay veces que unas cortinas
le impiden el paso y la sombra
son unas líneas tensas y oblicuas
como palos de billar perpetuos
en el enlosado del Estigia.
  
Las noticias se adhieren al periódico
y la luz las envuelve en el halo ocre
de las tardes desvanecidas de fluorescencia
donde el aire es un silencio denso
y las palabras opacas turbulencias
que absorben el eco de las mariposas
que susurran desde el cristal
carambolas de inocencia…
  
©  José Luis

Fuente flotante

Fuente flotante

De una esfera se irradia una luz incandescente
donde un árbol burbuja deja en los sueños,
flotando en el vacío creador del universo,
un venero dúctil e impenetrable.
  
A lo lejos esa luz parpadea
entre los arenales del ocaso y el tiempo
mientras de tu boca surjan las ondas
y se expandan tras las palabras
que escalan la noche asalmonada y triste.
  
Trae la muerte una certeza
entre sus labios de plata
que se bañan en la luna y se refrescan
tras los velos que ocultan los ojos
y para siempre los cierran.
  
Todavía busco espinoso el silencio
prometido un día de tus labios,
un silencio que levite
el paraíso de mis sueños.
  
©  José Luis

Bombilla fundida

Bombilla fundida

Un hilo resbala por la ladera oscura del abismo
y la noche no oculta su sueño ni su miedo
mientras el fulgor de un filamento se extingue
como un árbol cuyas raíces crecieron en el cielo.
  
No hay luna que no deje su brillo azul
recortada en la bóveda de algún templo
donde se invocan con susurros ancestrales
el origen de la vida y el aura del viento.
  
Crece damasquinada una flor entre las baldosas
verdemar de los alientos y reza en cada reclinatorio
un pétalo que nace las mañanas de domingo.
  
Vuela a mi alrededor una libélula de transparentes alas
dejando en mi semblante el rocío de sus lágrimas
por la complacencia de una vida breve pero colmada.
  
©  José Luis

Números pasajeros

Números pasajeros

De las manos se entrelazan cinco dedos
urdimbre de mimbres y molinos
que azuzan las nubes y corrientes
que por el mundo huyen sin destino.
  
Seis niños montan en la rueda que rueda
alrededor de los árboles y el cielo
con la cara en el infinito abandonada
en los sueños que despertaron una noche
del letargo de otras vidas olvidadas.
  
Ondular hacían tres patos
las aguas densas de la noche
entre los caladeros del silencio
cuando una rana descubrió
que era un príncipe hechizado.
  
Nueve campanas resuenan en el aire
de un lugar extraviado en la memoria
mientras se oculta el murmullo de la tarde
en los recuerdos de nueve aldeanos
que una vez fueron niños en su parque.
  
Uno solo es el tiempo de la vida,
de qué vida te estarás preguntando,
de aquella que dejamos entre números
creciendo con el barro de las manos…
  
©  José Luis

El oscurecer de los patos

El oscurecer de los patos

La corriente discurre fría por la oscuridad
mientras el cielo mantiene celeste su azul
y los árboles arquean sus ramas y sombras
en el espejo reflectante de la noche.
  
La línea del río es el ondular del agua
cuando los patos bracean sin rumbo
y las ondas de sus alas olvidan la pesadez
propia del cuerpo que se interna en la espesura.
  
La luna erupciona su cara en la oquedad
impenetrable e irreductible de los sueños
donde nada es de color y todo se impregna
de hálitos sutiles e incorpóreos.
  
Oscurece en las marismas de los ánades
donde transita el ulular de los dioses
que brindan con los icores de los mortales.
  
©  José Luis

Antenas de hormiga

Antenas de hormiga

La tierra está cálida a pesar del frío,
rozar su timidez es trabajo de las hormigas
mientras hurgan en sus entrañas
y la arena despierta voraz al tiempo.
  
Una nube deja caer su simiente
entre los arrozales de la India verde
y unas manos acarician las gotas
que raudas resbalan por los tallos.
  
Veo en su cara las historias vedas
que lee parsimoniosa en el cielo
mientras se quedan en sus yemas
la lluvia, las letras y su mirada.
  
Sobre el agua una hormiga
tenuemente mueve sus antenas
acaso el viento de oriente
me traiga el eco de su risa…
  
©  José Luis

Papel y bolígrafo

Papel y bolígrafo

El bolígrafo está encima de la mesa
dentro la tinta espera los movimientos
de la mano sobre le papel en blanco
para dejar en él sus trazos
sobre lo que la mente piensa.
  
Nada sabe la tinta de los sentimientos
que están ahí afuera
ni de las personas que ciñen su cuerpo
para dibujar las estelas del alma
o del mar mientras barcos y nubes
navegan.
  
Ni tampoco el papel se imagina
cuál será el jardín
que de la tinta florece
sólo son los testigos
de lo que tras las huellas tintadas
unos leen
y otros anhelan.
  
Deja la mesa que unos libros
sean los sueños que se apoyen
con sus lomos y páginas
en la sombra de la inconsciencia
mientras la lámpara cede su luz
a las letras que se despiertan
con el rumor de la noche
sobre la luna nueva.
  
La tarde perdió su brillo
y los colores del cielo,
ahora en la oscuridad
el bolígrafo y el papel duermen…
  
©  José Luis