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Rastro de FreeWolf

Marco sin foto

Marco sin foto

Has detenido tu marcha en la orilla
cristalina de aquel marco inquebrantable
cuyos reflejos eran parte de la mañana
trayendo el revuelo de hojas caídas
como árbol que cada amanecer se desnuda
y deja descubierta la intimidad de su cuerpo
que acariciabas resbaladiza con tus dedos
sintiendo la frescura que no obtenías de la imagen
que desde que te despertaste rondaba tu cabeza.
  
El sueño había vencido tu propósito de pensar
en la tarde que tuviste aquel extraño presentimiento,
sabías que las nubes habían formado la silueta
de la lejanía, del tiempo que nunca viviste
pero que tenías tan presente desde hace un año
cuando falleció tu madre y sentiste aquel escalofrío.
  
Fue una muerte súbita como los minutos que no se viven
porque la consciencia los ha ocultado en el olvido
como se mete en una botella la sonrisa oculta
en la sinuosidad de la noche y el desgarro.
  
Porque ya no te acuerdas
te diré que el marco está sin foto
desde que decidiste no volver a ver
tu propio rostro en otro rostro,
tus propios dolores en otros dolores,
tu propia muerte en otra muerte…
  
©  José Luis

Un día de noche

Un día de noche

Andan perdidas las nubes
en la oscuridad del mundo
donde los huracanes derriban
los días y las casas
como sueños que se rompen
en la superficie del agua
y resquebrajan el espejo
de un cielo que se miraba en el mar
con los enigmas y los miedos.
  
Los cuerpos se han abandonado
donde se abandona la vida
en la invertebrada línea de la ventura
cuando se desciende el camino de la noche
por las tumultuosas islas de la muerte
y ningún canto ni sirena les acompaña.
  
Llora la tierra lágrimas de silencio y espanto
por las almas que no debieron partir
en la imperturbable barca de Caronte
sin la liberadora moneda en sus manos
y aquietada, serenamente aquietada, el ánima…
   
©  José Luis

Paseo tras la suerte

Paseo tras la suerte

Una casona
entre sus paseos
cierra las distancias de la tarde
y dos bolas blancas charlan
de las cosas menudas de la vida.
  
Es un momento de descanso
y me sosiego a los pies de los árboles
como una hoja madura
que intuye ceder su piel
a las entrañas de la tierra
tras el viento y los atardeceres.
  
El aire
trae los ecos
que han recogido las ramas
en las cumbres del cielo
y me encamino hacia la profundidad
frondosa del jardín
y del silencio.
  
Las manos notan en el frío
la proximidad del invierno
y recuerdan la calidez
de la arena del mar
en los pies y el paseo
solazado de la vista
y la mente…

©  José Luis

Entretenimiento

Entretenimiento

La orilla del río se mueve
sin parar de estar quieta
como se mueven las nubes
en el tiempo azul titilante.
  
Las piedras se reflejan turbulentas
en la corriente oscura que estática
las retiene en su dorado reverbero,
es una llama húmeda y ferviente.
  
Las hojas que perdieron los árboles,
donde el paseo transcurre solitario,
forman un manto ocre en la ribera
y la bruma les deja su nacarado llanto.
  
Asoma tímida la luna
su ojo albo y rasgado,
mirando la noche y sus luces
ensimismadamente…
     
©  José Luis

En el interior del solar

En el interior del solar

Existe una casa en el interior de la ciudad
de paredes y tabiques completamente vaciada
donde algunos árboles ondean en sus hojas
el estandarte del abandono y el encanto.
  
Desvencijadas ventanas orientan la luz
hacia el verdor del solar y la mirada
recorre los herrajes de una abertura
colindante que fuera la puerta de acceso.
         
Quien sabe si traspasada la entrada
aquel inhóspito lugar no sirviera
de cancela de ingreso a otro mundo,
a un exuberante e incorpóreo paraje
donde el sol fuera un río ondulado
de entretejidos rayos pendulares
a las telas de arañas del tiempo
y vieras tu vida en todas sus fases
siendo a la vez múltiple y uno.
  
Volver a percibir el calor de una madre
mientras ves cómo acaricias a tus hijos,
percibir en un instante la risa gozosa
y el más lamentable de los llantos,
transitar entre los triunfos de cada día
como se escalan los inquebrantables fracasos…
  
Ser ola impetuosa en la corriente de la noche
y lobo que aúlla el silencio de la luna,
ser cascada y torrente de abismos
y gota que resbala por el pétalo de una rosa,
ser espejismo súbito en la distancia
y horizonte de aliento y certeza…
  
La puerta me devuelve en la mirada
un instante
o toda una existencia.
       
©  José Luis

Copas blancas

Copas blancas

Blancas llamaradas se confunden en el bosque
con los ojos de la noche y el deseo,
es el transitar imperceptible de unicornios
hacia en monte venerable de las ánimas
donde el viento aguarda el instante
de ser generadora bruma de sueño
y los ojos la razón cierren
como se cierra una puerta a la espalda.
  
Caen de la luna los rayos
en fina lluvia
y la tierra recoge el cansancio del aire
tras siglos de ecos y palabras
que los hijos de Eva perdieron
en la gruta de la veracidad y los ensueños.
  
Retengo en las pupilas
el fulgor de las estrellas,
esa lejanía que me contempla
fugaz en el paso
como un unicornio extinto
del que sólo quedara el recuerdo
y acaso
el brillo de esos ojos
que mi mirar pretendieron…
  
©  José Luis

Fragancia púrpura

Fragancia púrpura

Has dejado tus manos en el aire
como hojas fruncidas y otoñales,
acariciando invisible y azul el mar
donde encubrimos nuestro barco
de los piratas del tiempo
y los tiburones del alma.
    
Recuerdo el aroma de tu cuerpo
una enfriada mañana de noviembre,
la calidez de tu piel entre mis dedos
y la eternidad sujeta a tu mirada.
     
Reencontramos el paraíso ancestral
en los brazos sinuosos de la noche
como una manzana prohibida y expuesta
en los labios de las sierpes y los sueños.
    
Ya no nos queda más tesoro
que la playa perdida en nuestra mente
y las olas púrpura de un piélago
que nos mece indefectiblemente.
  
©  José Luis

Arboleda ocre

Arboleda ocre

Ahora es el tiempo
dorado de las hojas,
dorado y macilento,
como el agua que fluye
entre los surcos de la vida
y las piedras de la muerte.
     
Suena el viento entre las ramas
y acaricia el aire de la tarde
los rayos últimos del universo,
rayos que recuerdan aquel instante,
cuando naciente la alborada
pergeñó del hombre la simiente
de polvo húmedo y palpitante.
     
¿No oyes en la distancia
el eco del ocaso?
¿Acaso crees que mañana
contigo nacerá de nuevo?
     
Hoy esa arboleda
es un varal de queja
por los brotes equinocciales que fueron,
por las ramas desnudas que esperan
la tierra resquebrajada
y una nueva primavera.
       
Alfombrado el suelo ocre
mira el cielo y las estrellas,
el cielo donde azul la mirada
blanquea el pasar de la tiniebla
y el transitar rutilante
de las almas que ya no se quedan.
    
Es la noche un espejo
donde se miran los amantes
y ven sus cuerpos transitar
en un sueño,
en una arboleda pulida y crepitante.
   
©  José Luis

Día para el recuerdo

Día para el recuerdo

Una lágrima es un mundo acuoso
de sensaciones,
un paraíso ambiguo
en la mortalidad y en las elecciones,
una bola preñada
de fugaz sino,
una entelequia…
     
Cada vez que nacemos en nuestros ojos
disponen únicamente una de esas lágrimas
con la que enjuagar la vida en cada mirada,
en cada travesía astral por las diversas existencias,
una prenda diáfana e inmaculada
que será la que en última instancia
devuelva al alma inmarcesible su destino.
     
Hay días
que en su capacidad especial para el recuerdo
sopesan los avatares de nuestro paso
por los inapelables caminos de la preexistencia.
  
©  José Luis

Planeo vertical

Planeo vertical

Amanece una noche de luna negra
entre las fauces de un rey extraño
cuyos ojos escupían nebuloso el tiempo
mientras seres alados planeaban
verticalmente a los pensamientos.
     
Sueño dentro de un sueño
que el agua en su interior me lleva
como alga que en brazos se expande
musgosas y ondulantes
donde la líquida densidad me inunda
los pulmones y los poros de silencio.
  
Las nubes dejan sobre el mar
de deseo lágrimas jabonosas
que los peces mecen en los embates
con pompas ojosas e iridiscentes.
    
Mira la luna subrepticia mi cuerpo
tenue tras la oscura corriente,
es una rama sedosa que ondea
los labios lacrados con tu nombre.
   
©  José Luis

¿En qué piensas?

¿En qué piensas?

Has atravesado con los ojos la mirilla,
una puerta abierta en la claridad
desarticulada de la noche y los sueños,
por donde entran y salen los recuerdos
que no tienen cometas que seguir
ni alas pendulares del destiempo.
      
Un pensamiento ulula en la orilla
circular de las palabras intangibles
donde la nada es un lienzo en blanco
que espera los pigmentos de la tarde
para salpicar de matices las imágenes
que se han posado como una abubilla
en la montaña turbulenta del silencio.
  
¿En qué piensas?
Pregunta la tarde a la abubilla
con su pensamiento puesto en la rosa
transparente de volátiles pétalos
mientras el cielo destejía el azul
en opaco musgo y miel púrpura…
           
©  José Luis

Leer desde un blog

Leer desde un blog

Tras la pantalla sé que tus ojos
pasean junto a mis palabras
y que las letras son la música
que desde el silencio tarareas,
esa tonadilla
que no sabes dónde escuchaste
pero que aflora en tu mente
como el perfume de un jardín
o en una flor los pétalos…
    
No sé lo que a buscar vienes
ni siquiera lo que te llevas,
si es que te llevas algo,
en tu aliento incrustado
o entre los dedos de tus labios
que acaricien tu presente
o los suaves hilos del pasado
mientras tejes la noche
o franqueas el mar de los sueños…
     
Sólo sé que aquí te dejo
paisajes cincelados,
los esquejes de mi alma
en los lienzos del deleite
cuando se hunde el sol
y la luna aflora
con sus rayos indelebles
resquicios de locura
y viajes más allá
de los umbrales de la muerte…
    
©  José Luis

Tras la puerta

Tras la puerta

Invita la oquedad de la puerta
a la visión lejana del paisaje,
a perder la vista en la distancia
y permitir que el pensamiento se eleve
claro y libre como una gaviota
por los espacios de la inconsciencia.
          
Remotas las montañas tiñen el silencio
verde musgo de abrigo y quietud
donde indeleble el tiempo es paraíso
de las palabras y fluidos riachuelos.
      
Sentado un hombre ante su cuaderno
deja en grafito la amplitud de la mirada
mientras sus dedos pululan vigorosos
surcos sobre el acrisolado lienzo de la tarde.
        
No es posible la impasibilidad del alma
frente a esa cancela de oscuros barrotes
que aunque limiten la marcha
no aprisionan el aire
ni la libertad del horizonte.
       
©  José Luis

Relumbres de aurora

Relumbres de aurora

Hay veces que contemplo la aurora
rojiza entre tu cuerpo y sus pliegues
mientras descansan perdidos tus ojos
alabastrinos tras el alféizar de la ventana.
      
Son las madrugadas de otoño
las que nos desvelan entre las sábanas
con el deseo sinuoso en los labios
y la piel suavemente erizada.
   
No se precisan palabras
cuando nada hay que decir
mientras cruzamos nuestras miradas
desde lo más hondo
desde el brillo permanente de nuestras almas.
       
El sol rastrea en las nubes
los restos de la noche,
los matices escondidos de la sombra
de mi cuerpo en tus entrañas,
ese ardor fugaz y surtidor de vida.
   
Devuelves tu cabeza a mis hombros,
el olor de tu entrega entre mis brazos,
paño de cielo encendido,
cuadro de aurora relumbrante...
     
©  José Luis

Relato de desazón

Relato de desazón

Dejamos atrás infalible la verdad
donde los lobos ocultan su sombra,
en el follaje del bosque otoñal,
y el sol oblicuo abandona los rayos,
no quisieron atender nuestro cantar.
          
Lejos ya de mí recuerdas mi nombre
y tus labios se relatan en secreto
los besos a la juventud tributados
mientras dejas que tu piel sangre
como un río que arrastra la vida
robada una noche de espanto,
cuando los sueños son pesadillas
y los niños temosos afloran en llanto.
           
Una cueva es tu boca profunda
donde perdí las horas que no tenía,
un rumor de caracola donde acuné
vaporosas las tardes de descanso,
en los dóciles contornos de tus huecos.
         
Vuelve la noche a emerger
desde las simas desconocidas,
trayendo entre las palabras
lagunas de inquietud y ruido
donde bañamos nuestro silencio.
       
Al fondo de la razón
aúlla un lobo a la luna
mentiras de sotavento…
          
©  José Luis

Insecto

Insecto

Detuviste tu volar
en una ventana mimada
donde mis ojos parten hacia el otoño
ocre de paisajes y hojas.
         
Era una tarde primera
en la extensión de tus alas
y toronja el sol de noviembre
te adhirió a su oscurecer
como pupila en el horizonte perdida
mientras se vaciaban sus rayos
en la redoma henchida de la tierra.
         
Quizá repentinos los matices del arco iris
en el irrevocable mirador del tiempo
reflejaran el atardecer en mis ojos
tras los cristales rociados del recuerdo.
       
Ya no es posible
la soledad del silencio,
ahora serán tus alas el zumbido
pertinaz que ahonde en mi pensamiento,
el carpe diem magistral
de la tarde suspendida en el universo…
           
©  José Luis

Keroseno

Keroseno

Vendrás conmigo
por las calles de mi ciudad
donde los pasos dejan frente al río
partícipes los esplendores de la mirada
que una vez y otra amartillan al corazón
con voces que convergen en los jardines.
          
Fresco el aire deja en la sombra las siluetas
que rondan milenarias las piedras del destino
mientras las palabras surgen y hacen camino
purpúreo frente al mar inmerso en mis pupilas.
          
Atrás quedaron las dudas, sombra de guerrero,
que ciñe Ballester a su silla y a un café de metal
tras cuatro ojos que tratan de dos existencias,
de unos dedos al teclado o de la verdad inconexa.
           
Nos deja el tiempo correr tras los cristales
como gotas de lluvia que aclaran los sueños,
la realidad de lo inventado, un caro misterio,
entre los brazos abiertos de la noche.
              
Y de frente, con el volante entre las manos,
sonriendo sola te fuiste con los ojillos
repletos de sensaciones de este momento
hacia esas murallas que cobijan tu ánima…
       
©  José Luis

Mimético

Mimético

Es la piedra un duro sendero
por donde el sol arrasa los vientos
que la noche abandona en la sombra
como hijos de las nubes desprendidos.
            
Una lagartija asoma su desahogo
a los rayos sumisos de la mañana
donde se acrisolan los minutos
de un reloj desmemoriado.
      
El musgo que naciera de la lluvia
agosta sus labios en la orilla
perpetua de las rocas
mientras los años dejan en su lomo
el paso de los dedos por las letras
que custodiaban allí tu nombre.
            
Has cerrado los ojos
como se cierra un sendero
por la hierba que crece
del olvido de unos pasos.
               
Ya no miras el aire
que trae los recuerdos,
ya no buceas
en el interior de los misterios
ahora yaces en la tierra
mimética de los huesos
donde las almas se confunden
con las brasas del silencio…
           
©  José Luis

Equilibrio

Equilibrio

Sobre las manos el cuerpo cede
la libertad de los movimientos
como una rueda que girara
en el carrusel de los deseos.
          
Los ojos se inclinan al suelo
al revés mismo de la mirada
y el mundo de repente cambia
como los labios de la mañana.
     
Un beso en el frontispicio
puede ser final truculento
en la caída del equilibrio.
                 
©  José Luis

Nervadura

Nervadura

La luz atraviesa el otoño desde una hoja
entre los vertiginosos alcores de la madurez
y transmuta en ocre las nervaduras del mar
que vuelve los mini corpúsculos en piel arrugada,
en un mapa fruncido y entreverado de albures.
   
Trae mi memoria en sus recuerdos
ambarino un reloj de arena
y mientras recorren mis ojos sus granos
en mi mano se hunden las líneas
que formaron parte de un tiempo,
de una vida más allá de la sombra.
  
Desnudo en la tarde otoñal
la hoja que dejó su silencio
prendido en la claridad
de una noche un poco más larga…
       
©  José Luis