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Rastro de FreeWolf

Noctívagos

Una bombilla de repuesto

Una bombilla de repuesto

Los filamentos que ardían descansan

en una oscura luciérnaga

y la cavidad se llena con el humo

de las turbias tinieblas

que anegan los bosques de turbiedad

y ceguera.

                      

La luna admite invisible la negrura

de la noche entre los acantilados

que el mar silencia con sus golpes

mudos a las rocas perfiladas

con los fragores de parto y caos

de Gea al inicio de los tiempos.

                               

Ausente la luz de la bóveda

en la estratosfera las nubes

aturdidas echan lluvia esperanzada,

cálidas lágrimas nacientes del seno

de aquella primera alborada.

                         

Siente la tierra en sus grietas

la lava toronja y voraz,

creadora de una nueva estirpe

de espumante humanidad y amaneceres.

                                                    

©  José Luis

Colosal armazón

Colosal armazón

No extraña por el campo la visión

de semejante coloso que escupe agua

y que recuerda a los dragones.

 

El verano, el sol y las altas temperaturas

piden a gritos un rato de refresco,

muy necesario para calmar las turgencias

y sofocos impropios.

 

Parece el verdor un pastizal entre las ocres tierras

que agrietadas por el calor buscan también un descanso,

que les desaloje de las polvaredas y de la piel reseca,

de los terrones rastrillados con el duro acero del yugo

y el sudor de botijo.

 

Son tierras de Castilla, tierras áridas,

de gentes con noble corazón e irregular historia.

Tierras levantiscas y regias,

donde las piedras cobijan el recogimiento

entre las sombras de catedrales e iglesias.

 

Me gusta entrar y mirar sus altos y penumbrosos muros

donde las vidrieras son vivos colores

que cruzan las bóvedas y naves

inundando de regocijo e irisada calma

las piedras, las figuras, fantasía y plegarias.

 

Aún sigue la tradición

de pedir al santo agua,

para la tierra alivio

y para la tarde bullicio y fiesta...

 

©  José Luis

A un coche adherido

A un coche adherido

A través del horizonte

una hormiga cruza el mundo

con una pipa a su espalda,

y el mar la contempla

y adosa su ritmo

de flujos y crestas

a la pipa

y la espalda.

                            

La vuelta al mundo

alrededor de una carga

de pipas, hormigas,

olas y samba.

                                      

Un marinero en la borda silba

y canta a su quimera

mientras hace los nudos

entretejiendo sirenas

y amores de puerto,

mira a la aurora

y le manda un beso

que recoge la hormiga

en su vuelta.

                              

Rugen palabras en el aire

las cometas que vuelan

a la estela de un faro

que alumbra cantos de arrebato

y el torrero que soñaba despierta

con las voces y el alma inquieta

de nubes y tormentas en la bóveda

azul de la azotea.

                          

Entre los algodones de plata

un coche flota y juega

al pilla pilla con las cometas,

ay, luna bonita

ay, luna lunera

esta noche saborearás el sol

montada en la bicicleta

que antes era calabaza

y pipa de hormiga

y ola de samba...

tentarás el amor

a un coche adherido.

                                 

©  José Luis

Teléfono de papel

Teléfono de papel

Sale el sonido del auricular, el pensamiento por un cráter

de olas y vibraciones en torrentes que inundan los abismos

impronunciables y perdidos en el fronterizo subconsciente

entre los arreboles matizados de un sol crepuscular de julio

y las profundidades oscuras e impenetrables del mar otoñal,

fecundo en sus algas y espumas, tras los cantos marineros

cosidos a las tardes trenzadas en la orilla, junto a sus redes.

                               

Desconozco la voz que se esculpe en el papel de los recuerdos

cuando las palabras se incrustan en mis sentidos y siento tibio

el aire que lleva aromoso el olor de las rosas inmarcesibles

que habitan mis silencios de pétalos y terciopelos desnudados

en los libros que acompañan mis noches en tu piel y tu cuerpo.

                                      

Una tarde a la semana mi tiempo dejo junto al teléfono,

junto a esas sombras que olvidarán mi voz y hasta las rosas

que en todo jardín florecen con su fragancia y espinas,

quizá durante el sueño naveguen por los mares temperados

enarbolando sus alas de libélula en la bóveda de la dicha.

                               

©  José Luis

Morder a la vida a cachitos

Morder a la vida a cachitos Las llamas iluminan la estancia.
Flamígeras lenguas suben y bajan
mientras tenues las pavesas bailan
en las sombras carmesí de la fogata.
El aire se ha ensimismado
y los pensamientos recorren las miradas
al compás de los murmullos y la letra
de la canción prendida a las brasas
y al humo que se eleva delicado y rumoroso.
                              
Se asemeja el crepitar de las ascuas
a los embates del mar en las rocas
ancladas en la profundidad de la arena,
brazos que se aferran con energía
a la vivificante y erosiva espuma.
                        
También se aferran mis brazos
a la inmortalidad de la vida,
al recuerdo y a los sueños,
a los cachitos de felicidad
y a los rayos de luna.
                              
La existencia
como las manzanas
incitan los mordiscos
saboreados y chiquitos
prietos contra el paladar,
con su jugo resbalando
por los malecones del placer,
del mar onduloso
y mis brazos apasionados.
                              
©  José Luis

Fuego pausado

Fuego pausado

La tierra, fogosa en su interior, urde eclosiones que el ojo veloz de la aurora mira en la oscuridad de las paredes ocres de la noche mientras se suceden los acontecimientos y las estaciones.

                              

El hombre todavía no sabía que habitaría el mundo de la realidad y los sueños, aunque las fuerzas recónditas y mágicas ya lo habían idealizado en el mar versátil y turbulento de las reminiscencias cuando la nada era un extenso silencio y la oscuridad presintió que su soledad no sería eterna.

                             

Así, en medio del vacío, fulguró la concepción del ser y la luz poseyó las tinieblas entre las oquedades reverberantes de placentero néctar y anhelante aliento, de savia carmesí y arco iris radiante.

                                 

En recuerdo de aquel momento cada mañana nace dorada, toronja y púrpura (como labios íntimos del deseo) la claridad. Y toda noche Selene se viste ambarina, grana y cárdena  para mostrase adamada ante un Helios, que fugaz, tiende los brazos del anhelo alrededor de su cuerpo asiendo la forma de redondez exquisita o su delicuescente figura ingrávida.

                  

Y la naturaleza viste las mejores galas florecientes de su seno cálido, que a veces en su rojez asemeja el fuego que lentamente va macerando la semilla del devenir inmutable.

                             

Ababol silvestre mi pupila entre las glaucas yerbas.

                             

©  José Luis

 

Perspectivas de gris ondulante

Perspectivas de gris ondulante

Extiendo la mirada en la hondura del horizonte
entre las colinas que serpentean lejanas
las entrañas de la tierra y las errantes ánimas
que las sendas retienen oscuras en el abismo del tiempo.
                                   
Sutilmente rociado el aire en la distancia
figura un manto gris en los hombros de la tarde
que cubre en la piel la tersura de un mar
sugerente en las ardientes ondulaciones de un beso.
                  
Mis brazos, impalpables en la distancia,
ciñen aterciopelado el murmullo de unos ojos
cuando aletean las calandrias en su vuelo
los ecos de la cítara que resuena en la memoria.
                        
©  José Luis

Luz tardía

Luz tardía

Los rayos que del sol nacieron hace ya tiempo

llegan mansos al crepúsculo después del cruce

universal por los espacios desiertos e inexplorados.

                        

Acarician la piel de la Tierra y sus otras tierras

con la misma profusión que un prodigado amante

deja en cada caricia insinuado el vívido deseo.

                         

El cielo, testigo del momento irisado, se enciende

al contacto etéreo y candente de los sutiles roces

y la calidez inmanente de todo cuerpo fecundado.

                        

Sólo esa negrura inmarcesible sujeta las alas

que unas nubes pasajeras cedieron a la noche

para su encuentro habitual con la luna clara.

                              

Toronjas mis pupilas arden

ante la desnudez de tu cuerpo

entre los pliegues de la sombra.

                       

©  José Luis

El verano

El verano

Las horas

parecen detenerse en todos los escaparates

y contemplar parsimoniosas

de las gentes el paso.

                            

El día dilata en el cielo las nubes

y azures acarician mis dedos

en el mar de la tarde tu cabello.

                            

Rastros de plata

aúlla llena la luna

en la corriente serena

del Tormes por Salamanca.

                       

Soltaré mis pensamientos

a la orilla del río

y dejaré que se pierdan

en la ribera arenosa

del tiempo...

                              

©  FreeWolf

Alrededor del silencio

Alrededor del silencio

Te has tomado la tarde para ti,

paseas tranquila

y liberas los pensamientos,

por un parque,

de la atadura del cerebro.

                          

Quiere su reposo la consciencia

lejos de la almohada y el silencio

en la paz de piedra escrita

entre letras y monumentos...

                       

La fuente en su goteo marca el ritmo

de la música en tu cabeza,

gota a gota volatilizas el pasado

en rastros perfilados e incoloros

de lágrimas y de aljófares

suspendidos en el aire.

                             

Alrededor la gente

ajena a tus introspecciones

pasa y recoge el silencio

y el rumor secreto de un corazón

convergente con el universo.

             

©  FreeWolf

Una noche en el tiempo

Una noche en el tiempo

Ulula el viento fuera
y la noche azota los árboles y sus hojas
con las vigorosas sombras de las llamaradas
mientras la madera cruje y llora...
                             
Ligeras las lágrimas anuncian candente el remolino
que se eleva entre las avivadas venas del cielo
y un sudor de sangre recorre las profundidades terráqueas
invocando a Hades.
                             
Verteré en la hoguera los recuerdos venideros
para que las Piedras Abraxas los acunen y mezan
en los brazos de los sueños
y puedan crecer y volverse reales.
                  
La luz de las llamas juguetea
con las figuras sugestivas de la noche
entre las nubes en el cielo ocultas
y las especiales sensaciones que produce el fuego
en el transitar del alma...
                       
Hubo un tiempo en el que los jóvenes
en corro alrededor de la hoguera
entonaban cánticos de guerra
y se probaban a sí mismos en su arrojo
pasando por encima de las brasas.
                                
La noche más corta
retiene en sus ensueños el Puck
que todos llevamos dentro...
                
©  FreeWolf

Una vez al mes

Una vez al mes

Los acontecimientos atraviesan la puerta de lo posible en los intersticios de la inconsciencia cuando las palabras anuncian y celebran el don de una idea y los sonidos envuelven los paños de la noche en haces de luz sugestivos y sensibles.

                                      

Cortejo a la luna en sus fases como aullido que se prolonga en la oscuridad del silencio y entreteje las ramas sinuosas del tiempo a los átomos transparentes de las lágrimas vírgenes de los ojos que nunca duermen y que lo ven todo.

                              

Una vez al mes el jardín de la flor eterna me envía el aroma de los pétalos extraviados en el recuerdo de tu piel acariciada. Una vez al mes tus labios me recuerdan el sabor y la pasión de los besos entre las olas que voluptuosas reverberan el azur de tu mirada y los escarpados cielos que perfilan las nubes con las letras jamás reveladas de tu nombre.

                                

Las mariposas que guiaban nuestros pasos por el edén perdido aletean las tersuras del anhelo entre los rumores perfumados de las rosas en nuestro libro guardadas...

                           

©  FreeWolf

Sensaciones

Sensaciones

Camino, la noche siempre consigue ese efecto de trasladar las sensaciones a las esferas del silencio y la inconsciencia.

                         

Recuerdo que la tarde volaba con alas de golondrina, rápido y con quiebros, serpenteando la velocidad y los arrecifes del viento.

                              

Paso entre la gente y no escucho sus latidos, sólo veo las figuras de espectro ultravioleta entretejiendo paños de vida y de misterio, la telaraña urdida en la profundidad de una cueva donde los bisontes rojos y fieros eran el motivo de iniciación y trofeo, de aferrarse, de alguna manera, al paso ineludible del tiempo, de sobrevivir a los zarpazos de la muerte.

                              

Indago en las palabras el conocimiento acumulado tras su articulación y transmisión, tesoros en los que la verdad toma diversidad de formas y pensamiento.

                              

De nuevo se cruza alado el cielo incorpóreo y risueño, sacerdotisas irisadas visionando imágenes del tránsito con las que recomponer las almas que no vuelan, las que todavía contemplan atardeceres, curiosean el aroma del tiempo y se aferran mortalmente a sus atuendos y amistades.

                              

¿Quién no ha notado alguna vez un roce inexplicable... a su espalda?

                                  

©  FreeWolf

Claroscuro atenuado

Claroscuro atenuado

Pasos sin rumbo por calles sin sentido,
luces que hablan en idiomas oblicuos,
paredes ausentes de coloraciones y famas...
es la noche de la noche,
donde cada sonido es un temblor que llama a la puerta
y nadie descuelga el auricular ni el vestido.
                             
Me persigue una sombra
y dos pasos por detrás me indica el camino
como si no llevara prisa
ni destino...
sólo una luz sabe mi nombre
y lo calla en la oscuridad
donde todos los nombres son los mismos.
                                             
Lentamente el sudor baja por el cuerpo
y verme cien ojos pretenden invisibles
descargar escalofríos y silencio
cuando en el cielo titilante las estrellas
son cegadas por azabaches y nubes.
                                                      
Una puerta cóncava se ha perdido
y los escalones aguardan huérfanos
el desamparado final de los sueños
en la náusea de un muchacho
sin cama ni cobijo.
                             
El alba amanece tenue
en el patio de algún edificio
y rumoreando esperan las piedras
unas manos que las den vida
en un surrealista y profundo graffiti.
                     
Suena el motor
del sol que despunta
en la aguja del campanario
y vuelan las cigüeñas
en busca del desayuno...
                            
© FreeWolf

Una de estas tardes

Una de estas tardes

Emerge la luz de la tarde
azulina
entre los vaporosos corales
de una nube que existe
tan sólo un instante
en el recuerdo verdemar
de la mirada que la imagina.
                   
Encierra un enorme punto lechoso
voces y caras
dentro de cajas de resonancia
mientras gira aún el vinilo
y la aguja arrastra el peso de la inconsciencia
entre las breñas de cualquier sugerente desierto.
                  
Deambulan dos luciérnagas
entre ideas y neones
mientras el aire no agite el martini JB 007
y las nebulosas no acierten a lloviznar
lágrimas de sirena
entre los intersticios burbujeantes
que el mar cede al vacío.
                                
Una de estas tardes
en que mire de nuevo el cielo
y el mar me susurre en sus olas un beso
quiero que aparezca tu sonrisa
añil en el firmamento.
                                
© FreeWolf

Días de suerte

Días de suerte

Una línea aguarda que la noche la borre con su sombra,

que la torne invisible entre las flores de pétalos escarlata

y llegue envuelta a la mañana en aromas de sándalo y reposo.

               

Porque los días son a veces una carga, entre las horas tediosas,

sujetos entre los dientes aguzados del desastre y la tristeza

los minutos se alargan con la soledad que trae en sí el naufragio.                

                                  

La voz se esconde de su eco y el aire se espesa en los valles

acrisolados como la sangre que turbia abandona el corazón

y el latido penetrante de los ojos que miran y miran ya sin ver.

                           

Las manos, esas manos que son campiñas, palpan irreal el silencio

que consume diez centímetros de cúbico deseo y esperanza

entre cuatro paredes prisioneras ya del tiempo y de la muerte.

                               

Hay dolencias en el mundo, hambruna cáustica y males de ternura

que buscan días de suerte con los que capear la vida y huracanes

voraces de mórbidas lágrimas, de secas carnes y extáticas huidas...

                           

©  FreeWolf

Maleta de viaje

Maleta de viaje Las manos
dejaban en la arena
las sinuosidades del pensamiento
mientras abandonaba la habitación
que la había retenido en el delirio
durante la niñez de sus hijos.
                        
Años y años su mente,
un plagado campo de silencios,
fue un torbellino de mareas
y atenuados gritos circunspectos.
                         
Era el tiempo un reflujo
de luces y de sombras
entre las profundidades
y los sonidos de las preguntas
que una y otra vez
eran su pretendiente angustia.
                        
Sus pasos la encaminaron a la sala
donde se hubo encontrado desposeída
de la mirada del mar,
de los paseos por su alameda,
de las voces conocidas...
y ahora, sin embargo,
de allí recogió ávida la maleta
que la devolvería a su casa,
a los suyos,
a su vida...
                         
Recordó confusamente
apoyada sobre la pared
su antigua bicicleta...
                              
©  FreeWolf

Desde el fondo de la mirada

Desde el fondo de la mirada

Profundizo en los ojos que dejan la mirada fija en el horizonte.

                             

Una niebla despejada revela el jardín del silencio entre la espesura que la arboleda custodia desde que una manzana originara discordia.

                             

Resuena el fondo de una trompeta en las hendeduras fluctuantes de la pared cubierta de pliegos tersos y serosos que al contacto de los dedos libera los sueños del limbo imperturbable de la sombra.

                                

El aire se agarrota y cúmulos de nubes violetas rasgan la córnea cíclope del cielo.

                                 

La noche huye por las rendijas que palpitantes alumbran un nuevo amanecer toronja de deseos y ensueños.

                    

Fuliginosos mis párpados extraviados en la niebla se despejaron al encuentro con tus labios...

                            

©  FreeWolf

Agua sensitiva

Agua sensitiva

El mar se lleva tus ojos hasta la línea del horizonte
donde está mi alma perdida.
Quizá puedas en un soplo encaminar sus lágrimas
a la espesura del silencio
y compartir conmigo la negrura de estar vacío y sin sombra.
                      
Sujeta la tierra mis pies entre la hondura de la arena
conteniendo entre mis dedos las raíces de la tristeza.
                                
Sólo las caricias espumosas mitigan en el aire la piel tendida
y el viento al oído me susurra canciones
escuchadas a las sirenas del norte
en las playas del olvido, cuando Odiseo no recordaba su camino,
el camino hacia el hogar de la eterna tejedora.
                                       
La tarde abandona su vista
en la figura que en la orilla ahueca
el agua entre sus manos
para que sienta propia su vida... 

                         
©  FreeWolf

Descanso en el amanecer

Descanso en el amanecer

Cierro los ojos,
suavemente deslizo la mano por la faz húmeda de la hierba
y noto cómo el rocío refresca mis sentidos.
                               
Acaba de amanecer,
el aire se turba cárdeno entre la bruma inquieta,
los susurros de la mañana se desperezan
y recobran los ecos perdidos en la noche.
                                    
Tu cuerpo
aún descansa entre los pliegues del silencio
y tu pelo retiene en sus brillos los ardores del mar
en una ribera paradisíaca colmada de sol y blanca arena.
                                         
La espuma llega mansa
acariciando los granos que crepitan en la quietud
entre los nácares milenarios de la mañana
mientras pierdo la vista en el horizonte
verdemar, trémulo y solitario...
                               
Hoy los pensamientos descansan
con los pies en el agua.
                                 
©  FreeWolf