Una bombilla de repuesto
Los filamentos que ardían descansan
en una oscura luciérnaga
y la cavidad se llena con el humo
de las turbias tinieblas
que anegan los bosques de turbiedad
y ceguera.
La luna admite invisible la negrura
de la noche entre los acantilados
que el mar silencia con sus golpes
mudos a las rocas perfiladas
con los fragores de parto y caos
de Gea al inicio de los tiempos.
Ausente la luz de la bóveda
en la estratosfera las nubes
aturdidas echan lluvia esperanzada,
cálidas lágrimas nacientes del seno
de aquella primera alborada.
Siente la tierra en sus grietas
la lava toronja y voraz,
creadora de una nueva estirpe
de espumante humanidad y amaneceres.
© José Luis
Las llamas iluminan la estancia.